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Estudio del psicoanálisis y psicología

Esquizofrenia Infanto-Juvenil: Diagnosis Diferencial



Esquizofrenia Infanto-Juvenil

Diagnosis Diferencial

• Autismo.- La diferencia principal seria la ausencia, transitoriedad, insignificancia o insuficiencia de los síntomas base, especialmente alucinaciones y delirios, y por la persistencia y predominancia de los patrones de lenguaje característicos, incapacidad de relacionarse, y otros síntomas clave del autismo. La temprana edad de inicio del autismo también ayuda en el diagnóstico diferencial. Podríamos tener problemas en niños que no hayan desarrollado la habla y en los deficientes mentales, pero un cambio conductual claro sugestivo de síntomas de esquizofrenia, ayudará a diferenciarlos. La similitud entre el componente afectivo del autismo y el que encontramos en esquizofrenia llamó la atención de Kanner, la persona que originariamente describió el síndrome del autismo en 11 niños en 1943. Otra área donde autismo y esquizofrenia se podrían solapar seria en las anormalidades del habla. En el autismo, cuando el paciente no es mudo, el habla es casi siempre anormal. Dejando de lado la inversión de pronombres, que no tiene similitud en esquizofrenia, y la ecolalia y el uso inflexible y estereotipado de palabras y frases (cuyos equivalentes en esquizofrenia han sido clasificados como trastornos catatónicos del habla), existen anormalidades como la superelaboración y la literalidad del significado, la repetición, los neologismos, y el uso idiosincrático de palabras, que aparecen repetidamente en las descripciones de los pacientes esquizofrénicos. Por encima de todo esto, debemos recordar que un cuadro de autismo puede ser complicado por el desarrollo de una presentación clínica parecida a esquizofrenia.

• Trastornos esquizoides.- Estos se caracterizan por la egocentricidad y la reticencia a involucrarse en relaciones con otras personas, y los podemos entender como una gradación que iría desde el rasgo de personalidad, hasta la clara presentación clínica, relacionada con una disminución de la calidad de vida y la interferencia con el funcionamiento normal.

• Trastornos afectivos.- Cuando la presentación de un síndrome depresivo o maníaco en la infancia o adolescencia se acompaña de alucinaciones, delirios, o trastornos del pensamiento, el diagnóstico diferencial con esquizofrenia resulta muy difícil. Existe un gran solapamiento entre la sintomatología esquizofrénica y afectiva. El problema puede radicar en clasificar erróneamente un trastorno afectivo con síntomas psicóticos, como esquizofrenia (Werry, 1992).

• Trastorno esquizoafectivo.- A este término se le han atribuido multitud de significados desde que fue utilizado por primera vez por Kasanin. ICD-10 determina la coexistencia de un trastorno afectivo y síntomas esquizofrénicos tales que no podemos llegar a un diagnóstico claro de cualquiera de estos trastornos. Existen dos tipos diferenciados: esquizomaníaco y esquizodepresivo, y es interesante el saber que en estudios de seguimiento, una proporción significativa de niños y adolescentes diagnosticados como esquizofrénicos, recibirán la etiqueta de trastorno esquizoafectivo en un par de décadas.

La importancia de distinguir las dos entidades radica en que el curso de la enfermedad es más benigno que el de los que padecen de esquizofrenia sin síntomas afectivos, pero peor que el de los trastornos afectivos (Kendler & Tsuang, 1988), presentando una proporción elevada de trastornos esquizofrénicos y afectivos en familiares, y mejorando clínicamente si a la medicación antipsicótica se le añaden estabilizadores del estado de ánimo.

• Patología orgánica.- En estados confusionales, el hecho de que la desorientación no está presente en esquizofrenia ayudará a la distinción. Las demencias infanto-juveniles son raras y se caracterizan por un deterioro intelectual y síntomas neurológicos, más que por síntomas positivos de esquizofrenia.

• Otras psicosis.- Se pueden diferenciar de la esquizofrenia en una serie de puntos.

Primero, existen trastornos que muestran una rapidez de recuperación, o un cuadro de duración insuficiente. Segundo, la sintomatología puede ser demasiado leve o errática para alcanzar un diagnóstico de esquizofrenia. Tercero, la existencia de precipitantes claros puede sugerir una psicosis aguda reactiva, a pesar de que este diagnóstico ha sido criticado por algunos autores al argumentar que se trata simplemente de un primer episodio de esquizofrenia de corta duración con un factor desencadenante.

• Abuso de alcohol y/o drogas.- Pueden causar un cuadro confusional agudo o un trastorno muy similar a la esquizofrenia (Jeste et al., 1996). Aquí, la clave radica en que los síntomas desaparecerán al cabo de unos días o semanas de interrumpir su uso. Es importante señalar que las drogas pueden precipitar esquizofrenia en una persona con vulnerabilidad latente.

• Trastorno limitante (“borderline”) de la personalidad.- Este trastorno no ha sido estudiado a fondo en la psiquiatría infanto-juvenil, pero se caracteriza por relaciones interpersonales intensas con periodos alternantes de idealización y devaluación, y que causan grandes demandas en las personas que les rodean, inestabilidad emocional y de autoimagen, impulsividad y dificultades en controlarse en diversas áreas, como por ejemplo sexual, de gastos económicos, en el conducir, en el comer y en el beber, o tomando drogas, episodios parasuicidas (con sobredosis, cortándose, quemándose con cigarrillos, etc.), sentimientos crónicos de vacío, y periodos con alucinaciones, ideas paranoides relacionadas con el estrés, y síntomas de disociación.

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Fuente: Centre Londres 94. Psiquiatría - Paidospsiquiatría. Familianova Schola

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