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Estudio del psicoanálisis y psicología

Historia de la corriente gestáltica y psicoanalítica



Corriente Gesltaltica:

Psicología de la Gestalt, escuela de psicología que se dedicó principalmente al estudio de la percepción.
Frente al asociacionismo imperante, la escuela de la Gestalt postulaba
que las imágenes son percibidas como un todo, como una configuración
(del alemán, gestalt) y no como mera suma de sus partes constitutivas.

En las configuraciones perceptivas así consideradas, el contexto juega
además un papel esencial. Si en el contexto de una ciudad, por ejemplo,
vista en silueta, pongo un capitel, se percibirá como el cimborrio de
una iglesia, mientras que en el contexto de un bosque la misma silueta
se percibiría como un árbol. La escuela de la Gestalt intentó formular
las leyes de estos procesos perceptivos.
Según el punto de vista del asociacionismo, los estímulos se reciben
primero aislados (como ‘sensaciones’) que después se organizan en
imágenes perceptivas más complejas. Pero esta explicación era
insuficiente ante ciertos fenómenos, incluso en el terreno del
aprendizaje; si se condiciona a un animal a elegir un huevo gris situado
entre varios de color blanco, según la perspectiva asociacionista, el
estímulo condicionado, el huevo gris, debería ser elegido también en
otro contexto distinto. Sin embargo, se comprobó que situado entre
varios huevos de color negro, nunca era elegido; en cambio, si se
colocaba un huevo negro junto a varios de color gris, era el negro el
elegido; lo que probaba que el condicionamiento no se había implantado
respecto de un estímulo, sino de una configuración (huevos más oscuros
que los circundantes). Del mismo modo, un ave adiestrada para descender
al ver un cuadrado en el suelo, desciende también si el cuadrado no es
tal, sino un esquema del mismo formado por las cuatro piedras de los
vértices (que el animal reconoce como la misma configuración). Además
del contexto, el significado o el valor de un estímulo es esencial,
máxime en la percepción humana. Hacia 1910, los investigadores alemanes
Max Wertheimer, Wolfgang Köhler y Kurt Koffka rechazaron el sistema de
análisis predominante en la psicología de aquel tiempo, adoptando el de
la teoría del campo, recién desarrollado entonces para la ciencia
física. Este modelo les permitió estudiar la percepción en términos
distintos al mecanicismo atomista de los asociacionistas.
Los psicólogos de la Gestalt descubrieron que la percepción estaba muy
influida por el contexto y la configuración de los elementos percibidos
;
las partes derivan a menudo su naturaleza y su sentido global, y no
pueden entenderse separadas de éste. Más aún, la mera suma de las partes
no equivale al todo.
El enfoque de la Gestalt se ha extendido a la investigación en áreas
distintas de la psicología
, como el pensamiento, la memoria, o la
estética. También algunas cuestiones candentes de la psicología social
se han estudiado desde el punto de vista de la Gestalt estructuralista,
como los trabajos de Kurt Lewin sobre las dinámicas de grupo, hoy
esenciales en la investigación social, tanto teórica como aplicada. Sin
embargo, ha seguido siendo el área de la percepción donde el enfoque de
la Gestalt ha tenido mayor influencia.
Diversos tipos actuales de psicoterapia se autodenominan ‘gestáltico’,
porque se llevan a cabo siguiendo ideas similares a la antigua escuela
de la percepción: los seres humanos considerados como conjuntos que
responden a la experiencia configurada de modo global, con lo que la
separación cuerpo alma sería artificial. Según estas psicoterapias, la
percepción adecuada de las necesidades personales y del mundo es vital
para equilibrar la experiencia personal y conseguir una ‘buena gestalt’,
mientras que apartarse de la consciencia rompe la respuesta global o
gestalt. Los terapeutas de la Gestalt intentan restablecer el equilibrio
armónico natural del individuo mediante un fortalecimiento de la
consciencia. El énfasis se pone en la experiencia presente, más que en
indagar las experiencias infantiles propias del psicoanálisis clásico.
También se estimula el enfrentamiento directo con los propios temores.

Corriente Psicoanalitica

Psicoanálisis, nombre que se da a un método específico para
investigar los procesos mentales inconscientes y a un enfoque de la
psicoterapia. El término se refiere también a la estructuración
sistemática de la teoría psicoanalítica, basada en la relación entre los
procesos mentales conscientes e inconscientes.

