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Estudio del psicoanálisis y psicología

Diccionario de Psicología, letra L, Ligazón


Diccionario de Psicología, letra L, Ligazón

Al.: Bindung. Fr.: liaison. Ing.: binding. It.: legame. Por.: ligaclio. Término utilizado por Freud para designar, de un modo muy general y en registros relativamente distintos (tanto a nivel biológico como en el aparato psíquico), una operación que tiende a limitar el libre flujo de las excitaciones, a unir las representaciones entre sí, a constituir y mantener formas relativamente estables. Aunque el término «ligazón» debe relacionarse con la oposición energía libre-energía ligada, su sentido no se agota en esta acepción puramente económica: más allá de su significación propiamente técnica, este término, que se encuentra en diferentes momentos de la obra de Freud, señala una exigencia constante de la conceptualización. Más que enumerar sus usos, preferimos situar su alcance en tres momentos de la metapsicología, en la que desempeña un importante papel. I. En el Proyecto de psicología científica (Entwurf einer Psychologie, 1895), Bindung designa ante todo el hecho de que la energía del aparato neuronal pasa del estado libre al estado de energía ligada, o también que se encuentra en este último estado. Esta ligazón implica, según Freud, la existencia de una masa de neuronas bien unidas, entre las cuales existen buenas facilitaciones, el yo: «El mismo yo es una masa de neuronas de este tipo, que mantienen su catexis, es decir, que se encuentran en el estado de ligazón, lo cual indudablemente sólo puede producirse por su acción recíproca». Esta misma masa ligada ejerce sobre otros procesos un efecto de inhibición o de ligazón. Así, por ejemplo, cuando Freud se pregunta por el destino de algunos recuerdos referentes a experiencias dolorosas (Schmerzerlebnisse), que, al ser evocados de nuevo, «[...] despiertan a la vez afecto y displacer», los califica de «indomados» (ungebändigt): «Si el curso del pensamiento choca con alguna de estas imágenes mnémicas todavía indomadas, se comprueba la aparición de sus indicios de cualidad, a menudo de naturaleza sensorial, de una sensación de displacer y de tendencias a la descarga, elementos cuya combinación caracteriza un determinado afecto; el curso del pensamiento queda así roto». Para que un recuerdo de este tipo pueda ser «domado» es preciso que se establezca «[...] una relación con el yo o con las catexis del yo [...]»; es necesaria una ligazón particularmente fuerte y repetida proveniente del yo para contrarrestar la facilitación que conduce al displacer». Nos parece que aquí se deben subrayar dos ideas: 1.ª Es condición para la ligazón energética el establecimiento de relaciones, de facilitaciones, con un sistema ya catectizado y que forme un todo: se trata de una « [...] inclusión de nuevas neuronas» en el yo. 2.ª La Bindung tiene, a todo lo largo del Proyecto, su polo opuesto, la Entbindung (literalmente, «desligazón»); este último término designa el proceso desencadenante, de liberación brusca de energía, por ejemplo, la que se produce en los músculos o en las glándulas, cuando la magnitud cuantitativa del efecto es muy superior a la de la energía desencadenante. El término se encuentra principalmente en las formas Unlustentbindung (liberación de displacer), Lustentbindung (liberación de placer), Sexualentbindung (liberación [de excitación] sexual), Affektentbindung (liberación de afecto) y, en otros textos, Angstentbindung (liberación de angustia). En todos estos casos, lo que se designa es una brusca aparición de una energía libre que tiende en forma incoercible a la descarga. El hecho de relacionar estos diferentes términos no deja de sorprender por la concepción económica que implican; en efecto, el utilizar el mismo término para calificar tanto la liberación de placer como la de displacer equivale en apariencia a atacar la idea fundamental de que placer y displacer son dos procesos inversos que se refieren a una misma energía (disminución de la tensión en el primer caso, aumento en el segundo), a menos de suponer, lo que no concuerda en modo