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Estudio del psicoanálisis y psicología

Obras de Paulo Freire: PEDAGOGÍA DEL OPRIMIDO (1970). CAPITULO I



CAPITULO IJustificación de la pedagogía del oprimido.La contradicción opresores-oprimidos, su superación.La situación concreta de opresión y los opresores.La situación concreta de opresión y los oprimidos.Nadie libera a nadie, ni nadie se libera solo. Los hombres se liberan en comunión.Reconocemos la amplitud del tema que nos proponemos tratar en esteensayo, con lo cual pretendemos, en cierto sentido, profundizar algunos de lospuntos discutidos en nuestro trabajo anterior La educación como práctica de lalibertad (4). De ahí que lo consideremos como una mera introducción, comosimple aproximación al asunto que nos parece de importancia fundamental.Una vez más los hombres, desafiados por la dramaticidad de la horaactual, se proponen a sí mismos como problema. Descubren qué poco saben desí, de su “puesto en el cosmos”, y se preocupan por saber más. Por lo demás,en el reconocimiento de su poco saber de sí radica una de las razones de esabúsqueda. Instalándose en el trágico descubrimiento de su poco saber de sí,hacen de sí mismos un problema. Indagan. Responden y sus respuestas losconducen a nuevas preguntas.El problema de su humanización, a pesar de haber sido siempre, desde unpunto de vista axiológico, su problema central, asume hoy el carácter depreocupación ineludible.(5)Comprobar esta preocupación implica reconocer la deshumanización nosólo como viabilidad ontológica, sino como realidad histórica. Es también yquizás básicamente, que a partir ele esta comprobación dolo-rosa, los hombresse preguntan sobre la otra viabilidad — la de su humanización. Ambas, en laraíz de su inconclusión, se inscriben en un permanente movimiento debúsqueda. Humanización y deshumanización, dentro de la historia, en uncontexto real, concreto, objetivo, son posibilidades de los hombres como seresinconclusos y conscientes de su inconclusión.Sin embargo, si ambas son posibilidades, nos parece que sólo la primeraresponde a lo que denominamos “vocación de los hombres”. Vocación negada,más afirmada también en la propia negación. Vocación negada en la injusticia,en la explotación, en la opresión, en la violencia de los opresores. Afirmada enel ansia de libertad, de justicia, de lucha de los oprimidos por la recuperaciónde su humanidad despojada.La deshumanización, que no se verifica sólo en aquellos que fuerondespojados de su humanidad sino también, aunque de manera diferente, en losque a ellos despojan, es distorsión de la vocación de SER MÁS. Es distorsiónposible en la historia pero no es vocación histórica.(6)La violencia de los opresores, deshumanizándolos también, no instauraotra vocación, aquella de ser menos. Como distorsión del ser más, el ser menosconduce a los oprimidos, tarde o temprano, a luchar contra quien los minimizó.Lucha que sólo tiene sentido cuando los oprimidos, en la búsqueda por larecuperación de su humanidad, que deviene una forma de crearla, no sesienten idealistamente opresores de los opresores, ni se transforman, de hecho,en opresores de los opresores sino en restauradores de la humanidad deambos. Ahí radica la gran tarea humanista e histórica de los oprimidos:liberarse a si mismos y liberar a los opresores. Estos, que oprimen, explotan yviolentan en razón de su poder, no pueden tener en dicho poder la fuerza de laliberación de los oprimidos ni de sí mismos. Sólo el poder que renace de ladebilidad de los oprimidos será lo suficientemente fuerte para liberar a ambos.Es por esto por lo que el poder de los opresores, cuando pretende suavizarseante la debilidad de los oprimidos, no sólo se expresa, casi siempre, en unafalsa generosidad, sino que jamás la sobrepasa. Los opresores, falsamentegenerosos, tienen necesidad de que la situación de injusticia permanezca a finde que su “generosidad” continúe teniendo la posibilidad de realizarse. El“orden” social injusto es la fuente generadora, permanente, de esta“generosidad” que se nutre de la muerte, del desaliento y de la miseria.De ahí la desesperación de esta generosidad ante cualquier amenaza queatente contra su fuente. Jamás puede entender este tipo de “generosidad” quela verdadera generosidad radica en la lucha por la desaparición de las razonesque alimenta el falso amor. La falsa caridad, de la cual resulta la manoextendida del “abandonado de la vida”, miedoso e inseguro, aplastado yvencido. Mano extendida y trémula de los desharrapados del mundo, de los“condenados de la tierra”. La gran generosidad sólo se entiende en la luchapara que estas manos, sean de hombres o de pueblos, se extiendan cada vezmenos en gestos de súplica. Súplica de humildes a poderosos. Y se vayanhaciendo así cada vez más manos humanas que trabajen y transformen elmundo. Esta enseñanza y este aprendizaje tienen que partir, sin embargo, delos “condenados de la tierra”, de los oprimidos, de los desharrapados delmundo y de los que con ellos realmente se solidaricen. Luchando por larestauración de su humanidad, estarán, sean hombres o pueblos, intentandola restauración de la verdadera generosidad.¿Quién mejor que los oprimidos se encontrará preparado para entender elsignificado terrible de una sociedad opresora?¿Quién sentirá mejor que ellos los efectos de la opresión? ¿Quién más queellos para ir comprendiendo la necesidad de la liberación? Liberación a la queno llegarán por casualidad, sino por la praxis de su búsqueda; por elconocimiento y reconocimiento de la necesidad de luchar por ella. Lucha que,por la finalidad que le darán los oprimidos, será un acto de amor, con el cualse opondrán al desamor contenido en la violencia de los opresores, inclusocuando ésta se revista de la falsa generosidad a que nos hemos referido.Nuestra preocupación, en este trabajo, es sólo presentar algunos aspectosde lo que nos parece constituye lo que venimos llamando “la pedagogía deloprimido”, aquella que debe ser elaborada con él y no para él, en tantohombres o pueblos en la lucha permanente de recuperación de su humanidad.Pedagogía que haga de la opresión y sus causas el objeto de reflexión de losoprimidos, de lo que resultará el compromiso necesario para su lucha por laliberación, en la cual esta pedagogía se hará y rehará.El gran problema radica en cómo podrán los oprimidos, como seresduales, inauténticos, que “alojan” al opresor en sí, participar de la elaboraciónde la pedagogía para su liberación. Sólo en la medida en que descubran que“alojan” al opresor podrán contribuir a la construcción de su pedagogíaliberadora. Mientras vivan la dualidad en la cual ser es parecer y parecer esparecerse con el opresor, es imposible hacerlo. La pedagogía del oprimido, queno puede ser elaborada por los opresores, es un instrumento para estedescubrimiento crítico: el de los oprimidos por sí mismos y el de los opresorespor los oprimidos, como manifestación de la deshumanización.Sin embargo, hay algo que es necesario considerar en estedescubrimiento, que está directamente ligado a la pedagogía liberadora. Esque, casi siempre, en un primer momento de este descubrimiento, losoprimidos, en vez de buscar la liberación en la lucha y a través de ella, tiendena ser opresores también o subopresores. La estructura de su pensamiento seencuentra condicionada por la contradicción vivida en la situación concreta,existencial, en que se forman. Su ideal es, realmente, ser hombres, pero paraellos, ser hombres, en la contradicción en que siempre estuvieron y cuyasuperación no tienen clara, equivale a ser opresores. Estos son sus testimoniosde humanidad.Esto deriva, tal como analizaremos más adelante con más amplitud, delhecho de que, en cierto momento de su experiencia existencial, los oprimidosasumen una postura que llamamos de “adherencia” al opresor. En estascircunstancias, no llegan a “ad-mirarlo”, lo que los llevaría a objetivarlo, adescubrirlo fuera de sí.Al hacer esta afirmación, no queremos decir que los oprimidos, en estecaso, no se sepan oprimidos. Su conocimiento de sí mismos, como oprimidos,sin embargo, se encuentra perjudicado por su inmersión en la realidadopresora. “Reconocerse”, en antagonismo al opresor, en aquella forma, nosignifica aún luchar por la superación de la contradicción. De ahí esta casiaberración: uno de los polos de la contradicción