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Estudio del psicoanálisis y psicología

Evaluación de las funciones ejecutivas en el niño (BRIEF, D-KEFS, Test Stroop de colores y palabras y otros tests)



Evaluación de las funciones ejecutivas en el niño
(A.M. Soprano)

INTRODUCCIÓN:

¿QUÉ SON LAS FUNCIONES EJECUTIVAS?
El ámbito de las funciones ejecutivas (FE) suele definirse, en
términos globales, sobre un amplio abanico de operaciones cognitivas
que pueden guardar entre sí una relación lejana [1]. En
general, dentro de este concepto se incluyen habilidades vinculadas
a la capacidad de organizar y planificar una tarea, seleccionar
apropiadamente los objetivos, iniciar un plan y sostenerlo
en la mente mientras se ejecuta, inhibir las distracciones,
cambiar de estrategias de modo flexible si el caso lo requiere,
autorregular y controlar el curso de la acción para asegurarse
que la meta propuesta esté en vías de lograrse, etc. En síntesis,
organización, anticipación, planificación, inhibición, memoria
de trabajo, flexibilidad, autorregulación y control de la conducta
constituyen requisitos importantes para resolver problemas
de manera eficaz y eficiente.
Las alteraciones de las FE se mencionan con frecuencia
como parte de numerosos cuadros neurológicos y psicopatológicos,
desde problemas de conducta, lenguaje y aprendizaje
hasta trastornos obsesivocompulsivos, esquizofrenia, síndrome
por déficit de atención con hiperactividad, fenilcetonuria,
síndrome de Tourette, síndrome de Turner, cromosoma X frágil,
autismo, síndrome de Asperger, enfermedad de Parkinson,
corea de Sydenham, corea de Huntington, epilepsia del lóbulo
temporal, y otros [2-9].
Todavía no se ha aclarado del todo porqué trastornos en apariencia
tan disímiles y con distintos fenotipos conductuales podrían
llegar a compartir los mismos fundamentos cognitivos. Es posible
que se trate de un problema de definición y medición lo que haya
oscurecido las relaciones entre tipos específicos de alteraciones
ejecutivas y trastornos concretos. Si se parcelara el extenso campo
de las FE en componentes más unitarios, probablemente sería más
fácil descubrir el motivo de estas discrepancias.

FUNCIONES EJECUTIVAS Y LÓBULOS FRONTALES
El concepto empírico de ‘función ejecutiva’ se deriva principalmente
del estudio de pacientes y animales de experimentación con lesiones
en el córtex prefrontal, sobre todo en su porción dorsolateral.
La investigación neuropsicológica acerca del papel del lóbulo
frontal (LF) sobre el comportamiento humano tiene una larga
trayectoria que se remonta al siglo XIX, época en la que ya aparecen
descripciones de casos aislados, como el del famoso Phineas
Gage, publicado por Harlow en 1868. Habitualmente, en el adulto,
las lesiones frontales entorpecen la planificación y ejecución
de conductas complejas, sin que por ello se afecten otros procesos
perceptivos, motores o nemónicos de carácter más básico [10,11].
Este concepto se ha extrapolado al ámbito pediátrico, y se han
vinculado las alteraciones en las FE a disfunciones del LF. Sin
embargo, investigaciones más recientes [12] comprobaron que
sujetos con lesiones en el LF o en estructuras gangliobasales,
tanto congénitas como adquiridas en los primeros años de vida,
presentaban dificultades de atención sostenida, pero realizaban
normalmente el resto de las tareas propuestas como medida de las
FE. Tampoco encontraron problemas de conducta disocial en la
edad adulta ni a lo largo del desarrollo, lo cual sugiere que el
síndrome frontal infantil, consecuencia de lesión congénita o
adquirida en los primeros años de la vida, es una entidad diferente
al síndrome frontal adquirido del adulto.
De ello se desprende que no sería prudente asociar directamente
FE con funciones del LF. Tal como señala Stuss [13], un
abordaje estrictamente localizacionista parece ser inapropiado.
El término LF define una entidad estructural, pero no enfatiza
el hecho fundamental de que el cerebro es una unidad funcional
integrada. Dicho término, a veces se reemplaza por el término
‘sistema frontal’, que le otorga un matiz más interactivo, pero
que igualmente subraya la base anatómica. Actualmente, hay
una creciente conciencia de que los procesos mentales del LF
describen un ‘constructo’ psicológico, más que funciones anatómicas.
Un individuo con una afectación cerebral puede presentar
una significativa ‘disfunción frontal’, pero no es posible
atribuir la misma exclusivamente, o incluso primariamente, al
LF. La disfunción es real, pero la fisiopatología subyacente es
incierta. En realidad, términos tales como ‘control ejecutivo’,
‘sistema supervisor’ o ‘síndrome disejecutivo’ remiten más directamente
al concepto psicológico que al trastorno anatómico.

