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Estudio del psicoanálisis y psicología

Ernest Jones - nota necrológica



Ernest Jones - nota necrológica

Publicado en International Journal of Psycho-Analysis (1958).
La muerte de Ernest Jones tiene primordial significación para todo el mundo psicoanalítico. Naturalmente, esta
significación es mayor aún en el caso de la Sociedad Psicoanalítica Británica, ya que Jones fue el fundador de
la Sociedad y durante muchos años imperaron en ella su personalidad y su devoción. Para algunos de sus
miembros, en especial aquellos cuyas raíces psicoanalíticas se remontan a la década posterior a la Primera
Guerra Mundial, la muerte de Jones constituye una gran pérdida personal.
Jones nació en Gales del Sur. Fue educado en la escuela pública de Swansea y en el Colegio Universitario de
Cardiff, y recibió su formación médica en el Hospital del Colegio Universitario de Londres. Desde sus
primeros años de vida profesional mostró señales inconfundibles de su excepcional capacidad. Estaba dotado
de uno de los más finos intelectos y, al mismo tiempo, de un tenaz empuje para el trabajo arduo y para
concentrarse en lo que tenía entre manos. En esta temprana etapa de su vida, sus intereses abarcaron la
medicina clínica, la cirugía, la neurología, la patología y también la psiquiatría clínica -si bien esta última, tal
como hoy la conocemos, era entonces casi inexistente-. Sin lugar a dudas, en esta etapa la amistad de Wilfred
Trotter fue importante para él. Trotter y Jones "descubrieron" juntos a Freud. Este colega suyo, cuyo destino
estaría en las primeras filas de la cirugía, contribuyó positivamente en años posteriores a la teoría de la
conducta y de la cohesión grupales. Por cierto, esta amistad fue valiosa para Jones en la época en la cual, según
él mismo lo narra en su autobiografía (1), comenzaba a aprender penosamente que los médicos, cirujanos y
psiquiatras no querían ver invadidos sus respectivos terrenos por la disciplina de una nueva ciencia.
En 1910 Trotter contrajo matrimonio con la hermana de Jones. La evolución de esta amistad está bien descripta
en la autobiografía.
Jones se diplomó en 1900 con medalla de oro tanto en medicina como en obstetricia. En 1903 volvió a recibir
la medalla de oro en el examen de doctorado de Londres. Se incorporó como miembro del Colegio Real de
Médicos en 1904 y al año siguiente se le concedió el diploma de Salud Pública (Cambridge). Una vez recibido,
ocupó varios puestos hospitalarios en el Hospital del Colegio Universitario de Londres; en el Hospital Nacional
de Queen Square, Londres; en el Hospital para Enfermedades Infantiles de Great Ormond Street, Londres; y en
el Hospital Real de Oftalmología, Londres. Fue patólogo del Hospital de Enfermedades Nerviosas del West
End y catedrático de práctica de la neurología en la Escuela de Clínica Médica de Londres. Muy pronto
comenzó a intervenir activamente en reuniones científicas de estudiantes y colegas, y como se había recibido
de médico muy joven, preparó a muchos otros para obtener el título a través del Colegio Universitario por
Correspondencia de Red Lion Square, Londres, dirigido por un tal E. S. Weymouth. Continuó con esta ímproba
labor durante alrededor de veinte años, incluso cuando se estableció en Canadá. A la postre, su esposa
Katherine lo persuadió de utilizar sus energías en esta dirección.
Jones comenzó a publicar a una temprana edad, y su producción fue cuantitativamente considerable, como lo
evidencia la lista de sus obras publicadas (véase la bibliografía de Grinstein) (2).
Tal vez sea interesante repasar sus escritos de esta temprana época, en la que ya aparecen manifestaciones de su
enorme capacidad de trabajo y sus vastas lecturas, asociadas ambas con toda su obra escrita. En un artículo de
1907 sobre "La cirrosis hepática alcohólica en niños" (3), ¡Jones da 185 referencias bibliográficas! Otro
ejemplo de la cantidad de trabajo que estaba dispuesto a hacer en la preparación de un artículo es "La cuestión
del lado afectado por hemiplejia en las lesiones de las arterias cerebrales" (4).
