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Estudio del psicoanálisis y psicología

Diccionario de psicologia, letra S, Superficie vincular



Superficie vincular

Definición
Superficie: Del latín superficies, derivado de "facies".
Parte de un cuerpo considerada sin profundidad, por la que toca con lo que le rodea. Cara,
envoltura, fachada, piel, recubrimiento. Límite o término de un cuerpo que lo separa o distingue
de lo que no es él.
Vínculo: Unión o atadura de una persona o cosa con otra.
En la clínica psicoanalítica de familia o pareja la superficie vincular se despliega en el marco de la
relación terapéutica: es producto del encuentro de la asociación libre del conjunto vincular con
un otro que está fuera de la estructura, un otro significativo que opera de un modo peculiar,
instrumentado por la escucha analítica.
"La superficie vincular es el campo observacional constituido por las relaciones familiares en el
área de la sesión psicoanalítica, esto es, con la presencia de¡ psicoterapeuta". Se trata de un
observable que rompe con las reglas de la observación directa, ya que al ponerse en juego la
función analítica devela otra lógica, otros anudamientos que redimensionan y complejizan el
relato familiar. En relato generado en la sesión dentro del encuadre analítico da cuenta de una
matriz vincular inconsciente que organiza y da sentido a dicho nivel manifiesto, el de las
relaciones familiares.
"Esta superficie resulta de la observación en el aquí y ahora y está estrechamente ligada al instrumento de observación operando desde la mente del terapeuta".
Origen e historia del término
El concepto de superficie vincular fue introducido por I. Berenstein en 1990 para designar el nivel
observable de las relaciones familiares en el marco de la sesión analítica. "Designa aquello que
envuelve, encubre y muestra al mismo tiempo el nivel profundo, llamado zócalo, de donde
proviene el significado inconsciente". El zócalo es el nivel fundante de la estructura vincular, al
cual no se accede directamente. Es aquello que sostiene y da sentido a la compleja relación
interfantasmática de la familia o la pareja.
La superficie vincular es una categoría que solamente cobra significación dentro del dispositivo analítico: es el resultado de la confluencia de la cadena asociativa familiar con la escucha del terapeuta orientado hacia las configuraciones vinculares.
Se trata de una construcción hecha por el analista en sesión -a partir del discurso del paciente
vincular- que da soporte y contenido a las hipótesis que permiten una aproximación a la
dimensión inconsciente de la realidad vincular. Ese discurso opera al modo de una transacción
entre el inconsciente vincular (de familia o pareja) y las exigencias de la realidad. Oculta y al
mismo tiempo da señales, indicios, del entramado inconsciente que lo produce. Contiene aquellos
elementos que, mediados por la transferencia y la contratransferencia, son puestos en relación
por el analista, constituyendo el material de las hipótesis que construye.
Berenstein y Puget señalan en un trabajo posterior (1997): "La superficie vincular es la
configuración de las relaciones emocionales y los significados involucrados, desplegados o
desarrollados en las sesiones entre los sujetos del vínculo, incluido el terapeuta". Del lado del
terapeuta supone la construcción de una identidad analítica sostenida en el propio análisis
vincular, sus modelos identificatorios y su historia vincular, que le permiten comunicarse con esa
área inconsciente de la que sólo es posible dar cuenta dentro del encuadre vincular.
Más adelante dichos autores agregan: "El psicoanálisis vincular del propio terapeuta lo pone en
contacto con los significantes producidos desde esa área originaria no posible en una relación
diádica, y sólo puesta en juego en el marco de un análisis vincular, cuya característica definitoria
es la presencia de otro/s que dan precisamente sentido a la estructura vincular".
Desarrollo del término desde la perspectiva vincular:
En el espacio terapéutico el analista se da a conocer a través de sus intervenciones,
mostrándose a partir del peculiar recorte que hace del material, los datos que privilegia y los
sentidos que propone. Palabras, tonos de voz, rostros, gestos, despliegan un discurso que
informa al analista acerca de la compleja trama vincular, dando cuenta de la estructura que es su
soporte. La superficie vincular da a conocer aspectos y/o cualidades que son efecto y al mismo