TÉCNICAS PSICOMÉTRICAS Y EXPERIMENTALES PARA EVALUAR LAS FUNCIONES EJECUTIVAS.
Al tratarse de un ‘constructo’ multidimensional y de límites imprecisos,
resulta difícil hacer una clasificación ordenada de las
numerosas técnicas propuestas para la evaluación de las FE. Para
simplificar la cuestión, Lezak [14] propone dividir el concepto en
áreas más restringidas y sugiere recursos para indagar cada una de
ellas. Considera cuatro aspectos:

Volición
Se refiere al proceso complejo que permite determinar lo que uno
necesita o quiere y concebir algún tipo de realización futura de esa
necesidad o deseo. Requiere la capacidad de formular un objetivo o
formalizar una intención. La conducta volitiva tiene dos importantes
precondiciones: la motivación –implica la habilidad para iniciar la
actividad–, y la conciencia de sí mismo –psicológica y física y en
relación con un entorno–. No hay pruebas formales para investigar
este aspecto; los datos se recogen de la observación directa del paciente
y de la información provista por familiares y allegados.

Planificación
Planificar implica la capacidad para identificar y organizar los pasos
y elementos necesarios para llevar a cabo una intención o lograr un
objetivo. Para planificar, se deben concebir cambios a partir de las
circunstancias presentes, analizar alternativas, sopesar y hacer elecciones;
también se necesita un buen control de los impulsos y un
adecuado nivel de memoria y de capacidad para sostener la atención.
Este aspecto de las FE puede evaluarse con los tests de diseños
de cubos –se observa cómo se organiza el sujeto y si tiene un plan–,
construcción de oraciones de Binet, figura compleja de Rey, Bender,
laberintos, tests de torres (Londres, Hanoi, Toronto), etc.

Acción intencional
Plasmar una intención o plan en una actividad productiva requiere
iniciar, mantener, cambiar y detener secuencias de conducta
complejas de una manera ordenada e integrada.
La habilidad para regular la propia conducta se examina con
las pruebas de flexibilidad, que requieren que el sujeto cambie el
curso del pensamiento o de la acción de acuerdo a las demandas
de la situación.
La inflexibilidad de respuesta se pone en evidencia a través de
conductas no adaptadas, perseveraciones y estereotipias y dificultades
en regular y modular los actos motores
Puede investigarse con el test de Tinkertoy (TTT), test de usos
de objetos y test de usos alternativos, las tareas simples de fluidez
verbal y de fluidez de diseños, etc.
La tendencia a la perseveración puede ponerse de manifiesto
en el test de Bender y el test de retención visual de Benton, y
también en la copia de letras, números o palabras.
Para estimar la capacidad de control y regulación motora se
usa el paradigma go-no go.
Otro aspecto a tener en cuenta es la capacidad para mantener
una actividad motora. La inhabilidad para sostener una acción
puede deberse tanto a problemas de distracción como a fallos en
el autocontrol. Se explora a través de órdenes simples, como
mantener los ojos cerrados, sacar la lengua con los ojos cerrados
y los ojos abiertos, mantener la boca abierta, mantener el sonido
‘a’, etc. Tareas similares se encuentran en el ENE (examen neurológico
evolutivo) de Lefebre [15], en el PANESS (del inglés, physical
and neurological examination for soft signs) de Denckla [16]
o en baterías neuropsicológicas como el NEPSY [17].

Ejecución efectiva
Una ejecución es efectiva cuando la acción se efectúa de modo
correcto, en cuanto a su regulación, automonitorización, autocorrección,
tiempo e intensidad.
Si bien hay pocos tests específicamente concebidos con este
propósito, en realidad todos los tests de ejecución o manipulativos
proveen información sobre cómo responde el sujeto, la naturaleza
de los errores, distorsiones idiosincrásicas y esfuerzos
compensatorios, todos ellos datos útiles a tener en cuenta.

TESTS DE FUNCIONES EJECUTIVAS PARA NIÑOS Y ADOLESCENTES
A continuación, haremos una breve descripción de las pruebas
más utilizadas para evaluar distintos aspectos de las FE, en particular
de las aplicables a niños y adolescentes.

