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Estudio del psicoanálisis y psicología

Obras de Viktor E. Frankl: LA PSICOTERAPIA AL ALCANCE DE TODOS. La ansiedad y la neurosis de ansiedad



IX - LA ANSIEDAD Y LA NEUROSIS DE ANSIEDAD

 Si por terapéutica psíquica entendemos la psicoterapia, su objeto es el tratamiento de las neurosis. Dentro de éstas distinguimos principalmente dos tipos: las neurosis de ansiedad y las neurosis obsesivas, según qué síntomas se encuentren en un primer plano, un estado de ansiedad o una obsesión. Hoy vamos a hablar de las neurosis de ansiedad. Se podría pensar que la frecuencia de esta enfermedad ha aumentado últimamente en nuestro siglo. En todas partes se oye hablar de la ansiedad; se dice, por ejemplo, que vivimos en la época de la ansiedad, o se habla de la ansiedad como una enfermedad occidental. Pero, en realidad, no se trata de comprobaciones científicas, sino de simples habladurías. Así, el doctor Freyhan, psiquiatra americano, ha comprobado que en épocas anteriores sentían seguramente más miedo y tenían más motivos para sufrir esta ansiedad que nuestros contemporáneos. Se refiere, sobre todo, a la época de la quema de las brujas, de la peste, del tráfico de esclavos y de las grandes migraciones. La ansiedad de nuestro tiempo no ha disminuido sólo en comparación con siglos anteriores, sino también en relación con los últimos decenios, lo que está claramente expresado en las estadísticas. Éste es precisamente el tema de un trabajo del profesor Hirschmann, quien ha comprobado que, en los últimos años, no sólo ha permanecido constante la cifra de enfermos mentales —esto ya se sabía, e incluso yo lo he mencionado ya en una de mis conferencias anteriores—, sino también la de las neurosis, que no ha aumentado ni disminuido. Lo que ha cambiado, a lo sumo, son los síntomas; en este sentido hay que decir que más bien se ha producido una disminución de los estados de ansiedad.
   Preguntémonos por las causas que provocan una neurosis de ansiedad. Los profanos en la materia suelen creer que una neurosis surge a causa de un shock o de lo que ellos imaginan bajo este concepto; o se dice que el origen de la neurosis de ansiedad es un trauma psíquico, es decir, un tipo de trastorno psíquico, una vivencia traumática que el enfermo ha sufrido con anterioridad, sobre todo en su primera infancia; también se dice que esta forma de neurosis se debe —usando una expresión de moda— a un complejo. Pero ninguna de éstas es la causa auténtica y verdadera de la neurosis de ansiedad. El hecho de que un trauma psíquico, es decir, una vivencia difícil, tenga a la larga un efecto nocivo sobre una persona depende de la propia persona, de la estructura de su carácter, pero no de la vivencia que ha tenido que sufrir.
   El fundador de la psicología individual, Alfred Adler, solía decir: «Las experiencias las hace el hombre.» Quería decir con ello que el hecho de que una persona se deje influenciar o no por el medio ambiente y cómo se deja influir depende sólo de ella misma. Además, las vivencias con consecuencias negativas desde el punto de vista psíquico se dan de forma tan general y son tan frecuentes en cada uno, que no pueden ser la verdadera causa de la enfermedad. Yo realicé en cierta ocasión una prueba para demostrarlo. Encargué a una colega del departamento de neurología donde trabajaba que preguntara a una serie de pacientes neuróticos, escogidos al azar, qué conflictos y  traumas psíquicos de distinto tipo les habían sido diagnosticados. A continuación le pedí que hiciera la misma pregunta a una serie igual de pacientes de nuestro departamento, elegidos también al azar, que no eran enfermos mentales, sino que padecían trastornos nerviosos orgánicos. El resultado fue sorprendente, incluso para mí mismo. Comprobamos que conflictos y vivencias iguales y de idéntica gravedad se daban con mucha mayor frecuencia entre los pacientes orgánicos pero mentalmente sanos que entre los pacientes físicamente sanos, que habían acudido a nosotros debido a su enfermedad mental, a su neurosis. Vivencias del mismo tipo y de igual gravedad habían dañado psíquicamente a un grupo y al otro no. Así pues, la neurosis no se debe a una vivencia, al medio ambiente, sino a las distintas personas y a su actitud ante lo que han tenido que sufrir.
   Por ello, no tendría ningún sentido realizar una profilaxis de las neurosis, es decir, querer proteger a los hombres contra esta enfermedad psíquica evitándoles cualquier conflicto o cuestión difícil. Sería más indicado «endurecerles» psíquicamente antes de la vivencia. Está comprobado experimentalmente, desde hace tiempo, que las situaciones de apuro y crisis exterior van acompañadas de una disminución de las neurosis. A menudo se observa en la vida de un hombre que una carga (lógicamente, no me refiero a una tara hereditaria, sino a una carga en el sentido de un esfuerzo) tiene efectos psíquicos favorables. Yo suelo comparar esto con el hecho de que se puede sujetar y reforzar una bóveda que está en ruinas poniéndole peso encima. Se ha podido comprobar también que las situaciones de descarga, es decir, la supresión de una carga psíquica grave, son peligrosas desde el punto de vista psicohigiénico. Pensemos simplemente en la liberación de un preso tras un cierto período de cautiverio. No pocos hombres han vivido precisamente entonces, tras la liberación, una auténtica crisis psíquica, mientras que cuando estaban presos, sometidos a una presión exterior e interior, se veían obligados y permanecían dispuestos a dar lo mejor de sí mismos y a hacer todo lo que fuera necesario. Si la presión cede de pronto, al igual que en la liberación tras un periodo de cautiverio, esta descarga pone en peligro al hombre. Esta situación recuerda en cierto modo a la denominada «enfermedad de los buzos», en la que un buzo que sube muy repentinamente a la superficie puede llegar a morir por la rápida reducción de la presión que soporta su cuerpo.
