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Estudio del psicoanálisis y psicología

Anna Freud: MOTIVOS PARA LA DEFENSA



Anna Freud. Extensión del alcance del psicoanálisis: la psicología del yo

EL YO SE DEFIENDE A sí MISMO: PERFILES DE DOMINIO Y VULNERABILIDAD

MOTIVOS PARA LA DEFENSA

Anna Freud siguió el ejemplo de su padre (S. Freud, 1926),

lo que le permitió distinguir tres fuentes de peligro ante las

cuales el yo responde de manera defensiva. Primero, en el

caso del adulto neurótico existe el peligro de que el superyó

se sienta insatisfecho con la manera en que el yo trata de proporcionar

gratificaciones a los esfuerzos sexuales y agresivos

del ello. La ironía de esta forma de angustia es que el yo no

considera peligrosos o condenables los impulsos sexuales o

agresivos contra los cuales se defiende de manera tan activa.

"La pulsión se considera peligrosa porque el superyó produce

su gratificación, y es seguro que si [la pulsión] logra su propósito,

 esto ocasionará problemas entre el yo y el superyó"

(A. Freud, 1936, p. 55). Como el superyó es capaz de crear un

estándar ideal rígido e inalcanzable, el yo del neurótico trabaja

para renunciar a todos los impulsos sexuales y agresivos hasta

un grado que es incompatible con la buena salud mental. Por

tanto, el yo neurótico sirve al superyó hasta un grado exagerado,

incluso al costo del conflicto interno.

Segundo, en el caso del niño neurótico que todavía no

ha formado un superyó severo, el yo puede llegar a temer

el peligro del mundo externo. Al temer a las pulsiones porque

los padres prohibieron su expresión, el yo del niño está

reaccionando al temor de su displacer. No obstante, esta

angustia más "objetiva" es suficiente para desencadenar las

maniobras defensivas del yo contra los impulsos sexuales y

agresivos (A. Freud, 1936, p. 57).

En tercer lugar está el temor del yo al peligro de la fuerza

de los impulsos inconscientes. Sigmund Freud pensaba que

este temor resulta de la diferenciación del yo respecto al ello

en la infancia y su separación gradual del proceso primario

del ello a través del desarrollo de su proceso secundario de

pensamiento lógico orientado a la realidad. De este modo,

cuando una pulsión se vuelve demasiado fuerte, el yo experimenta

los impulsos como una amenaza a su independencia,

como una señal del peligro de verse inundado por el caos del

proceso primario del ello (S . Freud, 1923a, p. 57). En lugar

de someterse a la invasión sin poder hacer nada, el yo pone

en juego las defensas. En unas cuantas oraciones, Freud hizo

un resumen conciso de los tres tipos de angustia que desencadenan 

las defensas del yo y la difícil situación en que se

encuentra el ello:

De esta manera el yo, impulsado por el ello, limitado por el

superyó y rechazado por la realidad, lucha para dominar su

tarea económica de dar lugar a la armonía entre las fuerzas e

influencias que operan en y sobre él; podemos entender por

qué muy a menudo no podemos suprimir el grito: "La vida

no es fácil!" Si se obliga al yo a admitir su debilidad, estalla en

angustia: angustia realista en relación con el mundo externo,

angustia moral concerniente al superyó y angustia neurótica en

lo que atañe a las pasiones del ello (S. Freud, 1933, p. 78).

 las diez defensas del yo las diez defensas del yo, continuación

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