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Estudio del psicoanálisis y psicología

Las propiedades del sistema Icc (inconsciente)



Aquí hará referencia a las mociones pulsionales y sus modos de representaciones posibles. Veremos con ma-yor profundidad la cuestión pulsiones – representación con Pulsiones y destinos de pulsión. La noción depulsión surge muy tempranamente en Freud, como veremos en el Proyecto, como diferente de un estímulo.
El deseo. La no-existencia de contradicción. La no-existencia de negación. El trabajo del inconsciente como desplazamientos y condensaciones. A esto lo llama proceso psíquico primario (es, además primero, cronológi-camente). Habla de la atemporalidad de los procesos inconscientes, refiriéndose fundamentalmente a su per-durabilidad. La huella mnémica, como veremos “los caminos abiertos de una vez y para siempre” se refieren al deseo inconsciente indestructible. Considera que los procesos Icc no tiene miramiento por la realidad (objetiva, material). Sustituyen la realidad exterior por la psíquica. Deben cumplir los requisitos de la regulación placer – displacer. Esto consistiría en mantener el menor nivel de excitación posible en el sistema. El placer será fun-damentalmente un criterio de tipo energético, el mantenimiento de un cierto nivel de energía en el sistema. En el manuscrito K se hace referencia a “una fuente independiente de displacer”, encontramos allí una cuestión interesante, puesto que placer y displacer proceden de fuentes diferentes. No se trata de que uno se transfor-me en el otro. Veremos que el Principio de Placer consiste fundamentalmente en evitar el displacer. De esto nos ocuparemos en el Proyecto de una Psicología para neurólogos y en los Sueños.
La cuestión del Placer traerá aparejada paradojas, por ejemplo: un elevado monto de excitación puede ser placentero (por ejemplo: estado de excitación sexual). Resolverá esta aparente contradicción proponiendo que lo que es placentero para un sistema es displacentero para otro. Tal vez sería más adecuado hablar de Princi-pio de Displacer que de Principio de Displacer. Puesto que de lo que se trata es de evitar el displacer. Tratándose de una cuestión energética dejamos de lado las críticas de “hedonismo” que se le ha hecho al Psicoanálisis, en el sentido de una búsqueda de placer.

El Comercio entre los dos sistemas.