BRIEF
El BRIEF (del inglés, behavior rating inventory of executive function)
[18] es una escala compuesta por dos cuestionarios, uno para
padres y otro para docentes, diseñados para evaluar el funcionamiento
ejecutivo en el hogar y en la escuela, respectivamente. Cada cuestionario
contiene 86 apartados. Se exploran ocho áreas de las FE:
1. Inhibición: habilidad para resistir a los impulsos y detener
una conducta en el momento apropiado.
2. Cambio (shift): habilidad para hacer transiciones y tolerar
cambios, flexibilidad para resolver problemas y pasar el foco
atencional de un tema a otro cuando se requiera.
3. Control emocional: refleja la influencia de las FE en la expresión
y regulación de las emociones.
4. Iniciativa: habilidad para iniciar una tarea o actividad sin ser
incitado a ello. Incluye aspectos tales como la habilidad de
generar ideas, respuestas o estrategias de resolución de problemas
de modo independiente.
5. Memoria de trabajo: capacidad para mantener información
en la mente con el objeto de completar una tarea, registrar y
almacenar información o generar objetivos. La memoria de
trabajo sería esencial para llevar a cabo actividades múltiples
o simultáneas, como puede ser el caso de cálculos aritméticos,
o seguir instrucciones complejas.
6. Organización y planificación: son componentes importantes
para la resolución de problemas. Organización implica la habilidad
para ordenar la información e identificar las ideas
principales o los conceptos clave en tareas de aprendizaje o
cuando se trata de comunicar información, ya sea por vía oral
o escrita. Planificación involucra plantearse un objetivo y
determinar la mejor vía para alcanzarlo, con frecuencia a través
de una serie de pasos adecuadamente secuenciados.
7. Orden: otro aspecto de la organización es la habilidad para
ordenar las cosas del entorno, e incluye mantener el orden en
los elementos de trabajo, juguetes, armarios, escritorios u
otros lugares donde se guardan cosas, además de tener la
certeza de que los materiales que se necesitarán para realizar
una tarea estén efectivamente disponibles.
8. Control (monitoring): comprende dos aspectos; el primero, se
refiere al hábito de controlar el propio rendimiento durante la
realización de una tarea o inmediatamente tras finalizar la misma,
con el objeto de cerciorarse de que la meta propuesta se haya
alcanzado apropiadamente; el segundo aspecto, que los autores
llaman autocontrol (self-monitoring), refleja la conciencia del
niño acerca de los efectos que su conducta provoca en los demás.
Los resultados se agrupan en dos índices principales –regulación
de la conducta y metacognición–, además de un índice global compuesto.
La forma de corrección puede ser manual o computarizada
(BRIEF-SP) [19] y es aplicable de los 5 a los 18 años. Los datos
normativos se basan en 1.419 protocolos completados por padres
y 720 por maestros de áreas urbanas, suburbanas y rurales de EE.UU.
Beebe et al [20] desarrollaron una forma corta (BRIEF-S), de 24
ítems, para padres, con un objetivo de cribado. También existe una
versión específica para preescolares (BRIEF-P) [21,22].

