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Estudio del psicoanálisis y psicología

El sentido perdido (Piera Aulagnier)



El sentido perdido (Piera Aulagnier)

C7: A propósito de la transferencia: el riesgo de exceso y la ilusión mortífera

En el encuentro entre la psique del infans y el sistema de significación del que la voz materna se hace portavoz se ejerce una violencia primaria tan absoluta como necesaria. Por el discurso que la madre dirige al niño, y sobre el niño, ella se crea una representación idéica de este con el que identifica el ser del infans, forcluido para siempre en cuanto tal de su conocimiento. 

Este discurso y los hitos identificatorios son lo que el infans, en el momento en que adquiere los primeros rudimentos del lenguaje y pasa al estado de niño, deberá apropiarse: en un 1º tiempo una imagen del yo y un saber quien es yo, van a hacer irrupción en su espacio psíquico y a dar cuerpo, paradójicamente, a una instancia, el yo,  que tendrá el poder de desprenderse de los efectos de una violencia a la cual debe su propia existencia.
Es una necesidad para el funcionamiento psíquico que de entrada el discurso materno traduzca el grito en términos de llamada.
La violencia primaria es necesaria y primaria. No solo porque es temporalmente primera, sino porque hay que diferenciarla de otras formas de violencia (secundaria) a las que abre el camino, pero que se distinguen de ella por ejercerse contra ese yo al que la primaria había dado nacimiento.
Llamamos violencia primaria a la acción psíquica por medio de la cual se impone a la psique de otro una elección, un pensamiento, una acción, motivados por el deseo de aquel que lo impone pero que se apoyan en un objeto que responde para el otro a la categoría de lo necesario.
Al enlazar el registro del deseo de uno al de la necesidad y lo imperioso del otro, el objetivo de la violencia asegura su victoria: instrumentando el deseo sobre el objeto de una necesidad, la violencia primaria alcanza su fin, que es hacer de la realización del deseo de aquel que lo ejerce aquello que devendrá el objeto demandado por quien la padece.
La violencia 1º ejercida por el efecto de anticipación del discurso materno se manifiesta esencialmente en esa oferta de significación cuyo resultado es hacerle emitir una respuesta que ella formula en el lugar y sitio del infans.
El “agente” que interpreta está motivado por un deseo heterogéneo al del infans, el deseo de la madre que espera seguir siendo una oferta continua y necesaria para él.
Tanto la necesidad que esa violencia representa como el desconocimiento que la acompaña tornarán posible su riesgo de exceso: la imposibilidad de pensar una representación que no haya sido ya pensada y propuesta por la psique del otro.
Poder ejercer un derecho de goce sobre la propia actividad de pensar, reconocerse el derecho de pensar lo que el otro no piensa y lo que no sabe que uno piensa, es una condición necesaria para el funcionamiento del yo. Pero el acceso a este derecho presupone el abandono de la creencia en el “saber-todo” del portavoz, la renuncia a encontrar sobre la escena de la realidad una voz que garantice lo verdadero y lo falso.
Esto solo es posible si el niño descubre que el discurso del portavoz dice la verdad pero también puede mentir, que su propio enunciado puede estar motivado por el deseo de engañar y que nada le asegura a priori que esta al abrigo del error.
Pero este cuestionamiento y esta duda solo son posibles para el niño si el discurso del portavoz acepta ser puesto en tela de juicio y reconoce para si, como para la voz infantil, la existencia de un referente que ningún sujeto singular puede encarnar y al que todo sujeto puede al mismo titulo y con los mismos derechos, apelar.
El exceso de poder del que el portavoz puede volverse responsable no tiene otra causa que la simple prolongación temporal de una ilusión que primero fue necesidad vital para el yo.
¿En que se asemejan el riesgo de exceso de la violencia primaria y la transferencia?
La transferencia en análisis solo puede desempeñar su papel de aliada del proyecto si, para los 2 sujetos, pensar la experiencia que se desenvuelve se presenta como fuente posible de nuevos pensamientos, ellos mismos fuente de un placer compartido.
El éxito del proyecto tiene como condición la posibilidad, par el analista y el analizado, de aceptar y anhelar que lo propio de la experiencia sea le tener que acabarse. El tiempo futuro que se ha de investir es también aquel en que la presencia del analista ya no será necesaria
Para que el yo pueda privilegiar un anhelo de vida a expensas de un deseo de muerte es preciso que logre pensar con  placer la “idea” de su futuro.
“Abuso de transferencia” del que el analista se hace culpable: toda práctica y toda conceptualización teórica que amenacen confirmar al analizado la legitimidad de la ilusión que le hace afirmar que lo que se tiene  que pensar sobre el sujeto y sobre este sujeto, ya fue pensado de una vez para siempre por un analista, y por lo tanto que el analista no puede esperar ni oír nada nuevo de y en el discurso que se le ofrece.
Algo que era útil para la instalación de la transferencia, se transforma en una ilusión mortífera que privará al analizado de todo interés por la búsqueda de pensamientos nuevos y de representaciones perdidas