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Estudio del psicoanálisis y psicología

Diccionario de Psicología, letra M, Metonimia


Diccionario de Psicología, letra M, Metonimia

s. f. (fr. métonimie; ingl. metonymy; al. Metonymie). Palabra puesta en lugar de otra y que designa una parte de lo que significa. Con la metonimia, Lacan introduce la posibilidad del sujeto de indicar su lugar en su deseo. Como la metáfora, la metonimia pertenece al lenguaje de la retórica. Un ejemplo trivial, como para hacernos captar mejor la duplicidad de los significantes en la lengua, es el de las «treinta velas», en lugar de naves: una información directa, pero que nos hace oír otra cosa. ¿Cuántos son?: ¿muchos, pocos, suficientes barcos? Vemos aquí que las condiciones de ligazón del significante son las de la contigüidad, una parte va en lugar de un todo no medible. De la estructura metonímica procede la fórmula lacaniana siguiente: f (S ... S')S ? S (-) s. La función (f) de este palabra a palabra del significante (S...S') conserva la significación dada. Los dos significantes en contigüidad, vela y nave, en el mismo eje sintagmático (barco de vela) no autorizan una significación que remita a otra (de ahí el signo menos entre paréntesis); no es tanto el sentido lo que es evocado como el palabra a palabra. Metonimia del deseo. Obligado a hacerse demanda para hacerse oír, el deseo se pierde en los desfiladeros del significante, alienándose en él. De objeto en objeto, el todo deseado por el niño se fragmenta en partes o metonimias que emergen en el lenguaje.

Metonimia  

Etimológicamente, la metonimia se define como un cambio de nombre. Una cosa es designada mediante un término que no es el que la distingue habitualmente. Dicho esto, entre ambos debe existir necesariamente una relación; por ejemplo, se reemplaza el contenido por el continente (beber un vaso), el todo por la parte (una vela en lugar de una embarcación), el objeto por la materia (un bronce en lugar de una estatuilla). La noción de desplazamiento es tratada por Freud en sus cartas a Fliess. En efecto, Freud observa que «el mecanismo psíquico se establece según un proceso de estratificación ... ] las huellas mnémicas son modificadas [ ... la memoria [ ... ] está compuesta de diferentes tipos de signos» (6 de diciembre de 1896). Freud habla del mecanismo psíquico como de una estratificación escalonada: el material psíquico sufre un reordenamiento según relaciones nuevas -una transcripción- en términos de huellas mnémicas. En su artículo «Sobre los recuerdos encubridores» (1899), habla también del desplazamiento por contigüidad de una representación a otra; los componentes no esenciales de la representación representan a los componentes esenciales: «En lugar de la imagen mnémica originariamente justificada, sobreviene otra, parcialmente intercambiada con la primera por desplazamiento en la asociación». «Una huella de memoración del pasado efectivo permanece y ofrece su contenido como punto de contacto, y es la expresión verbal la que asegurará la ligazón entre el recuerdo encubridor y el recuerdo encubierto.» En La interpretación de los sueños, Freud observa que los pensamientos que parecen esenciales en el contenido del sueño desempeñan un papel muy desvaído. A la inversa, «lo que es visiblemente lo esencial de los pensamientos del sueño a veces no aparece en absoluto representado en él. El sueño está centrado de otro modo; su contenido está ordenado en torno a elementos que no son los pensamientos del sueño». En los procesos metonímicos, también un tema puede llevar a otro según una relación de contigüidad. Por ejemplo, en el sueño de la monografía botánica relatado por Freud en La interpretación de los sueños, él conversa con un hombre que le subraya sus debilidades en relación al análisis; a esta conversación la siguen alusiones a los Gärtner (jardinero en alemán), a una paciente de Freud, Flora, mientras que Freud se dice que la señora Gärtner es floreciente: «se podría pensar que lo que aparece en el sueño no es lo que era importante en los pensamientos del sueño, sino sobre todo lo que en él era repetido a menudo. En el momento de la formación del sueño hubo transferencia y desplazamiento de las intensidades psíquicas de los diferentes elementos». La metonimia está fundamentalmente articulada con el deseo. En efecto, por la metáfora paterna y el acceso del falo al estatuto del significante, el deseo del sujeto pasa por la mediación del lenguaje. La plenitud es imposible, por este mismo proceso metafórico; como consecuencia, el sujeto es comprometido por su deseo en una búsqueda de objetos sustitutivos movidos a ocupar el lugar del objeto inicial, la madre. La metonimia lo proyecta entonces sobre el eje sintagmático de su discurso, eje de la combinación, la contigüidad y la diacronía. En lugar de ser el falo, se tratará para el sujeto de tenerlo: el espacio metafórico lo obliga a ubicarse sobre un eje temporal, pues en adelante el significado del significante es el deseo; en la escritura algebraica formulada a propósito de la metáfora, el significante 1 del deseo de la madre será reprimido en beneficio de los significantes 2, 3, ...x, los cuales instauran la cadena significante; Lacan dirá que, puesto que «lo propio del lenguaje es enganchar cualquier cosa que signifique, el refèrente no es nunca el bueno» (D'un discours qui ne serait pas du semblant, 1970-1971). El proceso metonímico se define entonces por hacer comparecer un significante ante otro significante, pero, a la inversa de la metáfora, el significante reemplazado no pasa abajo de la raya: el primer significante permanece en contigüidad con el segundo, de lo que se desprende la fórmula siguiente de Lacan: «f (S... S') S = S (-)s la cual indica que es la conexión del significante con el significante la que permite la elisión por la cual el significante instala la falta del ser en la relación de objeto, utilizando el valor de remisión de la significación para investirlo con el deseo que apunta hacia esa falta de la que es soporte. Un signo «-» entre paréntesis pone de manifiesto el mantenimiento de la raya, que en el primer algoritmo marca la irreductibilidad en que se constituye, en las relaciones del significante con el significado, la resistencia de la significación» (Escritos). Perpetuamente reconducido en la cadena significante, en razón de la metáfora fundadora y al mismo tiempo por la represión originaria, el deseo es constantemente sostenido y relanzado por el significante.