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Estudio del psicoanálisis y psicología

Ficción: El doble (relato que obtuvo el Primer Premio en el III Concurso Nacional de Narrativa Macedonio Fernández en el Año 2006



Ficción: El doble

Por Carlos Ernesto Carioli

Decían que en la parrilla de la otra cuadra, ahí nomás, a media cuadra de la esquina, había un cocinero que era igual a mí, lo único que no sabían era si era pelado, por el gorro que siempre tenía, pero por todo lo demás suponían que sí lo era. Una y otra vez insistían para que lo conociera, y una y otra vez me negaba.
No me negaba por nada en especial, pero ellos comenzaron a elucubrar ciertas posibilidades. Uno habló sobre la teoría del doble y sobre la función del doble en la literatura, decía que si uno ve al doble de sí mismo, uno de los dos muere.
Así fueron pasando los miércoles en el taller literario y yo continuaba negándome.
Me hablaban sobre mi doble, me decían que permanecía acodado a la barra, frente a la parrilla toda la noche, que lo veían pensativo, y que a veces dudaban de si no era yo en el trabajo, después del taller.
Paralelamente a mi doble empezaron las cargadas, decían que quizás fuera yo mismo en otro lugar, que quizás, por alguna razón escondía mi trabajo y que por eso no iba a cenar con ellos los miércoles. Otros decían que tenía miedo, que era un cagón, que no iba a conocer a mi doble porque tenía miedo a morir.
En realidad yo desconocía esa teoría del doble, en primer lugar no creía en la existencia de dobles, y en segundo lugar no sabía que había teorías sobre cosas que no podrían llegar a conocer porque simplemente no creía.
El otro miércoles me volví a negar, ellos insistían para que fuera a la parrilla de la otra cuadra, ahí nomás, a media cuadra de la esquina, decían que había un cocinero que era igual a mí, pero que no sabían si era pelado, porque siempre tenía un gorro blanco, yo les dije que no, sin ninguna explicación, simplemente un “no, hasta el miércoles” y me fui caminando hacia el subte junto a dos de mis compañeros, además de taller, de subte. Bajamos las escaleras y entramos al subte.
-¿Eugenio? –Le dije, así como apurado-.¿Vos conoces a mi doble?, el de la parrilla.
-Ahá -dijo Eugenio mirando por la ventana.
Mariano me miraba y miraba a Eugenio, con entrecortados movimientos de cabeza.
-¿Y... es cierto lo que dicen?, que es igual a mí, ¿o es parecido?
-Es igual a vos, Carlos, una copia.
-Por qué no venís a comer el miércoles y lo conoces –dijo Eugenio entusiasmado.
-Bueno... sí, podría ir –dije como si me fuera convenciendo de a poco.
Por supuesto que el miércoles no solo no fui, sino que no dije nada sobre mi doble, pero cuando salíamos del taller alguien dijo:
-¿Vamos a comer a lo del doble?
Y otra vez la intriga, en realidad pensaba que todos se equivocaban, que en realidad ellos lo veían igual a mí, pero si yo lo hubiera visto, seguramente que no me reconocería en él, quizá algún parecido medio borroneado, pero nada más, como generalmente ocurre con estas cosas.
-Dale, Carlos, anímate y acompáñanos –dijo Eugenio con voz de hambre.
Y volví a negarme, como todos los miércoles, sin una clara razón.
Mientras viajaba en el subte pensaba: ¿y si no es mi doble? ¿si yo soy su doble? ¿Quién se desdobla de quién? ¿Qué es un doble?
Cuando llegué a casa busqué la palabra ¨doble¨ en el diccionario. Dícese de lo obtenido al multiplicar por dos. Toque de difuntos. Vaso de Cerveza.
¿Toque de difuntos?, ¿qué quería decir ¨Toque de difuntos¨?
Busqué ¨Toque¨ y decía: Llamamiento, indicación, advertencia. Acción de tocar una cosa. Toque de atención. Turno o vez. Cierto matiz o detalle.
Busqué difunto y decía: Muerto. No decía más nada, no había más sinónimos ni formas de decir, simplemente Muerto, nada más. Muerto.
Entonces Toque de difuntos era la mismo que Vaso de Cerveza, pensé. O un llamamiento a los difuntos a una indicación a los muertos. También era lo mismo, pensé, una advertencia a los muertos que el tocarlos. O un detalle de los muertos era lo mismo que un Turno de los muertos.
Multiplicar por dos a los difuntos es un doble, un vaso de cerveza o un toque de muertos, una advertencia, un toque de atención o un toque de vez, apenas un rozar el turno y los difuntos se tocan, entre vasos de cerveza que desdoblan la muerte, como si fuera una indicación.
Pensé en ir a la parrilla y pedir un Vaso de Cerveza, en agarrar de la mano a mi doble y mirándole los ojos decirle Toque de difuntos, le advierto porque está muerto, te multiplico por dos y sos un toque de vez que apenas roza el turno de los difuntos que se tocan entre vasos de cerveza que desdoblan la muerte como si fuera una indicación, con cierto matiz o detalle.
Me intereso la idea, la idea de ir a la parrilla, la que está ahí cerca del taller, a media cuadra de la esquina, y entrar y sentarme y pedir un vaso de cerveza, un doble, un toque de difuntos como si fuera una picada. Y mirar por la ventana.
Decidí ir el sábado, ir en forma anónima, ya que mis compañeros de taller no iban a estar, ir y caminar media cuadra desde la esquina del taller hacia la izquierda y entrar en la parrilla, sentarme en una mesa al lado de la ventana y pedir un vaso de cerveza, un doble, una advertencia a los muertos, una indicación, un detalle, un turno o un vaso de vez.
