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Estudio del psicoanálisis y psicología

Obras de S. Freud: Parte II. El sueño (1916 [1915-16]) - 11ª conferencia. El trabajo del sueño



1. Conferencias de introducción al psicoanálisis (1916-17 [1915-17])

Parte II. El sueño (1916 [1915-16])

11ª conferencia. El trabajo del sueño

Señoras y señores: Dominadas la censura onírica y la figuración simbólica, todavía no habrán

vencido ustedes del todo a la desfiguración onírica, es verdad; pero estarán en condiciones de

comprender la mayoría de los sueños. Para eso se servirán de las dos técnicas que se

complementan entre sí: harán evocar ocurrencias al soñante hasta que hayan penetrado desde

el sustituto hasta lo genuino y, basados en el conocimiento que ustedes mismos tienen,

sustituirán los símbolos por su significado. Más adelante trataremos de ciertas incertezas que

de ello surgen.

Ahora podemos retomar un trabajo que en su momento intentamos con insuficientes recursos,

a saber, cuando estudiamos las relaciones entre los elementos oníricos y lo genuino de ellos, y

establecimos cuatro de tales relaciones principales de la parte al todo, la aproximación o

alusión, la referencia simbólica y, la figuración plástica de palabras. Eso mismo queremos

emprender en mayor escala, comparando el contenido manifiesto del sueño, en su totalidad,

con el sueño latente que hallamos mediante la interpretación.

Espero que ustedes ya no habrán de confundirlos en lo sucesivo. Si logran esto, con

probabilidad habrán avanzado más en la comprensión del sueño que la mayoría de los lectores

de mi libro La interpretación de los sueños. Permitan que se los vuelva a recordar: el trabajo que

traspone el sueño latente en el manifiesto se llama trabajo del sueño. Y el trabajo que progresa

en la dirección contraria, el que desde el sueño manifiesto quiere alcanzar el latente, es nuestro

trabajo de interpretación. El trabajo de interpretación quiere cancelar el trabajo del sueño. Los

sueños de tipo infantil, que reconocimos como evidentes cumplimientos de deseo, han sido

sometidos, no obstante, a una partícula de trabajo del sueño, a saber, a la trasposición del

modo desiderativo en el indicativo y, las más de las veces, también de los pensamientos en

imágenes visuales. Aquí no hace falta interpretación alguna, sino sólo deshacer estas dos

trasposiciones. A lo que en los otros sueños viene a sumarse todavía en calidad de trabajo del

sueño lo llamaremos desfiguración onírica, y esta es la que hemos de hacer desaparecer

mediante nuestro trabajo interpretativo.

La comparación de varias interpretaciones de sueños me ha habilitado para presentarles, en

exposición sintética, aquello que el trabajo del sueño hace con el material de los pensamientos

oníricos latentes. Ahora bien, les ruego que no pretendan apurarse demasiado a entender esto.

Es una buena pieza de descripción, que debe escucharse con atención sosegada.

La primera operación del trabajo onírico es la condensación.(144) Por tal entendemos el hecho

de que el sueño manifiesto tiene menos contenido que el latente y es, entonces, una suerte de

traducción compendiada de este. La condensación puede eventualmente faltar alguna vez; pero

por regla general está presente, y con harta frecuencia es enorme. Nunca produce el efecto

contrario, es decir, no sucede que el sueño manifiesto sea más rico en su extensión y en su

contenido que el latente. La condensación se produce porque: 1) ciertos elementos latentes se

omiten por completo; 2) de muchos complejos del sueño latente, sólo un jirón se traspasa al

manifiesto, y 3) elementos latentes que tienen algo en común se aúnan en el sueño manifiesto,

son fundidos en una unidad.