alguno con la hipótesis freudiana, que placer y displacer corresponden respectivamente a dos energías cualitativamente distintas. Para superar esta dificultad, parece singularmente útil la oposición Entbindung-Bindung. Al oponerse a la ligazón del yo, toda liberación de proceso primario, tanto en el sentido de aumento como de disminución del nivel absoluto de tensión, vulnera el nivel relativamente constante del yo. Cabe pensar que, para Freud, es sobre todo la liberación de excitación sexual la que pone en peligro de este modo la función de ligazón del yo (véase: Posterioridad; Seducción). II. Con la obra Más allá del principio del placer (Jenseits des Lustprinzips, 1920), el problema de la ligazón no solamente pasa al primer plano de la reflexión de Freud, sino que su planteamiento se vuelve más complejo. Freud recurre de nuevo a la noción de ligazón a propósito de la repetición del traumatismo por el sujeto, que se toma como modelo de la repetición de experiencias displacenteras. Recoge la concepción ya presente desde el Proyecto, según la cual es un sistema ya fuertemente catectizado el capaz de ligar psíquicamente un aflujo de energía. Pero el caso del trauma como amplia efracción de los límites del yo permite captar esta capacidad de ligazón en el momento mismo en que se encuentra amenazada. De ello resulta una situación inesperada de la ligazón con relación al principio del placer y al proceso primario. Si bien generalmente la ligazón se concibe como una influencia del yo sobre el proceso primario, es decir, como la introducción de la inhibición característica del proceso secundario y del principio de realidad, Freud se ve inducido aquí a preguntarse si en ciertos casos el «dominio [mismo] del principio de placer» no supone la ejecución previa de la «[...] tarea [...] de controlar o ligar la excitación, tarea que prevalecería, sin duda, no en oposición con el principio de placer, sino independientemente de éste y en parte sin tenerlo en cuenta». Incluso aunque esta ligazón actúe finalmente en beneficio del yo, parece que Freud le atribuye, no obstante, una significación propia, en la medida en que ve en ella el fundamento de la compulsión a la repetición y hace de ésta, en último análisis, la marca misma de lo pulsional. Queda, pues, sin responder la cuestión de la existencia de dos tipos de ligazón: una, reconocida desde bastante tiempo antes, que es coextensiva a la noción de yo: otra, más próxima a las leyes que regulan el deseo inconsciente y la disposición de las fantasías, leyes que son las del proceso primario: la energía libre misma, tal como se la descubre en psicoanálisis, no es una descarga masiva de excitación, sino una circulación a lo largo de cadenas de representaciones, que implican la existencia de «lazos» asociativos. III. Finalmente, dentro de la última teoría de las pulsiones, la ligazón se convierte en la característica fundamental de las pulsiones de vida, en oposición a las pulsiones de muerte: «El fin del Eros consiste en establecer unidades cada vez mayores, y por consiguiente conservar; es la ligazón. El fin de la otra pulsión es, por el contrario, romper las relaciones, y por consiguiente destruir las cosas». En la última formulación de la teoría, la instancia del yo y la energía pulsional que tiene a su disposición quedan situadas fundamentalmente en el lado de las pulsiones de vida: «Sirviendo para instaurar este conjunto unificado que caracteriza el yo o la tendencia de éste [esta energía] se atendría siempre a la intención principal del Eros, que es unir y ligar». Creemos finalmente que la problemática psicoanalítica de la ligazón podría plantearse a partir de tres direcciones semánticas que evoca dicho término: la idea de relación entre varios términos ligados, por ejemplo, dentro de una cadena asociativa (Verbindung), la idea de un conjunto en el que se mantiene una cierta cohesión, de una forma definida por ciertos límites o fronteras (compárese con la palabra inglesa boundary, en la que se vuelve a encontrar la raíz bind), y en fin, la idea de una fijación sobre un lugar de una cierta cantidad de energía que ya no puede fluir libremente.