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Estudio del psicoanálisis y psicología

Diccionario de psicología, letra A, Abreacción



Abreacción
s. f. (fr. abréaction; ingl. abreaction; al. Abreagieren).
Aparición en el campo de la conciencia de un afecto hasta entonces reprimido.
Algunos afectos, que no han sido normalmente experimentados en el momento de su actualidad,
se encuentran ahora en el inconciente en razón de su ligazón con el recuerdo de un traumatismo
psíquico. Afectos y recuerdos así ligados fueron reprimidos entonces a causa de su carácter
penoso. Cuando el afecto y la verbalización del recuerdo irrumpen al mismo tiempo en la conciencia, se produce la abreacción, que se manifiesta con gestos y palabras que hacen explícitos estos afectos. La mayor parte de las veces, la abreacción sobreviene en el momento de levantarse la resistencia a esta irrupción, en el curso de una cura analítica y gracias a la trasferencia sobre el analista.
Descarga emocional, por medio de la cual un individuo se libera del afecto ligado al recuerdo de
un acontecimiento traumático, lo que evita que éste se convierta en patógeno o siga siéndolo. La
abreacción puede ser provocada en el curso de la psicoterapia, especialmente bajo hipnosis, dando lugar a una catarsis, a una descarga llibidinal, una descarga del afecto ¨estrangulado¨; pero también puede producirse de forma espontánea, separada del trauma Inicial por un Intervalo más o menos prolongado.
El concepto de abreacción sólo puede comprenderse recurriendo a la teoría de Freud acerca de la génesis del síntoma histérico, tal como la expuso en El mecanismo psíquico de los fenómenos histéricos (über den psychischen Mechanismus hysterischer Phänomene, 1893)(a). La
persistencia del afecto ligado a un recuerdo depende de varios factores: el más importante de
ellos es la forma como el sujeto reacciona frente a un determinado acontecimiento. Esta reacción
puede consistir en reflejos voluntarios o involuntarios, y abarcar desde el llanto hasta la
venganza. Si tal reacción es lo suficientemente intensa, gran parte del afecto ligado al
acontecimiento desaparece. Si esta reacción es reprimida (unterdrückt), el afecto persiste ligado
al recuerdo.
Así, pues, la abreacción constituye el mecanismo normal que permite al individuo reaccionar frente a un acontecimiento y evitar que éste conserve un quantum de afecto demasiado importante. Con todo, para que esta reacción posea un efecto catártico, es preciso que sea «adecuada».
La abreacción puede ser espontánea, es decir, seguir al acontecimiento con un intervalo lo
bastante breve como para impedir que su recuerdo se halle cargado de un afecto lo
suficientemente intenso para convertirse en patógeno. Pero también puede ser secundaria,
provocada por la psicoterapia catártica, que permite al enfermo recordar y objetivar verbalmente
el acontecimiento traumático y liberarlo así del quantum de afecto que lo convertía en patógeno.
En efecto, Freud señaló ya en 1895: «El hombre encuentra en el lenguaje un substitutivo de la
acción, mediante el cual el afecto puede ser derivado por abreacción casi en idéntica forma».
Pero la abreacción masiva no es la única forma en que un individuo puede liberarse del recuerdo de un hecho traumático: el recuerdo puede ser también integrado en una serie asociativa que permita la corrección del acontecimiento, su reinstalación en el lugar correspondiente. Desde los Estudios sobre la histeria (Studien über Hysterie), Freud describe a veces como proceso de abreacción una auténtica labor de rememoración y elaboración psíquica, mediante la cual el mismo afecto es reavivado de modo paralelo al recuerdo de los diferentes acontecimientos que lo suscitaron.
La falta de abreacción determina que ciertos grupos de representaciones, que se hallan en el origen de los síntomas neuróticos, subsistan en estado inconsciente y aislados del curso normal del pensamiento: «Las representaciones que se han vuelto patógenas conservan su actividad por el hecho de no hallarse sometidas al desgaste normal por la abreacción, y por la
imposibilidad de su reproducción en los estados asociativos libres».
Breuer y Freud distinguieron las diversas clases de condiciones que impiden al individuo
abreaccionar. Algunas de ellas dependerían, no de la naturaleza del acontecimiento en sí, sino
del estado psíquico en que se hallaba el sujeto en el momento de producirse aquél: susto,
autohipnosis, estado hipnoide; otras van ligadas a circunstancias, generalmente de tipo social,
que obligan al individuo a contener sus reacciones. Finalmente, puede tratarse de un
acontecimiento que «[...] el enfermo quiso olvidar y que hechazó, inhibió, suprimió
intencionadamente, alejándose de su pensamiento consciente». Estas tres clases de
condiciones definen los tres tipos de histeria: hipnoide, de retención y de defensa. Como es
sabido, Freud, después de la publicación de los Estudios sobre la histeria, sólo conservó esta
última forma.