tiempo encubren movimientos y modalidades vinculares a nivel de la estructura, aspectos a ser
develados y significados por el analista.
La escucha psicoanalítica, de modo particular en el tratamiento de pareja o familia, integra el
registro de la mirada, el analista escucha con la mirada: lo visto ocupa un papel relevante
portador de significados que contrarían o confirman complejizando el desarrollo de las
asociaciones verbales. La disponibilidad por parte del psicoanalista que supone la atención
flotante implica que esté abierto a explorar y a dejarse sorprender por aquello que aparece, a
veces de modo azaroso. Descubre de este modo fracturas, discordancias, contradicciones que,
mediadas por la interpretación, promueven modificaciones en la organización mental y vincular. I.
Berenstein describe la superficie vincular como teniendo dos caras: "... una dirigida hacia
afuera, hacia el mundo externo, el terapeuta, y otra orientada hacia el interior de cada yo y de
cada vínculo". Esa envoltura que separa del afuera al mismo tiempo muestra al otro algo del
adentro. Algo de lo interior no sabido, desconocido, se desliza, se refleja afuera, se esboza
emergiendo en esa superficie.
Algo se vuelve eficaz al desplegar, sin que los participantes lo propongan, indicios de acuerdos
fundantes, de principios organizativos que permiten al analista -transformando lo escuchado en
material analítico- poner en relación algo de lo que los yoes no tienen conciencia. La inclusión de
nuevos significados produce efectos que modifican dicha superficie al generar cambios en la
modalidad de intercambios predominante en el campo vincular. El proceso de constitución de la
estructura vincular, los acuerdos y pactos inconscientes, desconocidos por los yoes que se
vinculan, atraviesan y sostienen el relato familiar. En él se despliegan las producciones
familiares, la distribución del espacio, la organización del tiempo, la circulación del dinero, el
sistema de nombres propios, son efecto de la estructura, producciones específicas del
inconsciente intersubjetivo de las que no hay un autor. Los contenidos y asociaciones que van
surgiendo en la sesión son formas de ir dibujando el paisaje de la superficie vincular, que no es
estático, se va reconstruyendo en el transcurrir de cada sesión. Sin embargo, existe
frecuentemente una fantasía ilusoria de inmovilidad y uniformidad, de ocupar lugares claramente
demarcados y fijos sosteniendo una configuración estable (Berenstein, 1990). Toda alteración
puede ser vivida como ataque o conmoción catastrófica: una reacción -gesto, palabra-
imprevista puede ser vivida como irrupción de violencia. La inclusión de nuevos sentidos se
vuelve desestructurante, generando temores sobre la continuidad del vínculo.
La dificultad de considerar al otro como un yo con deseos propios, diverso del objeto ilusorio, es
generada por la creencia de pertenecer a un todo homogéneo donde cada yo es transparente.
Las modificaciones orientadas en el sentido de una mayor discriminación, propiciatoria . de
alteridad, pueden ser percibidas como fracturas o rupturas del vínculo.
Estos movimientos en la superficie ponen de manifiesto la posibilidad de una nueva
reorganización en la configuración vincular. Descentrar las creencias compartidas, los lugares
imaginarios, comprendiendo qué determinaciones están implícitas, permite la conformación de
una zona creciente de opacidad. Es parte de un proceso que conduce y habilita al
establecimiento de las diferencias generacionales, las diferencias de sexo, de cada vínculo con
sus peculiaridades y de cada yo con relación a los otros, demarcando zonas particulares que
integran la superficie vincular.
Problemáticas conexas
El término Superficie Vincular no ha sido desarrollado por otros autores y es poco utilizado
dentro de los trabajos de psicoanálisis de familia o pareja.
Se ha trabajado en cambio el término Discurso Familiar -concepto próximo al de Superficie
Vincular- refiriendo a aquello que proviene del paciente en el trabajo analítico con familias o
parejas, haciendo énfasis en la cadena asociativa verbal. Superficie Vincular parece un término
más abarcativo: a) Intenta dar cuenta de los movimientos que se producen en el vínculo cuando
son propuestos nuevos sentidos en la sesión. b) Incluye al analista en tanto receptor
contratransferencial, cuya lectura de la superficie vincular está atravesada por su historia
vincular, sus identificaciones y su propio análisis vincular.