El propósito de este artículo era exponer una falacia de las enseñanzas de la época, según la cual la lesión
hemipléjica aparecía con más frecuencia de un lado que del otro. ¡Jones cita 5281 casos publicados, y al final
del artículo hay siete páginas de referencias bibliográficas con letra apretada, casi un millar en total!
Esta misma actitud acerca de las obras publicadas está presente en una fecha posterior, en su libro On the
Nightmare [Sobre la pesadilla] (5), en el artículo "La significación simbólica de la sal" (6), así como en muchos
otros artículos y libros.
Cabe preguntarse qué habría sucedido si Jones no se hubiera topado con la obra de Freud. ¿Quizás habría
explotado sus dotes intelectuales perdiendo contacto con las cuestiones corrientes de los sentimientos? Resulta
interesante, si se quiere especular en este sentido, echar un vistazo a su artículo "La significación de la
sensación frictopática" (7), en cuyo final leemos:
Conclusiones: Las sensaciones caracterizadas por los seis rasgos que aquí hemos agrupado bajo la designación
de "frictopáticos" obedecen a una división entre las sensibilidades estésicas y las sensaciones mnémicas
autosomatognósticas de una parte del cuerpo, resultante de la desagregación histérica que implica al grupo de
procesos mentales mencionado en último término; el grado en que se destacan tales rasgos es una medida
precisa del grado de dicha división.
En sus escritos siguientes, Jones parece haber evitado precisamente la clase de inteligencia especializada que
aquí se ejemplifica.
Fue por esta época que asimiló la contribución de Freud. Había llegado a dominar la lengua alemana, y como
estudiante de posgrado en Munich se familiarizó con la neurología y la psiquiatría alemanas. Al año siguiente,
en 1909, envió como colaboración al Journal of Abnormal Psychology una nota sobre el psicoanálisis. Es
evidente que el psicoanálisis y el nuevo interés por la vida emocional del individuo produjeron en él un
profundo cambio.
Digamos de paso que la palabra "frictopático" parece haber sido invención suya. Debe destacarse que Jones no
fue proclive a instituir nuevos términos y criticó a quienes lo hacían con excesiva facilidad. Sin embargo, la
palabra "racionalización", que fue creación suya, hoy forma parte de la lengua inglesa, y aún no se ha
examinado debidamente el valor de otro término creado por él, "afánisis".
Sobrevinieron luego una serie de duros golpes, que quebraron la continuidad de su carrera en Londres, y es una
suerte que tengamos una precisa descripción de ellos en su autobiografía, ya que generaron una visión
deformada de Jones que persistió hasta que murieron los actores principales de este drama. En el período 1908-
1912, en un intento de rehabilitarse, Jones trabajó en Canadá con el apoyo de Osler. Fue allí profesor asociado
de psiquiatría de la Universidad de Toronto. Al mismo tiempo, se mantuvo en contacto con Freud y el grupo
que se había vinculado a él y a su obra en Viena. El relato que hizo 'el propio Jones sobre su relación con Freud
en esa época puede encontrarse en las páginas de su biografía de Freud; allí alude, asimismo, a que su amor por
Europa lo resolvió finalmente a retornar a la practica médica en Londres.
Mientras estuvo residiendo en Canadá, tomó contacto con neurólogos y psiquiatras de los Estados Unidos. Fue
ayudante de redacción en Journal of Abnormal Psychology, una publicación recientemente fundada por Morton
Prince, que (a instancias de este último) "aceptó trabajos psicoanalíticos cuando otras publicaciones periódicas
los rechazaban con desdén" (autobiografía).