D-KEFS
El D-KEFS (del inglés, Delis-Kaplan executive function system) lo
conforman nueve tests, que evalúan la flexibilidad de pensamiento,
la inhibición, la resolución de problemas, la planificación, el control
de los impulsos, la formación de conceptos, el pensamiento abstracto
y la creatividad en ambas modalidades, verbal y espacial. Su
administración es individual, y es aplicable a niños y adultos [23].
Otros tests de reciente desarrollo son el C-BADS (del inglés, behavioural
assessment of the dysexecutive syndrome in children)[24]
y el CMAT (del inglés, children’s multiple activities task)[25]. Se
trata de pruebas relativamente nuevas, sobre las que todavía no
tenemos suficiente información ni experiencia en el ámbito latino.
Test de clasificación de tarjetas de Wisconsin (WCST)
El WCST, o test de clasificación de tarjetas de Wisconsin, lo desarrollaron
originariamente David Grant y Esta Berg en el año 1948,
con el objeto de evaluar el razonamiento abstracto y la habilidad
para cambiar las estrategias cognitivas como respuesta a eventuales
modificaciones ambientales. Es en este sentido que el WCST
puede considerarse como una medida de la función ejecutiva, que
requiere habilidad para desarrollar y mantener las estrategias de
solución de problemas que resultan adecuadas para conseguir un
objetivo a través de condiciones que implican cambios de estímulos.
El WCST también se menciona frecuentemente como test de
funcionamiento frontal o prefrontal, pero ello supone una simplificación
excesiva. En realidad, cualquier irregularidad médica o
psicológica que desorganice las FE, en todo o en parte, puede dar
como resultado un deterioro en la realización del WCST [26].
La tarea del sujeto consiste en descubrir una regla o criterio de
clasificación subyacente a través del emparejamiento de una serie
de tarjetas que varían en función de tres categorías básicas (forma,
color y número). Además, debe adaptar la respuesta a los cambios
en el criterio de clasificación que se producen cada vez que el
examinado da una serie de respuestas consecutivas correctas. El
procedimiento de administración consiste en colocar frente al sujeto
cuatro tarjetas alineadas horizontalmente. Luego se le dan dos
mazos de 64 cartas cada uno, y se le pide que empareje cada carta
con las imágenes clave. El examinador proporciona una retroalimentación
verbal cada vez que la persona responde, pero no revela
la estrategia de clasificación necesaria ni ofrece aclaraciones adicionales.
El criterio de emparejamiento (forma, color, número)
cambia cuando el examinado da 10 respuestas consecutivas correctas,
y así sucesivamente. En ese momento, la estrategia de clasificación
previa comienza a recibir retroalimentación negativa. Entonces,
se espera que las respuestas del sujeto cambien y se adapten
al nuevo principio de categorización. La prueba finaliza una vez
completadas las seis categorías o cuando las cartas se agotan.
Se ha advertido sobre la existencia de ciertas confusiones que
pueden producirse en el momento de la puntuación, en particular
las referidas a la interpretación de los errores de perseveración.
Por ello, algunos autores han sugerido reglas complementarias
para obviar tales inconvenientes [27].
La prueba es aplicable a sujetos desde los 6 años y 6 meses a los
89 años. Se debe hacer notar que en el caso de los niños todavía
existen pocos estudios normativos que abarquen una amplia población
infantil [28,29]. Además de la forma tradicional, existen versiones
abreviadas que usan sólo 64 cartas (WCST-64) en formato
manual, y también programas computarizados, tanto para la modalidad
de 128 cartas (WCST: CV3) como la de 64 (WCST-64: CV).
Test de emparejamiento de figuras familiares (MFFT)
El test de emparejamiento de figuras familiares o MFFT (del
inglés, matching familiar figures test), de Kagan [30], tiene una
larga historia de uso en investigaciones sobre el control de la
impulsividad en niños y adolescentes. La tarea consiste en mostrar
a los sujetos un dibujo y seis figuras de referencia, entre las
cuales deben elegir la que sea idéntica a la del dibujo. Los estímulos
de comparación difieren entre sí y con respecto al modelo tan
sólo en pequeños detalles.
El test comprende 12 ensayos. Se registran el tiempo de latencia
y la precisión de las respuestas. Un patrón de latencias de
decisión breve, unido a una elevada tasa de errores, es indicativo
de impulsividad. Algunos autores cuestionan su fiabilidad y la
carencia de normas adecuadas para los adolescentes [31,32].
Además de la forma original, hay otra más larga, con 20 ítems
(MFFT 20), desarrollada por Cairns y Cammock [33].
Test de emparejamiento de imágenes (AI)
Dentro de este principio, pero de desarrollo más nuevo, el test de
emparejamiento de imágenes, de Albaret et al [34], también se
propone para medir la impulsividad. De rápida administración
(15 minutos), consta de 10 planchas de imágenes. Es una prueba
de elección múltiple, que tiene en cuenta una doble dicotomía:
lento/rápido, preciso/impreciso. Estandarizado en 507 niños y
adolescentes provenientes de diferentes regiones de Francia, posee
normas para sujetos entre 7 años y 6 meses y 14 años y 5 meses.
Escalas Magallanes de impulsividad computarizadas (EMIC)
En la misma línea, pero con aplicación en ordenador, se encuentran
las escalas Magallanes de impulsividad computarizadas
(EMIC), de Servera y Llabres [35], destinadas a evaluar el estilo
cognitivo de ‘reflexividad-impulsividad’. Su intervalo de edad es
de 6-11 años y superiores.

