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Estudio del psicoanálisis y psicología

LA PERSONIFICACIÓN EN EL JUEGO DE LOS NIÑOS (1929)



LA PERSONIFICACIÓN EN EL JUEGO DE LOS NIÑOS (1929)

En un trabajo anterior ("Principios psicológicos del análisis infantil")
relaté algunos de los mecanismos fundamentales que encontré en el análisis
de niños. Señalé que el contenido especificó de sus juegos, que se repite
constantemente o recurre a las formas más variadas, es idéntico al núcleo
de las fantasías masturbatorias, y que es una de las principales funciones del
juego infantil proporcionar una descarga de estas fantasías. Discutí después
la considerable analogía que existe entre los medios de representación
usados en el juego y en los sueños, y en la importancia de la realización de
deseos en ambas formas de la actividad mental. También llamé la atención
hacia un mecanismo importante en los juegos en que el niño inventa y asigna
diferentes "personajes". El objeto del presente trabajo es discutir este
mecanismo en mayor detalle, y también ilustrar con ejemplos de diferentes
tipos de enfermedad la relación entre los "personajes" o personificaciones
introducidas por los niños en el juego y los elementos de realización de
deseos.
Hasta el presente mi experiencia es que los niños esquizofrénicos no
son capaces de practicar juegos en el verdadero sentido de la palabra.
Ejecutan ciertas acciones monótonas y es un trabajo laborioso penetrar a
través de ellas hacia el inconsciente. En caso de tener éxito encontramos
que la realización de deseo asociada a esas acciones es preeminentemente la
negación de la realidad y una inhibición de la fantasía. En estos casos
extremos no se logran las personificaciones.
Mi pequeña paciente Erna, de 6 años de edad, presentaba al
comienzo del tratamiento una grave neurosis obsesiva que enmascaraba una
paranoia que fue revelada después de considerable cantidad de análisis.
Erna en su juego me hacía representar a la hija mientras ella hacia de madre
o maestra. Yo entonces tenía que padecer fantásticas torturas y
humillaciones. Si en el juego alguien me trataba bondadosamente,
generalmente resultaba que esta bondad era sólo fingida. Los rasgos
paranoicos se manifestaban en que yo era constantemente espiada, mis
pensamientos eran adivinados y el padre o la maestra se aliaban con la
madre en contra mía. De hecho estaba constantemente rodeada de
perseguidores. Yo misma en el rol de la niña tenía que espiar y torturar
continuamente a los otros. Frecuentemente Erna misma representaba el
papel de niña. Entonces en general su juego terminaba escapando ella a las
persecuciones (en estas ocasiones la "niña era buena") haciéndose rica y
poderosa, transformada en reina y vengándose cruelmente de sus
perseguidores. Luego que se agotaba su sadismo en estas fantasías
aparentemente exentas de inhibiciones (esto sucedió después de un tiempo
de análisis), venía la reacción en forma de profunda depresión, ansiedad y
agotamiento corporal. Entonces su juego reflejaba la incapacidad de
soportar esa tremenda opresión, manifestándose en una serie de síntomas
graves 1 . En las fantasías de esta niña todos los roles utilizados entraban en
una fórmula: dos partes principales, el superyó perseguidor y el ello o yo,
según el caso, amenazados, pero de ninguna manera menos crueles.
En estos juegos la realización de deseos radicaba principalmente en el
esfuerzo de Erna para identificarse con la parte más fuerte, para dominar así
su miedo a la persecución. El yo fuertemente presionado trataba de influir o
engañar al superyó para impedir su triunfo sobre el ello. El yo trataba de
poner al ello muy sádico al servicio del superyó y combinar a ambos en la
lucha contra un enemigo común. Esto requería el amplio uso de
mecanismos de proyección y desplazamiento. Cuando Erna representaba el
papel de madre cruel, la niña mala era el enemigo. Cuando ella misma era la
niña perseguida, pero que se transformaba rápidamente en poderosa, el
enemigo estaba representado por padres malvados. En cada caso existía un
motivo que el yo trataba de hacer plausible ante el superyó, para entregarse
a un sadismo sin restricciones. En función de este "bloque" el superyó
debía tomar medidas contra el enemigo como si fuera contra el ello. No
obstante el ello continuaba buscando secretamente su gratificación
predominantemente sádica dirigida contra los objetos primarios. Con esas
satisfacciones narcisistas logradas por el yo en sus victorias sobre los
enemigos tanto internos como externos, también apaciguaba al superyó y
así era de considerable valor para la disminución de la angustia. Esta alianza
entre las dos fuerzas puede, en casos menos extremos, ser de relativo éxito:
puede pasar inadvertida para el mundo externo o no conducir a una
enfermedad, pero en el caso de Erna se derrumbó completamente a causa
del excesivo sadismo, tanto del ello como del superyó. Por consiguiente el
yo se asociaba con el superyó y trataba, castigando al ello, de extraer cierta
gratificación, pero esto, a su vez, se convertía inevitablemente en un
fracaso. Se presentaban repetidamente intensas reacciones de angustia y
remordimiento que mostraban que ninguna de las contradictorias
realizaciones de deseos podía mantenerse en pie por mucho tiempo.
