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Estudio del psicoanálisis y psicología

La sexualidad femenina: Ernest Jones



La sexualidad femenina

Autora: Deborah Fleischer

 Ernst Jones

Ernest Jones (Biografía)

En 1927 Jones piensa que es necesario distinguir entre envidia del pene autoerótica preedípica y la erótica, edípica. Esto es entre envidia y deseo de pene.

Dividirá la fase fálica en protofálica (creencia en un mismo órgano infantil) y deuterofálica (división de ambos sexos entre fálicos y castrados)

Piensa que la segunda fase sería una defensa de la niña frente a sus deseos edípicos. Afirmará:- “No encuentro razón alguna para dudar acá no menos para las niñas que para los niños, la situación edípica, en la realidad y en la fantasía, es el acontecimiento más determinante de la vida” Añadiendo: “Al principio él los creó macho y hembra”

En el mito bíblico, el principio al que se refiere Jones, una vez conocida la diferencia de los sexos, por haberse abierto los ojos de aquéllos que comieron del árbol de la Sabiduría, desaparece el nombre inicial, Varona, y recién allí, después se la nombra Eva.

Es decir que aún en el mito bíblico hay un momento previo a instituir a la mujer como Eva. Pero dejando el mito de lado, según Jones la fase fálica no es una fase normal del desarrollo del niño ni de la niña. Es un compromiso neurótico. Relación de los sexos con los deseos edípicos.

Ambos, el niño y la niña, desean castrar al padre del mismo sexo. El niño desalojar el pene del padre del interior de la madre, la niña robar el pene del padre.

En 1935, en  La sexualidad femenina precoz, Jones le responde a Freud, quién le objeta que no se puede pensar la envidia del pene como secundaria, porque eso lleva a la pregunta: de dónde se sacaría la energía de esta formación secundaria  defensiva si no se de estos deseos primarios. 

Piensa con Melanie Klein que la represión de la femineidad esta ligada en la niña en su temor y odio a la madre. Dirá entonces que el deseo de un hijo, no es una compensación por la falta de pene, sino que es un deseo femenino en sí mismo.

Introducirá también el concepto de afánisis (1927) a partir de dos preguntas: ¿Qué  en las mujeres corresponde al miedo a la castración en los hombres? y  ¿qué es lo que diferencia el desarrollo de las mujeres homosexuales de las heterosexuales?

Dirá que la amenaza de castración no es más que una amenaza parcial, respecto a la extinción total de la capacidad y goce sexuales en conjunto. En la mujer, siendo por razones “fisiológicas” más dependiente que los hombres que estos de aquellas, para su satisfacción sexual, temerán la afánisis bajo la forma de separación, de donde deriva el temor de ser abandonadas. Con respecto a la segunda pregunta, dirá que las homosexuales femeninas se dividen entre las que conservan cierto grado de interés por los hombres, pero quieren ser consideradas como uno de ellos(abandonan su sexo pero conservan su objeto, la mujer se identifica con el padre, buscando que le reconozcan su virilidad) y un segundo grupo: mujeres que no se interesan por el hombre, las mujeres representan para ellas su propia femineidad de la que no pueden gozar directamente, abandonan al padre como objeto, después de haberse identificado con él.

La pareja representa su femineidad proyectada y satisfecha por el objeto interno (padre) incorporado. Piensa así Jones que el estadio fálico es una defensa de las mujeres homosexuales, depende de la identificación en relación al sadismo del estadio oral.

La identificación al padre es común a todas las formas de homosexualidad. Es una forma de defensa más completa que la culpabilidad por el peligro a la afánisis que suscita la no  satisfacción de los deseos incestuosos.

Comparte así la posición de Karen Horney, sólo que ésta explicaba por la decepción lo que Jones explica por la afánisis.

No todas las mujeres se hacen homosexuales y esto es explicado por Jones, al igual que por Melanie Klein en relación a lo constitucional, en Melanie Klein monto de pulsión de muerte, en Jones erotismo oral y sadismo muy desarrollados.

Según Jones, hay una inevitable decepción de la niña con respecto a su deseo genital lo que engendra en la muchacha su temor a la afánisis, es decir la desaparición del deseo como tal. Debemos recordar, sin embargo, que para Freud no hay posibilidad de desaparición del deseo, por el desencuentro entre placer esperado y placer logrado, o para decirlo de otra manera, porque no hay posibilidad del encuentro del sujeto con su objeto. De esta manera Jones desconoce que un deseo que no se satisface no desaparece sino por el contrario es la insatisfacción la que sostiene el deseo y esto es por estructura.

En relación al Complejo de Edipo sostendrá que hay algo que impide la unión incestuosa: la afánisis. Hay por lo tanto dos salidas posibles: si la mujer  renuncia al objeto, puede retener el sexo. Si renuncia a su sexo, o lo invierte, es para poder tener su objeto. La homosexualidad es explicada así: en vez de renunciar a su objeto-libido( el padre) renuncia a su sujeto- libido (su sexo).. La identificación es de esta manera la forma de retener el objeto.

Freud no postula un solo órgano, el pene, sino que habla de falo. Jones con su fase protofálica de ignorancia o inocencia y su fase deuterofálica en el que el mundo se separa en fálicos y poseedoras de clítoris, sostiene una correspondencia que presupone además el conocimiento temprano de la vagina.. Confunde así una exigencia teórica en una posición misógina.

Para Freud el destino  femenino de la libido queda signado por las vicisitudes que atraviesa el deseo en la fase fálica, en la que el sujeto se reconoce masculino o femenino. La femineidad para Freud es impensable fuera de las identificaciones edípicas, si bien en el caso de la joven homosexual, ubica un segundo tiempo, en la entrada de la pubertad.

Helen Deutsch aparentemente continua la línea freudiana, pero en forma analógica. El pene es el guía y fundamento de la noción de femineidad. Muestra la independencia del orgasmo  vaginal  de cierta idea de maduración.

Jones intenta recuperar la “verdadera femineidad” parta la teoría freudiana en la que el Edipo aparece como desvío o perversión fálica. Hay un ideal de complementariedad que es leíble en la manera que expone el concepto de afánisis.

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