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Estudio del psicoanálisis y psicología

Diccionario de psicología, letra R, Racionalización



Racionalización
Al.: Rationalisierung.
Fr.: rationalisation.
Ing.: rationalization.
It.: razionalizzazione.
Por.: racionalizaoção.
Procedimiento mediante el cual el sujeto intenta dar una explicación coherente, desde el punto de
vista lógico, o aceptable desde el punto de vista moral, a una actitud, un acto, una idea, un
sentimiento, etc., cuyos motivos verdaderos no percibe; especialmente se habla de la
racionalización de un síntoma, de una compulsión defensiva, de una formación reactiva. La
racionalización interviene también en el delirio, abocando a una sistematización más o menos
marcada.
Este término fue introducido en el lenguaje psicoanalítico corriente por E. Jones, en su artículo La
racionalización en la vida cotidiana (Rationalization in everyday life, 1908).
La racionalización constituye un procedimiento muy corriente, que abarca un amplio territorio que
se extiende desde el delirio hasta e¡ pensamiento normal. Dado que toda conducta puede admitir
una explicación racional, a menudo resulta difícil decidir si ésta es insuficiente. Especialmente en
la cura psicoanalítica, se encuentran todos los grados intermedios entre dos extremos: en
algunos casos, resulta fácil mostrarle al paciente el carácter artificial de las motivaciones
invocadas, incitándole así a no contentarse con ellas; en otros casos, los motivos racionales son
particularmente sólidos (los analistas conocen las resistencias que pueden ocultarse, por
ejemplo, bajo «el recurso a la realidad»), pero incluso entonces puede resultar útil ponerlos
«entre paréntesis» para descubrir las satisfacciones o las defensas inconscientes que se
sobreañaden.
Como ejemplo del primer caso, se encuentran racionalizaciones de síntomas, neuróticos o
perversos (por ejemplo, conducta homosexual masculina que se intenta explicar por una
superioridad intelectual y estética del hombre), de compulsiones defensivas (ceremonial
alimentario que se explica, por ejemplo, por preocupaciones higiénicas).
En el caso de rasgos de carácter o de comportamientos muy integrados al yo, resulta más difícil
hacer que el sujeto se dé cuenta del papel desempeñado por la racionalización.
Habitualmente la racionalización no se clasifica entre los mecanismos de defensa, a pesar de su
función defensiva patente. Ello es debido a que no se dirige directamente contra la satisfacción
pulsional, sino que viene más bien a disimular secundariamente los diversos elementos del
conflicto defensivo. Así, pueden racionalizarse defensas, resistencias en el análisis,
formaciones reactivas. La racionalización encuentra firmes apoyos en ideologías constituidas,
moral común, religiones, convicciones políticas, etc., viniendo el superyó a reforzar aquí las
defensas del yo.
La racionalización es equiparable a la elaboración secundaria, que somete las imágenes del  sueño a un guión coherente.
En este sentido limitado intervendría, según Freud, la racionalización en la explicación del delirio.
Freud, en efecto, le niega la función de crear temas delirantes, oponiéndose así a una
concepción clásica que considera, por ejemplo, la megalomanía como una racionalización del
delirio de persecución («debo ser un gran personaje para merecer ser perseguido por seres tan
poderosos»).
Intelectualización es un término afín al de racionalización. Sin embargo, deben diferenciarse
entre sí.
Racionalización: Cuando una sugestión hecha durante la hipnosis tiene efecto a posteriori y provoca un acto
sorprendente en un sujeto, éste da a menudo como pretexto un motivo plausible, a fin de
aparentar coherencia en su conducta. El mismo fenómeno se produce cada vez que una
explicación de apariencia racional sirve para justificar un propósito o un acto cuya determinación
inconsciente permanece desconocida. Esto es lo que se llama racionalización, desde que Jones
utilizó este término en 1908, en su primer artículo psicoanalítico, «La racionalización en la vida
cotidiana». Se trata por lo tanto de un procedimiento de camuflaje que, como la elaboración
secundaria del sueño, sería el resultado de una coacción tendiente a sostener la unificación del
yo: el sujeto intenta en efecto establecer el dominio sobre sus pensamientos y sus síntomas, lo
que enmascara la causa inconsciente de estos últimos, e instituye una lógica de apariencia.
Esta razón impuesta se opone entonces al reconocimiento de la racionalidad de los fenómenos
ligados al saber inconsciente, que supera al sujeto o se le escapa. Y, desde luego, la
construcción de una teoría es propicia a la racionalización: la racionalización no puede
desbaratarse en la elaboración analítica mas que en cuanto esta elaboración es capaz de poner
en cuestión lo que en ella misma hace huella de los efectos del inconsciente.