Si ustedes quieren, pueden reservar con exclusividad el nombre de «condensación» para este

último proceso. Sus efectos son particularmente fáciles de demostrar. Por los propios sueños

de ustedes recordarán sin esfuerzo la condensación de personas diferentes en una sola. Una

persona mixta de esa índole tiene, por ejemplo, el aspecto de A, pero está vestida como B,

realiza unas acciones que recordamos de C y, encima, tenemos cierto saber de que es la

persona D. Por medio de esta formación mixta se pone particularmente de relieve, desde luego,

algo común a las cuatro personas. Lo mismo que para personas, puede establecerse una

formación mixta para objetos o para lugares, toda vez que se cumpla la condición de que los

objetos y lugares singulares tengan en común algo que el sueño latente destaque. Eso es como

una formación conceptual nueva y fugitiva, que tiene como núcleo eso común. Mediante la

superposición de los individuos condensados unos con otros nace, por regla general, una

imagen no nítida, borrosa, algo parecido a varias tomas que se hicieran sobre la misma

placa.(145)

Al trabajo del sueño ha de importarle mucho la 'producción de tales formaciones mixtas; puede

demostrarse que si al comienzo le faltan las relaciones de comunidad requeridas para

formarlas, él las crea deliberadamente; por ejemplo, escogiendo la expresión literal para un

pensamiento. Ya hemos tomado conocimiento de tales condensaciones y formaciones mixtas;

cumplían un papel en la génesis de muchos casos de deslices en el habla. Acuérdense ustedes

del joven que pretendía begleitdigen {acom-trajar} a una dama. Además, hay chistes cuya

técnica se basa en una condensación de esta índole (ver nota(146)). Aparte de ello, empero,

cabe aseverar que este proceso es del todo insólito y extraño. La formación de las personas

mixtas del sueño halla sin duda homólogos en muchas creaciones de nuestra fantasía, que

compone fácilmente en una unidad ingredientes que en la experiencia no se copertenecen,

como, por ejemplo, en los centauros y animales fabulosos de la mitología antigua o en los

cuadros de Bocklin. En verdad, la fantasía «creadora» no puede inventar cosa alguna, sino sólo

componer partes ajenas entre sí. Pero lo notable en el proceder del trabajo onírico es lo

siguiente: el material con que el trabajo del sueño se encuentra son pensamientos, y

pensamientos de los que algunos pueden ser chocantes y desagradables, pero que están

formados y expresados correctamente. Estos pensamientos son trasportados por el trabajo del

sueño a otra forma, y es asombroso e incomprensible que en esta traducción, en esta como

trasferencia a otra escritura o a otra lengua, hallen empleo los recursos de la fusión y la

combinación. Lo propio de una traducción sería empeñarse en atender a las separaciones

dadas en el texto y, en particular, en distinguir unas de otras las cosas semejantes. El trabajo

del sueño se afana, todo lo contrario ` por condensar dos pensamientos diversos buscándoles,

a semejanza de lo que sucede en el chiste, una palabra multívoca en que ambos puedan

coincidir. No pretendamos comprender esto enseguida; pero puede cobrar importancia para

nuestra aprehensión del trabajo del sueño.

Aunque la condensación hace impenetrable al sueño, no se recibe la impresión de que sea un

efecto de la censura onírica. Más bien se preferiría reconducirla a factores mecánicos o

económicos; pero, de cualquier modo, la censura se beneficia de ella.

Las operaciones de la condensación pueden ser completamente extraordinarias. Con su auxilio,

es posible a veces unificar en un sueño manifiesto dos ilaciones enteramente diversas de

pensamientos latentes, de suerte que puede obtenerse una interpretación en apariencia

suficiente de un sueño, cuando en verdad se omite una sobreinterpretación posible (ver

nota(147)).

En lo tocante a la relación entre el sueño latente y el manifiesto, la condensación trae también

como consecuencia no dejar en pie ninguna relación simple entre los elementos de uno y de

otro lado. Un elemento manifiesto corresponde simultáneamente a varios latentes y, a la

inversa, un elemento latente puede participar en varios manifiestos, a la manera de un

entrelazamiento. En la interpretación del sueño se muestra también que las ocurrencias sobre

un elemento manifiesto singular no por fuerza acuden siguiendo la serie. A menudo es preciso

aguardar hasta que todo el sueño esté interpretado.

