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Estudio del psicoanálisis y psicología

HUMOR PSY: El Él y el Ello (mesa redonda). Por Rudy



HUMOR: El Él y el Ello (mesa redonda)

Por Rudy

A los efectos de ser publicadas en el libro “Buffet Freud responde, el libro de las preguntas”, le pedí a una serie de personalidades que formulasen una pregunta cada uno, la que desearan, para que fuera contestada por alguno de los miembros de grupo Buffet Freud. El escritor Eduardo Berti preguntó entonces si existe Dios. Tal pregunta generó gran revuelo en el equipo, ya que todos querían... que la contestase otro.
Finalmente, para no perjudicar a nadie en particular, sino a todos en general, optamos por organizar una mesa redonda, que ofrecemos también aquí a nuestros lectores.
Rudy
Presentación
Por el Prof. Karl Psiquembaum
Si por algún motivo hiciéramos un recorrido por templos religiosos y consultorios psicoanalíticos, encontraríamos que el número de personas que concurre a los primeros supera ampliamente al número que concurre a los segundos. ¿Por qué la gente elige acudir a un sitio donde le dicen que las cosas se resuelven rezando en lugar de aceptar con humildad los designios de lo inconsciente?
Es posible que la principal motivación esté dada por los milagros. Ninguna de estas dos disciplinas puede, de hecho, realizarlos, pero una se puede dar el lujo de sentir que sí y, cuando todo falla, explicar que «los caminos de lo inconsciente son misteriosos».
Por otra parte, hay psicoanalistas que se creen Dios mientras que Dios no se cree psicoanalista y tampoco hay indicio alguno de que Dios haya intentado psicoanalizarse; si tal cosa hubiera ocurrido, eso explicaría la duración de algunos tratamientos: eternos.
Realmente, «lo divino» es un tema que genera inquietud, duda e incluso certeza delirante entre psicoanalistas, pacientes y quienes no son ni lo uno ni lo otro. Por eso, el movimiento Buffet Freud ha organizado una mesa redonda sobre el tema.

Prof. Karl Psiquembaum: Quiero agradecerles a todos por haber venido.

Padre Rafael Goldstein: Hijo mío, con agradecerle a Dios alcanza ya que Dios está en todos.

Dra. Hellen Goodmorning: ¡Y en todas!
Padre Goldstein: En eso tienes razón, hija mía, ¡Dios sí que está en todas! Aunque, a veces, los hombres se olvidan de Él. ¡Oi vei!

Lic. Monique Delanuc: ¿Eso qué quiere decir, padre?

Padre Goldstein: Es una vieja expresión en latín que, según me contaron, usan los psicoanalistas para absolver a sus pacientes
de los pecados.

Prof. Psiquembaum: ¡Ajá!

Padre Goldstein: ¿Y eso?

Prof. Psiquembaum: Es la otra expresión que usamos los psicoanalistas. Según me han comentado, es una mezcla invocativa de tres religiones: la judía, la cristiana y la musulmana. Adonai, Jesús, Alá: AJÁ.

Padre Goldstein: Bueno, hablando de todo eso, les quiero contar que a mi templo muchas veces vienen histéricas que confiesan pecados que no cometieron, pero tenían ganas; también fóbicos que no se atreven a entrar o a salir del confesionario y obsesivos que, si les ordenas rezar diez Padrenuestros, te piden que les indiques cincuenta... ¡les encanta rezar cincuenta veces lo mismo!
Prof. Psiquembaum: Pero esto no demuestra la existencia de Dios, sólo demuestra la existencia de Freud.

Padre Goldstein: Bueno, profesor, convengamos que a la hora de rezar la gente elige a Dios.

Prof. Psiquembaum: Más o menos, padre. Hay muchos neuróticos que se recuestan en el diván y lanzan un lamento de cincuenta minutos; «mea culpa, mea máxima culpa», dicen todo el tiempo.