pretende, en vez de laliberación, la identificación con su contrario.En ente caso, el “hombre nuevo” para los oprimidos no es el hombre quedebe nacer con la superación de la contradicción, con la transformación de laantigua situación, concretamente opresora, que cede su lugar a una nueva, lade la liberación. Para ellos, el hombre nuevo son ellos mismos,transformándose en opresores de otros. Su visión del hombre nuevo es unavisión individualista. Su adherencia al opresor no les posibilita la conciencia desi como personas, ni su conciencia como clase oprimida.En un caso específico, quieren la reforma agraria, no para liberarse, sinopara poseer tierras y, con éstas, transformarse en propietarios o, en forma másprecisa, en patrones de nuevos empleados.Son raros los casos de campesinos que, al ser “promovidos” a capataces,no se transformen en opresores, más rudos con sus antiguos compañeros queel mismo patrón. Podría decirse —y con razón— que esto se debe al hecho deque la situación concreta, vigente, de opresión, no fue transformada. Y que, enesta hipótesis, el capataz, a fin de asegurar su puesto, debe encarnar, con másdureza aún, la dureza del patrón. Tal afirmación no niega la nuestra —la deque, en estas circunstancias, los oprimidos tienen en el opresor su testimoniode “hombre”.Incluso las revoluciones, que transforman la situación concreta deopresión en una nueva en que la liberación se instaura como proceso,enfrentan esta manifestación de la conciencia oprimida. Muchos de losoprimidos que, directa o indirectamente, participaron de la revolución,marcados por los viejos mitos de la estructura anterior, pretenden hacer de larevolución su revolución privada. Perdura en ellos, en cierta manera, la sombratestimonial del antiguo opresor. Este continúa siendo su testimonio de“humanidad”.El “miedo a la libertad (7), del cual se hacen objeto los oprimidos, miedo a lalibertad que tanto puede conducirlos a pretender ser opresores también,cuanto puede mantenerlos atados al status del oprimido, es otro aspecto quemerece igualmente nuestra reflexión.Uno de los elementos básicos en la mediación opresores-oprimidos es laprescripción. Toda prescripción es la imposición de la opción de una concienciaa otra. De ahí el sentido alienante de las prescripciones que transforman a laconciencia receptora en lo que hemos denominado como conciencia que “aloja”la conciencia opresora. Por esto, el comportamiento de los oprimidos es uncomportamiento prescrito. Se conforma en base a pautas ajenas a ellos, laspautas de los opresores.Los oprimidos, que introyectando la “sombra” de los opresores siguen suspautas, temen a la libertad, en la medida en que ésta, implicando la expulsiónde la “sombra”, exigiría de ellos que “llenaran” el “vacío” dejado por la expulsióncon “contenido” diferente: el de su autonomía. El de su responsabilidad, sin lacual no serían libres. La libertad, que es una conquista y no una donación,exige una búsqueda permanente. Búsqueda que sólo existe en el actoresponsable de quien la lleva a cabo. Nadie tiene libertad para ser libre, sinoque al no ser libre lucha por conseguir su libertad. Ésta tampoco es un puntoideal fuera de los hombres, al cual, inclusive, se alienan. No es idea que sehaga mito, sino condición indispensable al movimiento de búsqueda en que seinsertan los hombres como seres inconclusos.De ahí la necesidad que se impone de superar la situación opresora. Estoimplica el reconocimiento crítico de la razón de esta situación, a fin de lograr, através de una acción transformadora que incida sobre la realidad, lainstauración de una situación diferente, que posibilite la búsqueda del sermás.Sin embargo, en el momento en que se inicie la auténtica lucha para crearla situación que nacerá de la superación de la antigua, ya se está luchando porel ser más. Pero como la situación opresora genera una totalidaddeshumanizada y deshumanizante, que alcanza a quienes oprimen y a quienesson oprimidos, no será tarea de los primeros, que se encuentrandeshumanizados por el sólo hecho de oprimir, sino de los segundos, losoprimidos, generar de su ser menos la búsqueda del ser más de todos.Los oprimidos, acomodados y adaptados, inmersos en el propio engranajede la estructura de dominación, temen a la libertad, en cuanto no se sientencapaces de correr el riesgo de asumirla. La temen también en la medida en queluchar por ella significa una amenaza, no sólo para aquellos que la usan paraoprimir, esgrimiéndose como sus “propietarios” exclusivos, sino para loscompañeros oprimidos, que se atemorizan ante mayores represiones.Cuando descubren en sí el anhelo por liberarse perciben también que esteanhelo sólo se hace concreto en la concreción de otros anhelos.En tanto marcados por su miedo a la libertad, se niegan a acudir a otros,a escuchar el llamado que se les haga o se hayan hecho a sí mismos,prefiriendo la gregarización a la convivencia auténtica, prefiriendo laadaptación en la cual su falta de libertad los mantiene a la comunión creadoraa que la libertad conduce.Sufren una dualidad que se instala en la “interioridad” de su ser.Descubren que, al no ser libres, no llegan a ser auténticamente. Quieren ser,mas temen ser. Son ellos y al mismo tiempo son el otro yo introyectado en elloscomo conciencia opresora. Su lucha se da entre ser ellos mismos o ser duales.Entre expulsar o no al opresor desde “dentro” de sí. Entre desalienarse omantenerse alienados. Entre seguir prescripciones o tener opciones. Entre serespectadores o actores. Entre actuar o tener la ilusión de que actúan en laacción de los opresores. Entre decir la palabra o no tener voz, castrados en supoder de crear y recrear, en su poder de transformar el mundo.Este es el trágico dilema de los oprimidos, dilema que su pedagogía debeenfrentar.Por esto, la liberación es un parto. Es un parto doloroso. El hombre quenace de él es un hombre nuevo, hombre que sólo es viable en y por lasuperación de la contradicción opresores-oprimidos que, en última instancia,es la liberación de todos.La superación de la contradicción es el parto que trae al mundo a estehombre nuevo; ni opresor ni oprimido, sino un hombre liberándose.Liberación que no puede darse sin embargo en términos meramenteidealistas. Se hace indispensable que los oprimidos, en su lucha por laliberación, no conciban la realidad concreta de la opresión como una especie de“mundo cerrado” (en el cual se genera su miedo a la libertad) del cual nopueden salir, sino como una situación que sólo los limita y que ellos puedentransformar. Es fundamental entonces que, al reconocer el límite que larealidad opresora les impone, tengan, en este reconocimiento, el motor de suacción liberadora.Vale decir que el reconocerse limitados por la situación concreta deopresión, de la cual el falso sujeto, el falso “ser para si”, es el opresor, nosignifica aún haber logrado la liberación. Corno contradicción del opresor, queen ellos tiene su verdad, como señalara Hegel, solamente superan lacontradicción en que se encuentran cuando el hecho de reconocerse comooprimidos los compromete en la lucha por liberarse.(8)No basta saberse EN una relación dialéctica con el opresor —su contrarioantagónico— descubriendo, por ejemplo, que sin ellos el opresor no existiría(Hegel) para estar de hecho liberados.Es preciso, recalquémoslo, que se entreguen a la praxis liberadora.Lo mismo se puede decir o afirmar en relación con el opresor, consideradoindividualmente, como persona. Descubrirse en la posición del opresor aunqueello signifique sufrimiento no equivale aún a solidarizarse con los oprimidos.Solidarizarse con éstos es algo más que prestar asistencia a 30 o a 100,manteniéndolos atados a la misma posición de dependencia. Solidarizarse noes tener conciencia de que explota y “racionalizar” su culpa paternalistamente.La solidaridad, que exige de quien se solidariza que “asuma” la situación deaquel con quien se solidarizó, es una actitud radical.Si lo que caracteriza a los oprimidos, como “conciencia servil”, en relacióncon la conciencia del señor, es hacerse “objeto”, es transformarse, como señalaHegel, en “conciencia para otro'',(9) la verdadera solidaridad con ellos está enluchar con ellos para la transformación de la realidad objetiva que los hace “serpara otro”.El opresor sólo se solidariza con los oprimidos cuando su gesto deja de serun gesto ingenuo