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Estudio del psicoanálisis y psicología

Diccionario de Psicología, letra E, Erotismo uretral


Diccionario de Psicología, letra E, Erotismo uretral

Al.: Urethralerotik o Harnerotik. Fr.: érotisme urétral o urinaire. Ing.: urethral erotism. It.: erotismo uretrale. Por.: erotismo uretral o urinário. Modo de satisfacción libidinal ligado a la micción.

El placer y la significación erótica de la función urinaria fueron destacados por Freud a partir de 1905, en los Tres ensayos sobre la teoría sexual (Drei AbhandIungen zur Sexualtheorie) y, de un modo más cercano a la experiencia, en el Caso Dora. Por una parte, la enuresis infantil se interpreta como un equivalente de la masturbación. Por otra, se indican ya las conexiones simbólicas que pueden existir entre la micción y el fuego, que se desarrollarán en La conquista del fuego (Zur Geivinnung des Feuers, 1932). Una tercera aportación de Freud consiste en sugerir la existencia de una relación entre ciertos rasgos de carácter y el erotismo uretral. Al final de su artículo sobre Carácter y erotismo anal (Charakter und Analerotik, 1908), escribe: «De un modo general deberíamos preguntarnos si otros complejos caracteriales no pueden depender de la excitación de zonas erógenas determinadas. Hasta ahora sólo conozco la ambición desmesurada y «abrasadora» de los que antaño fueron enuréticos». En esta misma dirección, K. Abraham pone en evidencia las fantasías infantiles de omnipotencia que pueden acompañar al acto de la micción: « [...] sentimiento de poseer un poder inmenso, casi ¡limitado, de crear o destruir cualquier objeto». Melanie Klein ha subrayado la importancia de tales fantasías, particularmente los de agresión y destrucción por medio de la orina. Esta autora destaca el papel, según ella «[...] demasiado poco apreciado hasta ahora, del sadismo uretral en el desarrollo del niño», y añade: «Tanto los análisis de adultos como los de niños me han situado siempre en presencia de fantasmas en los que la orina era imaginada como un agente de corrosión, de descomposición y de corrupción, y como un veneno secreto e insidioso. Estos fantasmas de naturaleza sado-uretral contribuyen en gran parte a la atribución inconsciente de un papel cruel al pene, y a la aparición de trastornos de la potencia sexual en el hombre». Señalemos también que diversos autores (por ejemplo, Fenichel) han distinguido diversos tipos de placer ligados a la función urinaria («dejar fluir pasivamente», «retenerse», etc.). Observemos que Freud habla de erotismo urinario, otros autores (empezando por Sadger: Über Urethralerotik, 1910) de erotismo uretral, y que incluso en aquellos que, como Melanie Klein, atribuyen un papel importante al sadismo uretral, no se encuentra mencionada una fase uretral. A este respecto se debe señalar que Freud sitúa especialmente el erotismo uretral durante «la segunda fase de la masturbación infantil» (alrededor del 4.° año). «La sintomatología de estas manifestaciones sexuales es pobre, el aparato sexual se halla todavía poco desarrollado y casi siempre es el aparato urinario el que habla en su nombre. La mayoría de las supuestas afecciones vesicales de esta edad son trastornos sexuales; la enuresis nocturna corresponde [...] a una polución». Parece que este período corresponde a lo que más tarde describirá Freud como fase fálica. Así, pues, las relaciones entre el erotismo uretral y el erotismo fálico son demasiado estrechas para que sea posible diferenciar una fase específicamente uretral. Freud señaló la distinta relación existente entre ambas funciones en el niño y en el adulto; según una creencia infantil, «[...] los niños vienen de lo que el hombre orina dentro del cuerpo de la mujer. Pero el adulto sabe que los dos actos son en realidad inconciliables -tan inconciliables como el fuego y el agua».