Jones se encontró con Freud y lo acompañó en la visita que éste hizo a Estados Unidos para dictar sus
conferencias en la Clark University.
En Estados Unidos, Jones fue en parte responsable de la creación de la Asociación Psicopatológica
Norteamericana (1910), y mientras Brill fundaba la Asociación Psicoanalítica de Nueva York, Jones creó la
Asociación Psicoanalítica Norteamericana, destinada a todos los psicoanalistas dispersos en los diversos
Estados del país (autobiografía).
La Primera Guerra Mundial separó a Jones de los demás analistas. Por esta época hizo una importante
contribución al tema de la neurosis de guerra. Al restablecerse los contactos, Freud pudo informarle acerca de
hallazgos similares a los suyos, publicados en lengua alemana por Ferenczi y otros (8). Fue gracias a Jones, en
gran medida, que al cesar las hostilidades se reinició, con la mayor celeridad posible, el intercambio científico
entre analistas de países enemigos.
Durante la guerra, Jones ejerció en forma privada en Londres y participó del proceso de integración del Grupo
Británico. Había establecido la Sociedad de Psicoanalistas de Londres en 1913, pero luego la disolvió a raíz de
que algunos de sus miembros importantes tomaron partido por Jung. La nueva sociedad reconstituida fue
llamada Sociedad Psicoanalítica Británica, y vio la luz en 1919 con Jones como presidente, el Dr. Douglas
Bryan como secretario y el Dr. W.H.B. Stoddart como tesorero. Los restantes miembros fundadores fueron el
Dr. H. Devine, el Sr. Eric Hiller, el Dr. David Forsyth, el Sr. J.C. Flugel, la Srta. Barbara Low, la Sra. Joan
Riviere y el mayor Stanford Read. En los años posteriores a la guerra, otras personas se interesaron por la
organización y participaron en ella, entre los cuales estuvieron el Dr. R.M. Riggall, el Dr. James Glover, el Dr.
John Rickman, la Srta. Ella Sharpe, el Sr. James y la Sra. Alix Strachey, el Dr. Edward Glover y la Dra. Sylvia
Payne. Juntamente con el Dr. Rickman, Jones fundó la Prensa Psicoanalítica Internacional en colaboración con
Hogarth Press, así como la Revista Internacional de Psicoanálisis [International Journal of Psycho-Analysis]
que dirigió entre 1920 y 1933, al principio con la colaboración de Joan Riviere como responsable de las
traducciones del alemán.
Más o menos por esta época, la Sociedad Psicológica Británica estaba experimentando una amplia
transformación. En las palabras del propio Jones:
Flugel era el secretario y yo el presidente del Consejo que la estaba llevando a cabo. Uno de los resultados fue
la creación de una División Médica especial, que demostró ser un foro inestimable para el debate de nuestras
ideas con otros psicólogos médicos. A fin de aumentar su prestigio, solicitamos el distinguido antropólogo
W.H.R. Rivers que fuese su primer presidente, pero en los siete años siguientes los presidentes fueron todos
psicoanalistas, y muchos otros lo fueron desde entonces (9).
En ese período Jones fue desarrollando su práctica privada y marcando la pauta para los psicoanalistas, quienes
de allí en más combinaron su práctica analítica con consultas de un tipo bastante especial. Jones desempeñó el
papel principal en el establecimiento de un esquema para la formación de los psicoanalistas en este país. Por
entonces, había cundido necesaria mente bastante malestar a raíz de que ciertos especialistas en psiquiatría,
importantes y obviamente bien calificados, que quisieron ingresar en la Sociedad no pudieron ser aceptados
porque previamente debían someterse a un análisis didáctico, el cual no difiere en ningún aspecto significativo
de un análisis terapéutico. Algunos de los efectos de esto se disciernen todavía hoy. Ahora comprendemos cuán
necesario era dejar bien establecido que el principal requisito de la formación es el análisis personal. Este es
apenas un ejemplo de la manera en que Jones aplicó todas sus capacidades al apoyo de Freud y del
psicoanálisis en una época en la que éste se hallaba todavía en proceso de afianzarse, y en modo alguno tenía
certidumbre sobre los principios fundamentales en los que debían sustentarse los programas de formación de
los futuros analistas.
