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Estudio del psicoanálisis y psicología

DESARROLLO PRECOZ, APEGO Y CONTEXTO FAMILIAR (Desarrollo precoz según R. Spitz)



DESARROLLO PRECOZ, APEGO Y CONTEXTO FAMILIAR

Consuelo Rollán García

2. DESARROLLO PRECOZ según R. Spitz

René Spitz (1887-1974) nació en Viena y estudió
medicina en Budapest graduándose en 1910. Trabajó el
análisis con Freud resaltando la importancia de utilizar el
procedimiento en la formación de los analistas. En 1938 se
trasladó a Estados Unidos y desempeñó diferentes
actividades como médico, psicoanalista, investigador y
docente. Su interés investigador se centró en el desarrollo de
los primeros años de vida del niño produciendo numerosas
publicaciones sobre el tema. Utilizó técnicas innovadoras
para la observación directa (películas, tests, etc.) de niños
realizando diversos estudios en instituciones como
horfanatos, guarderías, centros de adopción, etc.
Spitz elaboró su propia teoría acerca del desarrollo precoz del niño. Sus
antecedentes psicoanalíticos le permitieron ahondar en los conceptos
freudianos sobre el funcionamiento psíquico y la teoría de la libido.
Su interés se centra en las etapas sobre el origen de la relación objetal y de la
comunicación humana ofreciendo un enfoque nuevo de las mismas. Realiza
para ello una clasificación de los acontecimientos más relevante en la relación
entre madre e hijo durante el primer año de vida del mismo diferenciando los
siguientes momentos:
2. 1. Estadio pre-objetal o sin objeto.
2. 2. Estadio del precursor del objeto
2. 3. Estadio del objeto libidinal
El interés de estos estadios radica en la descripción que hace el autor de
comportamientos específicos en el niño que son “indicadores” de la
organización del psiquismo en el primer año de vida, y que evolucionan gracias
a los procesos de maduración y desarrollo teniendo como fin fundamental la
integración de la personalidad y son, en definitiva, la expresión de cambios
sustanciales.
2.1. Estadio no objetal
Spitz lo denomina estadio de la no–diferenciación porque todavía no hay
organización perceptiva y de la actividad ya que lo psíquico y lo somático son lo
mismo. No hay separación entre pulsiones y objeto y s e produce en los días
posteriores al nacimiento.
El mundo cobra interés ante estímulos internos (hambre, sed) o externos
(ruidos, frío) porque alteran al niño, le excitan y provocan el llanto que sirve de
descarga y de llamada de auxilio: la madre acude, calma al bebé, y se recupera
el estado de placer.
Spitz afirma que en los primeros días de vida el niño vive en una recepción que
se corresponde con la organización cinestésica, primaria, hasta que más tarde,
es posible la percepción diacrítica, cognitiva.
La actividad se concreta en la zona oral gracias a las pautas alimenticias y a
través del pezón materno o de la tetina del biberón.
Cobra también protagonismo el rostro materno que constituye la primera
experiencia perceptiva para el niño.
Existen, por tanto, dos variables relevantes: el tacto oral discontínuo del pezón
o de de la tetina y la percepción visual del rostro que inician la constancia
objetal y la formación del objeto.
2. 2. Estadio del precursor del objeto
A partir de los dos meses una mayor madurez física y psíquica permitirá
respuestas expresadas en sonrisas ante la aparición del rostro, de cualquier
rostro. Spitz se refiere a esta etapa como precursora del objeto y supone el
paso de la recepción de estímulos interiores a la percepción de estímulos
exteriores.
Por otro lado, la sonrisa como respuesta, es la base de relaciones sociales
posteriores; sin embargo, no sólo es un indicador afectivo sino una
manifestación de uno de los procesos primeros del pensamiento.
Spitz sitúa hacia el sexto mes las relaciones objetales como tales gracias a la
integración de las trazas mnemónicas establecidas en los meses anteriores
como fruto de las interacciones madre-hijo.
2. 3. Estadio del objeto libidinal
Aproximadamente a partir del octavo mes la percepción diacrítica se halla
adecuadamente desarrollada y el niño diferencia el rostro conocido del
extraño. Solicitará el primero y rechazará el segundo expresando este rechazo
en lo que Spitz denomina “angustia del octavo mes” o “angustia de pérdida del
objeto”. Puede decirse que es el momento en el que la madre se evidencia
como objeto libidinal.
Para que todo esto sea posible, además de las interacciones constantes y
satisfactorias con la madre, se han producido los siguientes cambios:
• El aparato sensorial se ha desarrollado suficientemente para lograr la
percepción diacrítica (mielinización de los fascículos nerviosos).
• El desarrollo cognitivo preciso para la realización de las operaciones
mentales y las acciones dirigidas (multiplicación de las trazas
mnemónicas)
• La organización psíquica necesaria para posibilitar descargas de tensión
afectiva.

En definitiva, el niño madura y al terminar el primer año, cuando ya es posible
la locomoción, incrementan las posibilidades de exploración y autonomía.
Descubrirá el “no” y sus efectos sociales, el gesto y sus posibilidades de
rechazo o de aceptación y tendrá multitud de posibilidades para poner a
prueba su relación con su primer objeto.
Los descubrimientos de Spitz no sólo interesan por sus aportaciones al
conocimiento del desarrollo de los primeros años de vida de las personas sino
por su proyección en la intervención de diversas patologías en él,
especialmente centradas en las vinculaciones entre madre e hijo.

3. El APEGO: VÍNCULO AFECTIVO PRIMARIO

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