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Estudio del psicoanálisis y psicología

Obras de Lev Semiónovich Vygotsky: Desarrollo de la memoria



Obras de Lev Semiónovich Vygotsky

Desarrollo de la memoria (1)

Prefacio al libro de A. N. Leontiev

La actual psicología científica sufre en su misma base metodológica una profundísima crisis, que ha venido incubándose a lo largo de todo su desarrollo histórico. Es una crisis que repercute en todas y cada una de las investigaciones psicológicas, tan plenamente y con tanta fuerza, que indiscutiblemente ha de llevar al comienzo de una nueva época en esta ciencia e implica la imposibilidad de que pueda seguir desarrollándose en sus viejos cauces. Cualquiera que sea la futura psicología, no podrá ser en ningún caso una nueva continuación directa de la antigua. Por eso, la crisis significa un punto de viraje en la historia de su evolución, y su dificultad radica en que se presentan entrelazados en una caprichosa y complicada madeja tanto rasgos de la psicología pasada como de la futura, de modo que la tarea de desenmarañarla presenta muchas veces enormes dificultades y reclama una investigación histórica, metodológica y crítica dedicada específicamente a este problema.
Como ya hemos dicho, la crisis adopta un carácter tan universal que no hay problema de cierta importancia en la psicología que no se haya visto afectado por ella. Es evidente que cada tópico de la psicología científica la vive a su manera. Cada problema se expresa de una manera específica y halla una determinada interpretación en función del carácter del problema investigado y de los cambios históricos por los que ha pasado. Pese a ello, la naturaleza metodológica de la crisis continúa, de hecho, siendo la misma, al margen de la amplia variedad de sus manifestaciones, de toda la riqueza que muestra en su refracción cuando pasa a través de los diferentes prismas de los distintos problemas investigados. De ahí que sólo a la luz de la crisis que abarca el problema en su totalidad, los puntos de partida, el método y el planteamiento de la cuestión, puede comprenderse y abordarse metodológicamente no sólo el intento de definir en general las bases y el sistema de los conocimientos psicológicos, sino también cada investigación concreta dedicada a una u otro problema psicológico específico.
No constituye una excepción a esta regla el problema a que está dedicada la investigación de A. N. Leontiev, a la que sirven de introducción estas 111 líneas. De hecho, la memoria es un problema psicológico de tal calibre que en él aparecen con mayor precisión y claridad los principales rasgos de la crisis.
Como es sabido, el contenido fundamental de la crisis psicológica lo constituye la lucha entre dos tendencias irreconciliables y radicalmente diferentes, que a lo largo de la evolución de la psicología, y entrelazadas de diferentes formas, han servido de base a la ciencia psicológica. En la actualidad, los representantes más lúcidos de la psicología son ya hoy bastante conscientes de estas tendencias, y han comprendido también en su mayoría que no es posible ningún compromiso entre ellas. Un reducido número de audaces pensadores comienza a darse cuenta de que ha la psicología le espera en el camino de su desarrollo un viraje decisivo, relacionado con la renuncia radical a las dos tendencias que hasta ahora han dirigido su evolución y determinado su contenido.
Esta crisis se expresa fundamentalmente en el supuesto, falso, de dos psicologías: la científico-natural, causal, explicativa, y la teleológica, descriptiva, como dos disciplinas teóricas no relacionadas entre sí y totalmente independientes una de otra.
Esta misma lucha entre tendencias tan irreconciliables ha determinado asimismo, en lo fundamental, el destino de las investigaciones sobre la memoria en psicología. De acuerdo con la acertada observación de H. Münsterberg, la psicología teleológica raramente se manifiesta de una forma realmente pura y consecuente. La mayoría de las veces aparece mezclada exteriormente y de alguna manera, con elementos de la psicología causal. En ese caso, refleja, por ejemplo, los procesos de la memoria como causales y los sensitivos y volitivos como intencionales, un desplazamiento éste que se sigue fácilmente de la influencia de las concepciones ingenuas de la vida cotidiana.
Y en efecto, por lo común, los procesos de la memoria en psicología eran tratados desde el punto de vista de la psicología científico-natural, causal. La valiosa idea expuesta por E. Hering de que la memoria es la propiedad general de la materia organizada y una serie de investigaciones que se desarrollaron bajo el influjo de este pensamiento están en el origen de la corriente materialista espontánea en la doctrina de la memoria —dentro de la doble corriente mixta de la psicología empírica. No es extraño, por tanto, que el punto de vista fisiológico extremo en psicología, que había encontrado su máxima expresión en la corriente asociacionista y que había dado lugar a la aparición de la psicología de la conducta y a la reflexología, convirtiera el problema de la memoria en su tema preferido y central.