Puede decirse que Jones admiraba a Freud y le fue posible creer en la obra de éste como el propio Freud creía.
Al parecer, Jones siempre la valoró positivamente, con el resultado de que pudo efectuar un aporte importante
en esa temprana etapa; sin Jones, no podemos estar seguros de que se hubiera alcanzado coincidencia sobre la
política de formación.
Los candidatos dispuestos a someterse al análisis y realizar su formación como aprendices encontraron en
Jones a un maestro aplicado, dispuesto a comprender sus angustias y a brindarles asesoramiento y consejos
prácticos.
En las dos décadas intermedias entre las guerras mundiales, mientras la Sociedad se establecía y desarrollaba lo
que podría denominarse una personalidad propia, y mientras se organizaba el Instituto, Jones se mantuvo
siempre atento a su posición de control. Rara vez estuvo ausente en una reunión científica o en una reunión de
comisión.
En 1940, debido a la guerra, Jones resolvió mudarse cerca de Midhurst, aunque siguió en contacto con la
Sociedad y los analistas que trabajaban en la Clínica. Renunció a la presidencia en 1944, pues había decidido
no regresar a Londres sino más bien concentrarse en los trabajos escritos, al par que continuaba atendiendo a
cierto número de pacientes privados que podían vivir en la campaña. De este modo sacó partido plenamente de
sus dotes literarias. Las tareas de orden ejecutivo podían quedar en manos de otros. Debe de haberle sido
difícil, por cierto, abandonar su puesto central, ya que sólo él conocía la historia del desarrollo de la Sociedad,
que era parte de su propia historia. ¿Cómo estar seguro de que la Sociedad continuaría luchando por lo mismo
que éi habla creado y por los principios fundamentales que él había sentado?
Jones pasó a ocupar el puesto del estadista veterano, dejando la responsabilidad por los asuntos de la Sociedad
a cargo de quienes estaban dispuestos a asumirla. La democratización que entonces se produjo en la Sociedad
Británica resultó a la postre provechosa para su salud.
Esas dos décadas entre las guerras estuvieron colmadas hasta el borde de acontecimientos en la vida científica
y privada de Jones. Su primera esposa, Morfydd Owen, una talentosa música galesa, murió en 1918; no hubo
hijos de este matrimonio (10). En 1919, Jones se casó con Katherine Jokl, y de este segundo matrimonio
nacieron cuatro hijos: Gwenith (11), Mervyn, Nesta y Lewis.
Es difícil entender cómo pudo Jones hacer todo lo que hizo en estos veinte años: la vida hogareña con sus hijos,
el control de la Sociedad Británica, que se estaba expandiendo rápidamente, el contacto permanente con Freud
y los grupos del continente europeo, a la vez que se mantenía estrechamente vinculado a los rápidos avances
que tenían lugar en Estados Unidos.
Uno de sus importantes logros prácticos fue que el término "psicoanálisis" llegara a ser aceptado en este país
para designar la obra de Freud y su método. Con tal fin, Jones y Edward Glover debieron asistir a numerosas
reuniones realizadas con los auspicios de la Asociación Médica Británica, resultado de lo cual fue que la
profesión médica británica admitiese el vínculo esencial entre el término "psicoanálisis" y el nombre de Freud.
Cuando en 1928 la Sociedad Psicoanalítica Británica le solicitó que eligiese un regalo para conmemorar ese
logro, pidió que le diesen un sillón que pudiera usar el presidente de las reuniones científicas. Al recibir ese
presente en una pequeña ceremonia, señaló que no habría podido alcanzar su fin sin ayuda de dos personas:
Edward Glover y su esposa Katherine. Fue en esta oportunidad cuando cometió un desliz verbal que resultó
sumamente divertido: dijo que estaba seguro de que ese regalo sería muy apreciado, no sólo por él, sino... ¡por
sus predecesores en el cargo!