El ejemplo siguiente muestra cómo dificultades análogas a las de Erna
fueron manejadas en formas distintas en ciertos aspectos. Jorge, de seis
años de edad, me traía durante meses una serie de fantasías en las que él,
como líder poderoso de una banda de cazadores salvajes de animales
feroces, luchaba, conquistaba y mataba cruelmente a sus enemigos, que a
su vez tenían animales feroces para defenderse. Los animales eran entonces
devorados. La lucha nunca terminaba porque siempre aparecían nuevos
enemigos. En el curso del análisis de este niño se revelaron, no sólo rasgos
neuróticos, sino también rasgos marcadamente paranoicos. Jorge se sentía
siempre conscientemente 2 rodeado y amenazado (por magos, brujas y
soldados), pero, al contrario de Erna, trataba de defenderse de ellos con el
auxilio de figuras que le ayudaban, aunque eran por cierto seres muy
fantásticos. Su realización de deseos en la fantasía era, hasta cierto punto,
análoga a la del juego de Erna. En el caso de Jorge también el yo trataba de
alejar la ansiedad, identificándose con el partido más fuerte, a través de
fantasías de ser poderoso. También Jorge trataba de convertir el enemigo en
un enemigo "malo", para apaciguar al superyó. Sin embargo, en él el
sadismo no era un factor tan abrumador como en Erna y así el sadismo
primario subyacente a su angustia quedaba menos astutamente disimulado.
Su yo se identificaba más íntegramente con el ello y estaba menos dispuesto
a hacer concesiones al superyó. Mantenía alejada la angustia por una
marcada exclusión de la realidad 3 . La realización de deseos predominaba
claramente sobre el reconocimiento de la realidad; una tendencia que es,
para Freud, uno de los criterios de psicosis. El hecho de que en las
fantasías de Jorge algunos papeles eran representados por figuras
protectoras, distinguía ese tipo de personificaciones de las del juego de
Erna. En sus juegos se representaban tres partes principales: la del ello y las
del superyó en sus aspectos persecutorios y protectores.
El juego de un niño con una grave neurosis obsesiva puede
ejemplificarse con el juego de mi pequeña paciente Rita, de dos años y
nueve meses. Después de un ceremonial típicamente obsesivo, arropaba su
muñeca para dormir y ponía un elefante junto a la cama de la muñeca. El
elefante debía impedir que "la niña" se levantara, porque si no ésta se
introduciría a hurtadillas en el dormitorio de los padres para hacerles daño o
quitarles algo. El elefante (imago del padre) ejercía el rol de una figura que
impide. En la mente de Rita su padre, por introyección, había ejercido este
rol "del que impide" desde que ella, entre los quince meses y hasta los dos
años, había deseado usurpar el lugar de su madre con él, robar el niño con
que la madre estaba embarazada y lastimar y castrar a ambos padres. La
reacción de rabia y ansiedad que se producía cuando "la niña" era castigada
en el juego, muestra que en la mente de Rita actuaban ambos papeles: el de
la autoridad que infligía el castigo y el del niño que lo recibía. La única
realización de deseos aparente en este juego residía en que el elefante
conseguía por un tiempo impedir que "la niña" se levantara. Habla sólo dos
personajes principales: el de la muñeca que representaba el ello, y el del
elefante que representaba el superyó. La realización de deseos consistía en
la derrota del ello por el superyó. Y este cumplimiento de deseo y la
adjudicación de la acción a dos "personajes" es interdependiente, ya que
este juego representa la lucha entre el superyó y el ello que en las neurosis
graves domina casi íntegramente los procesos mentales. En los juegos de
Erna también vimos estas mismas personificaciones consistentes en la
influencia de un superyó dominador y la ausencia de imagos protectoras.