Apoyé la frente sobre el vidrio y sentí el interior del frío, no sabía que era tan delgado. Todavía no había mirado hacia la barra. Miré a los mozos que caminaban entre las mesas y a las mesas servidas entre los mozos, no había todavía muchos clientes, quizás por la hora o porque era invierno y la gente sale más en verano, pensé. Miré a los mozos que caminaban entre las mesas, quizá más tarde venga más gente y este lugar se llene, pensé. Miré a los mozos parados entre las mesas, todavía no había mirado hacia la barra, estaban parados como esperando que viniera más gente, quizás para atender a todos juntas, estaban entre las mesas, detenidos, pensativos, como si estuvieran cansados de recorrer siempre el mismo laberinto sin encontrar la salida; esperaba que se acercara algún mozo para hacerle el pedido, esperaba que alguno empezara a caminar entre las mesas y me preguntara que quería comer, que se pusieran en movimiento, que esquivaran a las mesas de una vez por todas. Miré a los mozos parados entre las mesas, todavía no había mirado hacia la barra, los miraba a ellos vestidos de negro, con un moño negro que era muy ridículo, o quedaban muy ridículos con un moño negro en la garganta.
Agarré un pedazo de pan y lo mastiqué mientras miraba por la ventana, masticaba el pedazo de pan y mientras lo hacía el reflejo en la ventana iba tomando forma, una forma que era agujereada por los autos y las personas que caminaban por la vereda, pero se delineaba una barra y detrás una gran chimenea negra, busqué, deteniendo la vista entre la barra y la parrilla, y había una mancha vertical, blanca, casi inmóvil. Dije, mientras exhalaba el humo, despacio, por la boca ¨Toque de difuntos¨ y seguí mirando la ventana, pero esta vez por, a través, allá.
Algo dijo un mozo, mientras estaba allá mirando a través por la ventana.
Alguien dijo, constituyendo un mozo al lado de mi mesa mientras estaba a través mirando allá por la ventana. Algo habló, dejando un mozo parado cerca de la mesa, interrumpiendo mi mirada afuera entre los autos y la noche, entre la gente y la música.
Cuando lo miré no sabía que pedir. Me acordé del diccionario y dije ¨Una cerveza¨. El mozo que estaba ahí asintió con la cabeza y se fue.
Volví a mirar por, a través, la ventana y el reflejo iba tomando forma, una forma que era agujereada por los autos y las personas que caminaban por la vereda, que pasaban a través de las mesas y de las personas que estaban sentadas, comiendo o esperando comer, y lo atravesaban todo, iban y venían entre los autos, entre la música, entre las luces.
Algo dijo un mozo mientras estaba allá mirando a través por la ventana, alguien dijo y constituyó un mozo al lado de mi mesa mientras estaba a través mirando allá por la ventana. Algo habló, dejando un mozo parado cerca de la ventana, que estaba cerca de la mesa, interrumpiéndome afuera entre los autos y la noche, entre la gente y la música.
Cuando lo miré vi que dejó una cerveza y vi que se fue.
Miré la barra, decidido, me vi mirándome verme.
Es yo mirándolo a mí que se rasca mi cabeza, que se hace señas y no le respondo, que se responde y le hago señas.
Es yo mirándolo a mí que abro su boca, que ni siquiera habla, porque igual me escucha mirándolo a mí que piensa en silencio, con mis ojos prestados mirándome.
Agarro el vaso de cerveza con la mano, me pongo de pie y camino entre las mesas hacia la barra, hacia el mostrador de la parrilla, hacia el pedazo de madera que sostiene el apoyo de mis manos, y veo que nada deja de existir, que todo está entre las mesas, que me veo verme venir y lo veo mirándome y caminando hacía el mostrador de la parrilla, desde donde me veo verme venir, hacia donde me acerco y veo como apoyo las manos sobre el pedazo de madera que sostiene sus manos apuñadas, y me acomodo el gorro que se le está torciendo en mi cabeza, quizá porque debe estar pensando que es mi doble, o que soy su doble y mientras se acerco dice: Toque de difuntos, y pienso diciendo en voz alta para escucharme decirme: Vaso de cerveza, mientras dice: Es como tocar una advertencia, un turno, una vez, entonces toco una cosa, como si hiciera un toque de atención y me mira fijo mirarme, es un matiz o un detalle digo mirándolo fijo como si fuera una advertencia que él me hace en voz alta, una indicación o un llamamiento a los difuntos, y llego a la barra donde estoy esperando los ojos que miran y se acerca entre palabras en voz alta, para que me escuche decirlas y apoyo las manos sobre mis manos apuñadas, sobre el pedazo de madera que lo sostiene y me mira a los ojos que me ven e intento decirle: ¨Multiplicado por dos¨, pero él lo digo antes: ¨Multiplicado por dos¨ y le agarro los hombros mientras le pongo las manos sobre mis hombros y me veo verme mirándome, lo veo verse mirándolo y nos vemos vérmenos mirándolo me y dice mientras digo: Toque de difuntos, le advierto porque está muerto, te multiplico por dos y sos un toque de vez que apenas roza el turno de los difuntos que se tocan entre vasos de cerveza que desdoblan la muerte como si fuera una indicación, con cierto matiz o detalle.

* Este relato obtuvo el Primer Premio en el III Concurso Nacional de Narrativa Macedonio Fernández (Año 2006).

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