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Estudio del psicoanálisis y psicología

Los escritos técnicos de Freud contin.4



Los escritos técnicos de Freud

Es ambigüo pues hablar del carácter vivido, revivido del trauma, del traumatismo en estado
segundo, histérico. No es porque el discurso esté dramatizado y se presente bajo un
aspecto patético, que el término revivido puede satisfacernos. ¿Qué significa la asunción
por parte del sujeto de sus propias vivencias ?
Ven ustedes, que llevo la cuestión al punto de máxima ambigüedad de lo revivido, es decir,
al estado segundo del sujeto. ¿Pero no sucede exactamente lo mismo en todos los niveles
de la experiencia analítica? En todas partes se plantea la cuestión de saber qué significa el
discurso que obligamos al sujeto a sostener, en el paréntesis de la regla fundamental. Esta
regla le dice: A fin de cuentas, su discurso no tiene importancia. Desde el momento en que
se entrega a este ejercicio, no cree ya por lo tanto en su discurso sino a medias, pues
sabe que está, todo el tiempo, bajo el fuego tupido de nuestra interpretación. La pregunta
se convierte entonces del siguiente modo: ¿Cuál es el sujeto del discurso?
Retomaremos aquí la próxima vez, y trataremos de discutir la significación y alcance de la
resistencia en relación a estos problemas fundamentales.
El yo y el otro yo.
3 de Febrero de 1954
La resistencia y transferencia. El sentimiento de la presencia. Verwerfung (No igual a)
Verdrängung. Mediación y revelación. Las inflexiones de la palabra.
Llegamos la última vez al punto en que nos preguntábamos cuál es la naturaleza de la
resistencia.
Percibieron claramente que, en nuestro modo de abordar este fenómeno de la resistencia
hay ambigüedad, y no sólo complejidad. Múltiples formulaciones de Freud parecen mostrar
que la resistencia emana de lo que ha de ser revelado, es decir de lo reprimido, de lo
verdrängt, o incluso de lo unterdruckt (suprimido).
Los primeros traductores tradujeron unterdrückt por sofocado, que es muy impreciso.
¿Acaso verdrängt y unterdruckt significan lo mismo? No entraremos en estos detalles. Lo
haremos sólo cuando hayamos empezado a ver cómo se establece en la experiencia la
distinción entre estos fenómenos.
Hoy quisiera conducirlos, en los Escritos Técnicos, a uno de esos puntos desde donde se
instaura una perspectiva. Lo que está en Juego, más que manejar un vocabulario, es tratar
de comprender y, con este fin, es preciso ubicarse en un sitio desde el cual las cosas se
ordenen.
Anuncié en la presentación de enfermos del viernes la lectura de un texto significativo;
intentaré pues cumplir con mi promesa.
Hay, en el centro mismo de la recopilación de los escritos llamados técnicos, un texto que
se llama La dinámica de la transferencia(8). Como sucede con todos los textos reunidos en
esta obra, no podemos decir que la traducción nos satisfaga enteramente. Hay
inexactitudes singulares, que bordean los límites de la impropiedad. Algunas son
sorprendentes. Todas se orientan en el mismo sentido: limar las aristas del texto.
Recomiendo encarecidamente a quienes saben alemán que se remitan al texto original.
Les señalo la existencia de un corte en la traducción francesa, un punto en la penúltima
línea que aparece entonces allí sin que se sepa por qué. Para terminar recordemos que
nadie puede ser muerto in absentia o in effigie. La traducción correcta del texto alemán
sería: pues hay que recordar que nadie puede ser muerto in absentia o in effigie(9). Esta
frase está articulada con la anterior. Aislada carece de sentido, mientras que en el texto de
Freud está perfectamente articulada.