El trabajo del sueño procura entonces una manera muy insólita de trascripción de los

pensamientos oníricos; no una traducción palabra a palabra ni signo a signo, ni tampoco una

selección según una determinada regla, como si se reprodujeran sólo las consonantes de una

palabra y se omitieran las vocales, ni tampoco lo que podría llamarse una subrogación

{Vertretung, «elección de diputados»}, a saber, que siempre se escogiera un elemento en

remplazo de otros varios, sino que es algo diverso y más complicado.

La segunda operación del trabajo onírico es el desplazamiento(148). Por suerte, ya hemos

hecho una labor previa respecto de él, y sabemos que es, en un todo, obra de la censura

onírica. Sus dos exteriorizaciones son: la primera, que un elemento latente no es sustituido por

un componente propio, sino por algo más alejado, esto es, una alusión; y la segunda, que el

acento psíquico se traspasa de un elemento importante a otro inimportante, de modo que el

sueño aparece centrado diversamente y como algo extraño.

La sustitución por una alusión nos es familiar también en nuestro pensamiento de vigilia, pero

hay ahí una diferencia. En el pensamiento de vigilia la alusión tiene que ser fácilmente

comprensible, y el sustituto tiene que mantener una relación de contenido con lo genuino cuyas

veces hace. También el chiste se sirve a menudo de la alusión, no obedece a la condición de la

asociación de contenido y la sustituye por asociaciones extrínsecas(149) insólitas, como son la

homofonía y la multivocidad de las palabras, entre otras. Pero retiene la condición de la

comprensibilidad; el chiste no liaría efecto alguno sí no pudiera desandarse sin trabajo el camino

que va de la alusión a lo genuino (ver nota(150)). Ahora bien, la alusión por desplazamiento

empleada en el sueño se ha emancipado de ambas restricciones. Se entrama por medio de los

lazos más extrínsecos y remotos con el elemento al que sustituye; por eso es incomprensible y,

si se la deshace, su interpretación impresiona como un chiste malo o bien como una

explicitación forzada, violenta, traída de los cabellos. Y justamente, la censura onírica sólo ha

alcanzado su meta cuando logró hacer inhallable el camino de regreso de la alusión a lo

genuino.

El desplazamiento del acento es, como recurso para expresar pensamientos, inaudito. En el

pensar de vigilia lo admitimos muchas veces para alcanzar un efecto cómico.

Hace una impresión de desvarío, que tal vez pueda provocar en ustedes si les recuerdo cierta

historia. En una aldea vivía un herrero que había cometido un crimen castigado con la pena de

muerte. El tribunal resolvió que la culpa debía ser expiada, pero como era el único herrero de la

aldea y le era indispensable a esta, y en cambio en ella había tres sastres, uno de estos fue

ahorcado en su lugar (ver nota(151)).

La tercera operación del trabajo onírico es la más interesante desde el punto de vista

psicológico. Consiste en la trasposición de pensamientos en imágenes visuales (ver nota(152)).

Retengamos que no todo en los pensamientos oníricos experimenta esa trasposición; es

mucho lo que conserva su forma y aparece también en el sueño manifiesto como pensamiento

o como saber; tampoco las imágenes visuales son la única forma en que se trasponen los

pensamientos. No obstante, son lo esencial en la formación del sueño; esta pieza del trabajo del

sueño, según ya sabemos, es el segundo entre sus rasgos más constantes, y para elementos

oníricos singulares ya hemos tomado conocimiento de la «figuración plástica de palabras».

