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Estudio del psicoanálisis y psicología

Obras de Viktor E. Frankl: EL HOMBRE DOLIENTE. HOMO PATIENS (Del automatismo a la existencia: Crítica del Nihilismo)



HOMO PATIENS Ensayo de una patodicea
Para Elly

PROLOGO A LA PRIMERA EDICIÓN
El presente libro tiene su origen en las lecciones que impartí en la Universidad de Viena durante el semestre de invierno de 1949-1950 con el título: Ontología del hombre doliente, y en el semestre de verano de 1950 con el título: Sistemas y problemas de la psicoterapia. Constituyen la continuación de las Lecciones metaclínicas que dicté en el mismo lugar durante el semestre de verano de 1949 con el título: El problema cuerpo-alma y el problema de la voluntad libre a la luz de la investigación clínica, que aparecieron en forma de libro con el título: El hombre incondicionado.
...Pero no fue el sufrimiento mismo su problema, sino la ausencia de respuesta al grito de la pregunta «(para qué sufrir?»
Friedrich Nietzsche

A. DEL AUTOMATISMO A LA EXISTENCIA: CRÍTICA DEL NIHILISMO
Antes de abordar una interpretación del sentido del sufrimiento, debemos analizar la posibilidad radical de negar el sentido, y no sólo el sentido del sufrimiento. Antes del problema de la interpretación del sentido se impone el fenómeno de la negación del sentido.
La posibilidad radical de la negación del sentido nos sale al paso en la realidad fáctica de eso que se llama nihilismo. La esencia del nihilismo no consiste, como suele suponerse, en negar el ser; el nihilismo no discute propiamente el ser —o, más exactamente, el ser del ser—, sino el sentido del ser. El nihilismo no afirma que nada exista en realidad; afirma que la realidad no es nada más que esto o aquello; el nihilismo reduce la realidad a las formas concretas que toma en cada caso o la deriva de estas formas concretas.
Según sea el residuo al que queda reducida la realidad —o del que es derivada—, cabe distinguir tres variedades o formas de nihilismo. Si la realidad queda reducida a lo físico, el nihilismo aparece en forma de fisiologismo, mientras que en el caso de una reducción a la realidad psíquica el nihilismo adopta la forma de psicologismo y en el caso de una reducción a la realidad sociológica adopta la forma de socio-logismo.
De un modo u otro, la realidad aparece como mero efecto, producto o resultado de hechos fisiológicos, psicológicos o sociológicos. Pero cuando sólo se ve el efecto, no puede verse la intención, y si no se ve la intención tampoco puede verse el sentido. El ser queda privado de sentido.
Así se explica por qué estas tres formas de nihilismo: el fisiologismo, el psicologismo y el sociologismo, no pueden alcanzar la experiencia de un sentido: se limitan en su perspectiva a un estrato entitativo —el corporal, el anímico o el social—, desatendiendo precisamente ese ser dentro del cual puede manifestarse la intencionalidad: el ser espiritual. Sólo en la consideración del ser espiritual, en su tendencia al sentido y al valor, puede revelarse el sentido de la realidad, puede hacerse patente el sentido del ser.
Si antes hemos hablado de fisiologismo, psicologismo y sociologismo, debemos hacer notar ahora que estas variedades de nihilismo no se identifican en modo alguno con la fisiología, la psicología y la sociología. El «ismo» empieza exactamente en el punto donde la imagen de un estrato se convierte en imagen del mundo, donde empieza la generalización. La fisiología, la psicología o la sociología deja de tener razón cuando empieza a generalizar. La disciplina que lo reduce todo, también lo relativiza todo, con una excepción: se absolutiza a sí misma.
En lo que respecta al fisiologismo, sólo conoce mecanismos y quimismos; pero incluso cuando esa concepción mecanicista queda superada en favor de un vitalismo, el fisiologismo sólo ve en el ser vivo —y también en el ser «hombre»— un aparato o un autómata que se rige por reflejos condicionados o incondicionados. La antropología degenera entonces en un anexo de la zoología, y la teoría del ser humano se convierte en teoría de ciertos mamíferos a los que el andar erecto se les subió a la cabeza.
También psicologismo contempla al hombre desde el prisma de un aparato. También la psicología psicologista habla de «mecanismos psíquicos». Pero si sólo se considera el automatismo de un aparato anímico, se pasa por alto la autonomía de la existencia libre. La vida psíquica se presenta entonces como un haz de instintos. En la línea de este psicologismo se habla también de «instintos parciales» o de «componentes instintivos», como si tales componentes fuesen la resultante de un paralelogramo de fuerzas.
El sociologismo, en fin, se caracteriza también por considerar al hombre como un juguete; ya no el juguete de fuerzas vitales, sino de fuerzas sociales.
En cada uno de estos tres aspectos el ser humano pierde sentido. El hombre aparece en ellos como un títere movido por alambres internos o externos. La imagen del hombre degenera en una caricatura, el hombre real en un homúnculo. Es evidente que una teoría que suplanta la imagen real del hombre por otra imagen construida, no puede menos de fracasar en la práctica: el nihilismo nunca puede llevar a un humanismo; siempre desemboca en un homunculismo.
En las Lecciones metaclínicas que se han publicado con el título de El hombre incondicionado intentamos hacer una crítica del fisiologismo; ahora tratamos de ofrecer la crítica del psicologismo y del sociologismo. Sólo superando estos dos nihilismos se franquea el acceso a una interpretación del sentido del sufrimiento.

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