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Estudio del psicoanálisis y psicología

EDOUARD CLAPAREDE (1873-1940): La obra y la empresa



EDOUARD CLAPAREDE (1873-1940)

Daniel Hameline

Fuente: El texto que sigue se publicó originalmente en Perspectivas: revista trimestral de educación comparada (París, UNESCO: Oficina Internacional de Educación), vol. XXIII, nos 3-4, 1993, págs. 808-821.

La obra y la empresa

Hombre de ciencia y militante, Claparède nos dejó una obra escrita muy copiosa y que ejercioen su epoca una influencia mayor de lo que permite suponer la reseña que citábamos alcomienzo. Más de seiscientas publicaciones entre 1892 y 1940, que sorprenden por la amplitud de las preocupaciones intelectuales, la pugnacidad de los compromisos, la altura de miras delas exigencias morales y la variedad de los públicos a que se dirigía un pensamiento seguro de su razón.

Claparède es, evidentemente, una producción científica copiosa, en las revistas especializadas de la época, destinada a sus iguales, pero sobre las materias más diversas, hasta tal punto que se le puede hallar la curiosidad científica un tanto caprichosa. Pero, en él, curiosidad y enfoque metódico van constantemente de la mano. Así pues, en psicología, se permite abordarlo todo: su arte es el de hacer preguntas, arte eminentemente socrático a fin de cuentas, en el que se revela el pedagogo, tal como lo describen sus alumnos del Institut Rousseau. Pero Claparède es al mismo tiempo una vasta y regular empresa de vulgarización educativa destinada al gran público por conducto de múltiples artículos ocasionales en semanarios o en la prensa diaria.10 Claparède, en fin, son los cursos cuyas notas preparatorias nos llegan en los inéditos publicados por Carlos Trombetta, testimonio de una profunda erudición y de esa aptitud eminentemente educativa de clarificar una cuestión compleja tanto como de tornar problemática una cuestión falsamente sencilla.

Pero el docto es también hombre de empresa. A semejanza del norteamericano John Desvey, a quien admira,11 no concibe la enseñanza de la psicología pedagógica sin las instituciones mínimas que permitan su aplicación. Desde luego, no es él el único en concebir el Instituto de Ciencias de la Educación que creará en 1912. Ni siquiera es el primero.12 Pero su constante afán estribará en ajustar la pedagogía a los ideales que allí se propagan y hacer de él un verdadero “taller” en el que teoría y práctica puedan llevar a efecto su problemática ensambladura. Pierre Bovet, a quien Claparède recurre para dirigir el establecimiento, ha relatado la aventura de los veinte primeros años de esta escuela superior que “no quería ser como las otras”.13 A través del prisma de la nostalgia, la aventura resulta conmovedora, Ilíada u Odisea de la nueva pedagogía. Muchas cosas quedan por escribir. Una certeza subsiste: la obstinación de Claparède frente a múltiples trabas y rudas opciones permitió que esta historia comenzara y que haya proseguido.

Y esta misma obstinación es la que hallamos en el Claparède que es alma y clave de la internacional de los psicólogos, redactor asiduo hasta su muerte de los informes y las actas de sus congresos, fundador y director de los célebres Archives de psychologie. Intenta así constituir a la fauna cosmopolita e individualista, o, por el contrario, recelosamente nacionalista, de los investigadores europeos en una sociedad erudita internacional en la que la rivalidad se trueque en emulación, los conflictos entre personas en confrontaciones de ideas y la retención friolera de la información en intercambio abierto y cooperador.

Preconizando, como “cientificista” consecuente, la autonomía y la neutralidad moral de la psicología experimental que contribuye a fundar, Claparède considera el deber de toda su vida llamar la atención de los investigadores sobre este carácter fundamentalmente ético de su actividad de hombres de ciencia que antes señalábamos. Enuncia una triple exigencia: la probidad intelectual en la investigación; la responsabilidad del sabio en la vida pública; el compromiso colectivo de los hombres de ciencia contra la amenaza y el retorno trágicamente comprobado de la barbarie, frente a la cual no es posible, a su juicio, mantenerse neutral. Y se puede escribir, sin ánimo de dramatizar la historia con alardes de pluma, que fue de ver sus ideales en la agonía de lo que murió Claparède en 1940.

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Nota:

10. Estos artículos aparecen reunidos en las tres series de Causeries psychologiques, Ginebra, Naville, 1933, 1935 y 1937.

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