Voy a leer el párrafo del artículo que anuncié(10). Se enlaza directamente con ese
importante pasaje de los Studien (11)que ya evoqué, donde se habla de la resistencia
encontrada al aproximarse en sentido radial —como dice Freud— al discurso del sujeto,
cuando éste se acerca a la formación profunda que Freud denomina nódulo patógeno.
Estudiemos un complejo patógeno a veces muy aparente y a veces casi imperceptible...
Yo traduciría más bien —o bien aparente como síntoma o bien imposible de aprehender,
no manifiesto— ya que se trata del modo en que se traduce el complejo, y es de la
traducción del complejo de la que decimos si es aparente o imperceptible(12). No es lo
mismo decir que es el complejo quien es aparente o imperceptible. Hay en la traducción
francesa un desplazamiento que basta para producir una vacilación. Continúo: ...desde su
manifestación en lo consciente hasta sus raíces en el inconsciente, llegamos enseguida a
una región donde la resistencia se hace sentir en forma tan neta que la asociación que
entonces surge lleva su marca- la de esta resistencia- y se nos presenta como un
compromiso entre las exigencias de esta resistencia y la del trabajo de investigación. No
es exactamente la asociación que entonces surge, nächste Einfall, la asociación más
cercana, más próxima, pero, en fin, el sentido está conservado. La experiencia- he aquí el
punto capital- muestra que es aquí donde surge la transferencia. Cuando algo en los
elementos del complejo (en su contenido) es susceptible de vincularse con la persona del
médico, la transferencia se produce, proporciona la idea siguiente, y se manifiesta en
forma de resistencia, de una detención de las asociaciones por ejemplo. Experiencias
semejantes nos enseñan que la idea de transferencia llegó a ser preferida a todas las otras
asociaciones factibles de deslizarse hasta lo consciente, justamente porque satisfacía a la
resistencia. Esta última parte de la frase está subrayada por Freud. Un hecho de este tipo
se reproduce un número incalculable de veces durante un psicoanálisis. Toda vez que nos
acercamos al complejo patógeno, es primero la parte del complejo que puede convertirse
en transferencia la que es impulsada hacia lo consciente, y aquella que el paciente se
empecina en defender con la mayor tenacidad.
Los elementos a destacar en este párrafo son los siguientes.
Primero, llegamos enseguida a una región donde la resistencia se hace sentir en forma
neta. Esta resistencia emana del proceso mismo del discurso, de su aproximación, si me
permiten la expresión. En segundo lugar, la experiencia muestra que es aquí donde surge
la transferencia. En tercer lugar, la transferencia se produce justamente porque satisfacía a
la resistencia. En cuarto lugar, un hecho de este tipo se reproduce un número incalculable
de veces en el transcurso de un psicoanálisis. Se trata sin duda de un fenómeno
perceptible en el análisis. Y esa parte del complejo que se manifestó en forma de
transferencia resulta impulsada hacia lo consciente en ese momento. El paciente se
empecina en defenderla con la mayor tenacidad.
Aparece aquí una nota que destaca el fenómeno en juego, fenómeno, en efecto,
observable a veces con extraordinaria pureza. Esta nota coincide con una observación que
emana de otro texto de Freud: Cuando el paciente calla es muy probable que el
silenciamiento de su discurso se deba a la aparición de algún pensamiento referido al
analista.
Un manejo técnico frecuente, pero que no obstante hemos enseñado a nuestros alumnos
a medir, a refrenar, traduce esto en una pregunta tipo: ¿Sin duda tiene usted alguna idea
que se relacióna conmigo? A veces, esta solicitación cristaliza los discursos del paciente
en algunos comentarios concernientes al aspecto, al rostro, o al mobiliario del analista, o
bien al modo en que el analista lo recibió ese día, etc. Este manejo no carece de
fundamento. Algo de este orden puede ocupar la mente del paciente en ese momento y, al
así focalizar sus asociaciones, pueden obtenerse múltiples cosas. Pero se observa a
veces un fenómeno infinitamente más puro.