Test Stroop de colores y palabras
Indaga la capacidad del sujeto para clasificar información de su
entorno y para reaccionar selectivamente a esa información [36]. La
versión normalizada consta de tres láminas, y cada una contiene 100
elementos distribuidos en cinco columnas de 20 elementos. La primera
lámina la forman las palabras ‘ROJO’, ‘VERDE’ y ‘AZUL’,
ordenadas al azar e impresas en tinta negra, en una hoja de tamaño
A4. La segunda lámina consiste en 100 elementos iguales (‘XXXX’)
impresos en tinta azul, verde o roja. En la tercera lámina aparecen
las palabras de la primera lámina impresas en los colores de la
segunda, mezcladas ítem por ítem; el primer ítem es el color del ítem
1 de la primera lámina impreso en la tinta del color del ítem 1 de la
segunda lámina. No coincide en ningún caso el color de la tinta con
el significado de la palabra. Puede ser, por ejemplo, la palabra VERDE
impresa en color rojo. El sujeto debe nombrar el color de la tinta.
Esto exige prestar atención selectiva a una dimensión relativamente
menos sobresaliente del estímulo y, al mismo tiempo, inhibir una
respuesta más automática; la interferencia que se genera se manifiesta
en una mayor comisión de errores y un mayor tiempo de
reacción y se conoce como ‘efecto Stroop’. Se expresa cuantitativamente
en un ‘índice de interferencia’ (que en los sujetos normales
es 0 o aproximado a 0. Es aplicable de los 7 a los 80 años.
Tareas de ejecución-no ejecución(go-no go)
Los paradigmas de ejecución-no ejecución de respuesta se han
empleado para medir la inhibición, es decir, instruir a los sujetos
a responder a un estímulo go (sigue), y a inhibir la respuesta ante
el estímulo no go (para). Con este paradigma pueden citarse:
– Test de tapping de Luria. El procedimiento general consiste
en golpear una vez cuando el examinador golpea dos y golpear
dos cuando el examinador golpea una. El rendimiento
mejora en precisión y rapidez de los 3-6 meses hasta los 7
años, edad en la que se alcanza el techo.
– Test de golpeteo. Puede considerarse como una variante del
test de tapping de Luria. Cuando el examinador golpea con su
puño, el niño golpea con su palma y viceversa. Tiene normas
para niños de 5 a 12 años. Forma parte de la NEPSY [17].
– Tareas ‘noche-día’. En la tarea noche-día tipo Stroop [37], se
le muestra al sujeto una tarjeta de fondo negro con estrellas y
se le pide que diga ‘día’ y luego una tarjeta de fondo blanco
con un sol brillante y se le pide que diga ‘noche’.
Ambas tareas, tapping y ‘noche-día’, requieren que los sujetos
recuerden dos reglas e inhiban la respuesta natural. Sin embargo,
la primera exige una respuesta motora a un estímulo visual y
auditivo, mientras que la segunda requiere una respuesta verbal
a un estímulo visual.
Desde el punto de vista evolutivo, entre los 3 y los 7 años, se
registran importantes cambios en la capacidad de control ejecutivo.
Los niños de 3-4 años [38] fracasan en las tareas go/no-go,
porque no pueden inhibir su respuesta aunque alcancen a comprender
la consigna. Parecen entender y recordar las instrucciones,
e incluso son capaces de verbalizarlas, pero no pueden actuar
acorde a ellas. El éxito comienza a lograrse a partir de los 5/6 años.

Torre de Londres
La torre de Londres es un instrumento neuropsicológico muy
conocido, que se ha usado para detectar problemas, fundamentalmente,
en el área de la planificación. El material lo constituye una
base de madera con tres varillas de distinta longitud y tres esferas
de colores (rojo, azul y verde) para insertar en ellas. Los modelos
a copiar (un ejemplo y 12 ítems) aparecen en tarjetas coloreadas,
que se colocan de a una en una enfrente del niño. La prueba la
estandarizaron, en niños de 7,0 a 13,11 años, Anderson et al [39].
Otros estudios normativos los realizaron Lussier et al [40] en
niños de 8-15 años. Existe también una nueva versión comercializada
con el nombre de TOL (del inglés, Tower of London)[41],
que introduce algunas modificaciones en cuanto a puntuación y
administración –p. ej., se elimina la repetición de ensayos en los
problemas no resueltos– respecto a la versión original de Shallice
[42]. Posee una forma para niños de 7-15 años.

Torre de Hanoi
Básicamente, consiste en que al sujeto se le presentan tres ejes
verticales, en el primero de los cuales se colocan otros tantos
discos de diferente tamaño, dispuestos piramidalmente. El objetivo
final es reproducir la configuración original y transferir
los discos desde el primero de los ejes hasta el más alejado. Para
ello, debe tenerse en cuenta la restricción de que no pueden
colocarse discos de mayor tamaño sobre los discos más pequeños.
La memoria de trabajo es un ingrediente esencial para realizar
correctamente esta tarea, ya que hay que predecir ciertas
configuraciones intermedias de discos resultantes de posibles
movimientos, considerar sus implicaciones de cara a otras configuraciones
posteriores y evaluar su utilidad con vistas a la
consecución final de la configuración deseada. Existe también
en versión computarizada.

