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Estudio del psicoanálisis y psicología

Enfermedad unica, Pichón Riviere



Enfermedad única.

Para seguir viviendo, una estructura viva necesita mantener un intercambio con el mundo y hallarse  en armonía con él. La enfermedad es una circunstancia en la que este intercambio se ve obstaculizado y la existencia del organismo amenazada. Pero previamente a que dicha existencia se torne inviable se sucede un período de crisis. Esta crisis es lo que llamamos, desde un punto de vista biológico, el enfermar. Podríamos decir que cuando deja de haber una posibilidad de adaptación activa a la realidad del mundo entonces comienza el enfermar y la muerte paulatina del sujeto.

Pichon Rivière entendía que las distintas maneras de enfermar y entrar en crisis responden a un modo básico y a esta suposición la denominó teoría de la enfermedad única.

Pichon toma como base u origen de las patologías a la depresión.  La explicación de este postulado es la que sigue.

Es condición natural de la especie humana el hecho de nacer prematuramente en función de las posibilidades de subsistencia. En este sentido, la inmensa fragilidad del ser humano y la falta de autonomía al momento del nacimiento hacen que no podamos subsistir si alguien no nos cuida. La situación de dependencia es inherente a nuestra estructura biológica en los primeros años de vida. Por esto mismo se habla de una matriz social por analogía con la matriz biológica: a los nueve meses de gestación es necesario añadirles muchos años más de gestación en la matriz social. Nos vamos desarrollando como personas al adoptar las pautas de la cultura, las formas de comportamiento e incluso los valores del medio en que crecemos. Ese estado de indefensión en que nacemos no sólo nos permite construir la cultura y construirnos a nosotros como personas dentro de la cultura, sino que también nos permite establecer las bases de nuestra dicha y nuestro sufrimiento. En resumidas cuentas, nuestro desarrollo como personas es, a la vez, orgánico, psicológico y social.

Tomando esto como punto de partida, Pichon Rivière sostiene que al desarrollarnos aprtendemos e incorporamos las relaciones que tenemos con el mundo. Las incorporamos en forma de lo que denominó grupo interno, aludiendo a las relaciones vinculares del grupo que se van inscribiendo en nuestro psiquismo.

Al nacer vivmos la primera experiencia respecto de la inacapacidad existir. La sensación de ahogo y de falta de posibilidades de subsistir se superaen los primeros momentos del nacimiento y se reemplaza por la sensación permanente y difusa de que “algo” es necesario
para seguir viviendo y de que eso es imposible de lograr por uno mismo y más bien depende del afuera. Esto es lo que llamamos la protodepresión: angustia de nacimiento, sensación básica de desamparo. Podemos entenderla como una redefinición de las condiciones de existencia en la experiencia del nacimiento.

Desde la protodepresión y desde el registro de la vida postnatal, apartir de las relaciones con el otro, se van constituyendo en un proceso de maduración y aprendizaje lo que Pichon denominó las técnicas del yo o técnicas instrumentales, las cuales dentro del esquema psicoanalítico se corresponden, según otra perspectiva, con los denominados mecanismos de defensa.

Esta primitiva organización del mundo interno propia de los primeros meses y que, asimismo, reaparecerá como posición en algunos otros momentos de la vida, recibe el nombrte de posición instrumental o patoplástica.

Es importante definir con precisión el concepto de posición que Pichon retoma de Melanie Klein y Fairbairn para designar una organización del mundo interno y del psiquismo que no sólo se da en el proceso evolutivo sino que reaparece en distintos momentos del desarrollo.
Para Pichon la posición incluye:

-el tipo de objeto, es decir, en qué forma está inscripto el objeto (¿está escindido?, ¿es parcial?, etc.)
-las técnicas instrumentales del yo
-la ansiedad dominante

La persona posee desde el nacimiento un esquema de acción que le permite el contacto con el objeto que no le es indiferente y que a su vez muestra una reciprocidad con el sujeto, de modo tal que es necesario hablar más bien de relación vincular y no de relación de objeto desde el sujeto hacia el objeto.