A esta ceremonia aludió la Dra. Sylvia Payne al pronunciar un discurso en ocasión de entregar a Jones, en julio
de 1946, el retrato de éste que hiciera Rodrigo Moynihan y que ahora se encuentra en el edificio de la Sociedad
Psicoanalítica Británica. Por su parte, cuando recibió dicho retrato, Jones pronunció un discurso de despedida
de la Sociedad. Aunque era una ocasión para sentir tristeza, los presentes no la sintieron; se recordará este acto
como una ceremonia que en esencia no fue emotiva. Jones concluyó su alocución reafirmando su creencia en el
poder supremo de la verdad, que le había permitido "defender, con cierta confianza, una actitud más tolerante
hacia la diversidad, y aun hacia la discrepancia, de la que suele verse a veces" (12).
Los trabajos científicos de Jones son bien conocidos, y en todo sentido resultan tan novedosos y valiosos para
los estudiantes hoy como lo fueron en el momento en que él los presentó públicamente o los escribió. Puede
tenerse una idea de la influencia que Jones debe de haber ejercido en este período examinando la lista de las
numerosas sociedades y organizaciones "externas" en las que habló, si bien la mayoría de sus artículos fueron
escritos para el Journal o para ser presentados en diversas sociedades psicoanalíticas de Inglaterra o Estados
Unidos, o en la Sociedad Psicoanalítica Británica y en su División Médica. Esta clase de presentaciones ante
distintos grupos implica el sacrificio de muchas horas de descanso, y uno se pregunta cómo hacía Jones para
sacar tiempo de sus múltiples actividades, incluidos el patinaje artístico, que disfrutaba junto con su esposa
Katherine, el ajedrez, y especialmente la lectura. Fue siempre un gran lector, con una memoria fiel de lo que
leía. No importa qué hubiera hecho durante la jornada, siempre leía durante media hora antes de irse a la cama,
principalmente sobre temas de historia y otros conexos. Rara vez leía obras de ficción. No utilizaba la lectura
como sedante, pues dormía bien.
Como es sabido, a fines de la década del treinta Jones se preocupó por salvar de la persecución nazi a Freud y
su familia, así como a muchos otros analistas (alrededor de cincuenta en total), trayéndolos a nuestro país. Esta
actividad ilustra un comentario de Joan Riviere, quien escribió que uno de los rasgos de la personalidad de
Jones, que fue el principal instrumento de su éxito, fue su notable capacidad de acción: "Sin amilanarse ante los
obstáculos, aplicaba todas sus energías y todos los medios a su alcance para promover la finalidad superior
buscada (...). Debía hacer lo que era necesario hacer, y lo hacía" (13).
En su retiro de El Solar de Elsted (su hermosísima casa de Sussex frente al panorama de los South Downs)
gozó de una riqueza envidiable, y muchos analistas lo visitaron allí. Pudo en ese retiro no sólo llevar una vida
familiar más íntima y cultivar rosas, sino además leer en abundancia, escribir o corregir sus trabajos para
publicarlos, al par que continuaba con el ejercicio privado del psicoanálisis. Siguió siendo director de la
Biblioteca Psicoanalítica Internacional hasta la publicación del quincuagésimo volumen, inclusive.