Pero mientras en el juego de Erna la realización de deseos residía en la
alianza con el superyó, y en el de Jorge principalmente en el desafío del ello
al superyó (por medio del aislamiento de la realidad), en Rita consistía en la
derrota del yo por el superyó. Es por el trabajo analítico hecho previamente
que fue posible esta supremacía apenas mantenida del superyó. La excesiva
severidad del superyó impedía al principio toda fantasía y no fue hasta que
el superyó se hizo menos severo que Rita empezó a hacer fantasías en
juegos como el arriba descrito. En comparación con la etapa anterior en la
cual el juego estaba completamente inhibido, esto fue un progreso, porque
ahora el superyó no amenazaba meramente de manera terrorífica y sin
sentido, sino que trataba de impedir con amenazas las acciones prohibidas.
El fracaso de la relación entre el superyó y el ello dio lugar a esa supresión
forzosa de los instintos que consume toda la energía del sujeto y es
característica de graves neurosis obsesivas en adultos 4 . Consideremos
ahora un juego que se originó en una fase menos seria de neurosis obsesiva.
Más adelante en el análisis de Rita (cuando tenía tres años de edad), un
"juego de viajar" que se desarrolló a través de casi todo el análisis tomó la
siguiente forma. Rita y su oso (que entonces representaba el pene) iban en
el tren a ver a una mujer buena que los iba a entretener y hacerles regalos. Al
principio de esta parte del análisis este final feliz generalmente era
estropeado. Rita quería conducir el tren ella misma y deshacerse del
conductor. El, sin embargo, o rehusaba irse o volvía y la amenazaba.
Algunas veces era una mujer la que impedía el viaje, o cuando llegaban al
final de éste no encontraban una mujer buena, sino una mala. La diferencia
entre la realización de deseos en este juego (por perturbado que esté) y los
ejemplos antes mencionados es evidente. En este juego la gratificación
libidinal es positiva y el sadismo no juega una parte tan preeminente como
en los ejemplos anteriores. Los "personajes", como en el caso de Jorge,
consisten en tres roles principales: el del ello o yo, el de una figura que
ayuda y el de una figura que amenaza o frustra. Las figuras que ayudan son
en general de tipo extremadamente fantástico, como se ve en el ejemplo de
Jorge. En el análisis de un chico de cuatro años y medio aparecía una
"mamá-hada" que solía venir de noche y traer cosas ricas para comer, las
que compartía con el niño. La comida representaba el pene del padre que le
robó en secreto. En otros análisis la "mamá-hada" solía curar con una varita
mágica las heridas infligidas al niño por sus padres crueles, entonces él y
ella juntos mataban cruelmente a estos padres severos.
Llegué a convencerme de que la actuación de tales imagos con
características buenas y malas es un mecanismo general tanto en adultos,
como en niños 5 . Estas figuras representan estadíos intermedios entre el
superyó terriblemente amenazador que está totalmente separado de la
realidad, y las identificaciones que se aproximan a la realidad. Esas figuras
intermedias, cuya gradual evolución hacia los padres protectores (que
también están más cerca de la realidad) puede ser constantemente
observada en el juego analítico, me parecen muy instructivas para nuestro
conocimiento de la formación del superyó. Es mi experiencia que en el
principio del conflicto edípico y en el comienzo de su formación, el
superyó es de carácter tiránico, formado sobre el esquema de los estadíos
pregenitales entonces predominantes. La influencia de lo genital ya ha
empezado a hacerse sentir, pero al principio es difícilmente perceptible. La
evolución ulterior del superyó hacia la genitalidad depende en última
instancia de si las fijaciones orales predominantes tomaron la forma de
succionar o de morder. La primacía de la fase genital en relación tanto con
la sexualidad como con el superyó requiere una fijación suficientemente
fuerte al estadío oral de succión. Cuanto más progresa el desarrollo del
superyó y de la libido de los niveles pregenitales hacia el nivel genital, tanto
más se aproximan a las figuras de los padres reales las identificaciones
fantásticas de gratificación de deseos (cuyo origen es la imagen de una
madre que provee gratificación oral.) 6 Las imagos adoptadas en estas fases
tempranas del desarrollo del yo llevan el sello de los impulsos instintivos
pregenitales aunque estén estructuradas en realidad sobre la base de los