En ciertos casos, en el momento en que parece dispuesto a formular algo más auténtico,
más candente que lo que ha conseguido hasta entonces alcanzar, el sujeto se interrumpe
y emite un enunciado que puede ser éste: Súbitamente me doy cuenta de su presencia.
Esto es algo que me ocurrió más de una vez, y que los analistas fácilmente pueden
corroborar. Este fenómeno se establece en conexión con la manifestación concreta de la
resistencia que interviene en la trama misma de nuestra experiencia en función de la
transferencia. Si adquiere un valor selectivo, es porque el sujeto mismo lo siente entonces
como un viraje brusco, un giro súbito que le hace pasar de una vertiente a otra del
discurso, de un acento a otro de la función de la palabra.
Quise colocarlos de entrada ante este fenómeno bien delimitado, que esclarece nuestro
comentario de hoy. Es éste el punto que nos permitirá reanudar nuestros interrogantes.
Antes de seguir este camino, quiero detenerme un momento en el texto de Freud para
mostrar, claramente, hasta qué punto les hablo de lo mismo que él. Es necesario que se
desprendan, por un instante, de la idea que la resistencia es coherente con esa
construcción según la cual el inconsciente está, en un sujeto determinado, en un momento
determinado, contenido y, como suele decirse, reprimido. Cualquiera sea la extensión que
podamos dar ulteriormente al término resistencia, en su conexión con el conjunto de las
defensas, la resistencia es un fenómeno que Freud localiza en la experiencia analítica.
Por ello es importante la breve nota agregada al pasaje que les he leído; Freud pone allí
los puntos sobre las íes.
No habría, sin embargo, que concluir una importancia patogénica... es esto lo que les
estoy diciendo, no se trata de la idea que nos hacemos a posteriori de lo que ha motivado,
en el sentido profundo del término, las etapas del desarrollo del sujeto —...una importancia
patogénica del elemento elegido para la resistencia de transferencia. Cuando durante una
batalla, los combatientes se disputan encarnizadamente la posesión de una capilla o de
una granja, no puede deducirse de ello que la iglesia sea un santuario nacional ni que la
granja esconda los tesoros del ejército. Tales lugares pueden tener un valor tan sólo
táctico, y servir para esa sola batalla.
El movimiento a través del cual el sujeto se confiesa, aparece un fenómeno que es
resistencia. Cuando esta resistencia se vuelve demasiado fuerte, surge la transferencia.
El texto de Freud- es un hecho- no dice fenómeno de transferencia. Si Freud hubiese
querido decir aparece un fenómeno de transferencia lo hubiese dicho. El final del artículo
prueba que esta diferencia es significativa. La última frase, la que comienza:
Reconozcamos que nada es más difícil en análisis que..., se tradujo en francés vencer las
resistencias; mientras que el texto alemán dice: die Bezzewingung der
Uberträgungsphänomene, es decir el forzamiento de los fenómenos de la
transferencia(13). Utilizo este pasaje para mostrarles que Uberträgungsphänomene
pertenece al vocabulario de Freud. ¿Por qué entonces se lo tradujo por resistencia? Esto
es signo de gran comprensión, no de gran cultura.
Lo que Freud escribió es que precisamente surge allí, no el fenómeno mismo de la
transferencia, sino un fenómeno que mantiene con ella una relación esencial.
Por lo demás, a lo largo de todo este artículo, se trata de la dinámica de la transferencia.
No examino en su conjunto todas las cuestiones allí planteadas, pues ellas conciernen a la
especificidad de la transferencia en análisis, en tanto que la transferencia no está allí como
en otros sitios, sino que desempeña en él una función muy particular. Les aconsejo leer
este artículo. Lo traigo aquí tan sólo como apoyo de nuestro estudio de la resistencia. No
obstante —ya lo verán— es el punto pivote de lo que está en juego en la dinámica de la
transferencia.