Dr. Jean Jean Dusignifiquant: Cuando el paciente reza, en realidad está expresando un deseo. Lacan nos enseñó que Freud nos enseñó: «todo rezo expresa un deseo oculto».

Prof. Psiquembaum: Pero no se limita a los pacientes. Hay psicoanalistas que le ponen una velita al retrato de Freud y rezan para conseguir más pacientes. Dicen: «Freud, concédeme serenidad para escuchar cincuenta minutos seguidos a un obsesivo, valor para poder bancarme a un fóbico y sabiduría para reconocer la bella indiferencia. El Edipo nuestro de cada día, dánoslo hoy».

Padre Goldstein: ¡Con esta prédica profana, nos estamos olvidando de Él! ¡Él es Él, usted es usted y yo soy yo! ¡Estoy hablando de Dios, el todopoderoso! ¡Oi vei! Yo hablo de Él, Él... ¿cuál de las dos letras no entienden, la «e» o la «l»? ¡Ajá!

Dra. Goodmorning: ¿Lo ve, lo ve? ¡Él, Él, Él, Él, siempre Él, siempre masculino! ¡Ni siquiera cuando se refieren a lo divino pueden hablar de las mujeres, que somos unas divinas! Y los psicoanalistas, siempre igual: ¡el ello, el superyó, el inconsciente, el yo!

Lic. Delanuc: Bueno, también está La yo, el padre de Edipo.

Dra. Goodmorning: Si fuera femenino, ¡el yo sería «la ya»!

Prof. Psiquembaum: Me temo que sería complicado, ya que si una mujer dice «ya lo sé», no sabríamos si se está refiriendo al tiempo o a sí misma.

Lic. Delanuc: ¡Ella, ya, superyá, la inconsciente, la compleja de Edipa!

Padre Goldstein: ¡Oi vei, perdona a tus hijos pecadores! ¡No se puede hablar de Dios como quien habla de un par de zapatos!

Dra. Anafreudiana Traumengarten: Síííí. Yo una vez soñé con Dios. Era a imagen y semejanza de mi papá, y mi mamá le rezaba: «Dios mío, esta noche no, me duele la cabeza». Él la acariciaba y después cerraban la puerta y me dejaban afuera.

Padre Goldstein: Oi vei, ¡ego te absolvo!

Lic. Gisela Snob: Cuando una persona no concurre a confesarse, ¿tiene que pagar igual?

Padre Goldstein: Por supuesto, debe pagar por los pecados que ha cometido.

Lic. Jacob Freudenlerner: ¿Y qué pasa cuando un paciente invoca a Dios en vano en medio de una sesión?

Prof. Psiquembaum: En tal caso, le advierto que alcanza con que se refiera a mí diciendo «profesor Psiquembaum», «excelentísimo

profesor Psiquembaum» o «infalible e inefable profesor Psiquembaum».

Padre Goldstein: Pero usted no es Dios. ¿Por qué cree que se refiere a usted?

Prof. Psiquembaum: Vea, padre, en una sesión de psicoanálisis solamente hay dos personas en el

consultorio: El analista, que vendría a ser yo, y el paciente, que vendría a ser él o ella. Si el paciente invoca a Dios, solamente se puede referir a sí mismo o a mí. Dado que nadie diría de sí mismo que es Dios porque sería demasiado narciso, evidentemente se trata de mí.

Padre Goldstein: ¿Pero usted no le señala la diferencia al paciente?

Prof. Psiquembaum: Padre, si se trata de un paciente neurótico, no de un psicótico, tiene claro que yo no soy Dios. Es uno de esos fenómenos que los psicoanalistas llamamos «transferenciales». Él me trata a mí como si yo fuera Dios para poder rezarme y que de esa manera yo entre en contacto con sus deseos y luego señalar mis fracasos al no poder yo satisfacer sus deseos.

Padre Goldstein: Usted es el analista, debería marcar la diferencia.

