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Estudio del psicoanálisis y psicología

Obras de Winnicott: La formación en psiquiatría infantil: el departamento pediátrico de la psicología 1961


La formación en psiquiatría infantil: el departamento pediátrico de la psicología 1961

El aspecto psicológico de la pediatría tiene en este momento particular importancia a raíz del interés de los médicos en los seres humanos, cuyas enfermedades atrajeron antaño su exclusiva atención. En la actualidad, los estudiantes de medicina pretenden ser iniciados no sólo en las materias médicas, la cirugía y las especialidades, sino también en la psicología dinámica, y así como aprenden la medicina orgánica sobre la base de la anatomía y la fisiología, comienzan a sentir la necesidad de aprender la psicología dinámica sobre la base del psicoanálisis. No se supone que los profesores de medicina orgánica sean capaces de enseñar psicología dinámica, y lo mismo es válido a la inversa. En otras palabras, debe haber especialistas pediátricos en psicología. Es costumbre llamar a estos especialistas "psiquiatras de niños", lo cual es lamentable, pues entre la psiquiatría de niños y la pediatría física hay una relación mucho más estrecha que entre la psiquiatría de niños y la psiquiatría general. En rigor, los psiquiatras se ocupan principalmente de los derrumbes y sus consecuencias, ya que no de los trastornos en sí, debidos a degeneración cerebral y vascular, y en general no saben mucho acerca del desarrollo emocional del bebé y el niño pequeño, o del funcionamiento de los padres, la familia y la escuela. Los propios pediatras han tardado en reconocer que la psiquiatría infantil es en esencia un campo hermanado con la pediatría física, y que es mucho lo que se pierde cuando se establece un departamento de psiquiatría infantil ya sea bajo la égida de la psiquiatría o de la psicología académica o educativa. Hay cabida, desde luego, para toda clase de clínicas, y existen ámbitos en los que se superponen la psiquiatría y la psiquiatría infantil, así como la psiquiatría infantil y la psicología académica. Pero el departamento de pediatría del futuro tendrá que tener un departamento de psicología como una mitad de sí mismo. De este modo el pediatra y el psiquiatra de niños trabajarán juntos, en un pie de igualdad, y cada uno de ellos comprobará complacido que existe un territorio que le pertenece. Esta situación prevaleció en el Hospital Paddington Green desde que quedó subordinado al St. Mary's; antes de esa época, el departamento de psicología era un concepto teórico dentro del departamento de medicina externa general, que existía en virtud de que yo había sido designado médico asistente (luego titular) del Paddington Green en 1923. Mi jubilación, al alcanzar la edad de 65 años, pone sobre el tapete esta cuestión, y quizá justifique el hecho de que el director de esta publicación me haya invitado a escribir el presente comentario, en el que expongo mi opinión personal. Debe enunciarse claramente que, a juicio de los psiquiatras en general, la psiquiatría infantil debe formar parte de la psiquiatría. Esto es lo que sucede en muchas clínicas, donde el control global lo ejerce la psiquiatría, y no sé de ningún caso donde el yugo haya lastimado el cuello del buey. Sin embargo, si ésta fuera la norma general, se perdería mucho que no es conocido por el psiquiatra de adultos y que sólo pueden saber quienes trabajan al mismo tiempo en la pediatría física y psicológica. Para dar un ejemplo, hay gran cantidad de trabajos psicológicos en el campo de la alimentación del bebé, el que sin duda se halla muy lejos de la práctica psiquiátrica general. En lo atinente a la formación en psiquiatría infantil, lo esencial es la pediatría física y el psicoanálisis. No es preciso que todos los psiquiatras de niños estén calificados para practicar la psiquiatría de adultos. Además, esta última tiende a apartarse cada vez más hoy día de los problemas de la naturaleza humana y a encaminarse hacia la exploración de los tratamientos farmacológicos, la bioquímica y las diversas terapias de choque. Nada podría estar más lejos de la psicología pediátrica o del consejo que se le debe dar a una madre que tiene dificultades para destetar a su bebé, o del que se le debe dar a un padre que tiene que decidir si está bien que su hijito se aproveche tanto de su esposa a la hora de ir a la cama que él no la pueda ver nunca, etcétera. No, la psiquiatría infantil es una entidad en sí misma, y pertenece naturalmente al campo de la pediatría física, no al de la psiquiatría. De hecho, por el lado teórico, el psicoanálisis de niños y la práctica de la psiquiatría infantil han contribuido juntos en gran medida al estudio del trastorno psiquiátrico en los adultos, en tanto que la psiquiatría de adultos no ha aportado prácticamente nada a la psiquiatría infantil, ni siquiera una clasificación que tenga valor práctico. Obviamente, la psiquiatría infantil se superpone con la psiquiatría, y en este terreno común no hay motivos para que las dos disciplinas no mantengan relaciones amistosas. En algunas clínicas habrá un tipo de esquema y predominará la psiquiatría, mientras que en otras la pedriatría afirmará que la psiquiatría infantil es esencialmente parte de ella. Así tiene que ser. El factor que provocó el cambio es el enorme avance realizado en las tres últimas décadas en el tratamiento de la enfermedad física, siendo la penicilina el descubrimiento más importante. Hoy es dable ver que el aspecto psicológico de la pediatría es la porción más grande de ésta, aunque pasarán muchos años antes de que la mitad de los pediatras sean psiquiatras de niños, debido a la larga formación adicional necesaria. De esto se desprende que la cátedra universitaria de pediatría tendrá que funcionar en tándem, dando cabida a dos profesores, uno de pediatría física y el otro de pediatría psicológica. Hace mucho que tendría que haberse tomado esta medida. Lo principal, a los fines de la argumentación que aquí expongo, es que no hay cabida para una cátedra en tándem de psiquiatría de adultos y de psiquiatría infantil, pues la afinidad entre estas dos actividades es comparativamente escasa. Una de ellas se refiere a los adultos, y la otra a los bebés y los niños, y a los padres y el cuidado de los niños en general. Al jubilarme, mi única esperanza es que el departamento de psicología del Paddington Green no se pierda para la pediatría. Dado que he trabajado en esto desde 1923, estoy en buenas condiciones de tener una opinión personal, y mi opinión es que se perdería mucho en caso de violar el principio que he enunciado, de modo tal que la psicología pediátrica sea reclamada por la psiquiatría y quede fuera del ámbito de la pediatría. Resumen La psiquiatría infantil es una especialidad por derecho propio, en tanto que la psiquiatría general se ocupa de procesos degenerativos y fenómenos neurológicos que carecen de importancia en un departamento típico de psiquiatría infantil. Ésta se ocupa del desarrollo emocional del niño y de las interferencias con los procesos de maduración provenientes del medio y de los conflictos internos del niño. Esto hace que la psiquiatría infantil sea afín a la pediatría. El psiquiatra general o el pediatra necesitan una formación adicional del tipo de la proporcionada por el psicoanálisis y la psicología analítica. Los institutos correspondientes brindan asimismo los mecanismos de selección. Siempre habrá especialistas en psiquiatría infantil que provengan de la psiquiatría general, pero es importante mantener abierta la ruta que transita a través de la práctica pediátrica.