objetos edípicos reales. Estos niveles tempranos son responsables de las
imagos fantásticas que devoran, cortan y dominan en las cuales vemos una
mezcla de varios impulsos pregenitales. Siguiendo la evolución de la libido
estas imagos son introyectadas bajo la influencia de puntos de fijación
libidinal. Pero el superyó en su totalidad está hecho de varias
identificaciones adoptadas en los diferentes niveles de desarrollo cuyo sello
llevan. Cuando comienza el período de latencia, termina el desarrollo tanto
del superyó corno de la libido 7 . Ya durante el proceso de su
construcción el yo emplea sus tendencias de síntesis tratando de formar una
totalidad de estas identificaciones parciales; cuanto mas externas y
contrastantes las imagos tanto menos brillante será la síntesis y tanto más
difícil será mantenerlas. La influencia excesivamente fuerte ejercida por esos
tipos extremos de imagos, la intensidad de la necesidad de figuras
bondadosas opuestas a las amenazadoras, la rapidez con la cual los aliados
pueden transformarse en enemigos (que también es la razón por la cual la
realización de deseos en el juego se quiebra tan frecuentemente), todo eso
indica que el proceso de sintetizar las identificaciones ha fallado. Este
fracaso se manifiesta en la ambivalencia, la tendencia a la ansiedad, la falta
de estabilidad con que ésta puede ser derrumbada, y la defectuosa relación
hacia la realidad característica de los niños neuróticos 8 . La necesidad de
una síntesis de superyó surge de la dificultad experimentada por el sujeto en
llegar a un acuerdo con el superyó formado de imagos de estas naturalezas
opuestas 9 . Cuando comienza el período de latencia se incrementan las
exigencias de la realidad, el yo hace aun mayores esfuerzos para obtener
una síntesis del superyó, para que sobre esta base se llegue a un equilibrio
entre el superyó, el ello y la realidad. Llegué a la conclusión de que esta
disociación del superyó en sus identificaciones primarias introyectadas en
los diferentes estadíos del desarrollo es un mecanismo análogo a la
proyección, con la que está estrechamente conectado. Creo que estos
mecanismos (disociación y proyección) son un factor principal en la
tendencia a la personificación en el juego. Por medio de ellos la síntesis del
superyó, que sólo puede ser mantenida con mayor o menor esfuerzo, puede
ser abandonada por el momento y, además, disminuye la tensión de tener
que mantener la tregua entre el superyó como un todo y el ello. El conflicto
intrapsíquico se hace así menos violento y puede ser desplazado hacia el
mundo externo. El placer así obtenido se incrementa cuando el yo descubre
que este desplazamiento hacia el mundo externo le proporciona diversas
pruebas reales de que los procesos psíquicos, con su catexia de ansiedad y
culpa, pueden tener un resultado favorable y puede reducirse la ansiedad.
He mencionado ya que el juego revela la actitud del niño hacia la
realidad. Quiero aclarar ahora cómo la actitud hacia la realidad está
emparentada con los factores de realización de deseos y personificación,
que usamos hasta aquí como criterio de la situación mental.
En el análisis de Erna, fue imposible durante mucho tiempo establecer
una relación con la realidad. Parecía no existir un puente sobre el abismo
que separaba la madre real, cariñosa y amante, y las monstruosas
persecuciones y humillaciones que "ella" infligía a la niña en el juego. Pero
cuando el análisis llegó al punto en que los rasgos paranoicos se hicieron
más prominentes, apareció un mayor número de detalles que reflejaron a la
madre real en forma grotescamente distorsionada. Al mismo tiempo se
reveló la actitud de la niña hacia la realidad, que había estado por cierto muy
distorsionada. Con una capacidad notablemente aguda de observación,
Erna captaba los detalles de las acciones y motivos de los que la rodeaban,
pero de una manera irreal los incluía en su sistema de ser perseguida y
espiada. Por ejemplo, creía que las relaciones sexuales entre sus padres
(que imaginaba realizarse invariablemente cuando los padres estaban solos)
y todas las muestras de afecto mutuo eran principalmente promovidas por
el deseo de su madre de causarle celos a ella (Erna). Ella suponía los
mismos motivos en todos los placeres de su madre, y en realidad en el goce
de cualquiera, especialmente de mujeres. Usaban bonitos vestidos para
causarle disgustos, etc. Pero era consciente de que había algo raro en esas
ideas y tomaba grandes precauciones para mantenerlas secretas.