y sentimental de carácter individual; y pasa a ser un acto deamor hacia aquéllos; cuando, para él, los oprimidos dejan de ser unadesignación abstracta y devienen hombres concretos, despojados y en unasituación de injusticia: despojados de su palabra, y por esto comprados en sutrabajo, lo que significa la venta de la persona misma. Sólo en la plenitud deeste acto de amar, en su dar vida, en su praxis, se constituye la solidaridadverdadera.Decir que los hombres son personas, y como personas son libres, y nohacer nada para lograr concretamente que esta afirmación sea objetiva, es unafarsa.Del mismo modo que en una situación concreta —la de la opresión— seinstaura la contradicción opresor-oprimidos, la superación de estacontradicción sólo puede verificarse objetivamente.De ahí esta exigencia radical (tanto para el opresor que se descubre comotal, como para los oprimidos que, reconociéndose como contradicción de aquél,descubren el mundo de la opresión y perciben los mitos que lo alimentan) detransformación de la situación concreta que genera la opresión.Nos parece muy claro, no sólo aquí sino en otros momentos del ensayo,que al presentar esta exigencia radical —la de la transformación objetiva de lasituación opresora— combatiendo un inmovilismo subjetivista quetransformase el tener conciencia de la opresión en una especie de esperapaciente del día en que ésta desaparecería por sí misma, no estamos negandoel papel de la subjetividad en la lucha por la modificación de las estructuras.No se puede pensar en objetividad sin subjetividad. No existe la una sin laotra, y ambas no pueden ser dicotomizadas.La objetividad dicotomizada de la subjetividad, la negación de ésta en elanálisis de la realidad o en la acción sobre ella, es objetivismo. De la mismaforma, la negación de la objetividad, en el análisis como en la acción, porconducir al subjetivismo que se extiende en posiciones solipsistas, niega laacción misma, al negar la realidad objetiva, desde el momento en que ésta pasaa ser creación de la conciencia. Ni objetivismo, ni subjetivismo o psicologismo,sino subjetividad y objetividad en permanente dialecticidad.Confundir subjetividad con subjetivismo, con psicologismo, y negar laimportancia que tiene en el proceso de transformación del mundo, de lahistoria, es caer en un simplismo ingenuo. Equivale a admitir lo imposible: unmundo sin hombres, tal como la otra ingenuidad, la del subjetivismo, queimplica a los hombres sin mundo.No existen los unos sin el otro, mas ambos en permanente interacción.En Marx, como en ningún pensador crítico, realista, jamás se encontraráesta dicotomía. Lo que Marx criticó y científicamente destruyó, no fue lasubjetividad sino el subjetivismo, el psicologismo.La realidad social, objetiva, que no existe por casualidad sino como elproducto de la acción de los hombres, tampoco se transforma por casualidad.Si los hombres son los productores de esta realidad y si ésta, en la “inversiónde la praxis”, se vuelve sobre ellos y los condiciona, transformar la realidadopresora es tarea histórica, es la tarea de los hombres.Al hacerse opresora, la realidad implica la existencia de los que oprimen yde los que son oprimidos. Estos, a quienes cabe realmente luchar por suliberación junto con los que con ellos verdaderamente se solidarizan, necesitanganar la conciencia critica de la opresión, en la praxis de esta búsqueda.Este es uno de los problemas más graves que se oponen a la liberación. Esque la realidad opresora, al constituirse casi como un mecanismo de absorciónde los que en ella se encuentran, funciona como una fuerza de inmersión delas conciencias. (10)En este sentido, esta realidad, en sí misma, es funcionalmentedomesticadora. Liberarse de su fuerza exige, indiscutiblemente, la emersión deella, la vuelta sobre ella. Es por esto por lo que sólo es posible hacerlo a travésde la praxis auténtica; que no es ni activismo ni verbalismo sino acción yreflexión.“Hay que hacer la opresión real todavía más opresiva, añadiendo a aquéllala conciencia de la opresión, haciendo la infamia todavía más infamante, alpregonarla.” (11)Este hacer “la opresión real aún más opresora, acrecentándole laconciencia de la opresión”, a que Marx se refiere, corresponde a la relacióndialéctica subjetividad-objetividad. Sólo en su solidaridad, en que lo subjetivoconstituye con lo objetivo una unidad dialéctica, es posible la praxis auténtica.Praxis que es reflexión y acción de los hombres sobre el mundo paratransformarlo. Sin ella es imposible la superación de la contradicción opresoroprimido.De este modo, la superación de ésta exige la inserción crítica de losoprimidos en la realidad opresora con la cual objetivándola actúensimultáneamente sobre ella.Es por esto por lo que inserción crítica y acción ya son la misma cosa. Espor esto también por lo que el mero reconocimiento de una realidad que noconduzca a esta inserción crítica —la cual ya es acción— no conduce aninguna transformación de la realidad objetiva, precisamente porque no esreconocimiento verdadero.Este es el caso de un “reconocimiento” de carácter puramente subjetivista,que es ante todo el resultado de la arbitrariedad del subjetivista, el cual,huyendo de la realidad objetiva, crea una falsa realidad en si mismo. Y no esposible transformar la realidad concreta en la realidad imaginaria.Es lo que ocurre, igualmente, cuando la modificación de la realidadobjetiva hiere los intereses individuales o de clase de quien hace elreconocimiento.En el primer caso, no se verifica inserción crítica en la realidad, ya queésta es ficticia, y tampoco en el segundo, ya que la inserción contradiría losintereses de clase del reconocedor.La tendencia de éste es, entonces, comportarse “neuróticamente”. Elhecho existe, mas cuanto de él resulte puede serle adverso.De ahí que sea necesario, en una indiscutible “racionalización”, nonecesariamente negarlo sino visualizarlo en forma diferente. La“racionalización”, como un mecanismo de defensa, termina por identificarsecon el subjetivismo.Al no negar el hecho, sino distorsionar sus verdades, la racionalización“quita” las bases objetivas del mismo. El hecho deja de ser él concretamente, ypasa a ser un mito creado para la defensa de la clase de quien hace elreconocimiento, que así se torna un reconocimiento falso. Así, una vez más, esimposible la “inserción crítica”. Ésta sólo se hace posible en la dialecticidadobjetividad-subjetividad.He aquí una de las razones de la prohibición, de las dificultades —comoveremos en el último capitulo de este ensayo— para que las masas populareslleguen a insertarse críticamente en la realidad.Es que el opresor sabe muy bien que esta “inserción crítica” de las masasoprimidas, en la realidad opresora, en nada puede interesarle. Lo que sí leinteresa es la permanencia de ellas en su estado de inmersión, en el cual, demodo general, se encuentran impotentes frente a la realidad opresora, comosituación limite que aparece como intransponible.Es interesante observar la advertencia que hace Lukács (12), al partidorevolucionario sobre que “...debe, para emplear las palabras de Marx, explicara las masas su propia acción, no sólo con el fin de asegurar la continuidad delas experiencias revolucionarias del proletariado, sino también de activarconscientemente el desarrollo posterior de estas experiencias”.Al afirmar esta necesidad, Lukács indudablemente plantea la cuestión dela “inserción crítica” a que nos referíamos.“Explicar a las masas su propia acción” es aclarar e iluminar la acción,por un lado, en lo que se refiere a su relación con los datos objetivos que leprovocan y, por otro, en lo que dice respecto a las finalidades de la propiaacción.Cuanto más descubren, las masas populares, la realidad objetiva ydesafiadora sobre la cual debe incidir su acción transformadora, tanto más se“insertan” en ella críticamente.De este modo, estarán activando “conscientemente el desarrollo posterior”de sus experiencias.En un pensar dialéctico, acción y mundo, mundo y acción se encuentranen una íntima relación de solidaridad. Aún más, la acción sólo es humanacuando, más que un mero hacer, es un quehacer, vale decir, cuando no sedicotomiza de la reflexión. Esta última, necesaria a la acción, está implícita enla exigencia que plantea Lukács sobre la “explicación a las masas de su propiaacción, como se encuentra implícita también en la finalidad que él da a esaexplicación —la de “activar conscientemente el desarrollo posterior de laexperiencia”.Para nosotros, sin embargo, el problema no radica solamente en explicar alas masas sino en dialogar con ellas sobre su acción. De cualquier forma, eldeber que Lukács reconoce al partido revolucionario de “explicar a las masassu acción” coincide con la exigencia que planteamos sobre la inserción críticade las masas en su realidad, a través de la praxis, por el hecho de que ningunarealidad se transforma a sí misma.