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Estudio del psicoanálisis y psicología

Obras de Viktor Frankl: El Hombre en Busca de Sentido. PREFACIO (Gordon W. Allport)



PREFACIO
El Dr. Frankl, psiquiatra y escritor, suele preguntar a sus
pacientes aquejados de múltiples padecimientos, más o menos
importantes: "¿Por qué no se suicida usted?" Y muchas veces, de
las respuestas extrae una orientación para la psicoterapia a
aplicar: a éste, lo que le ata a la vida son los hijos; al otro, un
talento, una habilidad sin explotar; a un tercero, quizás, sólo unos
cuantos recuerdos que merece la pena rescatar del olvido. Tejer
estas tenues hebras de vidas rotas en una urdimbre firme,
coherente, significativa y responsable es el objeto con que se
enfrenta la logoterapia, que es la versión original del Dr. Frankl
del moderno análisis existencial.
En esta obra, el Dr. Frankl explica la experiencia que le llevó al
descubrimiento de la logoterapia. Prisionero, durante mucho
tiempo, en los bestiales campos de concentración, él mismo sintió
en su propio ser lo que significaba una existencia desnuda. Sus
padres, su hermano, incluso su esposa, murieron en los campos
de concentración o fueron enviados a las cámaras de gas, de tal
suerte que, salvo una hermana, todos perecieron. ¿Cómo pudo él
—que todo lo había perdido, que había visto destruir todo lo que
valía la pena, que padeció hambre, frío, brutalidades sin fin, que
tantas veces estuvo a punto del exterminio—, cómo pudo aceptar
que la vida fuera digna de vivirla ? El psiquiatra que
personalmente ha tenido que enfrentarse a tales rigores merece
que se le escuche, pues nadie como él para juzgar nuestra
condición humana sabia y compasivamente. Las palabras del Dr.
Frankl tienen un tono profundamente honesto, pues se basan en
experiencias demasiado hondas para ser falsas. Dado el cargo que
hoy ocupa en la Facultad de Medicina de Viena y el renombre que
han alcanzado las clínicas de logoterapia que actualmente van
desarrollándose en los distintos países tomando como modelo su
famosa Policlínica Neurológica de Viena, lo que el Dr. Frankl tiene
que decir adquiere todavía mayor prestigio.
Es difícil no caer en la tentación de comparar la forma que el
Dr. Frankl tiene de enfocar la teoría y la terapia con la obra de su
predecesor, Sigmund Freud. Ambos doctores se aplican
primordialmente a estudiar la naturaleza y cura de las neurosis.
Para Freud, la raíz de esta angustiosa enfermedad está en la
ansiedad que se fundamenta en motivos conflictivos e
inconscientes. Frankl diferencia varias formas de neurosis y
descubre el origen de algunas de ellas (la neurosis noógena) en la
incapacidad del paciente para encontrar significación y sentido de
responsabilidad en la propia existencia. Freud pone de relieve la
frustración de la vida sexual; para Frankl la frustración está en la
voluntad intencional. Se da en la Europa actual una marcada
tendencia a alejarse de Freud y una aceptación muy extendida del
análisis existencial, que toma distintas formas más o menos
afines, siendo una de ellas la escuela de logoterapia. Es
característico del abierto talante de Frankl el no repudiar a Freud,
antes bien construye sobre sus aportaciones; tampoco se enfrenta
a las demás modalidades de la terapia existencial, sino que
celebra gustoso su parentesco con ellas.
El presente relato, aun siendo breve, está elaborado con arte y
garra. Yo lo he leído dos veces de un tirón, incapaz de
desprenderme de su hechizo. En alguna parte, hacia la mitad del
libro, Frankl presenta su propia filosofía de la logoterapia: lo hace
como sin solución de continuidad y tan quedamente que sólo
cuando ha terminado el libro el lector se percata de que está ante
un ensayo profundo y no ante un relato más, forzosamente, sobre
campos de concentración.
Es mucho lo que el lector aprende de este fragmento
