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Estudio del psicoanálisis y psicología

Diccionario de psicología, letra T, Técnica activa



Técnica activa
At.: aktive Technik.
Fr.: technique active.
Ing.: active technique.
It.: tecnica attiva.
Por.: técnica ativa.
 
Conjunto de procedimientos técnicos recomendados por Ferenczi: el analista no se limita a dar
Interpretaciones, sino que formula órdenes y prohibiciones referentes a ciertos comportamientos
repetitivos del analizado durante la cura y fuera de ella, cuando éstos procuran al sujeto
satisfacciones tales que impiden la rememoración y el progreso de la cura.
La idea y el término «técnica activa» van asociados, en la historia del psicoanálisis, al nombre de
Sandor Ferenczi. Los menciona por vez primera en relación con formas larvadas de
masturbación, halladas en el análisis de casos de histeria, y que convendría prohibir; en efecto,
el paciente «[...] corre el peligro de relacionar con ellas sus fantasmas patógenos y de hacer un
cortocircuito constante descargándolos en forma motriz en lugar de llevarlos a la conciencia».
Ferenczi subraya que el recurrir a tales prohibiciones va únicamente destinado a facilitar la
superación de los puntos muertos del trabajo analítico; por otra parte, se refiere al ejemplo de
Freud, que ordenaba a los fóbicos, en cierto momento de su análisis, afrontar la situación
fobógena.
En el Congreso de La Haya, en 1920, Ferenczi, alentado por la aprobación de Freud, que, en el
Congreso de Budapest, en 1919, había formulado la regla de abstinencia, efectúa una
descripción de conjunto de su terapia activa. Esta implica dos fases, que deben permitir la
activación y el control de las tendencias eróticas, incluso aunque hayan sido sublimadas. La
primera fase está constituida por órdenes destinadas a transformar las mociones pulsionales
reprimidas en una satisfacción manifiesta y a convertirlas en formaciones plenamente
conscientes. La segunda está constituida por prohibiciones referentes a estas mismas
formaciones; el analista puede entonces poner en relación las actividades y los afectos,
evidenciados por la primera fase, con situaciones infantiles.
Teóricamente, el recurrir a medidas activas, se justificaría del siguiente modo: a la inversa del
método catártico, en el cual el surgimiento de un recuerdo provoca una reacción emocional, el
método activo, provocando el actuar y la manifestación del afecto, facilita el retorno de lo
reprimido. «Es posible que ciertos contenidos infantiles precoces no puedan ser rememorados,
sino solamente revividos».
Desde el punto de vista técnico, Ferenczi considera que sólo se debe recurrir a las medidas
activas en casos excepcionales y durante un tiempo muy limitado, cuando la transferencia se ha
convertido en una compulsión y, fundamentalmente, al final del tratamiento. Por último, subraya
que no pretende modificar la regla fundamental; los «artificios» que propone están destinados a
facilitar su observancia.
A continuación, Ferenczi ampliaría considerablemente el campo de aplicación de las medidas
activas. En una pequeña obra escrita en colaboración con Otto Rank (Los fines de desarrollo
del Psicoanálisis [Entwick1ungsziele der Psychoanalyse], 1924), da una interpretación tal del
proceso de la cura en términos libidinales que, especialmente en la última fase («destete de la
libido»), hace necesario el recurrir a medidas activas (fijación de un término al tratamiento).
En una última etapa de su evolución, Ferenczi corregiría este punto de vista. Las medidas
activas aumentan considerablemente las resistencias del paciente; al formular órdenes y
prohibiciones, el analista desempeña el papel de un superyó parental, o incluso de un maestro de
escuela; en cuanto a la fijación de un término al tratamiento, los fracasos observados muestran
que raramente conviene recurrir a esta medida y, caso de hacerlo, debe ser, al igual que con
toda otra medida activa eventual, de acuerdo con el paciente y con la posibilidad de renunciar a
ella. Finalmente Ferenczi se vio inducido a abandonar las medidas activas: « [...] debemos
contentarnos con interpretar las tendencias ocultas del paciente a actuar y sostenerlo en los
débiles esfuerzos que efectúa para superar las inhibiciones neuróticas de las que hasta
entonces ha sufrido, pero esto sin obligarle a adoptar medidas violentas ni incluso
aconsejárselas. Si tenemos suficiente paciencia, el enfermo abordará por sí mismo el problema
de efectuar tal esfuerzo, por ejemplo, afrontar una situación fóbica [...]. Corresponde al propio
enfermo el decidir el momento de la actividad o, por lo menos, proporcionar indicaciones
evidentes de que tal momento ha llegado».
A menudo se opone la técnica activa a la actitud puramente «expectante», pasiva, que exigiría el
método analítico. En realidad, esta oposición es forzada; por una parte, porque Ferenczi siempre
consideró las medidas por él preconizadas como un auxiliar y no una variante del método
analítico; por otra, porque éste no excluye una cierta actividad por parte del analista (preguntas,
espaciamiento de las sesiones, etc.), siendo la propia interpretación activa en la medida en que
modifica necesariamente el curso de las asociaciones. Lo característico de la técnica activa
sería el acento que pone en la repetición, en tanto que opuesta por Freud a la rememoración;
para superar esta compulsión a la repetición y hacer posible finalmente la rememoración o, por lo
menos, el progreso del trabajo analítico, Ferenczi consideró necesario, no sólo permitir, sino
alentar la repetición. Tal es el móvil de la técnica activa.