(13)La pedagogía del oprimido que, en el fondo, es la pedagogía de loshombres que se empeñan en la lucha por su liberación, tiene sus raíces allí. Ydebe tener, en los propios oprimidos que se saben o empiezan a conocersecríticamente como oprimidos, uno de sus sujetos.Ninguna pedagogía realmente liberadora puede mantenerse distante de losoprimidos, vale decir, hacer de ellos seres desdichados, objetos de untratamiento humanitarista, para intentar, a través de ejemplos sacados deentre los opresores, la elaboración de modelos para su “promoción”. Losoprimidos han de ser el ejemplo de sí mismos, en la lucha por su redención.La pedagogía del oprimido, que busca la restauración de laintersubjetividad, aparece como la pedagogía del hombre. Sólo ella, animadapor una auténtica generosidad, humanista y no “humanitarista”, puedealcanzar este objetivo. Por el contrario, la pedagogía que, partiendo de losintereses egoístas de los opresores, egoísmo camuflado de falsa generosidad,hace de los oprimidos objeto de su humanitarismo, mantiene y encarna lapropia opresión. Es el instrumento de la deshumanización.Esta es la razón por la cual, como ya afirmamos con anterioridad, estapedagogía no puede ser elaborada ni practicada por los opresores.Sería una contradicción si los opresores no sólo defendiesen sinopracticasen una educación liberadora.Sin embargo, si la práctica de esta educación implica el poder político y silos oprimidos no lo tienen, ¿cómo realizar, entonces, la pedagogía del oprimidoantes de la revolución?Esta es, sin duda, una indagación altamente importante, cuya respuestaparece encontrarse relativamente clara en el último capítulo de este ensayo.Aunque no queremos anticiparnos a él, podemos afirmar que un primeraspecto de esta indagación radica en la distinción que debe hacerse entre laeducación sistemática, que sólo puede transformarse con el poder, y lostrabajos educativos que deben ser realizados con los oprimidos, en el procesode su organización.La pedagogía del oprimido, como pedagogía humanista y liberadora,tendrá, pues, dos momentos distintos aunque interrelacionados. El primero, enel cual los oprimidos van descubriendo el mundo de la opresión y se vancomprometiendo, en la praxis, con su transformación y, el segundo, en queuna vez transformada la realidad opresora, esta pedagogía deja de ser deloprimido y pasa a ser la pedagogía de los hombres en proceso de permanenteliberación.En cualquiera de estos momentos, será siempre la acción profunda através de la cual se enfrentará, culturalmente, la cultura de la dominación. (14)”En el primer momento, mediante el cambio de percepción del mundo opresorpor parte de los oprimidos y, en el segundo, por la expulsión de los mitoscreados y desarrollados en la estructura opresora, que se mantienen comoaspectos míticos, en la nueva estructura que surge de la transformaciónrevolucionaria.En el primer momento, el de la pedagogía del oprimido, objeto de análisisde este capítulo, nos enfrentamos al problema de la conciencia oprimida comoal de la conciencia opresora —el de los hombres opresores y de los hombresoprimidos en una situación concreta de opresión. Frente al problema de sucomportamiento, de su visión del mundo, de su ética. Frente a la dualidad delos oprimidos. Y debemos encararlos así, como seres duales, contradictorios,divididos. La situación de opresión, de violencia en que éstos se “conforman”,en la cual “realiza,” su existencia, los constituye en esta dualidad.Toda situación en que, en las relaciones objetivas entre A y B, A explote aB, A obstaculice a B en su búsqueda de afirmación como persona, como sujeto,es opresora. Tal situación, al implicar la obstrucción de esta búsqueda es, en simisma, violenta. Es una violencia al margen de que muchas veces apareceazucarada por la falsa generosidad a que nos referíamos con anterioridad, yaque hiere la vocación ontológica e histórica de los hombres: la de ser más.Una vez establecida la relación opresora, está instaurada la violencia. Deahí que ésta, en la historia, jamás haya sido iniciada por los oprimidos. ¿Cómopodrían lar oprimidos iniciar la violencia, si ellos son el resultado de unaviolencia? ¿Cómo podrían ser los promotores de algo que al instaurarseobjetivamente los constituye?No existirían oprimidos si no existiera una relación de violencia que losconforme como violentados, en una situación objetiva de opresión.Son los que oprimen, quienes instauran la violencia; aquellos queexplotan, los que no reconocen en los otros y no los oprimidos, los explotados,los que no son reconocidos como otro por quienes los oprimen.Quienes instauran el terror no son los débiles, no son aquellos que a él seencuentran sometidos sino los violentos, quienes, con su poder, crean lasituación concreta en la que se generan los “abandonados de la vida”, losdesharrapados del mundo.Quien instaura la tiranía no son los tiranizados, sino los tiranos.Quien instaura el odio no son los odiados sino los que odian primero.Quien instaura la negación de los hombres no son aquellos que fuerondespojados de su humanidad sino aquellos que se la negaron, negandotambién la suya.Quien instaura la fuerza no son los que enflaquecieron bajo la robustez delos fuertes sino los fuertes que los debilitaron.Sin embargo, para los opresores, en la hipocresía de su falsa“generosidad”, son siempre los oprimidos —a los que, obviamente, jamásdominan como tales sino, conforme se sitúen, interna o externamente,denominan “esa gente” o “esa masa ciega y envidiosa”, o “salvajes”, o “nativos”o “subversivos”—, son siempre los oprimidos, los que desaman. Son siempreellos los “violentos”, los “bárbaros”, los “malvados”, los “feroces”, cuandoreaccionan contra la violencia de los opresores.En verdad, por paradójico que pueda parecer, es en la respuesta de losoprimidos a la violencia de los opresores donde encontraremos el gesto deamor.Consciente o inconscientemente el acto de rebelión de los oprimidos, quesiempre es tan o casi tan violento cuanto la violencia que los genera, este actode los oprimidos si puede instaurar el amor.Mientras la violencia de los opresores hace de los oprimidos hombres aquienes se les prohíbe ser, la respuesta de éstos a la violencia de aquéllos seencuentra infundida del anhelo de búsqueda del derecho de ser.Los opresores, violentando y prohibiendo que los otros sean, no pueden asu vez ser; los oprimidos, luchando por ser, al retirarles el poder de oprimir yde aplastar, les restauran la humanidad que hablan perdido en el uso de laopresión.Es por esto por lo que sólo los oprimidos, liberándose, pueden liberar a losopresores. Éstos, en tanto clase que oprime, no pueden liberar, ni liberarse.Lo importante, por esto mismo, es que la lucha de los oprimidos se hagapara superar la contradicción en que se encuentran; que esta superación sea elsurgimiento del hombre nuevo, no ya opresor, no ya oprimido sino hombreliberándose. Precisamente porque si su lucha se da en el sentido de hacersehombres, hombres que estaban siendo despojados de su capacidad de ser, nolo conseguirán si sólo invierten los términos de la contradicción. Esto es, sisólo cambian de lugar los polos de la contradicción.Esta afirmación, que puede parecer ingenua, en realidad no lo es.Reconocemos que, en la superación de la contradicción opresoresoprimidos,que sólo puede ser intentada y realizada por éstos, está implícita ladesaparición de los primeros, en tanto clase que oprime. Los frenos que losantiguos oprimidos deben imponer a los antiguos opresores para que novuelvan a oprimir no significan la inversión de la opresión. La opresión, sóloexiste cuando se constituye como un acto prohibitivo al ser más de loshombres. Por esta razón, estos frenos, que son necesarios, no significan, en símismos el que los oprimidos de ayer se encuentren transformados