   Lo mismo sucede cuando alguien se aparta de pronto de su vida profesional y se ve libre de los continuos esfuerzos que estaba acostumbrado a realizar durante casi toda su vida. Me refiero a la crisis psíquica que puede acompañar a la jubilación si no se previene asumiendo nuevas tareas. Podría citar también a este respecto la denominada «neurosis del domingo», tendencia a la desazón que suele afectar a ciertas personas durante el fin de semana, es decir, precisamente cuando el hombre ya no se encuentra bajo la presión de la actividad de los días laborables, sino que puede, por fin, «respirar»; es entonces cuando se da cuenta de su vacío interior, de su falta de contenido psíquico-intelectual y de la carencia de una tarea que esté más allá que el tener que ganarse la vida a diario y le permita considerar la existencia como algo digno de ser vivido. No es de extrañar que el profesor Plügge, internista y director de un hospital de Heidelberg, comprobara en la revisión y examen psíquico de cincuenta personas que habían intentado suicidarse, que el motivo verdadero de que estuvieran cansados de la vida no era la pobreza o la enfermedad, un complejo o un conflicto, sino un indescriptible vacío interior, resultado de una existencia, al parecer, sin sentido.
Un grupo de profesores de la clínica universitaria de medicina Gustav von Bergmann, en Munich, han demostrado, a partir de sus investigaciones con personas que habían estado presas en campos de concentración, que cuando estas personas abandonaron su prisión, es decir, cuando fueron liberadas de la presión a que estaban sometidas, comenzaron a padecer enfermedades internas como, por  ejemplo,  trastornos  cardíacos,  pulmonares,  gastrointestinales y metabólicos. Los investigadores se preguntaron qué es lo que mantiene al hombre física y psíquicamente sano, si una descarga repentina le puede causar las mismas enfermedades que una carga excesiva. La respuesta es que el hombre, si quiere conservar su cuerpo y su mente sanos, necesita tener, sobre todo, un objetivo razonable en la vida, una tarea adecuada para él, en una palabra, que la vida le exija siempre algo a lo que él pueda hacer frente. Esto está en relación con un tema que ya hemos tratado anterior mente y que yo creo que donde mejor formulado está es en la siguiente tesis de Nietzsche: «Quien tiene un porqué para vivir, soporta casi cualquier cómo.» Es decir, quien conoce el sentido de su existencia, él, y sólo él, está en condiciones de superar todas las dificultades.
   Desde el punto de vista terapéutico tenemos que aprovechar también este hecho, esta ley fundamental de la existencia humana. Y esto afecta a las personas que sufren una neurosis de ansiedad, las cuales pueden salir del círculo vicioso de sus ideas llenas de ansiedad no sólo aprendiendo a desviar la atención de su síntoma, sino también dedicándose a algo. Cuanto más pone el enfermo en el primer plano de su conciencia algo que puede dar valor y sentido a su vida, más pasan a un segundo plano vivencial su propia persona y, con ello, sus necesidades personales. Por tanto, para eliminar un síntoma, a veces es mucho más importante desviar la atención de él que buscar complejos y conflictos. En el diario de un párroco rural de Bernanos se encuentra la siguiente frase: «Odiarse es más fácil de lo que se piensa; la gracia consiste en olvidarse.» Modificando esta afirmación podemos expresar lo que las personas neuróticas no suelen apreciar: más importante que despreciarse u observarse demasiado es olvidarse totalmente de sí mismo, es decir, no volver a pensar en sí mismo ni en los sucesos interiores, sino entregarse a una tarea determinada, cuya realización se le exige y le está reservada a uno personalmente. Tal como indica Hans Trüb, sólo a través del mundo podremos encontrarnos a nosotros mismos. Y entregándonos a algo formamos nuestra propia persona. A través de la contemplación y observación de nosotros mismos, dejando girar nuestro pensamiento en torno a nuestra ansiedad, no nos liberaremos de ella; ésta sólo desaparecerá si renunciamos a nosotros mismos, si nos entregamos y nos ofrecemos para algo digno. Éste es el secreto de toda formación de sí mismo, y nadie lo ha expresado mejor que Karl Jaspers al hablar de la «falta de base de la existencia humana que se basa sólo en sí misma», al decir del hombre que «se hace hombre al darse a los demás» y cuando escribe: «lo que el hombre es, lo es a través de lo que hace suyo.» En otras palabras, la existencia humana se caracteriza en el fondo por su auto-trascendencia. Lo que quiero subrayar con ello es el hecho de que ser hombre por encima de sí mismo apunta hacia algo que no es uno mismo, hacia algo o hacia alguien: hacia un sentimiento que se puede alcanzar o hacia otro ser humano al que amamos. Y sólo en la medida en que el hombre va más allá de sí mismo, se realiza también a sí mismo: en el servicio a algo o en el amor hacia otra persona. Cuanto más se entrega a su tarea, cuanto más se entrega a su pareja, es más persona, es más él mismo.

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