¿Qué puede esto enseñarnos acerca de la naturaleza de la resistencia? Puede permitirnos
responder a la pregunta ¿quién habla?, y saber así que significa la reconquista, el nuevo
hallazgo del inconsciente.
Planteamos el problema de lo que significan memoria, rememoración, técnica de
rememoración, de lo que significa la asociación libre en tanto que nos permite acceder a
una formulación de la historia del sujeto. ¿Pero en qué se convierte el sujeto? ¿En el curso
de este desarrollo acaso se trata siempre del mismo sujeto?
Henos aquí ante un fenómeno en el que captamos un nudo en este desarrollo, una
conexión, una presión originaria o, más bien, y hablando estrictamente, una resistencia.
Vemos producirse, en cierto punto de esta resistencia, lo que Freud llama la transferencia,
es decir la actualización de la persona del analista. Señalé antes, extrayéndolo de mi
experiencia, que el sujeto la experimenta, en el punto más sensible —me parece—, más
significativo del fenómeno, como la brusca percepción de algo que no es tan fácil de
definir, la presencia.
Es éste un sentimiento que no experimentamos constantemente. Sin duda, estamos
influenciados por todo tipo de presencias, y nuestro mundo sólo obtiene su consistencia,
su densidad, su estabilidad vivida, en la medida en que, de algún modo, las tenemos en
cuenta; pero no nos percatamos de ellas en tanto tales. Se dan cuenta claramente que se
trata de un sentimiento que diré tendemos incesantemente a borrar de la vida. No sería
fácil vivir si, en todo momento, tuviésemos el sentimiento de la presencia, con todo el
misterio que ella entraña. Es un misterio que mantenemos a distancia, y al que, por así
decirlo, nos hemos acostumbrado.
Creo que no podríamos detenernos demasiado en este punto. Intentaremos asirlo por
otras puntas, ya que Freud nos enseña que el buen método analítico consiste siempre en
encontrar una misma relación, una misma conexión, un mismo esquema, que se presenta
a la vez en las formas vividas, en los comportamientos, y también en el interior de la
relación analítica.
Se trata para nosotros de establecer una perspectiva, una percepción en profundidad,
según varios planos. Nociones como el ello y el yo, que ciertas manipulaciones nos han
acostumbrado a plantear de manera masiva, quizá no sean simplemente un par
contrastante. Es preciso aquí montar una estereoscopio un poco más compleja.
A quienes asistieron a mi comentario sobre El hombre de los lobos —ahora ya tan lejano,
hace ya año y medio— quisiera recordarles algunos puntos particularmente impactantes
de este texto.
En el momento en que aborda la cuestión del complejo de castración en su
paciente-cuestión que ocupa una función sumamente peculiar en la estructuración de este
sujeto-Freud formula el siguiente problema. Cuando, para este sujeto, se halla en juego el
temor a la castración aparecen síntomas que se sitúan en el plano que comúnmente
llamamos anal, pues son manifestaciones intestinales. Ahora bien, interpretamos todos
estos síntomas en el registro de la concepción anal de las relaciones sexuales, y
consideramos que testimonian cierta etapa de la teoría sexual infantil. ¿Con qué derecho
lo hacemos? ¿La misma entrada en juego de la castración, no implica acaso que el sujeto
ha alcanzado un nivel genital de la estructura? ¿Cuál es la explicación de Freud?
Dice Freud: cuando el sujeto había llegado a una primera maduración, o premaduración
infantil, y estaba preparado para realizar, aunque sólo fuera parcialmente, una
estructuración más específicamente genital de la relación de su padres, rehusó la posición
homosexual, que es la suya en esa relación, no realizó la situación edípica, rehusó y
rechazó —el término alemán es verwirf—todo lo que pertenece al plano de la realización
genital. Retornó a su verificación anterior de esa relación afectiva, se replegó tras las
posiciones de la teoría anal de la sexualidad.