en losopresores de hoy.Los oprimidos de ayer, que detienen a los antiguos opresores en su ansiade oprimir, estarán generando con su acto libertad, en la medida en que, conél, evitan la vuelta del régimen opresor. Un acto que prohíbe la restauración deeste régimen no puede ser comparado con el que lo crea o lo mantiene; nopuede ser comparado con aquel a través del cual algunos hombres niegan a lasmayorías el derecho de ser.Por otra parte, en el momento en que el nuevo poder se plasma como“burocracia” (15) dominadora se pierde la dimensión humanista de la lucha y yano puede hablarse de liberación.De ahí la afirmación anterior, de que la superación auténtica de lacontradicción opresores-oprimidos no está en el mero cambio de lugares, ni enel paso de un polo a otro. Más aún: no radica en el hecho de que los oprimidosde hoy, en nombre de la liberación, pasen a ser los nuevos opresores.Lo que ocurre, sin embargo, aun cuando la superación de la contradicciónse haga en términos auténticos, con la instalación de una nueva situaciónconcreta, de una nueva realidad instaurada por los oprimidos que se liberan,es que los opresores de ayer no se reconocen en proceso de liberación. Por elcontrario, se sentirán como si realmente estuviesen siendo oprimidos. Es quepara ellos, “formados” en la experiencia de los opresores, todo lo que no sea suderecho antiguo de oprimir, significa la opresión.Se sentirán en la nueva situación como oprimidos, ya que si antes podíancomer, vestirse, calzarse, educarse. pasear, escuchar a Beethoven, mientrasmillones no comían, no se calzaban, no se vestían, no estudiaban ni tampocopaseaban, y mucho menos podían escuchar a Beethoven, cualquier restriccióna todo esto, en nombre del derecho de todos, les parece una profunda violenciaa su derecho de vivir. Derecho que, en la situación anterior, no respetaban enlos millones de personas que sufrían y morían de hambre, de dolor, de tristeza,de desesperanza.Es que, para los opresores, la persona humana son sólo ellos. Los otrosson “objetos, cosas”. Para ellos, solamente hay un derecho, su derecho a viviren paz, frente al derecho de sobrevivir que tal vez ni siquiera reconocen, sinosolamente admiten a los oprimidos. Y esto, porque, en última instancia, espreciso que los oprimidos existan para que ellos existan y sean “generosos”.Esta manera de proceder así, este modo de comprender al mundo y loshombres (que necesariamente los lleva a reaccionar contra la instalación de unpoder nuevo) se explica, como ya señalamos, en la experiencia en que seconstituyen como clase dominadora.Ciertamente, una vez instaurada una situación de violencia, de opresión,ella genera toda una forma de ser y de comportarse de los que se encuentranenvueltos en ella. En los opresores y en los oprimidos. En unos y en otros, yaque, concretamente empapados en esta situación, reflejan la opresión que los marca.En el análisis de la situación concreta, existencial, de la opresión, nopodemos dejar de sorprender su nacimiento en un acto de violencia que es,instaurado, repetimos, por aquellos que tienen en sus manos el poder.Esta violencia, entendida como un proceso, pasa de una generación deopresores a otra, y ésta se va haciendo heredera de ella y formándose en suclima general. Clima que crea en el opresor una conciencia fuertementeposesiva. Posesiva del mundo y de los hombres. La conciencia opresora no sepuede entender, así, al margen de esta posesión, directa, concreta y materialdel mundo y de los hombres. De ella, considerada como una conciencianecrófila, Fromm diría que, sin esta posesión, “perdería el contacto con elmundo”.(16)De ahí que la conciencia opresora tienda a transformar en objeto de sudominio todo aquello que le es cercano. La tierra, los bienes, la producción, lacreación de los hombres, los hombres mismos, el tiempo en que se encuentranlos hombres, todo se reduce a objetos de su dominio.En esta ansia irrefrenable de posesión, desarrollan en sí la convicción deque les es posible reducir todo a su poder de compra. De ahí su concepciónestrictamente materialista de la existencia. El dinero es, para ellos, la medidade todas las cosas. Y el lucro, su objetivo principal.Es por esto por lo que, para los opresores, el valor máximo radica en eltener más y cada vez más, a costa, inclusive del hecho del tener menos osimplemente no tener nada de los oprimidos. Ser, para ellos, es equivalente atener y tener como clase poseedora.En la situación opresora en que se encuentran, como usufructuarios, nopueden percibir que si tener es condición para ser, ésta es una condiciónnecesaria a todos los hombres. No pueden percibir que, en la búsqueda egoístadel tener como clase que tiene, se ahogan en la posesión y ya no son. Ya nopueden ser.Por esto mismo, como ya señalamos, su generosidad es falsa.Por estas razones, para ellos, la humanización es una “cosa” que poseencomo derecho exclusivo, como atributo heredado. La humanización lespertenece. La de los otros, aquella de sus contrarios, aparece como subversión.Humanizar es, naturalmente, subvertir y no ser más, para la concienciaopresora.Tener más, en la exclusividad, ya no es un privilegio deshumanizante einauténtico de los demás y de si mismos, sino un derecho inalienable. Derechoque conquistaron con su esfuerzo, con el coraje de correr riesgos... Si los otros—esos envidiosos— no tienen, es porque son incapaces y perezosos, a lo que seagrega, todavía, un mal agradecimiento injustificable frente a sus “gestos degenerosidad”. Y dado que los oprimidos son “malagradecidos y envidiosos”, sonsiempre vistos como enemigos potenciales a quienes se debe observar y vigilar.No podría dejar de ser así. Si la humanización de los oprimidos essubversión, también lo es su libertad. De ahí la necesidad de controlarlosconstantemente. Y cuanto más se los controle más se los transforma en“objetos”, en algo que aparece como esencialmente inanimado.Esta tendencia de la conciencia opresora a inanimar todo y a todos, quetiene su base en el anhelo de posesión, se identifica, indiscutiblemente, con latendencia sádica. “El placer del dominio completo sobre otra persona (o sobreuna criatura animada), señala Fromm, es la esencia misma del impulso sádico.Otra manera de formular la misma idea es decir que el fin del sadismo esconvertir un hombre en cosa, algo animado en algo inanimada ya que medianteel control completo y absoluto el vivir pierde una cualidad esencial de la vida:la libertad.” (17)El sadismo aparece, así como una de las características de la concienciaopresora, en su visión necrófila del mundo. Es por esto por lo que su amor esun amor a la inversa; un amor a la muerte y no a la vida.En la medida en que para dominar se esfuerza por detener la ansiedad dela búsqueda, la inquietud, el poder de creación que caracteriza la vida, laconciencia opresora mata la vida.De ahí que los opresores se vayan apropiando, también cada vez más, dela ciencia como instrumento para sus finalidades. De la tecnología como fuerzaindiscutible de mantenimiento del “orden” opresor, con el cual manipulan yaplastan. (18)Los oprimidos, como objetos, como “cosas”, carecen de finalidades. Susfinalidades son aquellas que les prescriben los opresores.Frente a todo esto, surge ante nosotros un problema de innegableimportancia que debe ser observado en el conjunto de estas consideraciones,cual es el de la adhesión y el consecuente paso que realizan los representantesdel polo opresor al polo de los oprimidos. De su adhesión a la lucha de éstospor su liberación.A ellos les cabe, como siempre les ha cabido en la historia de esta lucha,un papel fundamental.Sucede, sin embargo, que al pasar del polo de los explotadores, en la queestaban como herederos de la explotación o como espectadores indiferentes dela misma —lo que significaba su convivencia con la explotación—, al polo de losexplotados, casi siempre llevan consigo, condicionados por la “cultura delsilencio”, la huella de su origen. Sus prejuicios. Sus deformaciones, y, entreellas, la desconfianza en el pueblo. Desconfianza en que el pueblo sea capaz depensar correctamente. Sea capaz de querer. De saber.De este modo, están siempre corriendo el riesgo de caer en otro tipo degenerosidad tan funesto como aquel que criticamos en los dominadores.Si esta generosidad no se nutre, como en el caso de los opresores, delorden injusto que es