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Estudio del psicoanálisis y psicología

HUMOR PSY: Edipo y la religión amarillista



Edipo y la religión amarillista

Autor: Rudy*

Por Karl Psíquembaum

Parte I

El particular origen de ciertas creencias religiosas (el porvenir de una desilusión)

En algún antiguo trabajo [1] he señalado con presteza y establecido con claridad que si Moisés, fundador del judaísmo, era en realidad egipcio, entonces Edipo, fundador de la religión psicoanalítica, bien puede haber sido judío (como Freud), así como Jesús, padre del cristianismo, también lo era. No podemos dejar de señalar aquí esta particular habilidad de los judíos al momento de crear otras religiones, lo que es especialmente sugestivo si conocemos la historia de este pueblo, que durante miles de años luchó por mantener intactas sus tradiciones laicas y religiosas, y no ser contaminado por ningún otro credo, escuela ni ilusión óptica.

Quizás alguien vea en esto un conflicto, pero no lo es, solamente es una contradicción. De hecho, si se piensa que uno de los nombres del pueblo judío es “Israel”, o sea “el que peleó contra Él”, vemos que la expresión “contra” está en la propia identidad. Estar “contra” algo es, a veces, una manera de reconocerlo, de respetarlo, de incluirlo. Incluso de considerarlo sagrado. “¿Para qué cuestionar algo en lo que no creo?”, podría decir un talmudista freudiano, “si no creo, no hace falta que dude, sólo puedo dudar de lo que creo, y de ese a quien le pregunto”.

Por otra parte, no debe asustar a nuestro lector que Moisés no fuera judío, ni Jesús cristiano, ni Lacan lacaniano. Aunque no va a faltar un lector que suponga que no se puede fundar una religión sin pertenecer a la misma. Aunque la lógica de la sensatez nos haga sentir que es muy poco prestigioso crear una religión y no creer uno mismo en ella, se verá que, en realidad, esa es la única solución posible. Convengamos que las religiones son, entre otras cosas, instituciones. Alguien diría que, para poder fundar una institución, hay que pertenecer a la misma. Nada más lejos de la verdad. Si uno pertenece a una institución, o religión, no puede fundarla, pues ya está fundada, y sería de muy mala praxis, y de pocas posibilidades de éxito, crear una creencia religiosa que ya tuviera cientos, miles o millones de adeptos.

Sin embargo, en el psicoanálisis puede ocurrir. He visto colegas que al enterarse que la institución que querían fundar ya existía desde antes, tuvieron un ataque irónico (de ira), y la volvieron a fundar. Quizás con otro nombre, o usando la misma sigla, pero con otro sentido. Por ejemplo, imaginé una sigla, “C.P.F.”, que podría ser: Centro de Psicoanálisis Freudiano, Central de Psicoterapia Familiar; Consultorios de Prevención de las Fobias; Club de Perversos Fetichistas; Córrase, Por Favor; Curso de Psicoanálisis Fugaz; Cuatro Porciones de Fainá; Cosa Parcialmente Freudiana.

Tomar una sigla, institución o creencia, y cambiarle el nombre o el sentido, no es un hecho nuevo en la historia de la Humanidad. Podríamos señalar hechos semejantes, desde, por lo menos, los tiempos del Imperio Romano. En determinado momento, los romanos quisieron tener una religión que los representara, ya que casi todas las otras naciones, aun las más insignificantes, tenían sus propios dioses, y ellos no, cada uno adoraba a quien quisiera, con la consecuente anarquía. Y nada hay tan contradictorio como un imperio anárquico. Decidieron entonces, adorar a Zeus y los dioses del Olimpo, ya que tenían un muy buen marketing, y les ofrecían un montón de dioses al mismo precio que otras religiones pedían por uno solo. Pero cuando quisieron crear a Zeus se enteraron que los griegos les habían ganado de mano. De más está decir que quedaba más que horrible, y muy poco prestigioso, adorar a dioses a los que ya adoraban en otros pueblos, dioses que estarían ocupados y solamente podrían destinarle a Roma la mitad de su tiempo, y eso siendo optimistas, ya que los griegos tenían a su vez muchas subdivisiones, y todas estaban conectadas al mismo servidor divino.

Entonces, los romanos decidieron robarles los dioses a los griegos, cambiarles el nombre y presentarlos como propios. Así, Zeus fue Júpiter, Hermes pasó a ser Mercurio, Palas Atenea a Minerva, Afrodita a Venus…

Esto del doble nombre podría ser complicado o, a la vez, simplificar las cosas; por ejemplo, un dios podría pensar: «Si me dicen “oh, Febo”, quien me reza es un griego; si dice “Ave, Apolo”, es un romano; si me rezan “¡Vamo’, Diego!”, se trata de un argentino; y si dicen algo que no entiendo, es un lacaniano».

El esquema de Dioses compartidos les funcionó a los romanos y a los griegos durante varios siglos, pero es claro que con el tiempo los templos se fueron deteriorando, las expensas crecieron, y los romanos se propusieron un cambio. Esto de robarles los dioses a los griegos era muy pueril. A veces tenían que esperar que los griegos se contactaran con sus dioses para así poder rezarles ellos también, aprovechando la conexión.

Por eso, buscaron otro sistema, que no se trataba de dejar de robar (sin robo no hay Imperio), sino de tomar a un dios no tan conocido, una religión que recién esté comenzando, pero esté creciendo en el mercado, y poder “romanizarla”.

Luego de sesudos estudios y encuestas de marketing, se enteraron que  entre los judíos, otro pueblo de reconocido prestigio pero devenido en minoría –gracias a que los mismos romanos se encargaron de disminuir notoriamente su número–, estaba creciendo un nuevo credo, cuya figura principal era un profeta, Joshua, que tenía una gran ventaja y una desventaja para los romanos. La ventaja era que ya había muerto hace tiempo, por lo cual ellos podrían poner en su boca afirmaciones que él no tendría ocasión de refutar. La desventaja era que (¡uppps!) ellos mismos, los romanos, eran quienes lo habían matado.

Notas

[1] Ver “Edipo y la religión monoteísta, dos ensayos”, en Buffet Freud, edición actualizadísima. Planeta, 1999.

* Rudy. Humorista. Comenzó a trabajar en humor gráfico en la revista Humor. Desde 1987 es coordinador del suplemento semanal de humor y coautor del chiste de tapa en Página/12. Coordina talleres de humor escrito desde 1990. Escribió para televisión en programas de Tato Bores, Kanal K y Peor es Nada. En radio participa desde 2002 en “La Alternativa”, y mantiene una intensa actividad en humor teatral. Ha publicado cerca de 40 libros de humor. Recibió en 1994 el Premio Konex de Literatura de Humor, y en 2002 el Konex de Humor Gráfico, junto a Daniel Paz.

Fuente: Intersecciones Psi
Revista Electrónica de la Facultad de Psicología de la UBA (Año 4 – Número 11, Junio de 2014)

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