Teoría psicoanalítica

Las técnicas del psicoanálisis y gran parte de la teoría
psicoanalítica basada en su aplicación fueron desarrolladas por Sigmund
Freud.. Sus trabajos sobre la estructura y el funcionamiento de la mente
humana tuvieron un gran alcance, tanto en el ámbito científico como en
el de la práctica clínica.
El inconsciente:
La primera de las aportaciones de Freud fue el descubrimiento de la
existencia de procesos psíquicos inconscientes ordenados según leyes
propias, distintas a las que gobiernan la experiencia consciente. En el
ámbito inconsciente, pensamientos y sentimientos que se daban unidos se
dividen o desplazan fuera de su contexto original;
dos imágenes o ideas
dispares pueden ser reunidas (condensadas) en una sola; los pensamientos
pueden ser dramatizados formando imágenes, en vez de expresarse como
conceptos abstractos, y ciertos objetos pueden ser sustituidos y
representados simbólicamente por imágenes de otros, aun cuando el
parecido entre el símbolo y lo simbolizado sea vago o explicarse sólo
por su coexistencia en momentos alejados del presente. Las leyes de la
lógica, básicas en el pensamiento consciente, dejan de ejercer su
dominio en el inconsciente.
Comprender cómo funcionan los procesos mentales inconscientes hizo
posible la comprensión de fenómenos psíquicos previamente
incomprensibles, como los sueños.
A través del análisis de los procesos
inconscientes, Freud vio que soñar servía para proteger el sueño (el
reposo) del individuo contra los elementos perturbadores procedentes de
deseos reprimidos, relacionados con las primeras experiencias del
desarrollo que afloran en ese momento a la conciencia. Así, los deseos y
pensamientos moralmente inaceptables, (es decir, el contenido latente
del sueño), se transforman en una experiencia consciente, aunque no
inmediatamente comprensible, a veces absurda, denominada ‘contenido
manifiesto’.. El conocimiento de estos mecanismos inconscientes permite
al analista invertir el proceso de elaboración onírica, por el que el
‘contenido latente’ se transforma en el contenido manifiesto,
accediendo, a través de la interpretación de los sueños, a su
significado subyacente.
Pulsiones:
Una suposición esencial de la teoría freudiana es que los conflictos
inconscientes involucran deseos y pulsiones, originadas en las primeras
etapas del desarrollo. Al serle desvelados al paciente los conflictos
inconscientes mediante el psicoanálisis, su mente adulta puede encontrar
soluciones inaccesibles a la mente inmadura del niño que fue. Esta
descripción de la función que cumplen las pulsiones básicas en la vida
humana es otra de las aportaciones cruciales de la teoría freudiana.
Según su teoría sobre la sexualidad infantil, la sexualidad adulta es el
resultado de un complejo proceso de desarrollo que comienza en la
infancia, pasa por una serie de etapas ligadas a diferentes funciones y
áreas corporales (oral, anal y genital), y se corresponde con distintas
fases en la relación del niño con los adultos, especialmente con sus
padres. En este desarrollo es esencial el periodo edípico, que
transcurre, aproximadamente, entre los 4 y 6 años de edad, momento en el
que el niño por primera vez es capaz de establecer un vínculo afectivo
con su progenitor del sexo opuesto, semejante a la relación de un adulto
con su pareja, con lo que el progenitor del mismo sexo es considerado
un rival. La inmadurez psíquica del niño condena al fracaso los deseos
infantiles y malogra su primer paso hacia lo adulto. Además, la
inmadurez intelectual del niño complica aún más la situación porque le
hace temer sus propias fantasías. El grado en el que el niño supere este
trauma y en el que estos vínculos, miedos y fantasías pervivan de modo
inconsciente, será decisivo en su vida posterior, especialmente en sus
relaciones afectivas.
Los conflictos que ocurren en las etapas iniciales del desarrollo no son
menos significativos como influencia formativa, porque representan los
prototipos iniciales de situaciones sociales tan básicas como la
dependencia de otros o la relación con la autoridad. Por eso, en estas
primeras etapas de su desarrollo, también será básico en la formación de
la personalidad del niño el comportamiento de los padres. Sin embargo,
el hecho de que el niño reaccione no sólo ante la realidad objetiva,
sino también ante la distorsión fantástica de la realidad, complica
significativamente incluso los esfuerzos educativos mejor intencionados.
El ello, el yo y el superyó:
