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Estudio del psicoanálisis y psicología

ANUDAMIENTOS DE LO NO LIGADO: PULSIÓN DE MUERTE, LIBIDO Y TRANSFERENCIA



ANUDAMIENTOS DE LO NO LIGADO

AUTORES: David Laznik, Elena Lubián, Guillermo Pietra Figueredo, Gabriel Battaglia, Cristina Bosenberg.

PULSIÓN DE MUERTE, LIBIDO Y TRANSFERENCIA

La redefinición de lo pulsional, necesaria para resolver el problema que se esboza en relación al estatuto del dolor y del monto de afecto, en articulación con el problema del sadismo y del masoquismo, parece alcanzarse con la formalización de la pulsión de muerte como “estímulo interior no ligado”. Sin embargo, la persistencia de la teoría de la originariedad del sadismo lleva a Freud a equiparar la pulsión de muerte con el odio, el sadismo y la agresión, lo que le otorga a aquélla valor de “pulsión de destrucción” (FREUD, 1920). Es por eso que en “Más allá del principio de placer” la postulación de un nuevo dualismo pulsional se detiene en la formulación de la oposición amor-odio. Pero las tendencias destructivas no contradicen el principio de placer. Son tendencias al servicio del “egoísmo” y por lo tanto apuntan a resguardar el placer propio. Por esa razón, no es posible fundar un verdadero dualismo sobre la base del odio, la agresión y el sadismo.

Dicho dualismo alcanzará un estatuto conceptual definido en la medida en que el masoquismo sea postulado como primario y erógeno (FREUD, 1924). Momento crucial en la obra de Freud, ya que ubica un goce pulsional que no cae bajo el principio de placer. Desde esta perspectiva, la noción de desmezcla pulsional en “El problema económico del masoquismo” resignifica el valor de lo “no ligado”, con lo cual se formaliza el lugar del dolor y se redefine el lugar del afecto y la inscripción de lo hostil en relación al “cuerpo propio”, vía la “experiencia de dolor”.

La incidencia que la conceptualización del masoquismo erógeno primario tiene respecto  del dolor y del afecto en la teoría freudiana habrá de incidir, también, en el modo de pensar la transferencia. En este sentido, Freud señala que el paso del dolor corporal al dolor anímico se corresponde con la mudanza de la investidura narcisista del yo en investidura de objeto. De este modo, la representación objeto (subrayemos que es uno de los referentes freudianos para dar cuenta del lugar del analista en la transferencia) “desempeña el papel del lugar del cuerpo investido por el incremento de estímulo” (FREUD, 1925, 160). Es esta misma mudanza la que Lacan nombra como “delegación del afecto del sujeto al objeto”, y como “transferencia del afecto del sujeto (...) sobre su objeto en tanto que narcisista” (LACAN, 1958, 17/12/58). Más tarde, en el Seminario X, afirmará que “actuar (...) es operar una transferencia de angustia” (LACAN, 19/12/62).

En este sentido, el masoquismo erógeno primario viene a señalar una escisión del cuerpo, recortándose dos dimensiones. Por un lado, la transposición de la pulsión de muerte al exterior, correlativa del sadismo, posibilitadora de la libidinización de los objetos y soporte conceptual de la neurosis de transferencia. Por el otro, un residuo interior de la pulsión de muerte – refugio de la satisfacción pulsional – que se ubica por fuera del cuerpo especular. Es en esta exterioridad al cuerpo especular, en esta parte separada del cuerpo, que se sostiene en Freud la disyunción entre cuerpo y goce. Se inscribe, así, el lugar de la pérdida inaugural como parte perdida para el cuerpo en esta separación constitutiva entre cuerpo y goce, y se delimita un “objeto” como refugio de un goce pulsional que se conecta con la constitución misma del sujeto (LACAN, 1968), permitiendo reformular la noción de “desamparo”. 

Esto conduce a la interrogación respecto de diversos modos de configuración de la transferencia. La dimensión del masoquismo erógeno primario que “deviene componente de la libido” (FREUD, 1924, 170), al participar en la transferencia, constituiría una forma compleja de anudamiento de lo no-ligado. Al mismo tiempo, posibilita ubicar ciertos modos particulares de inscripción de la angustia en el dispositivo analítico, que anticipan las nociones de “transferencia de afecto” y “transferencia de angustia”, y se articulan con la noción de transferencia salvaje, la cual deja ser, desde esta perspectiva, un “fuera de transferencia”. Cuestiones que atañen a la dirección de la cura, en tanto ubican al analista como destinatario y soporte de la angustia que le es transferida, operación que equivale a una separación del objeto que el analizante es en el punto de la angustia.

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