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Estudio del psicoanálisis y psicología

Desarrollo del yo (el yo primario)



Desarrollo del yo
En el proceso de fascinación (Bernfeld) el yo reproduce las primeras percepciones y luego
lo hace con todo estímulo que le llega. La imitación de lo percibido y la introyección oral
forman el fundamento de lo que constituye la identificación primaria, primera forma de
amor hacia un objeto y primera reacción motora ante estímulos exteriores.
El yo primario de los períodos evolutivos iniciales es netamente placentero, porque
introyecta lo que es agradable y proyecta fuera de él lo que es desagradable, rigiéndose por el principio del placer.
En las primeras etapas de la vida, el yo es estructuralmente débil pero se cree omnipotente por tener en sí mismo una parte del mundo exterior, que ha introyectado por vía oral (no tiene criterio de realidad y no conoce sus debilidades); de esta manera, tiene impulsos de actuación mágica y de omnipotencia, que nacen en el ello y aparecen como tales en el yo.
De acuerdo con un trabajo de Ferenczi, se considera que el yo pasa, en el curso de su
evolución, por cuatro fases de magia y omnipotencia, que son las siguientes:
1. Fase de omnipotencia incondicional: que correspondería a la del estado fetal.
2. Fase de las alucinaciones mágicas: donde todo impulso es inmediatamente
satisfecho por medio de alucinaciones.
3. Fase de omnipotencia con auxilio de gestos mágicos: la reacción del niño frente a
un necesidad corporal se acompaña generalmente por movimientos de brazos y
piernas. Gran parte de los síntomas histéricos pueden ser considerados como
recompensados por medio de tales artificios.
4. Fase de superioridad del pensamiento: parece iniciarse conjuntamente con el
lenguaje, fase inaccesible a los niños pequeños y los psicóticos.
Estas fases mágicas del yo desaparecen casi por completo cuando son sustituidas por el
sentido de la realidad. Percibir, adaptarse a la realidad y actuar son las funciones más
elevadas del yo, pero todo hombre en algún momento puede tener un pensamiento mágico.
El yo no sólo es capaz de actuar sobre el mundo exterior, modificándolo (aloplastía), sino que puede también actuar sobre el organismo (autoplastía), condicionando las reacciones de éste hasta tal punto que llega a simular la realización de un deseo.