Es claro que esta operación no resulta fácil. Para hacerse una idea de sus dificultades,

imagínense ustedes que hubieran acometido la empresa de sustituir el artículo de fondo de un

periódico por una serie de ilustraciones. Así se verían retrotraídos de la escritura por signos

alfabéticos a la escritura por imágenes. Lo que en ese artículo se mentara de personas y de

objetos concretos, con facilidad y quizá con ventaja lo sustituirían ustedes por imágenes, pero

se les presentarían dificultades en la figuración de todas las palabras abstractas y de todas las

partes del discurso que señalan relaciones conceptuales, como las desinencias, conjunciones,

etc. Para las palabras abstractas podrían ayudarse con toda clase de artificios. Por ejemplo, se

esforzarían en trasponer el texto del artículo a otra redacción que quizá sonara insólita, pero que

contuviera más componentes concretos y susceptibles de figuración. Recordarían entonces

que la mayoría de las palabras abstractas son palabras concretas descoloridas, y por eso, toda

vez que pudieran, volverían a echar mano de su significado concreto originario. Les causará

contento, entonces, si pueden figurar el «poseer» un objeto por un real y físico «estar sentado

encima(153)». Es lo que hace también el trabajo del sueño. En esas circunstancias, difícilmente

puedan plantear ustedes grandes exigencias en cuanto a la exactitud de la figuración. Por eso

disculparán al trabajo del sueño si, por ejemplo, a un elemento tan difícil de dominar

figuralmente como es un adulterio {Ehebruch; literalmente, «fractura de matrimonio»} lo

sustituye por otra fractura, la de una pierna (ver nota(154)). De tal manera, conseguirán ustedes

compensar en algo las torpezas en que no puede menos que incurrir la escritura figural cuando

sustituye a la alfabética.

Para la figuración de las partes del discurso que indican relaciones conceptuales, los «porque,

por eso, pero», etc., no les valdrán esos recursos; así pues, estos componentes del texto se

perderán al trasponerlo en imágenes. De igual modo, el trabajo del sueño resuelve el contenido

de los pensamientos oníricos en su materia prima de objetos y de actividades. Tendrán que

darse por contentos si se les presenta la posibilidad de indicar de alguna manera, con el

modelamiento más fino de las imágenes, relaciones que en sí no son figurables. Es

exactamente así como el trabajo del sueño logra expresar mucho del contenido de los

pensamientos oníricos latentes: mediante propiedades formales del sueño manifiesto, mediante

su claridad o su oscuridad, su partición en varios fragmentos, etc. El número de los sueños

parciales en que un sueño se descompone guarda correspondencia, por regla general, con el

número de los temas principales, de las series de pensamientos contenidos en el sueño latente;

un breve sueño-prólogo mantiene muchas veces con el sueño principal, circunstanciado, que le

sigue, la relación de un introito o una motivación (ver nota(155)); una proposición subordinada

incluida en los pensamientos oníricos es sustituida por un cambio de escenas intercalado

dentro del sueño manifiesto, etc. Por consiguiente, la forma de los sueños en modo alguno

carece de importancia y por sí misma reclama interpretación. Múltiples sueños de una misma

noche tienen a menudo idéntico significado y atestiguan el empeño por dominar cada vez mejor

un estímulo de urgencia creciente. Y hasta en algún sueño un elemento particularmente difícil

puede hallar figuración por medio de «dobletes(156)», múltiples símbolos.

Merced a sucesivas comparaciones de los pensamientos oníricos con los sueños manifiestos

que los sustituyen nos enteramos de toda una serie de cosas para las cuales no estábamos

preparados; por ejemplo, que también el disparate y la absurdidad de los sueños poseen

significado. Y en este punto la oposición entre la concepción médica y la concepción

psicoanalítica del sueño se exacerba hasta un grado no alcanzado en lo demás. Según la

primera, el sueño es disparatado porque la actividad del alma soñante ha perdido toda facultad

crítica; según la nuestra, en cambio, el sueño deviene disparatado cuando debe llevar a

figuración una crítica contenida en los pensamientos oníricos: 'el juicio «eso es disparatado». El

sueño de la asistencia al teatro (tres localidades por 1 florín y 50 kreuzer), que ustedes

conocen, es un buen ejemplo de ello. El juicio así expresado rezaba: «Fue un disparate casarse

tan temprano» (ver nota(157)).

De igual manera averiguamos, en el trabajo de interpretación, lo que corresponde a las dudas e incertezas, que tantas veces comunican los soñantes, sobre si cierto elemento apareció en el

sueño, sobre si fue esto o acaso alguna otra cosa. A estas dudas e incertezas nada

corresponde, por lo general, en los pensamientos oníricos latentes; provienen íntegramente de

la acción de la censura onírica y equivalen a una expurgación intentada, no lograda del todo (ver

nota(158)).