Torre de Toronto
Con respecto a la anterior, agrega una dificultad consistente en un
cuarto bloque. En vez de usar anillos de diferentes medidas, se
usan de igual medida, pero de diferentes colores: blanco, amarillo,
rojo y negro [14].

Torre NEPSY
Esta versión, incluida en la batería NEPSY [17] consiste en
colocar tres pequeñas esferas de colores (rojo, azul y amarillo)
en clavijas según el modelo que aparece en la lámina. Sólo se
permiten un número de movimientos preestablecidos, por lo
que el niño debe planificar la secuencia de movimientos antes
de realizar la tarea. Posee normas para edades de 5-12 años.
Laberintos de Porteus y laberintos del WISC III
En su origen –año 1913– el test de laberintos de Porteus se concibió,
al igual que el Binet, con el objeto de establecer un diagnóstico
más preciso de la deficiencia mental. Posteriormente, se comprobó
que esta prueba también aportaba datos útiles referidos a la
capacidad de planificación y adaptación social [43].
El material lo constituyen 12 laberintos, de dificultad creciente.
Aplicable a partir de los 3 años, hasta adultos. Su administración
es individual y el tiempo oscila en torno a los 25 minutos.
En cuanto al subtest de laberintos del WISC III [44], consta
de10 laberintos. La tarea consiste en trazar una línea desde el
centro de cada laberinto hasta la salida, sin levantar el lápiz, sin
entrar en pasajes bloqueados ni cruzar paredes. Cada laberinto
tiene un tiempo límite para completarse. Un desempeño correcto
indicaría una adecuada capacidad de planificación y un buen
control de la impulsividad. También sugiere una buena coordinación
visuomotora [45].

Test de senderos (del inglés, Trail Making Test)
El TMT, conocido en español como test de construcción de secuencias
o test de senderos, originariamente formó parte de los
tests de habilidades mentales generales de la Armada de los EE.UU.
Luego, desde 1955, lo usó Reitan como parte de su batería neuropsicológica.
La prueba consta de dos partes, A y B. En la parte A, el sujeto
debe conectar círculos numerados y distribuidos al azar sobre la
hoja, según el orden numérico correcto (1, 2, 3, 4, etc.).
En la segunda parte (parte B), además de círculos con números,
se agregan círculos con letras. Se le pide al sujeto que una con
líneas de modo alternado números y letras. En este último caso,
según el orden del alfabeto. Mide flexibilidad cognitiva, porque
el niño debe inhibir una tarea automática (la secuencia de cifras)
que había ya practicado en la parte A, para alternar con una secuencia
de letras (parte B). En general, el sujeto impulsivo comete
numerosos errores, mientras que el inatento demora más tiempo
en la ejecución de la prueba.
Existen baremos para niños de 6-15 años [46].
Test de senderos en color (Color Trails)
Dado que el TMT requiere conocimiento del alfabeto, esta versión
basada en el color permite su uso en sujetos analfabetos y
facilita, a su vez, la realización de estudios transculturales [14].

Test de usos de objetos
Constituye un recurso adicional para evaluar la inflexibilidad en
el pensamiento, que también es útil para identificar la creatividad
en niños. Los sujetos deben escribir los usos que pueden tener
cinco objetos comunes: ladrillo, lápiz, hoja de papel, etc. [14].

Test de usos alternativos
Es otra versión del anterior. Se le dan dos conjuntos de tres objetos
cada uno y el sujeto debe, en cuatro minutos, indicar usos no
comunes para estos objetos. Estas tareas se consideran como complejas,
frente a las tareas simples de fluidez verbal [14].

