try another color:
try another fontsize: 60% 70% 80% 90%
Estudio del psicoanálisis y psicología

El universo simbólico



1 de Diciembre de 1954

Diálogos sobre Levi-Strauss. La vida y la máquina. Dios, la naturaleza y el símbolo. Lo imaginario natural. El dualismo Freudiano.

En la sesión de anoche se produjo un progreso manifiesto respecto de la primera, pues
el diálogo resultó más vivaz y prolongado.
Tengo algunas referencias de las idas y venidas que esto provoca en la subjetividad de
cada uno: Intervendrá? No intervendrá ? No he intervenido, etc.
No obstante, tienen que haberse percatado, aunque sólo fuese por la forma en que las
conduzco, de que estas sesiones no son análogas a las de las llamadas comunicaciones
científicas. En este sentido, les pido tener presente que en estas sesiones abiertas no
están de ningún modo para exhibirse, pese a que tengamos invitados extranjeros,
simpatizantes y otros. No deben tratar de decir cosas elegantes, destinadas a hacerlos
notar y a incrementar la estima que pueden inspirar. Están ustedes aquí para abrirse a
cosas que aún no han visto y que en principio son inesperadas. Entonces, por qué no dar
a esta apertura su máxima repercusión, planteando los problemas en el punto más
profundo que alcanzan en ustedes, aunque esto se traduzca de una manera algo
vacilante, imprecisa y hasta barroca?
En otras palabras, el único reproche que podría dirigirles, si me permiten, es que todos
ustedes quieren parecer demasiado inteligentes. Todo el mundo sabe que lo son;
entonces, por qué querer parecerlo? Y, de todas formas, qué importancia tiene, para el
ser, o para el parecer?
Dicho esto, los que ayer no pudieron expresar sus inquietudes, o lo contrario, quedan
invitados a hacerlo ahora, pues el interés de estos encuentros radica en que tengan
consecuencias.
Ya se está proponiendo Anzieu. Le agradezco que diga lo que tiene que decir.
Nota. La pregunta del señor Anzieu no está reproducida.
Durandin pareció decir que la violencia de la prohibición del incesto era algo que se podía
medir, que se traducía en actos sociales patentes. No es verdad. Para descubrir el
complejo de Edipo fue preciso examinar primero a los neuróticos, para pasar después a un
círculo de individuos mucho más amplio. Por eso dije que el complejo de Edipo, con la
intensidad fantasmática que le hemos descubierto, la importancia y la presencia que tiene
sobre el plano imaginario para el sujeto con quien tenemos que vérnosla, deba ser
concebido como un fenómeno reciente, terminal y no original, respecto a aquello de que
nos habla Levi-Strauss.
Pero cómo puede usted atribuir tanta importancia, estimado Anzieu, al hecho de que
Lévi-Strauss introduzca en su lenguaje palabras como compensación, tratándose de las
tribus tibetanas o nepaleses, por ejemplo, donde se acostumbra matar a las niñas
pequeñas, lo cual hace que haya más hombres que mujeres? El término compensacién
sólo posee aquí un valor estadístico, sin relación alguna con el término analítico.
No podemos dejar de concordar con Lévi-Strauss en que los elementos numéricos
intervienen en la constitución de una colectividad. El señor de Buffon hizo al respecto
reflexiones muy acertadas. Lo que resulta fastidioso es que en la escala de los monos, a
medida que se ponen los pies sobre un peldaño se olvida que hay peldaños debajo, bien
se los deja pudrirse. De suerte que nunca se puede tomar más que un campo bastante
limitado dentro del conjunto de la concepción. Pero sera un error no recordar las
correctísimas observaciones de Buffon acerca del papel que cumplen los elementos
estadísticos en un grupo, en una sociedad.
Dichas observaciones llegan bien lejos, quitando su alcance a toda clase de preguntas
seudofinalistas. Hay preguntas que no hace falta plantearse, porque se dispersan por sí
solas a consecuencia de la distribucón espacial de los números. Todavía existen
problemas de este género, y se los estudia en ciertos niveles demográficos a los que
Lévi-Strauss hizo una lejana alusión.
Buffon se preguntaba por qué las abejas hacen tan bonitos hexágonos. Se al que no hay
otro poliedro con el que se pueda ocupar una superficie de manera tan práctica y bonita.
Es una especie de presón de la ocupación del espacio lo que hace que tengan que ser
hexágonos, y no hay que plantearse problemas eruditos del tipo: acaso las abejas saben
geometría?
Ve el sentido que la palabra compensación puede tener en este caso: si hay menos
mujeres, habrá por fuerza más hombres.
Pero su error es aún mayor cuando habla usted de finalidad, cuando cree que
Levi-Strauss, al hablar de la circulación de una familia a otra, confiere un alma a la
sociedad. Mucho habra que decir sobre el uso del término finalidad y sus relaciones con la
causalidad; es asunto de disciplina mental detenerse en ello un momento, así fuese sólo
para advertir que la finalidad siempre está implicada, bajo una forma diversamente larvada,
en toda noción causal; salvo que se haga recaer el acento, precisamente, en la oposición
entre pensamiento causalista y concepción finalista. Para el pensamiento causalista la
finalidad no existe, pero el hecho de que haya que insistir en ello prueba sobradamente
que la noción es difícil de manejar.