En el juego de Jorge el aislamiento de la realidad era como ya dije
considerable. También el juego de Rita, en la primera parte del análisis,
cuando las imagos amenazantes y punitivas eran predominantes, mostraba
apenas una relación con la realidad. Consideremos ahora esta relación
en la segunda parte del análisis de Rita. La podemos considerar como típica
de niños neuróticos incluso bastante mayores que Rita. En el juego de este
período apareció, en contraste con la actitud de niños paranoicos, la
tendencia a reconocer la realidad sólo en la medida en que se relacionaba
con las frustraciones que había sufrido y de las que nunca se había
recuperado.
Podernos comparar aquí el intenso apartamiento de la realidad
revelado en el juego de Jorge. Esto le proporcionaba una gran libertad en
sus fantasías liberadas del sentimiento de culpa sólo porque estaban tan
alejadas de la realidad. En su análisis, cada paso adelante hacia la
adaptación a la realidad implicaba la movilización de grandes cantidades de
ansiedad y mayor represión de fantasías. Siempre era un gran progreso en el
análisis 10 cuando a su turno se levantaba esta represión, se liberaban las
fantasías y se vinculaban más con la realidad. En niños neuróticos
existe un "compromiso", se reconoce una cantidad limitada de la realidad y
se niega el resto. Al mismo tiempo existe intensa represión de las fantasías
masturbatorias, inhibidas por el sentimiento de culpa, y el resultado de esto
es la inhibición del juego y del aprendizaje común en niños neuróticos. El
síntoma obsesivo en el que se refugian (primero en el juego) refleja el
compromiso entre la intensa inhibición de las fantasías y la defectuosa
relación con la realidad, y sobre esta base permite sólo formas muy
limitadas de gratificación.
El juego de niños normales muestra un equilibrio mejor entre la
fantasía y la realidad.
Resumiré ahora las diferentes actitudes hacia la realidad en el juego de
niños que sufren diversos tipos de enfermedad. En las parafrenias existe
una gran represión de la fantasía y alejamiento de la realidad. En niños
paranoicos cuya relación con la realidad está subordinada a las vívidas
elaboraciones de la fantasía, el equilibrio entre ambas se inclina hacia el lado
de la irrealidad. Las experiencias representadas por los niños neuróticos en
sus juegos están obsesivamente coloreadas por su necesidad de castigo y
su miedo a un resultado desgraciado. En cambio los niños normales son
más capaces de manejar la realidad de manera mejor. Su juego muestra que
tienen mayor poder de influir y vivir la realidad de acuerdo con sus
fantasías. Además, cuando no pueden alterar la situación real, son más
capaces de soportarla, porque su fantasía más libre les proporciona un
refugio, y también porque la mayor descarga que poseen para sus fantasías
masturbatorias en forma ego-sintónica (juego y otras sublimaciones) les da
mayores oportunidades de gratificación.
Examinemos ahora las relaciones entre la actitud hacia la realidad y
los procesos de personificación y realización de deseos. En el juego de
niños normales estos procesos testimonian una mayor y más duradera
influencia de las identificaciones originadas en el nivel genital. En la medida
en que las imagos se aproximan a los objetos reales, se hace más marcada
una buena relación con la realidad (característica de personas normales).
Las enfermedades (psicosis y neurosis obsesivas graves) que se
caracterizan por una relación perturbada o desplazada hacia la realidad, son
también aquellas en las que la realización de deseos es negativa y se
representan en el juego personajes sumamente crueles. Traté de demostrar
con estos hechos que aquí predomina un superyó que está en las primeras
etapas de su formación, y extraigo esta conclusión: la primacía de un
superyó terrorífico que ha sido introyectado en los estadíos más tempranos
del desarrollo del yo, es un factor básico en el trastorno psicótico.
En este trabajo discutí la importante función del mecanismo de
personificación en el juego de los niños. Tengo que señalar ahora el
significado de este mecanismo en la vida mental de los adultos. Llegué a la
conclusión de que es la base de un fenómeno de grande y universal
significado, esencial también para el trabajo analítico, tanto en niños como
en adultos, a saber, de la transferencia. Si la fantasía de un niño es
suficientemente libre, adjudicaría al analista, durante su juego en el análisis,
los roles más variados y contradictorios. Por ejemplo, me hará representar
el papel del ello, porque en esta forma proyectada, sus fantasías pueden
tener una descarga sin inspirar tanta ansiedad. Así el niño Gerald, para el
que representé a la "mamá-hada" que le traía el pene de su padre, me hacía
representar repetidamente el papel de un niño que se introducía durante la
noche en la jaula de una "mamá-leona", la atacaba, le robaba sus cachorros,
los mataba y se los comía. Después él mismo era la leona que me descubría
y me mataba de manera muy cruel. Los roles alternaban de acuerdo con la
situación analítica y el monto de angustia latente. En un período posterior,
por ejemplo, el niño mismo representaba el papel de "hombre malvado" que
penetraba en la jaula del león, y me hacía representar a la cruel leona. Pero
en esta ocasión los leones eran rápidamente reemplazados por una
protectora "madre-hada" cuyo papel también tenía yo que representar. En
ese entonces el niño ya era capaz de representar él mismo al ello (lo que
indicaba un progreso en su relación con la realidad) porque su ansiedad
había disminuido hasta cierto punto, como estaba demostrado por la
aparición de la "madre-hada".