Más o menos por 1947 se lo invitó a que escribiera la biografía de Freud. No fue una decisión fácil, y debió
conversar largamente con su esposa Katherine antes de aceptar. Implicaba, entre otras cosas, postergar la
redacción de su propia autobiografía, que él anhelaba completar y nunca pudo hacerlo. Queda para la historia el
hecho de que su esposa dactilografió 1500 cartas personales de Freud, ¡todas ellas escritas en caracteres
góticos! Esto se debió a que Jones, quien tenía una excelente memoria visual, declaró que no podía hacer un
buen uso de esas cartas si debía detenerse en cada una para entender la escritura. Preparó la biografía de Freud -
su último acto de devoción hacia éste y el psicoanálisis, así como hacia los psicoanalistas del futuro- pese a que
su salud había empezado a declinar. En 1947 sufrió una grave trombosis coronaria, aunque en ese momento
pudo recobrarse bien; tuvo una segunda en 1957. Desde el momento de este segundo episodio nunca estuvo
bien (a veces mejor, a veces peor). Solía decir que él había sido afortunado en materia de salud física, pero
difícilmente haya conocido la buena salud, tal como algunos la conocen. Padecía una enfermedad hereditaria
de la sangre, la enfermedad de Gaucher, si bien ella no le causó grandes inconvenientes; en cambio, nunca se
libró de los dolores provocados por su reumatismo crónico. Finalmente tuvo un cáncer de vejiga
(aproximadamente en enero de 1956), del que gracias a un tratamiento local se recuperó lo suficiente como
para hacer su viaje a Estados Unidos (abril de 1956), donde pronunció tres conferencias en el centenario de
Freud. Estas se titularon: "La naturaleza del genio" (Nueva York), "Nuestra actitud hacia la grandeza"
(Chicago) y "La psiquiatría antes y después de Freud" (Chicago). Pero el tumor canceroso le causaba grandes
padecimientos, y a la postre lo llevó a la muerte. El grado de dolor que llegó a sufrir es evidente para
cualquiera que lea su breve comentario sobre el dolor en el número de International Journal de mayo-agosto de
1957 (14).
Al regresar de Estados Unidos se puso al frente de las celebraciones del centenario de Freud en Londres;
descubrió la placa conmemorativa en la casa de Freud de 20 Maresfield Gardens, repitió sus dos conferencias
sobre "La naturaleza del genio" y "Nuestra actitud hacia la grandeza", y también pronunció una alocución
radial (por la British Broadcasting Corporation) sobre "Sigmund Freud: el hombre y sus logros". De esta última
existe un registro en gramófono que ilustra admirablemente la capacidad de Jones para estar a la altura de una
ocasión semejante.
A quienes no conocieron personalmente a Ernest Jones les interesará saber cómo era. Físicamente era de baja
estatura, como muchos de la raza galesa; su cabeza era bastante grande, tenía la piel pálida y penetrantes ojos
pardos. Vibraba de percatamiento sensible ante el ambiente que lo rodeaba y la cuestión que le interesara en
ese momento. Si se observaban sus ojos y su boca mientras leía un trabajo escrito podían adivinarse sus
sentimientos, en especial su pronta detección de toda idea nueva. No era alguien con quien uno pudiera
quedarse callado sin intercambiar ideas, como es posible hacerlo con un pescador en el muelle. Su
conversación casi nunca era trivial. En su hogar descansaba y era capaz de hacer reposo mental; pero en el
contacto ordinario con él lo que aparecía era su vivo interés por todo aquello a lo que se aplicase, y su rápida
captación de lo que era bueno y de lo que era malo o falso. Le gustaba conectarse con todo lo que pudiera
resultar valioso, y este rasgo le daba un agudo olfato para la originalidad y un afán de apoyar las ideas nuevas.
Su interés por lo nuevo se reflejó en uno de sus notables aportes a este país, cual fue su invitación a Melanie
Klein para que viniese a trabajar a Londres y el aliento con que la recibió, particularmente durante la primera
década después de su arribo en 1926.
Las ideas eran tal vez lo más importante para Jones, y tenían que pasar la prueba. Joan Riviere ha escrito que
una de las notas más importantes de su carácter consistía en “...una aguda facultad de percepción, de insight,
una propensión a reconocer muestras de valor y mérito intrínsecos en cualquier momento o lugar en que
surgiesen, y a responder a ese reconocimiento con un seguro instinto de reafirmación. La fuerza y persistencia
de este rasgo suyo fue el eje de su labor; preponderaba en él, y contrarrestó esas inhibiciones que a la mayoría
de nosotros nos llevan a pasar por alto o perder de vista las diversas cosas buenas que están a nuestro alcance.