autobiográfico: aprende lo que hace un ser humano cuando, de
pronto, se da cuenta de que no tiene "nada que perder excepto su
ridícula vida desnuda". La descripción que hace Frankl de la
mezcla de emociones y apatía que se agolpan en la mente es
impresionante. Lo primero que acude en nuestro auxilio es una
curiosidad, fría y despegada, por nuestro propio destino. A
continuación, y con toda rapidez, se urden las estrategias para
salvar lo que resta de vida, aun cuando las oportunidades de
sobrevivir sean mínimas. El hambre, la humillación y la sorda
cólera ante la injusticia se hacen tolerables a través de las
imágenes entrañables de las personas amadas, de la religión, de
un tenaz sentido del humor, e incluso de un vislumbrar la belleza
estimulante de la naturaleza: un árbol, una puesta de sol.
Pero estos momentos de alivio no determinan la voluntad de
vivir, si es que no contribuyen a aumentar en el prisionero la
noción de lo insensato de su sufrimiento. Y es en este punto
donde encontramos el tema central del existencialismo: vivir es
sufrir; sobrevivir es hallarle sentido al sufrimiento. Si la vida tiene
algún objeto, éste no puede ser otro que el de sufrir y morir. Pero
nadie puede decirle a nadie en qué consiste este objeto: cada uno
debe hallarlo por sí mismo y aceptar la responsabilidad que su
respuesta le dicta. Si triunfa en el empeño, seguirá
desarrollándose a pesar de todas las indignidades. Frankl gusta de
citar a Nietzsche: "Quien tiene un porque para, vivir, encontrará
casi siempre el como".
En el campo de concentración, todas las circunstancias
conspiran para conseguir que el prisionero pierda sus asideros.
Todas las metas de la vida familiar han sido arrancadas de cuajo,
lo único que resta es "la última de las libertades humanas", la
capacidad de "elegir la actitud personal ante un conjunto de
circunstancias". Esta última libertad, admitida tanto por los
antiguos estoicos como por los modernos existencialistas,
adquiere una vivida significación en el relato de Frankl. Los
prisioneros no eran más que hombres normales y corrientes, pero
algunos de ellos al elegir ser "dignos de su sufrimiento"
atestiguan la capacidad humana para elevarse por encima de su
aparente destino.
Como psicoterapeuta que es, el autor quiere saber cómo se
puede ayudar al hombre a alcanzar esta capacidad, tan
diferenciadoramente humana, por otra parte. ¿Cómo puede uno
despertar en un paciente el sentimiento de que tiene la
responsabilidad de vivir, por muy adversas que se presenten las
circunstancias? Frankl nos da cumplida cuenta de una sesión de
terapia colectiva que mantuvo con sus compañeros de prisión.
A petición del editor, el Dr. Frankl ha añadido a su
autobiografía una breve pero explícita exposición de los principios
básicos de la logoterapia. Hasta ahora casi todas las publicaciones
de esta "tercera escuela vienesa de psicoterapia" (son sus
predecesoras las escuelas de Freud y Adler) se han editado
preferentemente en alemán, de modo que el lector acogerá con
agrado este suplemento del Dr. Frankl a su relato personal.
A diferencia de otros existencialistas europeos, Frankl no es ni
pesimista ni antirreligioso; antes al contrario, para ser un autor
que se enfrenta de lleno a la omnipresencia del sufrimiento y a las
fuerzas del mal, adopta un punto de vista sorprendentemente
esperanzador sobre la capacidad humana de trascender sus
dificultades y descubrir la verdad conveniente y orientadora.
Recomiendo calurosamente esta pequeña obrita, por ser una
joya de la narrativa dramática centrada en torno al más profundo
de los problemas humanos. Su mérito es tanto literario como
filosófico y ofrece una precisa introducción al movimiento
psicológico más importante de nuestro tiempo.
GORDON W. ALLPORT

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