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Estudio del psicoanálisis y psicología

Diccionario de Psicología, letra N, neutralidad II



Neutralidad
Al.: Neutralität.
Fr.: neutralité.
Ing.: neutrality.
It.: neutralitá.
Por.: neutralidade.
Una de las cualidades que definen la actitud del analista durante la cura. El analista debe ser neutral en cuanto a los valores religiosos, morales y sociales, es decir, no dirigir la cura en
función de un Ideal cualquiera, y abstenerse de todo consejo; neutral con respecto a las
manifestaciones transferenciales, lo que habitualmente se expresa por la fórmula «no entrar en
el juego del paciente»; por último, neutral en cuanto al discurso del analizado, es decir, no
conceder a priori una importancia preferente, en virtud de prejuicios teóricos, a un determinado
fragmento o a un determinado tipo de significaciones.
En la misma medida en que la técnica psicoanalítica se desprendió de los métodos de sugestión,
que implican una influencia deliberada del terapeuta sobre su paciente, se vio abocada a la idea
de neutralidad. En los Estudios sobre la histeria (Studien über Hysteria, 1895) se encuentran
vestigios de una parte de esta evolución. Observemos que, hacia el final de esta obra, Freud
escribe, refiriéndose a la acción del terapeuta: «Actuamos, en la medida de lo posible, como
aclaradores (Aufklärer), cuando una ignorancia ha engendrado un temor, como maestros
representantes de una concepción del mundo más libre y más elevada, como confesores que,
con la perduración de su simpatía y de su estima después de la confesión, ofrecen al enfermo
una especie de absolución».
En sus Consejos al médico en el tratamiento psicoanalítico (Ratschläge für den Arzt bei der
psychoanalytischen Behandlung, 1912) es donde Freud da la idea más precisa de lo que puede
entenderse por neutralidad. En este trabajo denuncia «el orgullo terapéutico» y «el orgullo
educativo»; considera «contraindicado dar al paciente instrucciones tales como la de reunir sus
recuerdos, pensar en un determinado período de su vida, etc.». El analista, al igual que el
cirujano, no debe tener más objetivo que «[...] llevar a buen término, tan hábilmente como le sea
posible, su operación».
En La iniciación del tratamiento (Zur Einleitung der Behandlung, 1913) Freud sostiene que el
establecimiento de una transferencia segura depende de la neutralidad analítica: «Este primer
resultado puede malograrse adoptando una actitud distinta a la de la simpatía comprensiva, por
ejemplo una actitud moralizadora, o comportándose como el representante o mandatario de un
tercero [...]». La idea de neutralidad se expresa también con gran fuerza en el siguiente pasaje
de Los caminos de la terapia psicoanalítica (Wege der psychoanalytischen Therapie, 1918),
que apunta a la escuela de Jung: «Hemos rehusado categóricamente considerar como un bien
propio al paciente que pide nuestra ayuda y se pone en nuestras manos. No intentamos formar
su destino ni inculcarle nuestros ideales, ni modelarlo a nuestra imagen con el orgullo de un
creador».
Se observará que la expresión «neutralidad benevolente», tomada sin duda del lenguaje diplomático y que se ha vuelto tradicional para definir la actitud del analista, no se encuentra en Freud. Debe añadirse que la exigencia de neutralidad es estrictamente relativa a la cura:
constituye una recomendación técnica. No implica ni garantiza una «objetividad» suprema de
quien ejerce la profesión de psicoanalista. La neutralidad no alude a la persona real del analista,
sino a su función: el que da las interpretaciones y soporta la transferencia debería ser neutral,
es decir, no intervenir como individualidad psicosocial; se trata, evidentemente, de una exigencia
límite.
El conjunto de recomendaciones relativas a la neutralidad, aunque no siempre se siga, no suele ser discutido por los analistas. Con todo, incluso los psicoanalistas más clásicos pueden
sentirse inducidos a no considerar deseable o posible una neutralidad absoluta en determinados
casos (especialmente en la angustia de los niños, en las psicosis y en ciertas perversiones).