Test de fluidez verbal (oral y escrita)
Se solicita producir, de modo espontáneo, palabras de una clase
dada (fluidez semántica) o comenzar por una letra dada (fluidez
fonémica), dentro de un período limitado de tiempo, habitualmente,
un minuto.
Las tareas de fluidez semántica se encuentran en numerosas
baterías. Las categorías elegidas varían de acuerdo con cada prueba.
Por ejemplo, en la escala de McCarthy [47] se piden alimentos,
animales, prendas de vestir y vehículos. Proporciona normas
para niños entre los 2 años y 6 meses y 8 años y 6 meses.
En el L2MA, Chevrie-Muller et al [48] usan palabras relacionadas
con deportes, oficios y vacaciones, en niños de 8 años y 6
meses a 10 años y seis meses. En el CELF 3 (versión española),
de Semel et al [49], se solicita nombrar cosas para comer, para
vestirse y animales, con normas desde los 6 años a los 21 años y
11 meses. En el ITPA [50] se piden palabras, partes del cuerpo,
animales y frutas (normas de 3-10 años).
En el NEPSY [17] el sujeto debe nombrar, en un minuto,
tantos nombres de animales y de cosas para comer o beber como
pueda (normas de 5-12 años).
En cuanto a la fluidez fonémica, para el idioma inglés, en el
NEPSY se piden palabras con f y con s. En francés, en el L2MA,
con p y f. Para el castellano, en la batería de Spreen-Benton,
adaptación uruguaya de Mendilaharsu et al [51], se usan las letras
t, m y d, con normas de 7-12 años.
Otra variante es la prueba de fluidez de palabras escritas. Este
test requiere que el sujeto escriba tantas palabras como le sea
posible que comiencen con s, en cinco minutos, y tantas palabras
de cuatro letras que comiencen con c, en cuatro minutos. Tiene
normas, en inglés, para niños y adolescentes de 6-18 años [52].
Test de fluidez visual
Existen distintas versiones, de las cuales pueden mencionarse las
tres siguientes:
Test de fluidez de diseños, de Jones-Gotman y Milner [53].
Esta prueba se desarrolló como contrapartida del test de fluidez
verbal de Thurstone. La tarea consiste en solicitar al sujeto
que invente dibujos que no representen ningún objeto o forma
conocida. Se otorgan 5 minutos y se insiste en que invente el
mayor número de diseños, pero diferentes entre sí. En la segunda
parte se le pide lo mismo, pero limitado al uso de cuatro
líneas rectas o curvas, y se otorgan 4 minutos. Se puntúan el
número de figuras logradas correctamente, el número de errores
y el número de perseveraciones (figuras repetidas).
– Test de fluidez de diseños, de Korkman et al [17]. El sujeto debe
dibujar diseños y conectar puntos contenidos en pequeños cuadrados
sobre una hoja. Se pide al niño que realice tantos diseños
diferentes como le sea posible en un minuto. Forma parte de la
batería NEPSY. Posee normas para niños de 5-12 años.
– Test de los cinco puntos de Regard [14]. Consiste en una hoja
que tiene impresos 40 recuadros contiguos, cada uno de los
cuales contiene 5 puntos. El sujeto debe dibujar el mayor
número posible de figuras diferentes y conectar los puntos
con líneas rectas. Es aplicable de 6-12 años.

ATENCIÓN Y FUNCIONES EJECUTIVAS
Consideramos que la relación entre la atención y las FE merece un
párrafo aparte por su gran importancia en la práctica clínica. Las
alteraciones de la atención son casi una constante en cualquier tipo
de afectación neurológica, y en estos últimos años la evaluación de
la atención forma parte ineludible de todo examen neuropsicológico.
Convendrá, sin embargo, empezar a intentar discriminar aquellos
casos en los que, efectivamente, existe un déficit o falta de
atención, de los otros en los que la dificultad estriba no en la falta,
sino en la regulación de la atención, vinculada a las FE. Ello podría
explicar un comentario no tan infrecuente de los padres, cuando
dicen que su hijo ‘tiene atención para lo que le interesa’, o que ‘para
los jueguitos en el ordenador no le falta atención’.