Esta capacidad de reconocer lo valioso no se limitó en modo alguno a la apreciación de la obra de Freud;
desempeñó un importante papel en su función de conductor, permitiéndole utilizar elementos de diferentes
personas, de muy distinta índole e incluso antagónicos entre sí, para ponerlos al servicio del objetivo principal
que se buscaba. También fue, a todas luces, el origen de otra característica suya: la amplia gama de sus
intereses.” (15)
Es preciso mencionar que quienes tomaban contacto por primera vez con Ernest Jones quedaban a menudo
chasqueados por una singularidad suya; no es fácil saber con exactitud qué experienciaban las personas ante él,
pero sea lo que fuere, debe aceptárselo. Su madre solía decirle que tenía "la lengua filosa", una manera hiriente
de hablar. Incluso su rapidez céltica no siempre se veía correspondida por una rapidez similar en la 'otra
persona, lo cual fácilmente ;fiaba lugar a momentos de embarazo en los que parecía que algo en el diálogo
había salido mal, cuando en realidad todo había salido bien. Jones se lanzaba ,vehementemente en pos de
cualquier tema que le interesase, y se diría que esperaba un apresto semejante de parte de sus interlocutores; si
los demás no abordaban un tema de un modo comparable al suyo, podían llegar a experimentar un sentimiento
de inferioridad intelectual, que a menudo estaba, en verdad, fundamentado.
Podríamos preguntarnos hasta qué punto ese rasgo de carácter incisivo había calado hondo en la estructura de
su personalidad. Para comprenderlo a Jones, lo mejor es leer su autobiografía, que muestra su sorprendente
evolución desde el Gower (16) nacional hasta el psicoanálisis mundial. Sin embargo, aparte de dicho estudio,
parecería que pudiera obtenerse alguna respuesta a partir de un examen general de sus escritos, ya que
decididamente en los ensayos y conferencias de Jones hay muy pocos signos de encono amargo o de una
búsqueda sagaz del modo de apuntarse tantos en su favor, y seguramente ese examen indicaría que su actitud
acerba era un fenómeno relativamente superficial. Quizás sólo en su trabajo "El complejo de Dios" (17) pueda
percibirse algo de este rasgo que sin duda afectó los contactos sociales extrahogareños de Jones, y que según
cabe suponer, estaba relacionado con las características personales que, según él mismo admitió francamente,
desplegó en sus primeros años de vida profesional. A medida que fue avanzando en edad, pareció más capaz de
desprenderse de esas características.
No debe olvidarse que Jones no sólo debió soportar al principio la resistencia del público a la teoría de la
sexualidad infantil, sino que además fue él mismo quien debió poner de manifiesto dicha resistencia, al menos
tal como se había vuelto realidad en Inglaterra. Fue tomado de sorpresa y debió hacer frente al ostracismo
profesional. Pocos se habrían recobrado de experiencias como las que él vivió. Este aislamiento tiene que haber
determinado en parte esa manera suya de establecer contacto con la gente, que a algunos de los que lo
conocieron les parecía un ataque defensivo, cuando probablemente era un ataque tendiente a estimular una
respuesta significativa.
En este sentido, es instructivo volver a leer el párrafo que Jones escribió para Freud recomendándole su
inclusión en Moisés y la religión monoteísta, cuando esta obra se iba a publicar en Inglaterra. Dicho párrafo no
contiene alusión alguna a la reacción de los ingleses frente a la idea de la sexualidad infantil, y en cambio sólo
se refiere a la tolerancia religiosa que caracteriza a este país:
En ningún otro país europeo se ha manifestado tanta tolerancia hacia las descubrimientos del psicoanálisis
como en Inglaterra. Esto concuerda con la profunda fe que tiene este país en la importancia de la libertad de
pensamiento. Y ya hace varios siglos que ha sido tradición inglesa incluir dentro de esa libertad el debate
franco y sincero de los problemas teológicos y religiosos; más aún, históricamente, ése fue su origen.”