A medida que el niño experimenta vivencias gratificantes y vivencias frustrantes, por medio de un mecanismo de disociación comienza a establecer vínculos con objetos parciales: el objeto bueno y el objeto malo, respectivamente.  Por medio del mecanismo de proyección, deposita el amor y los sentimientos amorosos en el objeto bueno; los sentimientos agresivos son proyectados sobre el objeto malo. Este mecanismo disociativo constituye un primer paso en el crecimiento; a través del mismo logra establecer un orden en el caos de sentimientos. Al decir de Pichon:

“La división del objeto total tiene como motivación impedir la destrucción total del objeto, que al escindirse en bueno y malo configura las dos conductas primarias en relación con amar y ser amado y odiar y ser odiado, es decir, dos conductas sociales que determinan el comienzo del proceso de socialización del niño que tiene un rol y un status dentro del grupo primario o familiar”

Esta situación corresponde a la posición denominada esquizoparanoide. A partir de allí, a medida que crece, el niño va siendo capaz de unir los sentimientos amorosos y agresivos de modo que el objeto se convierte en objeto total, entrando de esta manera en la posición depresiva o posición depresiva del desarrollo caracterizada por la ambivalencia: odiar al objeto que se ama y amar lo frustra; a partir de allí, desear dañarlo y temer perderlo. La única defensa o el único instrumento que el yo tiene en la posición depresiva según Pichon es la inhibición.

Ahora bien, esta posición le provoca al niño dolor y culpa; por lo tanto, el niño intenta salir de esta situación volviendo a la posición esquizoparanoide. A este momento, Pichon lo denomina posición patoplástica: la instrumentalidad de las técnicas se pierde y éstas se rigidizan por el monto de ansiedad y porque el conflicto no puede elaborarse y la contradicción resolverse; aparece lo patológico y las técnicas determinan las forma de esas patologías.

Cuando al sujeto se le hace imposible elaborar las situaciones traumáticas regresa para operar con los diferentes instrumentos ya adquiridos (disocia, proyecta, introyecta, controla en forma ominpoetente al objeto, etc.) para que , desde allí, le sea posible avanzar en un movimiento que implica dar un paso atrás para poder dar uno hacia adelante.
Sin embargo, si el objeto no puede reintegrarse, entonces se produce la fijación a la que se regresa en el momento de enfermar. Se ha detenido la tarea de fragmentación - integración del objeto. Es decir, la relación con el mundo implica un proceso permanente de integraciones cada vez más totalizantes. Si este proceso se detiene en la fragmentación y el objeto no puede ser integrado por el monto de ansiedad y la estereotipia de las técnicas del yo, allí se produce un punto de fijación y se perturba el aprendizaje de la realidad.

 Pichon encuentra en la situación depresiva la base para su teoría de la enfermedad única:

Hablamos de ‘enfermedad única’, en la medida en que consideramos a la depresión como situación básica patogenética y a las otras estructuras patológicas - configuradas sobre la base de una estereotipia de las técnicas del yo (mecanismos de defensa) características de la posición esquizoparanoide - como tentativas  fallidas e inadecuadas de curación. De esta inadecuación (perturbación de la lectura de la realidad) deriva el carácter patológico de dichas estructuras”.

Para Pichon existen tres tipos de depresiones que se encuentran en la base de la teoría de la enfermedad única:

1) la depresión del comienzo: estado en el que el sujeto se retrae del mundo y va dando evidencia de los primeros síntomas de desajuste. A esta depresión se ligará después la depresión regresional.
2) la depresión regresional: corresponde a una situación de crisis en la que se apela a recursos defensivos que fueron útiles en algún momento anterior de la vida.
3) la depresión iatrogénica : es la depresión producida artificialmente durante un tratamiento para el bien supuesto del paciente.

La situación depresiva básica o núcleo patogenético constituirá un esquema de acción o modelo de relación con el mundo del cual se desprenderán las distintas formas de enfrentar la realidad, las estructuras de la personalidad y los estilos patológicos que cada cual desarrolla.