El esfuerzo por clarificar el desconcertante número de observaciones
interrelacionadas puestas a la luz por la exploración psicoanalítica,
condujo al desarrollo de un modelo de estructura del sistema psíquico.
Tres sistemas funcionales, o instancias, se distinguen en este modelo:
el ello, el yo y el superyó..
La primera instancia se refiere a las tendencias impulsivas (entre ellas
las sexuales y las agresivas) que parten del cuerpo y tienen que ver
con el deseo en un sentido primario, contrarios a los frutos de la
educación y la cultura. Freud llamó a estas tendencias triebe, que
literalmente significa ‘pulsión’ pero que a menudo se traduce con
impropiedad como ‘instinto’.. Estas pulsiones exigen su inmediata
satisfacción, y se experimentan de forma placentera por parte del
sujeto, pero desconocen el principio de realidad y se atienen sólo al
principio del placer (egoísta, acrítico e irracional).
Cómo conseguir en el mundo real las condiciones de satisfacción de esas
pulsiones básicas es tarea de la segunda instancia, el yo, que domina
funciones como la percepción, el pensamiento y el control motor, para
adaptarse a las condiciones exteriores reales del mundo social y
objetivo. Para desempeñar esta función adaptativa, de conservación del
individuo, el yo debe ser capaz de posponer la satisfacción de las
pulsiones del ello que presionan para su inmediata satisfacción, con lo
que se origina la primera tensión. Para defenderse de las pulsiones
inaceptables del ello, el yo desarrolla mecanismos psíquicos específicos
llamados mecanismos de defensa. Los principales son: la represión
—exclusión de las pulsiones de la consciencia, para arrojarlas a lo
inconsciente—, la proyección —proceso de adscribir a otros los deseos
que no se quieren reconocer en uno mismo— y la formación reactiva
—establecimiento de una pauta de comportamiento contraria a una fuerte
necesidad inconsciente. Tales mecanismos de defensa se disparan en
cuanto la ansiedad señala el peligro de que las pulsiones inaceptables
originales puedan reaparecer en la conciencia.
Una pulsión del ello llega a hacerse inadmisible, no sólo como resultado
de una necesidad temporal de posponer su satisfacción hasta que las
condiciones de la realidad sean más favorables
, sino, sobre todo, debido
a la prohibición que los otros (originalmente los padres) imponen al
individuo. El conjunto de estas demandas y prohibiciones constituye el
contenido principal de la tercera instancia, el superyó, cuya función es
controlar al yo según las pautas morales impuestas por los padres. Si
las demandas del superyó no son atendidas, la persona se sentirá
culpable, culpabilidad que también se manifiesta como ansiedad y/o
vergüenza.
El superyó, que según la teoría freudiana se origina en el esfuerzo de
superar el complejo de Edipo, es parcialmente inconsciente, debido a que
tiene una fuerza semejante (aunque de signo opuesto) a la de las
pulsiones, y puede dar lugar a sentimientos de culpa que no dependan de
ninguna transgresión consciente. El yo, instancia mediadora entre las
demandas del ello, las exigencias del superyó y el mundo exterior, puede
no tener el poder suficiente para reconciliar estas fuerzas en
conflicto. Es más, el yo puede coartarse en su desarrollo al ser
atrapado en sus primeros conflictos, denominados fijaciones o complejos,
pudiendo volverse hacia modos de funcionamiento primarios en el
desarrollo psíquico y hacia modos de satisfacción infantiles. Este
proceso se conoce como ‘regresión’. Incapaz de funcionar normalmente, el
yo sólo puede mantener su control limitado y su integridad
desarrollando síntomas neuróticos, a través de los cuales se expresa la
tensión del aparato psíquico.
Ansiedad:
Piedra angular de la teoría y la práctica psicoanalíticas modernas es el
concepto de ansiedad, un tipo de experiencia que implica una reacción
contra ciertas situaciones peligrosas. Estas situaciones de peligro, tal
como las describe Freud, son el miedo a ser abandonado, a perder el
objeto amado, el miedo a la venganza y al castigo, y la posibilidad de
castigo por parte del superyó.. En consecuencia, los síntomas, los
desórdenes de la personalidad y de los deseos, así como la propia
sublimación de las pulsiones, representan compromisos, diferentes formas
de adaptación que el yo intenta con mayor o menor éxito, reconciliando
las diferentes fuerzas mentales en conflicto.
Escuelas psicoanalíticas:
Varias escuelas psicoanalíticas han adoptado otras denominaciones para
indicar sus diferencias con las teorías freudianas ortodoxas.