Puede decirse que ésta es una declaración generosa, si se piensa que su autor debió sufrir el ostracismo
profesional.
Nunca se subrayará lo suficiente la generosidad y benevolencia que había detrás de esa actitud a menudo
incisiva de Jones. La cariñosa atención que prestaba a los manuscritos que le enviaban colegas de todo el
mundo era sorprendente, y no se ahorraba alabanzas cuando las consideraba sinceramente merecidas. Su
entusiasmo en favor del establecimiento del psicoanálisis como ciencia fue permanente, así como su disgusto
frente a lo mediocre, en especial si aparecía en un trabajo científico.
Para la época en que llegaron a conocerlo la mayoría de los analistas que hoy están vivos, Jones ya había
podido abandonar su actitud defensiva con respecto al psicoanálisis, así como la necesidad de forjarse una
posición personal en el mundo. A quienquiera tuviese intenciones serias, le era fácil en ese momento acceder
prontamente a su cálido aprecio y a su empeño por apoyar y ayudar. Por supuesto, siguió siendo intolerante
respecto de los analistas que procuraban eludir las implicaciones de lo inconsciente, y no dejó de manifestarlo,
como también de criticar a quienes, a través de sus actividades propagandísticas, dejaban traslucir sus propias
dudas inconscientes.
Al contemplar a este hombre y valorar su continuado aporte a lo largo de medio siglo, es lógico pensar en el
medio en que trabajó. Su esposa Katherine cumplió un importante papel en su vida, tanto por la paz y la
felicidad que le brindó, como por su participación activa en los asuntos que interesaron a Jones.
Notas:
(1) Free Association: Memories of a Psycho-Analyst, Londres, Hogarth Press, 1959.
(2) Alexander Grinstein, The Index of Psychoanalytic writings, prefacio de Ernest Jones, vol. 2 Nueva York,
International Universities Press, 1957.
(3) British Journal of Children's Diseases (1907)
(4) Quarterly Journal of Medicine, vol. 3, N°- 11 (1910).
(5) Londres, Hogarth Press, 1931
(6) Essays in Applied Psycho-Analysis, vol. 2, Londres, Hogarth Press, 1951, pág. 22.
(7) Journal of Nervous and Mental Diseases, vol. 35, Nº 7, 1908.
(8) Freud, Ferenczi, Abraham, Simmel y Jones, Zur Psychoanalyse der Kriegsneurosen. Diskussion am 5.
Internationalent Psychoanalytischen Kongress, Budapest, 1910, Viena, Deuticke.
(9) Sigmund Freud: Life and Work, vol. 3, Londres, Hogarth Press, 1952, pág. 12. [Trad. cast.: Vida y obra de
Sigmund Freud, Buenos Aires, Hormé, 1981.
(10) Véanse las notas biográficas incluidas en Morfydd Owen Memorial Edition of Musical Works [Edición de
obras musicales en memoria de Morfydd Owen].
(11) Su hija Gwenith murió a los siete años y medio, y el hondo pesar que esta muerte le causó a Jones no fue
menor al que le produjo la muerte de su primera esposa (autobiografía). -D.W.W.
(12) A ValedictoryAddress" International of Psycho-Analysis, vol. 27 (1946).
(13) "Obituary", British Medical Journal, 22 de febrero de 1958.
(14) International Journal of Psycho-Analysis, vol. 38 (1957).
(15) «Obituary», ob. cit.
(16) John Gower, poeta inglés del siglo XIV. [T.]
(17) Essays in Applied Psycho-Analysis, ob. cit., vol. 2, pág. 244. Ibíd., prefacio.
Donald Winnicott, 1896-1971