Entre los descubrimientos más asombrosos se cuenta la manera en que el trabajo del sueño

trata las oposiciones del sueño latente. Sabemos ya que concordancias incluidas en el material

latente son sustituidas por condensaciones dentro del sueño manifiesto. Ahora bien, las

oposiciones son tratadas de igual modo que las concordancias, y expresadas con particular

preferencia por idéntico elemento manifiesto. Por tanto, un elemento del sueño manifiesto

susceptible de un opuesto puede significarse a sí mismo, significar a su opuesto, o a ambos al

mismo tiempo; sólo el sentido puede decidir sobre la traducción que ha de escogerse. Con esto

se relaciona el hecho de que en el sueño no hallamos una figuración del «no», al menos

unívoca.

Una oportuna analogía con este extraño comportamiento del trabajo onírico nos la ofrece el

desarrollo del lenguaje. Muchos lingüistas han formulado la tesis de que en las lenguas más

antiguas opuestos como fuerte-débil, claro-oscuro, grande-pequeño se expresaban mediante la

misma raíz («el sentido antitético de las palabras primordiales»). {Cf. la próxima nota.} Así, en la

lengua del Egipto antiguo ken quería decir, originariamente, fuerte y débil. Las desinteligencias a

que podía dar lugar el uso de palabras tan ambivalentes se prevenían, en el habla, mediante la

entonación y los gestos concomitantes, y en la escritura, mediante la adjunción de uno de los

llamados «determinativos», vale decir, una imagen no destinada ella misma a ser proferida.

Ken-fuerte se escribía, entonces, añadiendo tras los signos alfabéticos la imagen de un

hombrecillo erguido; y cuando se aludía a ken-débil, seguía la imagen de un hombre acuclillado

en actitud de abandono. Sólo más tarde, y mediante leves modificaciones de la palabra

primordial homófona, se obtuvieron dos designaciones para los opuestos en ella contenidos.

Así, de ken fuerte-débil nacieron un ken, fuerte, y un kan, débil. No sólo las lenguas más

antiguas en sus desarrollos últimos, sino otras mucho más recientes, y aun lenguas que todavía

hoy se hablan, habrían conservado abundantes relictos de este viejo sentido contrario. Quiero

comunicarles ahora, siguiendo a K. Abel (1884), algunos testimonios de ello (ver nota(159)).

En latín tenemos palabras de esa índole, que siguen siendo ambivalentes:altus (alto-profundo) y

sacer (sagrado -maldito) .

Como ejemplos de modificaciones de la misma raíz, menciono: clamare-clamar, clam-quedo,

callado, secreto; siccus-seco, succus-jugo. A esto se suma el alemán Stimme {voz}, stumm

{callado}.

Si se ponen en relación lenguas emparentadas se obtienen abundantes ejemplos. Inglés: lock,

cerrar; alemán: Loch {agujero}, Lücke {hueco, laguna}. Inglés: cleave, escindir; alemán: kleben

{pegar}.

El inglés without, en verdad mit-ohne {con-sín}, se usa hoy para significar ohne {sin}; with,

además de su significado de sumación, tuvo uno de sustracción, como lo prueban las

combinaciones withdraw {retirar}, withhold {retener}. Lo mismo el alemán wieder [«junto con»,

que se vincula a wider, «contra»].

Aun otra peculiaridad del trabajo del sueño halla su correspondiente en el desarrollo del

lenguaje. En la lengua del Egipto antiguo ocurría, como en otras lenguas posteriores, que la

secuencia fonética de las palabras se invertía conservándose el mismo sentido. Ejemplos de

ello, entre el inglés y el alemán, son: Tolpf, pot {pote}; boat, tub {bote o barquichuelo}; hurry

{prisa}, Ruhe {quietud}; Balken {viga}, Kloben {leño}, club {garrote}; wait (aguardar}, täuwen

{tardar}. Entre el latín y el alemán: capere, packen {coger}; ren, Niere {riñón}.