Carl Jung: Carl Gustav Jung, uno de los primeros alumnos de Freud, creó un
movimiento que designó él mismo como psicología analítica. Como Freud,
Jung usa el concepto de libido
; sin embargo, rechazaba el carácter
exclusivamente sexual de la libido, y consideraba que ésta constituía
una energía de carácter universal basada en el conjunto de los instintos
y pulsiones creativas que constituyen la fuerza motivadora de la
conducta humana.
Según Jung, el inconsciente se compone de dos partes: el inconsciente
personal, que contiene el resultado de la experiencia global de un
individuo, y el inconsciente colectivo, reserva de la experiencia
humana. En el inconsciente colectivo hay una serie de imágenes
esenciales, a las que él denomina arquetipos, comunes a todos los
individuos de un país o de un momento histórico concreto. Los arquetipos
se constituyen así en unidades de conocimiento intuitivo que
normalmente sólo existen en el inconsciente colectivo del individuo, y
que se manifiestan en leyendas, obras artísticas, prejuicios sociales…
y, por supuesto, en los sueños.
Cuando la mente consciente no contiene imágenes propias, como durante el
sueño, o cuando la conciencia es sorprendida por no estar en guardia,
los arquetipos empiezan a funcionar. En su origen, eran modos primitivos
de pensamiento que tendían a personificar los procesos naturales en
términos mitológicos, como espíritus del bien y del mal, hadas y
dragones. La madre y el padre también se establecen como arquetipos
básicos.
Otro concepto importante en la teoría de Jung es la existencia de dos
tipos básicos distintos de personalidad, actitud mental y función
psíquica dominante: la extraversión y la introversión. Cuando la libido y
el interés general se vuelven hacia las personas y los objetos del
mundo exterior, se dice que la persona en cuestión es extrovertida.
Cuando se da la tendencia contraria, y la libido y los intereses se
centran en el propio individuo, se habla de personalidad introvertida.
En una persona completamente normal esas dos tendencias se alternan, sin
que ninguna de ellas predomine sobre la otra, pero la libido suele
tener preferencia por una de ellas, por lo que los dos tipos de
personalidad son fácilmente reconocibles.
Jung rechazó la distinción freudiana entre el yo y el superyó, pero
reconoció una parte diferenciada de la personalidad, con ciertas
similitudes con el superyó, a la que denominó persona (máscara en
griego), que consiste en lo que aparentamos frente a los demás, en
oposición a lo que en realidad somos. La persona es el rol que los
individuos eligen representar en la vida, la impresión global que desean
transmitir de sí mismos en el mundo social exterior.
Alfred Adler:
Alfred Adler, otro de los discípulos de Freud, se diferenció tanto de
éste como de Jung al acentuar la importancia que en la motivación humana
tiene el sentimiento de inferioridad,
que comienza desde el momento en
que el niño es consciente de la existencia de otros más capaces de
cuidar de sí mismos y de dominar su entorno. Desde que aparece el
sentimiento de inferioridad, el niño trata de superarlo, debido a lo
intolerable que le resulta, ya que puede ocasionar el descontrol de los
mecanismos compensatorios organizados por la estructura psíquica,
determinando actitudes neuróticas egocéntricas, sobrecompensaciones e,
incluso, la huida del mundo real y sus problemas.
Adler hizo hincapié en que los sentimientos de inferioridad nacen de las
que él consideraba las tres relaciones más importantes: las que el
individuo mantiene con su trabajo, con los amigos y con su objeto amado.
El intento de evitar el sentimiento de inferioridad en estas relaciones
conduce al individuo a adoptar objetivos vitales poco realistas, que a
menudo se manifiestan como una voluntad poco razonable de poder y
dominio, que conduce a diversos tipos de comportamiento antisocial,
desde la intimidación y la presunción a la tiranía política. Adler creía
que el análisis podía fomentar un sentimiento sano y razonable de
pertenencia a la comunidad, más constructivo que destructivo.
Otto Rank:
Otro discípulo de Freud, Otto Rank, introdujo una nueva teoría de la
neurosis, atribuyendo todas las perturbaciones neuróticas al trauma
inicial del nacimiento.
En sus últimas investigaciones describe el
desarrollo individual como una progresión desde la absoluta dependencia
de la madre y de la familia a la independencia física, que va unida a la
dependencia intelectual del entorno social, llegando finalmente a
completarse la emancipación intelectual y afectiva del individuo. Rank