necesario mantener para justificar su existencia; sirealmente quieren transformarla, creen, por su deformación, que deben serellos los realizadores de la transformación.Se comportan, así, como quien no cree en el pueblo, aunque a él hablen. Ycreer en el pueblo es la condición previa, indispensable, a todo cambiorevolucionario. Un revolucionario se reconoce más por su creencia en el puebloque lo compromete que por mil acciones llevadas a cabo sin él.Es indispensable que, aquellos que se comprometen auténticamente conel pueblo, revisen constantemente su acción. Esa adhesión es de tal formaradical que no permite comportamientos ambiguos de quien la asume.Verificar esta adhesión y considerarse propietario del saber revolucionarioque debe, de esta manera, ser donado o impuesto al pueblo, es mantenersecomo era con anterioridad.Decirse comprometido con la liberación y no ser capaz de comulgar con elpueblo, a quien continúa considerando absolutamente ignorante, es undoloroso equivoco.Aproximarse a él y sentir, a cada paso, en cada duda, en cada expresión,una especie de temor, pretendiendo imponer su status, es mantener lanostalgia de su origen.De ahí que este paso deba tener el sentido profundo del renacer. Quieneslo realizan deben asumir una nueva forma de estar siendo; ya no puedenactuar como actuaban, ya no pueden permanecer como estaban siendo.Será en su convivencia con los oprimidos, sabiéndose uno de ellos —sóloque con un nivel diferente de percepción de la realidad— como podráncomprender las formas de ser y de comportarse de los oprimidos, que reflejanen diversos momentos la estructura de la dominación.Una de éstas, a la cual ya nos referimos rápidamente, es la dualidadexistencial de los oprimidos que, “alojando” al opresor cuya “sombra”introyectan, son ellos y al mismo tiempo son el otro. De ahí que, casi siempre,en cuanto no llegan a localizar al opresor concretamente, así como en cuantono llegan a ser “conciencia para sí”, asumen actitudes fatalistas frente a lasituación concreta de opresión en que se encuentran. (19)A veces, este fatalismo, a través de un análisis superficial, da la impresiónde docilidad, como algo propio de un supuesto carácter nacional, lo que es unengaño. Este fatalismo, manifestado como docilidad, es producto de unasituación histórica y sociológica y no un trazo esencial de la forma de ser del pueblo.Casi siempre este fatalismo está referido al poder del destino, del sino odel hado —potencias inamovibles— o a una visión distorsionada de Dios.Dentro del mundo mágico o mítico en que se encuentra la conciencia oprimida,sobre todo la campesina, casi inmersa en la naturaleza, (20) encuentra, en elsufrimiento, producto de la explotación de que es objeto, la voluntad de Dios,como si Él fuese el creador de este “desorden organizado”.Dada la inmersión en que se encuentran los oprimidos no alcanzan a ver,claramente, el “orden” que sirve a los opresores que, en cierto modo, “viven enellos. “Orden” que, frustrándolos en su acción, los lleva muchas veces a ejercerun tipo de violencia horizontal con que agreden a los propios compañerosoprimidos por los motivos más nimios. (21) Es posible que, al actuar así, una vezmás expliciten su dualidad.Por otro lado existe, en cierto momento de la experiencia existencial de losoprimidos, una atracción irresistible por el opresor. Por sus patrones de vida.Participar de estos patrones constituye una aspiración incontenible. En suenajenación quieren, a toda costa, parecerse al opresor, imitarlo, seguirlo. Estose verifica, sobre todo, en los oprimidos de los estratos me-dios, cuyo anhelo esllegar a ser iguales al “hombre ilustre” de la denominada clase “superior”.Es interesante observar cómo Memmi,(22) en un análisis excepcional de la“conciencia colonizada'', se refiere, como colonizado, a su repulsión por elcolonizador, mezclada, sin embargo, con una “apasionada” atracción por él.La autodesvalorización es otra característica de los oprimidos. Resulta dela introyección que ellos hacen de la visión que de ellos tienen los opresores.(23)De tanto oír de si mismos que son incapaces, que no saben nada, que nopueden saber, que son enfermos, indolentes, que no producen en virtud detodo esto, terminan por convencerse de su “incapacidad”.(24) Hablan de símismos como los que no saben y del profesional como quien sabe y a quiendeben escuchar. Los criterios del saber que les son impuestos son losconvencionales.Casi nunca se perciben conociendo, en las relaciones que establecen conel mundo y con los otros hombres, aunque sea un conocimiento al nivel de lapura “doxa”.Dentro de los marcos concretos en que se paren duales es natural que nocrean en sí mismos.(25)No son pocos los campesinos que conocernos de nuestra experienciaeducativa que, después de algunos momentos de discusión viva en torno de untema que se les plantea como problema, se detienen de repente y dicen aleducador: “Disculpe, nosotros deberíamos estar callados y usted, señor,hablando. Usted es el que sabe, nosotros los que no sabemos”.Muchas veces insisten en que no existe diferencia alguna entre ellos y elanimal y, cuando reconocen alguna, ésta es ventajosa para el animal. “Es máslibre que nosotros”, dicen.Por otro lado, es impresionante observar cómo, con las primerasalteraciones de una situación opresora, se verifica una transformación en estaauto-desvalorización. Cierta vez, escuchamos decir a un líder campesino, enreunión de una de las unidades de producción —un “asentamiento” de laexperiencia chilena de reforma agraria—: “Nos decían que no producíamosporque éramos 'borrachos', perezosos. Todo mentira. Ahora, que somosrespetados como hombres, vamos a demostrar a todos que nunca fuimos,'borrachos', ni perezosos. Éramos explotados, eso si”, concluyó enfáticamente.En tanto se mantiene nítida su ambigüedad, los oprimidos difícilmenteluchan y ni siquiera confían en si mismos, Tienen una creencia difusa, mágica,en la invulnerabilidad del opresor.(26) En su poder, del cual siempre datestimonio. En el campo, sobre todo, se observa la buena mágica del poder delseñor.(27)Es necesario que empiecen a ver ejemplos de la vulnerabilidad del opresorpara que se vaya operando en sí mismos la convicción opuesta a la anterior,Mientras esto no se verifique, continuarán abatidos, miedosos, aplastados.(28)Hasta el momento en que los oprimidos no toman conciencia de lasrazones de su estado de opresión, “aceptan” fatalistamente su explotación. Másaún, probablemente asuman posiciones pasivas, alejadas en relación a lanecesidad de su propia lucha por la conquista de la libertad y de su afirmaciónen el mundo.Poco a poco, la tendencia es la de asumir formas de acción rebelde. En unquehacer liberador, no se puede perder de vista esta forma de ser de losoprimidos, ni olvidar este momento de despertar.Dentro de esta visón inauténtica de sí y del mundo los oprimidos sesienten como si fueran un “objeto” poseído por el opresor. En tanto para éste,en su afán de poseer, como ya afirmarnos, ser es tener casi siempre a costa delos que no tienen, para los oprimidos, en un momento de su experienciaexistencial, ser ni siquiera es parecerse al opresor, sino estar bajo él. Equivale adepender. De ahí que los campesinos sean dependientes emocionales.