Cuál es la originalidad del pensamiento que aporta Levi-Strauss con la estructura
elemental?
Lo que destaca de un extremo al otro es que nada se comprender de los que
se vienen recopilando desde hace largo tiempo con respecto al parentesco y la familia, si
se intenta deducirlos de una dinámica cualquiera natural o naturalizante. El incesto como
tal no suscita ningún sentimiento natural de horror. No digo que esto pueda servirnos de
base, digo que esto es lo que dice Levi-Strauss. No hay ninguna razón biológica, y en
particular genética, que explique la exogamia, y l lo demuestra después de un análisis
extremadamente preciso de los datos científicos. En una sociedad y podemos considerar
otras sociedades que las humanas-, la práctica permanente y constante de la endogamia
no sólo no traer inconvenientes sino que al cabo de cierto tiempo producir el efecto de
eliminar las pretendidas taras. No hay ninguna deducción posible, a partir del plano
natural, de la formación de esa estructura elemental que se llama orden referencial.
Y esto, en qué lo basa? Lo basa en el hecho de que el orden humano nos pone frente a
la emergencia total, que engloba a la totalidad de este orden humano, de una función
nueva. La funcion simbólica no es nueva como función, pues se esboza en otras partes
además del orden humano, pero son nada más que esbozos. El orden humano se
carácteriza por la circunstancia de que la función simbólica interviene en todos los
momentos y en todos los grados de su existencia.
Dicho de otro modo: todo está relaciónado. Para entender lo que sucede en el dominio
propio del orden humano, tenemos que partir de la idea de que este orden constituye una
totalidad. La totalidad en el orden simbólico se llama un universo. El orden simbólico se da
primeramente en su carácter universal.
No es que se vaya constituyendo poco a poco. Cuando el símbolo aparece, hay un
universo de símbolos. La pregunta que cabra formularse al cabo de cuántos símbolos,
numéricamente, se constituye el universo simbólico?-permanece abierta. Pero por
peque o que sea el número de símbolos que puedan concebir en la emergencia de la
función simbólica en la vida humana, ellos implican la totalidad de todo lo que es humano.
Todo se ordena en relación con los símbolos surgidos, con los símbolos una vez que han
aparecido.
La función simbólica constituye un universo en el interior del cual todo lo que es humano
debe ordenarse. No es casual que Lévi-Strauss llame a sus estructuras elementales; no
dice primitivas. Elemental es lo contrario de complejo. Pues bien, cosa curiosa, todavía no
ha descrito las Estructuras complejas del parentesco. Las estructuras complejas las
representamos nosotros, y se caracterizan por ser mucho más amorfas.
Dr. BARGUES:-Lévi-Strauss ha hablado de estructuras complejas.
Desde luego. Las esbozó, indicó sus puntos de inserción, pero no las trató .
En las estructuras elementales las reglas de la alianza están incluidas en una red
extraordinariamente rica, fastuosa, de preferencias y prohibiciones, indicaciones,
mandamientos, facilitaciones, y abarcan un campo mucho más vasto que en las formas
complejas. Cuanto más nos acercamos, no al origen sino al elemento, más se imponen la
estructuración, la amplitud, la intrincación del sistema propiamente simbólico de la
nomenclatura. La nomenclatura del parentesco y de la alianza es más amplia en las
formas elementales que en las llamadas formas complejas, es decir, elaboradas en ciclos
culturales mucho más extensos.
Es una reflexión fundamental de Levi-Strauss, y que en este libro muestra su fecundidad.
A partir de ella podemos formular la hipótesis de que el orden simbólico, por cuanto se
plantea siempre como un todo, como algo que forma por sí sólo un universo-y que incluso
constituye el universo como tal, en tanto que distinto del mundo-, debe estar igualmente
estructurado como un todo, vale decir que forma una estructura dialéctica acabada,
completa.
Sistemas de parentesco los hay más o menos viables. Algunos caen en atolladeros, para
hablar con propiedad, aritmíticos, y suponen que de cuando en cuando se produzcan
crisis en el interior de la sociedad, con las consiguientes rupturas y recomienzos.
A partir de estos estudios aritméticos si se entiende por aritmética no sólo la manipulación
de colecciones de objetos sino también la comprensión del alcance de estas operaciones
combinatorias, que va más allá de cualquier tipo de dato experimentalmente deducible de
la relación vital del sujeto con el mundo-, Levi-Strauss demuestra que hay una clasificación
correcta de aquello que las estructuras elementales del parentesco nos presentan. Esto
supone que las instancias simbólicas funcionan en la sociedad desde el origen, desde el
momento en que ella surge como humana. Pues bien: esto es lo que también supone el
inconsciente, tal como lo descubrimos y manipulamos en el análisis.