Inversiones como estas, practicadas aquí respecto de una palabra sola, se producen de diversa

manera por obra del trabajo del sueño. A la inversión del sentido, la sustitución por lo contrario,

la conocemos ya. Además, en sueños se hallan inversiones de la situación de la relación entre

dos personas, tal como en el «mundo, al revés». En el sueño es con harta frecuencia la liebre la

que dispara sobre el cazador. Por añadidura, hay inversión en la secuencia de los hechos, de

suerte que en el sueño el que precede causalmente es pospuesto al que le sigue. Ocurre

entonces como en la representación de una pieza en un teatrucho de mala muerte, donde

primero cae el héroe y sólo después hacen desde bambalinas el disparo que lo mata. También

hay sueños en que todo el orden de los elementos está invertido, de suerte que en la

interpretación es preciso tomar el último como primero y el primero como último si es que ha de

conseguirse un sentido. Recuerden ustedes, además, de nuestros estudios sobre el

simbolismo onírico, que entrar o caer en el agua significa lo mismo que salir de ella, a saber,

parir o ser parido, y que subir por una escalera o una escala es lo mismo que descender por

ella. Son notorias las ventajas que la desfiguración onírica puede extraer de esa libertad en la

figuración.

A estos rasgos del trabajo del sueño se los puede llamar arcaicos. Se aplican por igual a los

antiguos sistemas de expresión, tanto lenguas como escrituras, y acarrean las mismas

dificultades, a las que habremos de referirnos luego en un contexto crítico (ver nota(160)).

Agreguemos algunos otros puntos de vista. En el trabajo del sueño es cuestión, evidentemente,

de trasponer a imágenes sensibles, la mayoría de las veces de naturaleza visual, los

pensamientos latentes vertidos en palabras. Ahora bien, nuestros pensamientos proceden de

imágenes sensoriales de esa índole; su material primero y sus etapas previas fueron

impresiones sensoriales, mejor dicho: las imágenes mnémicas de estas. Sólo más tarde se las

conectó con palabras y estas, después, se ligaron en pensamientos. Por consiguiente, el

trabajo del sueño aplica a los pensamientos un tratamiento regresivo(161), les hace revertir su

evolución, y en el curso de esta regresión tiene que dejarse de lado todo lo que se sobreañadió,

como conquista nueva, en el desarrollo progresivo desde las imágenes mnémicas hasta los

pensamientos.

Ese sería, pues, el trabajo del sueño. Vistos los procesos de que hemos tomado conocimiento

en él, el interés por el sueño manifiesto tendría que disminuir mucho. Pero consagraré todavía

algunas observaciones a este último, que por cierto es el único que conocemos directamente.

Como es natural, el sueño manifiesto pierde. importancia para nosotros. No puede menos que

parecernos indiferente que esté bien compuesto o se resuelva en una serie de imágenes

aisladas, inconexas. Aun sí tiene una exterioridad en apariencia provista de sentido, bien sabemos que ella puede haber nacido por obra de la desfiguración onírica y quizá mantenga

con el contenido interior del sueño tan escasa relación orgánica como la fachada de una iglesia

italiana con su estructura y sus cimientos. Otras veces, hasta esta fachada del sueño tiene su

significado, por cuanto reproduce, poco o nada desfigurado, un importante ingrediente de los

pensamientos oníricos latentes. Pero no podemos saberlo antes de someter el sueño a la

interpretación y de formarnos, por esa vía, un juicio acerca del grado de desfiguración que ha

tenido lugar. Una duda semejante vale para el caso en que dos elementos parecen puestos en

el sueño en íntima relación. Ello puede contener la valiosa advertencia de que es lícito entramar

también lo correspondiente a estos elementos en el sueño latente, pero otras veces es posible

convencerse de que lo conjugado en los pensamientos ha sido desmembrado en el sueño.