(29)Es este carácter de dependencia emocional y total de los oprimidos el quepuede llevarlos a las manifestaciones que Fromm denomina necrófilas. Dedestrucción de la vida. De la suya o la del otro, también oprimido.Sólo cuando los oprimidos descubren nítidamente al opresor, y secomprometen en la lucha organizada por su liberación, empiezan a creer en simismos, superando así su complicidad con el régimen opresor. Estedescubrimiento, sin embargo, no puede ser hecho a un nivel meramenteintelectual, que debe estar asociado a un intento serio de reflexión, a fin de quesea praxis. El diálogo crítico y liberador, dado que supone la acción, debellevarse a cabo con los oprimidos, cualquiera sea el grado en que se encuentrala lucha por su liberación. Diálogo que no debe realizarse a escondidas paraevitar la furia y una mayor represión del opresor.Lo que puede y debe variar, en función de las condiciones históricas, enfunción del nivel de percepción de la realidad que tengan los oprimidos, es elcontenido del diálogo. Sustituirlo por el antidiálogo, por la esloganización, porla verticalidad, por los comunicados es pretender la liberación de los oprimidoscon instrumentos de la “domesticación”. Pretender la liberación de ellos sin sureflexión en el acto de esta liberación es transformarlos en objetos que se debensalvar de un incendio. Es hacerlos caer en el engaño populista y transformarlosen masa maniobrable.En los momentos en que asumen su liberación, los oprimidos necesitanreconocerse como hombres, en su vocación ontológica e histórica de ser más.La acción y reflexión se imponen cuando no se pretende caer en el error dedicotomizar el contenido de la forma histórica de ser del hombre.Al defender el esfuerzo permanente de reflexión de los oprimidos sobre suscondiciones concretas, no estamos pretendiendo llevar a cabo un juego a nivelmeramente intelectual. Por el contrario estamos convencidos de que lareflexión, si es verdadera reflexión, conduce a la práctica.Por otro lado, si el momento es ya de la acción, ésta se hará praxisauténtica si el saber que de ella resulte se hace objeto de reflexión crítica. Esen este sentido que la praxis constituye la razón nueva de la concienciaoprimida y la revolución, que instaura el momento histórico de esta razón, nopuede hacerse viable al margen de los niveles de la conciencia oprimida.De no ser así, la acción se vuelve mero activismo.De este modo, ni es un juego diletante de palabras huecas, un“rompecabezas” intelectual que por no ser reflexión verdadera no conduce a laacción, ni es tampoco acción por la acción, sino ambas. Acción y reflexiónentendidas como una unidad que no debe ser dicotomizada.Sin embargo, para esto es preciso que creamos en los hombres oprimidos.Que los veamos como hombres de pensar correctamente.Si esta creencia nos falla, es porque abandonamos o no tenemos la ideadel diálogo, de la reflexión, de la comunicación y porque caemos en losmarbetes, en los comunicados, en los depósitos, en el dirigismo. Ésta es una delas amenazas contenidas en las adhesiones inauténticas a la causa de laliberación de los hombres.La acción política junto a los oprimidos, en el fondo, debe ser una accióncultural para la libertad, y por ello mismo, una acción con ellos. Sudependencia emocional, fruto de la situación concreta de dominación en que seencuentran y que, a la vez, genera su visión inauténtica del mundo, no puedeser aprovechada a menos que lo sea por el opresor. Es éste quien utiliza ladependencia para crear una dependencia cada vez mayor.Por el contrario, la acción liberadora, reconociendo esta dependencia delos oprimidos como punto vulnerable, debe intentar, a través de la reflexión yde la acción, transformarla en independencia. Sin embargo, ésta no es ladonación que les haga el liderazgo por más bien intencionado que sea. Nopodemos olvidar que la liberación de los oprimidos es la liberación de hombresy no de “objetos”. Por esto, si no es autoliberación —nadie se libera solo—tampoco es liberación de unos hecha por otros. Dado que éste es un fenómenohumano no se puede realizar con los “hombres por la mitad”, (30) ya que cuandolo in-tentamos sólo logramos su deformación. Así, estando ya deformados, entanto oprimidos, no se puede en la acción por su liberación utilizar el mismoprocedimiento empleado para su deformación.Por esto mismo, el camino para la realización de un trabajo liberadorejecutado por el liderazgo revolucionario no es la “propaganda liberadora”. Esteno radica en el mero acto de depositar la creencia de la libertad en losoprimidos, pensando conquistar así su confianza, sino en el hecho de dialogarcon ellos.Es preciso convencerse de que el convencimiento de los oprimidos sobre eldeber de luchar por su liberación no es una donación hecha por el liderazgorevolucionario sino resultado de su concienciación.Es necesario que el liderazgo revolucionario descubra esta obviedad: quesu convencimiento sobre la necesidad de luchar, que constituye una dimensiónindispensable del saber revolucionario, en caso de ser auténtico no le fuedonado por nadie. Alcanza este conocimiento, que no es algo estático osusceptible de ser transformado en contenidos que depositar en los otros, porun acto total, de reflexión y de acción.Fue su inserción lúcida en la realidad, en la situación histórica, la que locondujo a la crítica de esta misma situación y al ímpetu por transformarla.Así también, es necesario que los oprimidos, que no se comprometen en lalucha sin estar convencidos, y al no comprometerse eliminan las condicionesbásicas a ella, lleguen a este convencimiento como sujetos y no como objetos.Es necesario también que se inserten críticamente en la situación en que seencuentran y por la cual están marcados. Y esto no lo hace la propaganda.Este convencimiento, sin el cual no es posible la lucha, es indispensable parael liderazgo revolucionario que se constituye a partir de él, y lo es también paralos oprimidos. A menos que se pretenda realizar una transformación para ellosy no con ellos —única forma en que nos parece verdadera estatransformación. (31)Al hacer estas consideraciones no intentamos sino defender el caráctereminentemente pedagógico de la revolución.Si los líderes revolucionarios de todos los tiempos afirman la necesidad delconvencimiento de las masas oprimidas para que acepten la lucha por laliberación —lo que por otra parte es obvio— reconocen implícitamente elsentido pedagógico de esta lucha. Sin embargo, muchos, quizá por prejuiciosnaturales y explicables contra la pedagogía, acaban usando, en su acción,métodos que son empleados en la “educación” que sirve al opresor. Niegan laacción pedagógica en el proceso liberador, mas usan la propaganda paraconvencer...Desde los comienzos de la lucha por la liberación, por la superación de lacontradicción opresor-oprimidos, es necesario que éstos se vayan convenciendoque esta lucha exige de ellos, a partir del momento en que la aceptan, su totalresponsabilidad. Lucha que no se justifica sólo por el hecho de que pasen atener libertad para comer, sino “libertad para crear y construir, para admirar yaventurarse. Tal libertad requiere que el individuo sea activo y responsable, noun esclavo ni una pieza bien alimentada de la máquina. No basta que loshombres sean esclavos, si las condiciones sociales fomentan la existencia deautómatas, el resultado no es el amor a la vida sino el amor a la muerte”. (32)Los oprimidos que se “forman” en el amor a la muerte, que caracteriza elclima de la opresión, deben encontrar en su lucha el camino del amor a la vidaque no radica sólo en el hecho de comer más, aunque también lo implique y deél no pueda prescindirse.Los oprimidos deben luchar como hombres que son y no como “objetos”.Es precisamente porque han sido reducidos al estado de “objetos”, en larelación de opresión, que se encuentran destruidos. Para reconstruirse esimportante que sobrepasen el estado de “objetos”. No pueden comparecer a lalucha como “cosas” para transformarse después en hombres. Esta exigencia esradical. El pasar de este estado, en el que se destruyen, al estado de hombres,en el que se reconstruyen, no se realiza a posteriori. La lucha por estareconstrucción se inicia con su autorreconocimiento como hombres destruidos.La propaganda, el dirigismo, la manipulación, como armas de ladominación, no pueden ser instrumentos para esta reconstrucción. (33)No existe otro camino sino el de la práctica de una pedagogía liberadora,en que el liderazgo revolucionario, en vez de sobreponerse a los oprimidos ycontinuar manteniéndolos en el estado de “cosas”, establece con ellos unarelación permanentemente dialógica.Práctica pedagógica en que el método deja de ser, como señalamos ennuestro trabajo anterior, instrumento del educador (en el caso, el liderazgorevolucionario) con el cual manipula a los educandos (en el caso, los oprimidos)porque se transforman en la propia conciencia.