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Estudio del psicoanálisis y psicología

Diccionario de Psicología, letra F, Formación reactiva


Diccionario de Psicología, letra F, Formación reactiva

Al.: Reaktionsbildung. Fr.: formation réactionnelle. Ing.: reaction-formation. It.: formazione reattiva. Por.: formaráo reativa o de reação. Actitud o hábito psicológico de sentido opuesto a un deseo reprimido y que se ha constituido como reacción contra éste (por ejemplo, pudor que se opone a tendencias exhibicionistas). En términos económicos, la formación reactiva es una contracatexis de un elemento consciente, de fuerza igual y dirección opuesta a la catexis inconsciente. Las formaciones reactivas pueden ser muy localizadas y manifestarse por un comportamiento particular, o generalizadas hasta constituir rasgos de carácter más o menos integrados en el conjunto de la personalidad. Desde el punto de vista clínico, las formaciones reactivas pueden adquirir valor de síntoma por lo que representan de rígido, de forzado, de compulsivo, por sus fracasos accidentales, y por el hecho de que a veces conducen directamente a un resultado opuesto al que conscientemente se busca (summum jus, summa injuria) . Desde que efectuó las primeras descripciones de la neurosis obsesiva, Freud puso en evidencia un mecanismo psíquico particular que consiste en luchar directamente contra la representación penosa, substituyéndola por un «síntoma primario de defensa» o «contrasíntoma» consistente en rasgos de personalidad (escrupulosidad, pudor, desconfianza de sí mismo) que se hallan en contradicción con la actividad sexual infantil a la que en un principio se había entregado el sujeto durante un primer período llamado «de inmoralidad infantil». Se trata de una «defensa exitosa», en la medida en que los elementos que intervienen en el conflicto, tanto la representación sexual como el «reproche» que ésta suscita, han sido globalmente excluidos de la conciencia en favor de virtudes morales llevadas al extremo. A partir de entonces, el psicoanálisis seguirá confirmando la importancia, dentro del cuadro clínico de la neurosis obsesiva, de las citadas defensas, cuyo calificativo de «reactivas» subraya el hecho de que se hallan directamente en oposición con la realización del deseo, tanto por su significación como desde el punto de vista económico-dinámico. En la neurosis obsesiva las formaciones reactivas adquieren la forma de rasgos de carácter, de alteraciones del yo, que constituyen dispositivos de defensa en los que desaparece la singularidad de las representaciones y de las fantasías implicadas en el conflicto: así, un determinado individuo mostrará, en general, compasión por los seres vivos, mientras que su agresividad inconsciente se dirige a algunas personas determinadas. La formación reactiva constituye una contracatexis permanente. «El sujeto que ha elaborado formaciones reactivas no desarrolla ciertos mecanismos de defensa para utilizarlos cuando amenaza un peligro pulsional; ha cambiado la estructura de su personalidad, como si este peligro se hallara siempre presente, para estar preparado en cualquier momento en que el peligro aparezca». Las formaciones reactivas son especialmente manifiestas en el «carácter anal» (véase: Neurosis de carácter). El mecanismo de la formación reactiva no es específico de la estructura obsesiva. Se encuentra también de un modo especial en la histeria, pero «[...] debe subrayarse que, a diferencia de lo que sucede en la neurosis obsesiva, estas formaciones reactivas no presentan [entonces] el aspecto general de rasgos del carácter, sino que se limitan a relaciones totalmente electivas. Así, por ejemplo, la mujer histérica que trata a sus hijos, que en el fondo odia, con excesiva ternura, no por ello se vuelve, en conjunto, más amante que otras mujeres, ni tampoco más cariñosa hacia los demás niños». La palabra misma, formación reactiva, invita a relacionarla con otros modos de formación de síntoma: formación substitutiva y formación de compromiso. En teoría, la distinción es fácil de establecer: así como en la formación de compromiso se encuentra siempre la satisfacción del deseo reprimido conjugada con la acción de la defensa (por ejemplo, en una obsesión), en la formación reactiva sólo aparece, y de un modo singularmente manifiesto, la oposición a la pulsión (por ejemplo, actitud de extrema limpieza que oculta por completo la tendencia del erotismo anal). Pero aquí se trata más bien de modelos de mecanismo. De hecho, en una determinada formación reactiva, puede apreciarse la acción de la pulsión contra la cual se defiende el sujeto: por una parte, dicha pulsión irrumpe con brusquedad en determinados momentos o en ciertos sectores de la actividad del sujeto, y precisamente estos flagrantes fracasos, que contrastan con la rigidez de la actitud mostrada por el sujeto, permiten atribuir al correspondiente rasgo de personalidad un valor sintomático; por otra parte, en el ejercicio de la virtud que ostenta, el sujeto, impulsando sus actos hasta sus últimas consecuencias, satisface también la pulsión antagonista, que termina infiltrando todo el sistema defensivo. El ama de casa apasionada por la limpieza ¿no centra su existencia en torno al polvo y a la suciedad? El jurista que lleva al extremo y de forma escrupulosa su ansia de equidad puede mostrarse, por esto mismo, sistemáticamente indiferente a los problemas reales que le plantea la defensa de quienes recurren a él, satisfaciendo así, bajo la máscara de la virtud, sus tendencias sádicas... Yendo más lejos, puede insistirse aún más sobre la relación existente entre la pulsión y la formación reactiva y ver en ésta una expresión casi directa del conflicto entre dos mociones pulsionales opuestas, conflicto ambivalente en su raíz: «[...] una de las dos mociones que se enfrentan, por lo general la moción amorosa, se ve enormemente reforzada, mientras que la otra desaparece» . Según esto, la formación reactiva podría definirse como una utilización por el yo de la oposición inherente a la ambivalencia pulsional. ¿Puede extenderse este concepto más allá del ámbito claramente patológico? Freud, cuando introduce el término en los Tres ensayos sobre la teoría sexual (Drei Abhandlungen zur Sexualtheorie, 1905), establece el papel que desempeñan las formaciones reactivas en el desarrollo de todo individuo humano, en cuanto se construyen durante el período de latencia: « [...] las excitaciones sexuales despiertan contrafuerzas (mociones reactivas), que, para poder reprimir eficazmente este displacer (resultante de la actividad sexual) establecen los diques psíquicos [...]; repugnancia, pudor, moralidad» . En este sentido, pues, Freud subrayó el papel que desempeña el proceso de formación reactiva, junto a la sublimación, en la edificación de las características y de las virtudes humanas . Cuando se introduzca el concepto de superyó, una parte importante en su génesis se atribuirá al mecanismo de la formación reactiva .