En general, es preciso abstenerse de explicar una parte del sueño manifiesto a partir de otra,

como si el sueño estuviese concebido coherentemente y fuese una exposición pragmática. Más

bien, casi siempre es comparable a un trozo de mármol brecha, producido con diversos

fragmentos unidos por medio de una sustancia aglutinante, de suerte que los dibujos que de ahí

resultan no pertenecían a las piedras originarias incluidas. De hecho, existe una pieza del

trabajo del sueño, la llamada elaboración secundaria(162) a la que compete producir, a partir de

los resultados más inmediatos del trabajo del sueño, algo como un todo más o menos

entramado. Para ello el material es ordenado según un sentido que a menudo implica un

malentendido total, y, donde parece necesario, se efectúan intercalaciones.

Por otra parte, no es lícito sobrestimar el trabajo del sueño, exagerar su poder. Con las

operaciones que hemos enumerado se agota su actividad; no puede hacer más que condensar,

desplazar, figurar plásticamente y someter después el todo a una elaboración secundaria (ver

nota(163)). Lo que el sueño incluye en materia de formulación de juicios, crítica, asombro,

razonamiento, no son operaciones del trabajo del sueño, y sólo rara vez exteriorizaciones de la

reflexión sobre el sueño: casi siempre son fragmentos de los pensamientos oníricos latentes,

que, más o menos modificados y adaptados a la trama, han pasado al sueño manifiesto. El

trabajo del sueño tampoco puede componer dichos. Salvo unas pocas excepciones que pueden

indicarse, los dichos oníricos son reproducciones y combinaciones de dichos que el soñante

oyó o pronunció el día del sueño y que se incluyeron en los pensamientos latentes como

material o como incitador del sueño (ver nota(164)). De igual modo, el trabajo del sueño no

puede hacer cuentas; lo que hay dentro del sueño manifiesto son casi siempre combinaciones

de cifras, seudocuentas, por completo disparatadas como cuentas y, de nuevo, meras copias

de cuentas incluidas en los pensamientos latentes (ver nota(165)). Dadas estas condiciones, no

ha de maravillarnos que el interés volcado al trabajo del sueño pronto se desvíe de él y se dirija

a los pensamientos oníricos latentes, que, más o menos desfigurados, se traslucen por el

sueño manifiesto. No puede justificarse, empero, que en la consideración teórica ese traslado

llegue tan lejos que se reemplace totalmente el sueño por los pensamientos oníricos latentes, y

se diga de aquel algo que sólo puede ser válido para estos. Es extraño que los resultados del

psicoanálisis pudieran usarse impropiamente para un trastrueque así. «Sueño» no puede

nombrar a ninguna otra cosa que al resultado del trabajo onírico, vale decir, la forma a la cual los

pensamientos latentes han sido trasmudados por el trabajo onírico.

El trabajo onírico es un proceso de índole sumamente singular, del que hasta ahora no se han

llegado a conocer homólogos en la vida anímica. Tales condensaciones, desplazamientos,

trasposiciones regresivas de pensamientos en imágenes, son novedades cuyo conocimiento ya

recompensa con largueza los empeños psicoanalíticos. Por los paralelismos con el trabajo del

sueño, ya toman nota ustedes de los nexos que se han descubierto entre los estudios

psicoanalíticos y otros campos, en especial el desarrollo del lenguaje y el del pensamiento (ver

nota(166)). Vislumbrarán apenas el alcance más vasto de estas intelecciones si les digo que los

mecanismos de la formación del sueño son paradigmáticos respecto del modo en que se

generan los síntomas neuróticos.

También sé que no podemos abarcar todavía en su integridad la conquista que estos trabajos

significan para la psicología. Sólo queremos apuntar que hemos obtenido nuevas pruebas en

favor de la existencia de actos anímicos inconcientes -los pensamientos oníricos latentes son

eso-, y que la interpretación del sueño nos promete un acceso insospechadamente amplio al

conocimiento de la vida anímica inconciente.

Ahora bien, ya es tiempo de que les presente con detalle, a partir de pequeños y diversos

ejemplos de sueños, aquello para lo cual los he preparado en líneas generales.

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