El acento puesto exclusivamente en la abreacción para la eficacia de la psicoterapia caracteriza el período denominado del método catártico. Con todo, este concepto sigue estando presente en la teoría de la cura psicoanalítica, por razones de hecho (presencia en toda cura, en diversos grados según los tipos de pacientes, de manifestaciones de descarga emocional) y de fondo, en la medida en que toda teoría de la cura toma en consideración no sólo el recuerdo sino también la repetición. Conceptos tales como los de transferencia, trabajo elaborativo, actuar, implican una referencia a la teoría de la abreacción, al tiempo que conducen a concepciones de la cura más complejas que las de la pura y simple liquidación del afecto traumatizante.
Al parecer, el neologismo abreagieren fue creado por Breuer y Freud a partir del verbo
reagieren, utilizado en su forma transitiva, y el prefijo ab, que posee diversas significaciones, en
especial distancia en el tiempo, separación, disminución, supresión, etc.
Término introducido por Sigmund Freud y Josef Breuer en 1893 para definir un proceso de
descarga emocional que, al liberar el afecto ligado al recuerdo de un trauma, anula sus efectos
patógenos.
El término abreacción apareció por primera vez en la "Comunicación preliminar" de Josef Breuer
y Sigmund Freud dedicada al estudio del mecanismo psíquico que opera en los fenómenos
histéricos.
En ese texto pionero, los autores anuncian desde el comienzo el sentido de su trayecto:
partiendo de las formas que revestían los síntomas, se proponían llegar a identificar el
acontecimiento que, inicialmente y a menudo lejos en el pasado, había provocado el fenómeno
histérico. El establecimiento de esa génesis tropezaba con diversos obstáculos provenientes del paciente, a los que más tarde Freud denominó resistencias, y que sólo se podían superar recurriendo a la hipnosis.
Lo más frecuente es que un sujeto afectado por un acontecimiento reaccione a él, en términos
voluntarios o no, de modo reflejo: el afecto vinculado al acontecimiento queda entonces
evacuado si dicha reacción es suficientemente intensa. En los casos en que la reacción no se
produce o no es lo bastante fuerte, el afecto sigue ligado al recuerdo del acontecimiento
traumático, y lo que actúa como agente de los trastornos histéricos es el recuerdo -y no el
acontecimiento en sí-. Breuer y Freud son muy precisos al respecto: "...la histérica sufre sobre
todo de reminiscencias". Se encuentra la misma precisión respecto de la adecuación de la
reacción del sujeto: sea ésta inmediata (voluntaria o no) o diferida y provocada en el marco de
una psicoterapia bajo la forma de rememoraciones y asociaciones, ella tiene que estar en
relación de intensidad o proporción con el acontecimiento incitador para que tenga un efecto
catártico, es decir, liberador. Por ejemplo, la venganza en respuesta a una ofensa, si no es
proporcional o ajustada a esta última, deja abierta la herida ocasionada por ella.
Desde ese momento, Breuer y Freud subrayaron hasta qué punto era importante que el acto se
pudiera reemplazar por el lenguaje, "gracias al cual el afecto puede ser abreactuado casi de la
misma manera". Añaden que, en ciertos casos (una queja, una confesión), sólo las palabras
constituyen "el reflejo adecuado".
El término abreacción siguió ligado al trabajo en colaboración con Breuer y a la utilización del método catártico, pero la creación del método analítico y el empleo, en 1896, de la palabra "psicoanálisis" no significaron sin embargo su desaparición, y esto, como lo precisan los autores del Vocabulaire de la psychanalyse, por dos razones: una razón fáctica, en cuanto la cura, fuera cual fuere el método, seguía siendo, sobre todo con ciertos pacientes, un lugar de fuertes reacciones emocionales, y una razón teórica, puesto que la conceptualización de la cura
recurría a la rememoración y la repetición, formas paralelas de abreacción.
¿Por qué Breuer y Freud emplearon este término, del que Freud no renegó al evocar el método catártico en su autobiografía?
El término "abreacción" es un neologismo compuesto por el prefijo alemán "ab" y la palabra
"reacción", a su vez constituida por el prefijo "re" y el vocablo "acción". La primera razón de esta
duplicación parece haber sido el deseo de los autores de evitar el carácter demasiado general
de la palabra "reacción". Pero, por otra parte, el término remite al enfoque fisiologista del siglo
XIX, un enfoque en el cual funcionó como sinónimo de reflejo, designación del elemento de una
relación con forma de arco lineal (el arco reflejo) que vincula, término a término, un estímulo
puntual y una respuesta muscular. En los años 1892-1895, esta referencia constituía para Freud
una especie de garantía de cientificidad, concordante con su esperanza de inscribir el abordaje
de los fenómenos histéricos en continuidad con la fisiología de los mecanismos cerebrales.
Como lo subrayó Jean Starobinski en 1994, la referencia al modelo del arco reflejo sobrevivió a la
utilización de esta palabra, puesto que Freud se refiere explícitamente a él en su texto sobre el
destino de las pulsiones, donde distingue las excitaciones exteriores, que provocan respuestas
según el modo del arco reflejo, y las excitaciones interiores, cuyos efectos son del orden de una
reacción.
Más tarde, Freud iba a utilizar el término reacción con un sentido radicalmente distinto: en lugar
de designar una descarga liberadora, se referiría a un proceso de bloqueo o retención, la
formación reactiva.