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Estudio del psicoanálisis y psicología

La epistemología



La epistemología, que va detrás de la vida, nos ha enseñado que los límites entre disciplinas no son tal claros como parecían. No es simple responder ¿qué le incumbe a cada disciplina?. Las relaciones entre campos de conocimientos nos muestran cada ves que son interpenetradas y las junturas bastante complejas. Podríamos dar un ejemplo relativamente sencillo, la elaboración del material que se refiere a un conflicto matrimonial o un conflicto con los hijos, en el curso de un tratamiento individual incide en sistemas totalmente exteriores al cam-po clínico a nuestro alcance, no solamente por los efectos en las vidas de terceros –lo cual, recordemos, tien-de a negarse por un ideal de neutralidad que es confundido con una asepsia plena -, desencadena una operación micropolítica. Se produce una difusión aleatoria en el medio social.
Los paradigmas de constitución e indagación:
El Dr. Rafael Paz (Zona erógena Nº 12, pág.2. 1992), uno de mis maestros, nos enseñó que el campo analítico es pensable desde dos ejes: 1) Paradigmas de Constitución y 2) Paradigmas de Indagación.
Se refiere a los Paradigmas de Constitución como:
a) Inconsciente. “Agregando de inmediato: pulsional, reprimido y heterogéneo”. “El inconsciente, desde su misma génesis es relacional y erógeno, por lo que el campo analítico . . . tiene como base la reproduc-ción/creación de la relacionalidad originaria”. “El inconsciente nos permite así pensar los tiempos que co-existen en lo potencial, en lo no realizado y por lo tanto el espacio de una dialéctica suspendida cuya posi-bilidad de concreción y/o de repetición es la clínica en transferencia”.
b) Transferencia
Podemos diferenciar diferentes lógicas:
La del amparo/desamparo (desamparo inicial)
La del narcisismo (yo placer purificado, espacialización interior exterior originarias)
La de Edipo/castración (exogamia y diferenciación sexual)
La de sociabilidad abierta.
c) Conflicto:
Es esencialmente a la heterogeneidad a la que hacíamos referencia. Paradigma de referencia constante, des-de lo más simple a las relaciones intra e intersistémicas de las instancias. Afectos o representaciones contras-tantes, hasta lo irreductible de Eros y Tánatos.
Los Paradigmas de Indagación:
a) Indiciario:
Se refiere a las aparentes pequeñeces, que revelan su potencia explicativa a la mirada (y escucha, agrega-mos) experta y la intuición osada. El desentrañar indicios. “Es la herencia de las diversas “lecturas sintomales” en la historia de la cultura: desde los rastros sutiles detectados por el cazador hasta la semiología clínica, pa-sando por las prácticas detectivescas y la autentificación de autorías de obras de arte” (Íbid. Pág. 64). A esto lo encontramos en todo el recorrido de la obra freudiana. Se trata de una excentración, puesto que se rompe con la imponencia de las totalizaciones dominantes, que temen – burocracia al fin – la sospecha instrumentada en la captación de detalles. El secreto juega un papel importante, tanto en el análisis como en sostener situacio-nes de poder. Hoy hablamos mucho de que información es poder.
c) de verosimilitud/verdad:
La clínica psicoanalítica se tensa entre el develamiento y la verdad como resultante de un trabajo. Ambas se encuentran dialécticamente vinculadas, si bien, la manera de concebirlas y el énfasis que se ponga en cada una de ellas mostrará diferencias tanto entre el estilo del analista como la pertenencia a diversas escuelas psicoanalíticas. Creo que lo importante es que la sorpresa, lo sorpresivo pueda ser mutuo, para el analista y el analizando.
Del lado del Saber del analizando correspondería la resistencia. Del lado del Saber del analista, la búsqueda de la verdad. Entre ambas encontramos aquello que Aristóteles definía como verosímil: “conjunto de posibles para los que saben . . .” (Íbid. Pag.65). Es entendible la necesidad preconsciente, como la función de la con-ciencia de hacer un cierre del campo, de su actividad pregnante. Pero de una inteligibilidad pregnante. Esto hace surgir la tentación de oponer saber a verdad. Uno de los aportes fundamentales de Jacques Lacan con-sistió justamente en definir un saber que le es supuesto al analista (Sujeto Supuesto al Saber) como uno de los modos de pensar o definir Transferencia. En este sentido, ese Saber del analista implica una promesa om-nipotente y tiene una raíz de engaño puesto que supone la oferta de contención, sentido y realización. La cuestión esencial es si nos lo creemos, si pensamos que las transferencias se efectúan en nosotros como “personas”, como “personajes”.
Aquí encontramos el largo y trabajoso recorrido de Freud, su amistad con los padres de Dora, de Juanito, etc. Los diversos modos en los que la transferencia actuó como obstáculo, aunque inconsciente, para el mismo Freud.
La verdad es también en el análisis, como en la historia y en la vida social, resultado de una lucha, y tiene por efecto y causa de grandes resistencias una modificación en la posición subjetiva, puesto que se activan las interpelaciones, los llamados más tempranos y se relativizan las respuestas ya aceptadas, consolidadas.
Freud trasciende la moral convencional, la irá relacionando con la crítica, la culpa, la hipocresía social, en últi-ma instancia el masoquismo. La posibilidad que brinda la conjunción de asociar libremente y de hacer una escucha pareja (atención flotante) tiene como efecto, al proponerse la abstención respecto de emitir juicios, algo que podemos llamar una Ética analítica. El pedir asociar libremente, es, como comprenderán, un contra-sentido. El discurso está sobredeterminado. La asociación libre se propone como una meta o fin y en su trans-curso se van produciendo las palabras que van constituyendo un más allá del yo, produciendo un saber acer-ca del inconsciente singular.
La posibilidad de atravesar una experiencia sin estar expuesto a los castigos míticos de la moral: la locura, la ceguera, la muerte. Vivificando los mitos de nuestra historia, que se expresan en el aquí y ahora de una sesión o un tratamiento, es posible desasirse del poder de lo incognoscible y de los magos o amos que lo encarnan. Estas modalidades de esclavitud se fundan en los miedos, la culpa, el amor y el masoquismo.