Fue en este punto donde hubo ayer cierta indecisión en la respuesta de Levi-Strauss a mi
pregunta. Porque, a decir verdad, con un gesto frecuente en personas que introducen
ideas nuevas, una especie de vacilación en mantener toda su contundencia, casi volví a
un plano psicológico. La pregunta que le formuló no implicaba en absoluto un inconsciente
colectivo, término que lo pronunció . Qué solución cabra esperar realmente en este caso
de la palabra colectivoퟎ�, cuando lo colectivo y lo individual son estrictamente lo mismo?
No, no se trata de suponer en alguna parte un alma común donde se efectuarían todos
esos cálculos, no se trata de ninguna entificación psicológica, se trata de la función
simbólica. La función simbólica no tiene absolutamente nada que ver con una formación
para-animal, con una totalidad que haría del conjunto de la humanidad una especie de
gran animal; porque, al fin y al cabo, el inconsciente colectivo es eso.
Si la función simbólica funciona, estamos en su interior. Y dirá más: estamos a tal punto en
su interior que no podemos salir de ella. En gran parte de los problemas que se nos
plantean cuando intentamos cientifizar, es decir, poner un orden en determinados
fenómenos, en cuyo primer plano est el de la vida, las que nos conducen son siempre, al
fin y al cabo, las vías de la función simbólica, mucho más que cualquier aprehensión
directa.
De modo tal que, a pesar de todo, siempre tratamos de explicar al ser vivo en términos de
mecanismo. La primera pregunta que se nos plantea a los analistas, y quizá por ahí
podamos salir de la controversia entablada entre vitalismo y mecanicismo, es la siguiente:
por qué nos vemos llevados a pensar la vida en términos de mecanismo? En qué somos
efectivamente, en tanto hombres, parientes de la máquina?
HYPPOLITE:-En tanto que somos matemáticos, que tenemos la pasión de la matemática.
Así es. Las críticas filosóficas hechas a las investigaciones propiamente mecanicistas
suponen que la máquina está privada de libertad. Sería muy fácil demostrar que la
máquina es mucho más libre que el animal. El animal es una máquina bloqueada. no
pueden variar. Por qué? Porque es el medio exterior lo que determina al animal y hace de
él un tipo fijo. Manifestamos una mayor libertad, en el sentido de libertad como
multiplicidad de elecciónes posibles, en tanto que, con relación al animal, somos
maquinas, esto es, algo descompuesto. Perspectiva ésta que una máquina en la que
ciertos parámetros ya nunca se pone en evidencia.
Sr. HYPPOLITE:-La palabra máquina no ha cambiado de sentido, profunda y
sociológicamente, desde sus comienzos hasta la cibernética?
Estoy de acuerdo con usted. Por vez primera estoy tratando de inculcar a mis oyentes que
la máquina no es lo que el comín de la gente piensa. El sentido de la máquina está
cambiando completamente, para todos ustedes, hayan
abierto o no un libro de cibernética Están retrasados, siempre es
igual. Los hombres del siglo dieciocho, que introdujeron el
mecanicismo-se que hoy es de buen tono execrar, el de las maquinitas
apartadas de la vida, el que creen haber superado-, hombres como La
Mettrie, cuya lectura tanto les aconsejo, los hombres que vivían eso,
que escriban El Hombre-máquina, no se imaginan hasta qué punto seguían
atados a categoías anteriores que dominaban realmente su espíritu. Hay
que leer de punta a punta los treinta y ciónco volúmenes de la
Enciclopedia de las artes y las técnicas, que muestra el estilo de la
poca, para advertir hasta qué punto las nociones escolsticas dominaban
en ellos lo que estaban introduciendo no sin esfuerzos. Estos intentos
de reducción a partir de la mquina, de funcionalización de los
fenomenos que se producen a nivel humano, estaban muy por delante de
los encadenamientos que subsistan en su funcionamiento mental cuando
abordaban un tema cualquiera. Abran la Enciclopedia en la palabra amor,
en la palabra amor propio, y ver n hasta qué punto sus sentimientos
humanos se apartaban de lo que estaban tratando de construir con
respecto al conocimiento del hombre. S lo mucho más tarde cobr el
mecanicismo, en nuestro espíritu o en el de nuestros padres, su sentido
pleno, depurado, demudado, excluyente de cualquier otro sistema
interpretativo Reflexi n sta que nos permite comprender qué significa
ser un precursor. No es, ya que resultara absolutamente imposible,
anticipar las categor as que llegarn despu s y an no han sido creadas;
los seres humanos permanecen inmersos en la misma red cultural que sus
contempor neos, y no pueden tener otras nociones que las de estos. Ser
un precursor es ver lo que nuestros contemporneos est n constituyendo
con el carácter de pensamientos, de conciencia, de acción, de técnicas,
de formas pol ticas, verlos como se los ver un siglo más tarde. Esto s
puede existir. La función de la mquina est sufriendo una mutación que
deja atr s a todos los que an permanecen en la cr tica del viejo
mecanicismo.