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Estudio del psicoanálisis y psicología

Obras S. Freud: Carta 71 (25 de octubre de 1897)


Carta 71 (25 de octubre de 1897)

Mi autoanálisis es de hecho lo esencial que ahora tengo, y promete volverse de supremo valor para mí cuando llegue a su término. Estando en medio de él, se me denegó de pronto por tres días, y a raíz de ello tuve el sentimiento de la atadura {Bindung} interior de que los enfermos se suelen quejar, y estuve en verdad desconsolado.

Mi praxis me deja todavía, ominosamente, demasiado tiempo.

Y tanto más valioso es el todo para mis propósitos cuanto que he podido hallar algunos asideros reales de la historia. Pregunté a mi madre si guardaba recuerdo de la niñera. Naturalmente, dijo, una persona anciana, muy inteligente que te llevó por todas las iglesias: cuando luego volviste a casa, predicaste y contaste lo que el buen Dios procura. Cuando yo, estaba de parto por Anna (dos a os y medio menor que yo), se averiguó que ella era una ladrona, y se le encontraron todos los kreuzer nuevitos, los céntimos y juguetes que se te habían obsequiado.

Tu propio hermano Philipp fue por el policía, y a ella la castigaron con diez meses de arresto. Y mira tú qu corroboración proporciona esto para las conclusiones de mi interpretación de sueños. He podido explicarme fácilmente el único posible error. Yo te he escrito que ella me indujo a hurtar céntimos y a dárselos. En verdad, el sueño significa que ella misma ha hurtado.

En efecto, la imagen onírica era un recuerdo: que yo tomo dinero de la madre de un médico, vale decir, indebidamente. La interpretación correcta es yo = ella, y madre de un médico = mi madre. Tanto no sabía yo que ella era una ladrona, que erré la interpretación.

También me instruí sobre el médico que tuvimos en Freiberg, porque un sueño mostraba mucha inquina acumulada sobre él. En el análisis de La persona onírica tras la cual se escondía, se me ocurrió también un profesor Von K., mi maestro de historia en la escuela secundaria, que no me pareció que pudiera corresponder ahí, pues mantengo con él una relación indiferente, más bien grata. Y bien, mi madre me contó que el médico de mi infancia era tuerto, y entre todos mis maestros el profesor K. era el único con ese mismo defecto! La fuerza probatoria de estas concordancias se podría invalidar objetando que alguna vez, en la infancia más tardía, yo pude oír que la niñera era ladrona y lo olvidé en apariencia hasta que finalmente afloró en el sueño. Y aun creo que as esí. Pero tengo otra prueba de todo punto inobjetable, y divertida. Me dije: Si la vieja se me ha desaparecido así de pronto, es preciso que se registre en mí la impresión de ello. Dónde está, pues?. Entonces se me ocurrió una escena que desde hacía veintinueve años afloraba en ocasiones en mi recuerdo conciente, sin comprenderla yo. Mi madre no se encuentra, yo berreo como desesperado. Mi hermano Philipp (veinte años mayor que yo) me abre una canasta, y como tampoco hallo ahí dentro a mi madre, lloro todavía más, hasta que ella entra por la puerta, bella y de fina silueta. Qu significa esto? Por que mi hermano me abre la canasta, sabiendo que mi madre no está dentro, y por tanto no me calmará ? De pronto lo comprendo: yo se lo he exigido. Cuando echo de menos a mi madre temí que me desapareciera lo mismo que poco antes la vieja. Es que debo de haber creído que la vieja estaba encerrada y por eso creo que mi madre lo estaba también, o mejor, que estaba encanastada