también daba gran importancia a la voluntad, definida como la
organización y la integración positivas de la personalidad que utiliza
de forma creativa los impulsos instintivos, al tiempo que los controla e
inhibe.
Otras escuelas psicoanalíticas:
Las últimas innovaciones a la teoría psicoanalítica que merecen mención
son las de los psicoanalistas Erich Fromm, Karen Horney y Harry Stack
Sullivan. Las teorías de Fromm hacen especial hincapié en la idea de que
el individuo y la sociedad no son fuerzas opuestas ni separables, en
que la naturaleza de la sociedad viene determinada por su pasado
histórico, y en que las necesidades y deseos de las personas están en
gran medida determinados por su contexto social. Como resultado de este
punto de vista, Fromm creía que el problema fundamental de la psicología
y del psicoanálisis no era resolver los conflictos entre los fijos e
inamovibles impulsos instintivos del individuo y las exigentes e
inamovibles leyes y normas sociales, sino armonizar y comprender las
relaciones entre ambos. Fromm también hizo hincapié en la importancia
que tiene para los individuos desarrollar la capacidad de usar
plenamente su potencial perceptivo, emocional e intelectual.
Horney trabajó básicamente en el terreno de la psicoterapia (en concreto
con las neurosis), en el que estableció una distinción básica entre
situación neurótica y carácter neurótico. La primera nace de la ansiedad
asociada a un conflicto simple, como la necesidad de enfrentarse a una
decisión difícil. Aunque pueda paralizar al individuo temporalmente,
haciéndole imposible pensar o actuar eficazmente, tales neurosis no
están profundamente enraizadas. Por el contrario, la personalidad
neurótica posee, debido a su carácter, una ansiedad y una hostilidad
básicas fruto de la carencia afectiva en la infancia.
Por último, Sullivan creía que todo el desarrollo podía describirse
exclusivamente en términos de las relaciones con los otros. Los
distintos tipos de personalidades, así como los síntomas neuróticos, se
explican como resultado del combate contra la ansiedad que nace de las
relaciones con los demás, actuando como un sistema de seguridad que se
mantiene con el propósito de mitigarla.
Melanie Klein:
Otra importante escuela de pensamiento psicoanalítico, especialmente en
Europa y Latinoamérica, es la conocida como ‘escuela inglesa’, que se
basa en las enseñanzas de esta autora británica, provenientes
básicamente de sus observaciones del psicoanálisis infantil.
Klein postuló la existencia de complejas fantasías inconscientes en los
niños, incluso de menos de seis meses
, cuya principal fuente de ansiedad
es la amenaza sobre la propia existencia por el instinto de muerte.
Dependiendo de cómo se materialicen las representaciones concretas de
las fuerzas destructivas en la vida inconsciente fantaseada por el niño,
aparecerían dos primeras actitudes básicas que Klein denominó ‘posición
paranoide’ y ‘posición depresiva’. En la paranoide, la defensa del yo
se realiza proyectando los objetos internos peligrosos hacia algún
elemento exterior que los represente, elemento que pasará a considerarse
como una amenaza procedente del mundo exterior. En la depresiva, el
objeto amenazador es introyectado, es decir, retenido dentro del propio
individuo, con lo que aparecen los síntomas de la depresión y de la
hipocondria. Aunque hay serias dudas de que tales complejos infantiles
actúen realmente en la mente del niño, estas observaciones han tenido
bastante importancia en el desarrollo de la psiquiatría y la psicología
de las fantasías inconscientes, delirios paranoides y teorías vinculadas
en general con las primeras relaciones objetales.
El psicoanálisis en el ámbito hispano:
En España, la favorable acogida de la obra de Freud propició la rápida
asimilación de la corriente psicoanalítica a principios del siglo XX.
Tras la Guerra Civil española, diversos profesionales tuvieron que
exiliarse a Latinoamérica, éxodo que se vería compensado a finales de la
década de 1970 con la llegada a España de numerosos psicólogos y
psicoanalistas, que contribuirían a la consolidación de esta ciencia. En
Latinoamérica, el país en el que el psicoanálisis ha tenido una mayor
implantación es Argentina
, con figuras de la talla de Arminda
Aberasturi, introductora de la escuela inglesa de psicoanálisis en su
país, y Enrique Pichón Rivière. El psicoanálisis ha tenido también una
gran difusión en otros países como Chile, México y Venezuela. Destacados
psicólogos en el ámbito hispano son también el español de origen cubano
Emilio Mira y López o el argentino David Liberman.