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Estudio del psicoanálisis y psicología

Debilidades de la personalidad adulta



Algunas debilidades de nuestra personalidad adulta
Lo que a menudo parece un síntoma de fortaleza, es, en realidad, una debilidad.

- Nuestras inferioridades
Equipos de reacciones las encubren, disimulan y ocultan.
Una de estas formas es la timidez, el silencio o el mal humor.
El egoísta tiene un esquema verbal bien organizado. El impuro clama por la pureza. Quien tiene estatura baja habla en voz alta. La que no tiene un rostro hermoso tiene una figura exquisita.
Siempre se forma una organización verbal respecto del activo, pero nunca en relación al pasivo.

- Nuestra susceptibilidad a la adulación
La adulación es un arma capaz de perforar cualquier coraza.
Todos somos vulnerables ante ésta.

- Nuestra constante lucha por imperar
Es durante la niñez que adquirimos la mayor parte de estas aspiraciones.
Cada hombre debería ser rey y cada mujer reina, pero, cada uno debería aprender también que el dominio tiene fronteras.
 
- Residuos infantiles causa general de la personalidad enferma
Uno de los sistemas que transportamos  es el de los afectos intensos. El nombre genérico aplicable a estos residuos es el de hábito del nido.
Debiéramos desembarazarnos de nuestros hábitos infantiles, en forma gradual, a medida que las nuevas situaciones originadas por el crecimiento lo exijan.
Pero ello no puede ocurrir hasta tanto los progenitores tengan menos residuos infantiles.

El análisis, la sección transversal de la personalidad, equivale al diagnóstico. En combinación con él debe practicarse el incondicionamiento y luego el condicionamiento, procesos que constituirían la parte curativa.
En tanto se tenga el concepto erróneo de la existencia de "lo mental", creeremos que existirán las enfermedades mentales.
Los términos utilizados por los conductistas son: enfermedad de la personalidad o enfermedad de la conducta o conflictos de hábitos.

Mediante el condicionamiento no sólo podemos establecer las complicaciones, pautas y conflictos de conducta de las personalidades enfermas, sino también echar los fundamentos para los pródromos de variados cambios orgánicos que finalmente acarrean infecciones y lesiones, todo sin introducir los conceptos de la relación mente-cuerpo.
Corresponde al médico cambiar la personalidad  del individuo enfermo.

Durante el establecimiento de nuevos hábitos, los viejos comienzan a perderse por desuso.
Para cambiar la personalidad debemos desaprender lo aprendido [por incondicionamiento activo o por desuso] y aprender cosas nuevas.
La única manera de realizar un cambio integral de la personalidad consiste en rehacer al individuo modificando su ambiente en forma tal que surja la necesidad de nuevos hábitos [ya que más cambien éstos más cambiará la personalidad].
La dificultad de modificar la personalidad mediante un cambio de ambiente, es que no podemos evitar que la persona lleve consigo su antiguo ambiente interno. El lenguaje bien desarrollado es una réplica manipulable  del mundo en que vivimos.
Quizás el individuo pase  toda la vida en su viejo mundo sustituido por palabras.