“En verdad —señala el profesor Alvaro Vieira Pinto—, el método es laforma exterior y materializada en actos, que asume la propiedad fundamentalde la conciencia: la de su intencionalidad. Lo propio de la conciencia es estarcon el mundo y este procedimiento es permanente e irrecusable. Por lo tanto, laconciencia en su esencia es un 'camino para', algo que no es ella, que estáfuera de ella, que la circunda y que ella aprehende por su capacidad ideativa.Por definición, continúa el profesor brasileño, la conciencia es, pues, métodoentendido éste en si sentido de máxima generalidad. Tal es la raíz del método,así como tal es la esencia de la conciencia que sólo existe en tanto facultadabstracta y metódica.” (34)Dada su calidad de tal, la educación practicada por el liderazgorevolucionario se hace co-intencionalidad.Educadores y educandos, liderazgo y masas, co-intencionados hacia larealidad, se encuentran en una tarea en que ambos son sujetos en el acto, nosólo de descubrirla y así conocerla críticamente, sino también en el acto derecrear este conocimiento.AI alcanzar este conocimiento de la realidad, a través de la acción yreflexión en común, se descubren siendo sus verdaderos creadores y recreadores.De este modo, la presencia de los oprimidos en la búsqueda de suliberación, más que seudoparticipación, es lo que debe realmente ser:compromiso.Volver al índice principal de ¨Obras de Paulo Freire: PEDAGOGÍA DEL OPRIMIDO (1970)¨Notas:4- Paz e Terra, Rio. 1967: Tierra Nueva. Montevideo, 1967; Siglo XXI Editores, 1971.5- Los movimiento, de rebelión, en el mundo actual, sobre todo aquellos de los jóvenes, querevelan necesariamente peculiaridades de los espacios donde se dan, manifiestan enprofundidad esta preocupación en torno del hombre y de los hombres como seres en el mundoy con el mundo. En torno de qué y cómo están siendo. Al poner en tela de juicio la civilizaciónde consumo; al denunciar las “burocracias” en todos sus matices; al exigir la transformaciónde las universidades de lo que resulta, por un lado, la desaparición de la rigidez en lasrelaciones profesor-alumno y, por otro, la inserción de éstas en la realidad; al proponer latransformación de la realidad misma para que las universidades puedan renovarse; al rechazarviejas órdenes e instituciones establecidas, buscando la afirmación de los hombres comosujetos de decisión, todos estos movimientos reflejan el sentido más antropológico queantropocéntrico de nuestro época.6- En verdad, si admitiéramos que la deshumanización es vocación histórica de los hombres,nada nos quedaría por hacer sino adoptar una actitud cínica o de total desespero. La lucha porla liberación, por el trabajo libre, por la desalienación, por la afirmación de los hombres comopersonas, como “seres para sí” no tendrían significación alguna. Ésta solamente es posibleporque la deshumanización, aunque sea un limbo concreto en la historia, no es, sin embargo,un destino dado, sino resultado de un orden injusto que genera la violencia de los opresores yconsecuentemente el ser menos.7- Este miedo a la libertad también se instaura en los opresores, pero, como es obvio, de maneradiferente. En los oprimidos el miedo a la libertad es el miedo de asumirla. En los opresores, es el miedo de perder la “libertad” de oprimir.8- Discutiendo las relaciones entre la conciencia independiente y la servil. dice Hegel: “la verdadde la conciencia independiente es por lo tanto la conciencia servil”: La fenomenología delespíritu, FCE, p. 119.9- … “Una es la conciencia independiente que tiene por esencia el ser para sí, otra la concienciadependiente cuya esencia es la vida o el ser para otro. La primera es el señor, la segunda elsiervo”: Hegel, op. cit., p. 112.10- “La acción liberadora implica un momento necesariamente consciente y volitivo,configurándose como la prolongación e inserción continuada de éste en la historia. La accióndominadora, entretanto, no supone esta dimensión con la misma necesariedad, pues la propiafuncionalidad mecánica e inconsciente de la estructura es mantenedora de sí misma y, por lotanto, de la dominación.” De un trabajo inédito de José Luis Fiori, a quien el autor agradece laposibilidad de cita.11- Marx-Engels, La sagrada familia y otros escritos, Grijalbo Editor. México, 1962, p. 6. Elsubrayado es del autor.12- Georg Lukács, Lénine, en Études et Documentation Internatiolaes, Paris, 1965, p. 62.13- “La teoría materialista de que los hombres son producto de las circunstancias y de laeducación, y de que, por lo tanto, los hombres modificados son producto de circunstanciasdistintas y de una educación distinta, olvida que las circunstancias se hacen cambiarprecisamente por los hombres y que el propio educador necesita ser educado.” Marx, Terceratesis sobre Feuerbach, en Marx-Engels, Obras escogidas, Editorial Progreso. Moscú, 1966, t. II,p. 404.14- Nos parece que éste es el aspecto fundamental de la “revolución cultural”.15- Este plasmarse no debe confundirse con los frenos anteriormente mencionados, y que debenser impuestos a los antiguos opresores a fin de evitar la restauración del orden dominador. Esde naturaleza distinta. Implica la revolución que, estancándose, se vuelve contra el pueblo,utilizando el mismo aparato burocrático represivo del Estado, que debía haber sidoradicalmente suprimido, como tantas veces recalcó Marx.16- Erich Fromm, El corazón del hombre, Breviarios, Fondo de Cultura Económica, México.1967. p. 41.17- Erich Fromm. op. cit. p. 80. Los subrayados son del autor.18- A propósito de las “formas dominantes de control social”, véase Herbert Marcuse: El hombreunidimensional y Eros y civilización, Ed. Joaquín Mortiz, México, 1968 y 1965.19- “El campesino, que es un dependiente, comienza a tener ánimo para superar su dependenciacuando se da cuenta de ella. Antes de esto, obedece al patrón y dice casi siempre: ¿Qué puedohacer, si soy campesino? (Palabras de un campesino durante una entrevista con el autor.)20- Véase Cándido Mendes, Memento dos vivos — A esquerda católica no Brasil, TempoBrasileiro, Río, 1966.21- El colonizado no deja de liberarse entre las 9 de la noche y las 6 de la mañana. Esaagresividad manifestada en sus músculos va a manifestarla el colonizado primero contra lossuyos.” Frantz Fanon, Los condenados de la tierra, Fondo de Cultura, México, 1965, p. 46.22- Albert Memmi. “How could the colonizer look after his workers while periodically gunningdown a crowd of the colonized? How could the colonized deny himself so cruelly yet make suchexcessive demands? How could he hate the colonizers and yet admire them so passionately? (Itoo. felt this admiration —dice Memmi— in spite of myself)”. The colonizer and the colonized,Beacon Pew. Boston. 1967. p. x.23- El campesino se siente inferior al patrón porque éste se le aparare como aquel que tiene elmérito de saber dirigir” (Entrevista del autor con un campesino.)24- Memmi, op. cit.25- ¿Por qué no explica el señor primero los cuadros? —dijo cierta vez un campesino queparticipaba de un “círculo de cultura” al educador (se refería a las codificaciones)—. Así,concluyó, nos costará menos y no nos dolerá la cabeza.26- El campesino tiene un miedo casi instintivo al patrón”. (Entrevista con un campesino.)27- Recientemente, en un país latinoamericano, según el testimonio que nos fue dado por unsociólogo amigo, un grupo de campesinos, armados, se apoderó de un latifundio. Por motivosde orden táctico se pensó en mantener al propietaro como rehén. Sin embargo, ningúncampesino consiguió custodiarlo. Su sola presencia los asustaba. Posiblemente también laacción misma de luchar contra el patrón les provocaba sentimiento de culpa. En verdad elpatrón estaba “dentro” de ellos.28- En este sentido, véase Régis Debray, La revolución en la revolución. Punto Final, Santiago deChile, 1968.29- El campesino es un dependiente. No puede expresar sus anhelos. Sufre antes de descubrirsu dependencia. Desahoga su 'pena' en casa, donde grita a los hijos, pega, se desespera.Reclama de la mujer. Encuentra todo mal. No desahoga su 'pena' con el patrón porque loconsidera un ser superior. En muchos casos, el campesino desahoga su 'pena' bebiendo.”(Entrevista.)30- Nos referimos a la reducción de los oprimidos a la condición de meros objetos de la acciónliberadora, en la cual ésta se realiza sobre y para ellos y no con ellos.31- En el cap. IV volveremos a estos puntos detenidamente.32- Erich Fromm, op. cit., pp. 54.55.33- En el cap. IV volveremos sobre este tema en forma específica.34- Alvaro Vieira Pinto, trabajó aún en elaboración sobre filosofía de la ciencia. Agradecemos aquíal profesor brasileño por habernos permitido citarlo antes de la publicación de su obra.Consideramos que el párrafo citado es de gran importancia para la comprensión de una pedagogía de la problematización, que estudiaremos en el capítulo siguiente.

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