Se refiere a que el Icc no permanece en reposo, ni tampoco todo se reduce a la represión. Es decir, lo incons-ciente es más basto que lo reprimido. Posteriormente dará gran importancia a lo que desde siempre fue in-consciente (inconsciente primordial). El Icc es considerado un Sistema que se continúa en sus retoños, que son accesibles a las contingencias de la vida e influyen de continuo sobre el Prcc y a su vez está sometido a la influencia de parte de este. Es permanentemente influido por las vicisitudes de la vida.
No es posible establecer una separación límpida, nítida de los dos sistemas psíquicos. En este punto, resalto nuevamente la importancia de los “Aparatos” que construye Freud como posibilidad de posibilitar una repre-sentación (de lo no representable) de estos procesos.
Freud introduce en este punto las formaciones de la fantasía, como mestizas, constituidas por elementos de los dos sistemas. Considera que constituyen la etapa previa a la formación de síntoma o sueños. Tanto en los normales como en los neuróticos. A pesar de tener una alta organización, permanecen reprimidas y no pueden devenir conscientes. Además de esta modalidad de retoño de lo inconsciente (la fantasía), otros tantos retoños son también de alta organización, son las formaciones sustitutivas, que a pesar de tener también una alta or-ganización, si logran establecer una relación favorable con una contrainvestidura Prcc, logran irrumpir en la conciencia. En este sentido, en “La sinopsis de las neurosis de transferencia – ensayo de metapsicología” (Íbid. Pág. 70) establece, como lo hemos mencionado anteriormente, algunas relaciones y diferencias entre síntomas y formaciones sustitutivas. En el punto c) dice que ambas corresponden al retorno de lo reprimido, al fracaso de la represión. Considera de deben tomarse por separado y más tarde confluirán. “Esta confluencia se da, en su forma más completa, en la histeria de conversión, donde la substitución es igual al síntoma; no hay nada más que separar”. (Íbid. Pág. 71). Considera que en la histeria de angustia (fobia), la formación substitutiva posibilita a lo reprimido el primer retorno. En el caso de las neurosis obsesivas la formación substi-tutivas y la formación de síntoma se separan nítidamente. La primera formación substitutiva (de lo reprimente) es suministrada mediante la contrainvestidura, no es un síntoma. “En cambio los posteriores síntomas de la neurosis obsesiva suelen ser de manera preponderante un retorno de lo reprimido, a la vez que la participación en ellos de lo reprimente es menor. La formación de síntomas, de la cual parte nuestro estudio, coincide siempre con el retorno de lo reprimido y acontece con ayuda de la regresión y de las fijaciones predisponentes. Una ley general dice que la regresión retrocede hasta la fijación y que desde allí se impone en retorno de lo reprimido” (Íbid. Págs. 71 – 72). En este trabajo se refiere a la regresión, que considerará como: tópica, formal y temporal. La considera el factor y el destino pulsional más interesante. Considera que en la histeria de angustia no entra en consideración, porque regresa claramente a la histeria de una angustia infantil. En las otras dos es muy diferente: en la histeria de conversión hay una fuerte regresión del yo, de un retorno a la fase en la que no hay división entre preconsciente e inconsciente, es decir, no hay lenguaje no hay censura. Sirve, no obstante la regresión para la formación de síntomas y para el retorno de lo reprimido. En la neurosis obsesiva la moción pulsional se expresa en modo distinto. La regresión es una regresión de libido, no sirve al retorno (de lo reprimido) sino a la represión. Primero como defensa se lleva a cabo una organización regresiva, que no es una inhibición del desarrollo, sólo entonces la organización regresiva y libidinal sufren una típica represión, que, no obstante, permanece sin éxito.
Freud desarrolla el concepto de fijación en su trabajo sobre La Represión. La fijación consiste en la imposibilidad de acceso a la conciencia de un representante de la representación, es decir, de un representante que es el modo de inscripción psíquica de la pulsión. Le llama también agencia representante o representativa de la pulsión. Esto reprimido primario queda excluido de la conciencia y no tiene posibilidades de retorno. En esta represión primaria solamente actúa una fuerza, la contrainsvestidura que desaloja a la representación de la conciencia. Esto permanecerá para siempre inconsciente. Los “retoños”, lo que retorna, son como los brotes de eso reprimido primordialmente. Estos retoños que se expresan en retorno de lo reprimido podrán tener éxito si logran una cierta desfiguración y logran burlar a la censura. La represión es altamente individual y móvil, de manera que un mínimo cambio en las representaciones puede lograr que algunas de estas accedan a la conciencia. La represión secundaria o posrepresión o represión propiamente dicha será la resultante, a diferencia de la primaria, de dos fuerzas: una de la Cc que desaloja y una Icc que atrae hacía sí.
Retomando nuestro desarrollo del comienzo del capítulo, Freud advierte sobre la complejidad de este proceso de devenir consciente, puesto que no se trata de vínculos simples. Considera importante el poder emancipar-nos de la significatividad del síntoma (los sentidos del síntoma), puesto que esta es una “condición de consciente” (Lo inconsciente. Pág.189).
Acerca de un tema de particular interés, la percepción, considera que todos los caminos que van desde la percepción hasta el Icc permanecen expeditos, y sólo los que regresan de él son sometidos a bloqueo de represión. Recordemos que la percepción no “refleja” el objeto ni la realidad.
Finalizando este capítulo hace una consideración de interés: “Una división tajante y definitiva del contenido de los dos sistemas no se establece, por regla general, hasta la pubertad” (Íbid. Pág. 192).