Vemos entonces que el debilitamiento del conflicto o su
desplazamiento al mundo externo, por medio de mecanismos de
disociación y proyección, es uno de los principales incentivos para la
transferencia y una fuerza propulsora en el trabajo analítico. Una mayor
actividad de la fantasía y una más abundante y positiva capacidad para la
personificación son además el prerrequisito para una mayor capacidad de
transferencia. El paranoico posee, es cierto, una rica vida de fantasías, pero
el hecho de que en la estructura de su superyó predominen las
identificaciones crueles y ansiógenas, es la causa de que los personajes que
inventa sean predominantemente negativos y susceptibles sólo de reducirse
a rasgos rígidos de perseguidor y perseguido. En la esquizofrenia, según
creo, falla la capacidad para la personificación y la transferencia, entre otras
razones, por el funcionamiento defectuoso de los mecanismos de
proyección. Esto interfiere con la capacidad para establecer o mantener la
relación con la realidad y el mundo externo.
De la conclusión de que la transferencia está basada sobre el
mecanismo de representación de personajes, extraje una sugerencia para la
técnica. Ya he mencionado el cambio tan frecuentemente rápido del
enemigo al amigo, de la madre mala a la buena. En tales juegos que implican
la personificación este cambio se observa constantemente después de la
liberación de montos de ansiedad como consecuencia de las
interpretaciones. Pero como el analista asume los roles hostiles requeridos
para la situación del juego y los somete así al análisis, se produce un
constante progreso en el pasaje de las imagos que inspiran ansiedad hacia
las identificaciones más benévolas de mayor aproximación a la realidad. En
otras palabras: uno de los fines principales del análisis -la modificación
gradual de la severidad del superyó- se logra tomando el analista los roles
que en la situación analítica le asignan.
Esta afirmación expresa meramente lo que sabemos: es una necesidad
en el análisis de adultos, a saber, que el analista sea simplemente un medio
en relación con el cual se pueden activar las diferentes imagos y revivir las
fantasías para poder ser analizadas. Cuando en su juego el niño le asigna
directamente cierto rol, la tarea del analista de niños es clara. Por supuesto
que asumirá o por lo menos dará la impresión de simular, los roles que le
son asignados 11 , porque de no ser así interrumpirá el progreso del trabajo
analítico. Pero sólo en ciertas fases del análisis de niños, y tampoco
invariablemente, llegamos a la personificación en esta forma manifiesta.
Mucho más frecuentemente, tanto en niños como en adultos, tenemos que
inferir de la situación analítica y del material, los detalles del rol hostil que
nos es atribuido, y que el paciente indica a través de la transferencia
negativa. Ahora bien, lo que es cierto de la personificación en su forma
manifiesta lo encontré también indispensable en las formas más encubiertas
y oscuras de las personificaciones subyacentes en la transferencia. El
analista que desea penetrar hasta las más tempranas y angustiantes imagos o
sea llegar a las raíces de la severidad del superyó, no debe tener ninguna
preferencia por un rol particular; debe aceptar lo que surja de la situación
analítica.
Como conclusión, deseo decir algunas palabras sobre la terapia. En
este trabajo traté de mostrar que la angustia más intensa y apremiante
procede del superyó introyectado en un estadío muy temprano del
desarrollo del yo, y que la supremacía de este superyó temprano no es un
factor fundamental en la génesis de la psicosis.
Mi experiencia me convenció de que con la ayuda de la técnica del
juego es posible analizar en niños pequeños y mayores las fases tempranas
de la formación del superyó. El análisis de estos estratos disminuye la
angustia más intensa y abrumadora y abre así el camino para el desarrollo
de las imagos bondadosas originadas en el estadío oral de succión y de ahí
para lograr la primacía genital en la sexualidad y en la formación del
superyó. De esta manera podemos entrever una buena perspectiva para el
diagnóstico 12 y curación de psicosis en la infancia.