EVALUACIÓN DE LAS FUNCIONES EJECUTIVAS: UN GRAN DESAFÍO
La evaluación de las FE no constituye una tarea fácil. Todavía hay
muchos problemas por resolver. En principio, y como ya se ha
dicho, se trata de un ‘constructo’ teórico multidimensional cuyos
componentes aún no se han identificado ni delimitado claramente.
Por otro lado, los tests neuropsicológicos tampoco son capaces
de evaluar aspectos cognitivos puros. Hay mucho solapamiento
y diferentes interpretaciones para una misma respuesta [54].
Algunos procesos, como el de inhibición, considerado parte
de las FE, en otros modelos se asume como parte de la memoria
o de la atención. Siguiendo con el ejemplo de la inhibición, y para
complicar todavía más el panorama, tampoco parece ser un concepto
unitario, sino integrado por dos componentes, motor y perceptivo,
separables y que usan recursos cognitivos distintos en la
realización de una tarea [55].
Los errores de perseveración en el clásico test de WCST constituyen,
para algunos, una medida de flexibilidad cognitiva, y
para otros, de impulsividad [56]. Las dificultades en los tests de
fluidez léxica pueden atribuirse a fallos en FE de organización y
planificación o tratarse de un problema de velocidad de respuesta.
En el caso de los niños, ciertos déficit en el uso de estrategias
pueden no detectarse con los tests cuando dichos niños tienen un
cociente intelectual normal alto o superior [57].
En síntesis, los procesos que se cobijan bajo el nombre de FE
pueden ser bastante disímiles, con tiempos evolutivos diferentes
[58]. Ello permite explicar, en parte, la gran variabilidad hallada
entre los subtests que investigan las FE, mayor de la que se registra
en los subtests de inteligencia [59].
Cuando se revisan los datos de la literatura se encuentran
resultados a menudo discordantes. Ello puede obedecer a varios
motivos, vinculados muchas veces a cuestiones metodológicas
[1], importantes de tener en cuenta, ya que pueden conducir a
falsas conclusiones:
1. La mayoría de los estudios no han controlado la presencia de
patologías comórbidas; por tanto, es difícil saber si los déficit
que se manifiestan en tareas de FE son específicos de los
trastornos que son objeto de investigación o, por el contrario,
son meros artefactos de patologías coexistentes.
2. La adecuación de los procedimientos de equiparación de muestras
varía mucho de unas investigaciones a otras. En algunos
estudios, las muestras experimental y de control se han equiparado
en funciones intelectuales, sexo, edad y estado socioeconómico,
mientras que en otros estudios no se ha hecho
así. Por ejemplo, las diferencias en el WCST entre sujetos
obsesivocompulsivos y controles normales dejan de ser estadísticamente
significativas cuando ambos grupos se equiparan
en nivel educativo.
3. La mayor parte de las investigaciones han considerado la FE
como un ‘constructo’ unidimensional, y no han diferenciado
ni examinado independientemente sus múltiples componentes.
Las tareas empleadas son medidas globales de las FE que
abarcan bastante más de una operación cognitiva, sin disponer,
por lo general, de sistemas de puntuación que permitan
separar la varianza individual de forma selectiva con el fin de
examinarla independientemente. Si retomamos el ejemplo del
WCST, aunque suele considerarse un test de flexibilidad cognitiva,
esta prueba precisa de otras operaciones para realizarse
correctamente; entre ellas, la identificación de atributos, la
categorización, la memoria de trabajo, la inhibición, la atención
selectiva y la utilización de retroinformación verbal suministrada
en el contexto de una interacción social.Este análisis
puede extrapolarse a las restantes medidas de FE. La torre
de Hanoi, por ejemplo, requiere razonamiento abstracto, capacidades
de memoria de trabajo, uso de reglas condicionales
(si A, entonces B), análisis de medios-fines y planificación. El
MFFT explora análisis de patrones visuales y la atención a los
detalles, además de la inhibición de respuestas impulsivas. El
test de construcción de secuencias exige flexibilidad mental,
pero también atención visual, capacidad de secuenciación,
memoria de trabajo y funciones motoras. De la tarea Stroop se
suele decir que mide la inhibición, la sensibilidad a la interferencia,
la atención selectiva y la atención focalizada.
En consecuencia, cuando se consideran resultados grupales, es
difícil determinar con precisión el porqué del bajo rendimiento que
exhibe un individuo en cualquiera de estas pruebas. En cambio, en
el curso de una evaluación individual es más fácil discriminar entre
variables, en particular si se aplica un enfoque de procesamiento
de la información. El interés fundamental de este abordaje es la
comprensión de las operaciones mentales implicadas en la realización
de tareas cognitivas. No es una teoría ni un modelo específico,
sino más bien un amplio marco de referencia para el estudio de la
cognición. Se trata de ‘descomponer’ las tareas cognitivas en las
operaciones elementales que aparentemente comprenden, y examinar
el curso temporal y las mutuas relaciones que existen entre
estos componentes, así como las representaciones internas, esquemas
y códigos sobre los que operan. Por consiguiente, este enfoque
podría ser uno de los caminos para ayudar a dividir el amplio
‘constructo’ de las FE en operaciones cognitivas más unitarias y
funcionalmente independientes, y así poder examinar de modo
más claro y objetivo la relación de estas operaciones con los trastornos
específicos en los que supuestamente se afectan.

CONCLUSIONES
A menudo, en la práctica cotidiana, se nos presenta un niño o adolescente
incapaz de autorregular su conducta de modo adecuado y según
las exigencias del entorno; pero que, a su vez, despierta en
nosotros la sensación íntima, y hasta la firme convicción, de que,
independientemente de su cociente intelectual o de su diagnóstico
académico, ese paciente tiene ‘más’ dentro de sí que lo que realmente
demuestra, y que si lograse mejorar esas habilidades de autocontrol
aumentaría su eficiencia y su vida sería mucho más fructífera y feliz.
El tema de las FE parece estar muy implicado en la imagen
descrita. Constituye, ciertamente, un campo de investigación
incipiente, pero de gran interés, no sólo teórico, sino también
práctico, en el que merece profundizarse.

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