Prof. Psiquembaum: ¿Marcar la diferencia? ¿Dice usted que lo circuncide en medio de la sesión? Imposible. Sobre todo, si se trata de una mujer...

Padre Goldstein: Decirle que Dios os ha hecho a su imagen y semejanza.

Lic. Freudenlerner: Bueno, pero, ¿a imagen y semejanza de quién? ¡Porque nosotros, entre nosotros, no nos parecemos, somos muy distintos!

Lic. Snob: ¡Cierto, yo no tengo barba y el Lic. Neurotsky tiene los pechos más pequeños que yo!

Lic. Delanuc: ¿Los dos pechos?

Lic. Snob: Sí, el bueno y el malo. ¿A quien habrá hecho Dios a su imagen y semejanza? ¿A Einstein, a Mussolini, a Batman?

Lic. León Neurotsky: ¡A Marx! Seguro que Dios hizo a su imagen y semejanza al hombre que salió a decir que Dios no existe.

Lic. Snob: ¡Si Marx es igual a Dios y Marx dice que Dios no existe, Marx tampoco existe!

Lic. Neurotsky: ¡Marx existe! Se trata de tenerle fe. ¡No blasfeme!

Lic. Snob: Cuando un marxista comete un pecado, ¿le hacen cumplir una penitencia?

Lic. Neurotsky: No exactamente. ¡Le hacen hacer una autocrítica!

Prof. Psiquembaum: Algunos sacerdotes señalan e interpretan que psicoanalizarse es un pecado.

Lic. Snob: ¿Venial o mortal?

Padre Goldstein: Inconsciente.

Rabino Jesús al Mohamed: El judaísmo acepta el psicoanálisis siempre que no se realice un sábado y que no se diga la palabra «jamón».

Lic. Freudenlerner: Insisto en preguntar por la existencia de Dios. Suele ocurrir que acudan al consultorio personas angustiadas por ese tema.

Prof. Psiquembaum: ¡Mientras acudan pacientes...!

Padre Goldstein: Dios proveerá, hijo mío.

Lic. Freudenlerner: ¿Usted dice que Dios me va a derivar pacientes? ¿Cree usted que Dios me tendrá confianza profesional?

Padre Goldstein: Quizá tú debas primero confiar en Él.

Prof. Psiquembaum: Es interesantísima la visión del padre Goldstein, la de un Dios que deriva.

Dr. Dusignifiquant: ¿Por qué no? ¿Acaso no dicen: «Reza, que Dios te escucha»? Además, seria interesantísimo porque, si faltan pacientes, Dios podría crearlos en la medida de las necesidades de cada profesional.

Prof. Psiquembaum: Pero no sé si eso sería conveniente ya que Dios sólo crea hombres a su imagen y semejanza; o sea que todos los pacientes por él creados serían omniscientes, omnipotentes y todopoderosos... ¡manga de narcisos!

Lic. Freudenlerner: Una pregunta: ¿todos los psicoanalistas y los pacientes creen en Freud?

Lic. Alain Supositoire: No hace falta. Ya Lacan cree en Freud, así que los demás pueden creer en Lacan.

Padre Goldstein: ¿Y Dios? ¿Y Dios?

Lic. Delanuc: ¿Puede creer en Freud o en Lacan?

Padre Goldstein: ¡Dios es uno, uno, único!

Lic. Delanuc: ¿Freud y Lacan son dos, ése es el problema?

Padre Goldstein: No seas hereje.

Lic. Delanuc: ¿Hereje? ¿Qué rama del psicoanálisis es ésa?

Prof. Psiquembaum: Mucho me temo que, en este punto, no podemos seguir discutiendo, se nos ha terminado el tiempo.

Padre Goldstein: Hijo mío, sólo Dios dispone del tiempo.

Prof. Psiquembaum: Es la hora, padre.

Padre Goldstein: Hora pro nobis.

Prof. Psiquembaum: ¡Ajá!

Padre Goldstein: ¡Oi vei!

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