Pero como sucede repetidamente en la historia del saber, la propia existencia de este punto de vista condujo obligatoriamente a que en el otro polo comenzaran a acumularse sobre la memoria ideas de carácter totalmente opuesto. Las especiales regularidades psicológicas de la memoria, las formas y procedimientos de su funcionamiento, específicamente humanos, no podían obtener, evidentemente, una explicación razonablemente satisfactoria en un 112 planteamiento enteramente analítico del problema, que veía el objetivo final de la investigación en la reducción de las formas superiores de la memoria a sus formas inferiores, primarias, embrionarias, a su base orgánica general y a la disolución de la totalidad del problema en una concepción vaga, indeterminado, difusa, que se hallaba casi en los límites de la metafísica, del «mnemo» como la capacidad universal de la materia.
Por consiguiente, el materialismo metafísico condujo obligatoriamente a que en el polo opuesto, siguiendo este camino de forma consecuente, apareciera una metafísica idealista.
Esta concepción idealista de la memoria superior encontró su más alta expresión en el conocido trabajo de E. Bergson «Materia y memoria», en el que esta condicionalidad mutua entre los puntos de vista mecanicista e idealista se manifiesta con la mayor claridad. Cuando Bergson analiza la memoria motriz, que sirve de base a la formación de la costumbre, parte de la imposibilidad de subordinar la actividad de la memoria humana en su conjunto a las regularidades de este tipo de memoria. De las leyes de la costumbre no se pueden deducir y explicar las funciones del recuerdo: ese es el nervio oculto, pero central, de toda la teoría, su premisa fundamental, su única base real, sobre la cual se mantiene y junto con la cual cae. De aquí su doctrina de las dos memorias: la del cerebro y la del espíritu.
En esta teoría —uno de cuyos principales argumentos es el criterio mecanicista consecuente sobre la memoria orgánica— el dualismo, característico de toda su psicología y de la de la memoria en particular, adquiere una fundamentación metafísica. Para Bergson, como buen behaviorista consecuente, el cerebro es simplemente un aparato para la conexión entre los impulsos internos y los movimientos del cuerpo. En nuestra opinión, dice, el cerebro no es más que una especie de central telefónica, cuyo papel es el de dar una comunicación u obligar a esperar. El desarrollo del sistema nervioso consiste únicamente en que los puntos del espacio, que se ponen en conexión con los mecanismos motores, se hacen cada vez más numerosos, lejanos y complicados. Pero el papel esencial del sistema nervioso a todo lo largo de su evolución sigue siendo el mismo. No adquiere cualitativamente nuevas funciones, y el cerebro, ese órgano fundamental del pensamiento humano, no se distingue esencialmente en nada, según Bergson, de la médula espinal. Entre las denominadas facultades perceptivas del cerebro y las funciones reflectoras de la médula espinal, la única diferencia, dice, consiste en el grado y no en la esencia.
De aquí que Bergson distinga, naturalmente, dos teorías de la memoria. Para una, es tan sólo una función del cerebro, y la diferencia entre percepción y recuerdo es únicamente de intensidad; para la otra, la memoria es algo distinto de una función del cerebro, y la percepción y el recuerdo se distinguen no sólo cuantitativa, sino cualitativamente. El propio Bergson es partidario de la segunda teoría. Para él, la memoria es algo distinto de una función del cerebro. Es algo «absolutamente independiente de la materia». «Con la memoria entramos en realidad en el campo del espíritu», así formula 113 su idea fundamental. El cerebro es simplemente un instrumento que permite que se revele esta actividad puramente espiritual. Todos los hechos y todas las analogías hablan, desde su punto de vista, a favor de la teoría que considera el cerebro como algo más que un intermediario entre las sensaciones y los movimientos.
Vemos, por tanto, que el enfoque dualista, dominante en la psicología, halla su mejor expresión en la doctrina de las dos memorias, y vemos a continuación cómo este dualismo conduce irremisiblemente, lo mismo desde arriba que desde abajo, a la concepción idealista de la memoria, a la teoría de Bergson de la memoria del espíritu, absolutamente independiente de la materia, o a la teoría de la memoria genética y universal, a la teoría mnemónica de Semon.
Cuando, uno estudia las investigaciones psicológicas de la memoria orientadas en ese sentido, comienza a parecerle que estos trabajos pertenecen a una época de la investigación científica, hace tiempo pasada, en la que el método histórico era ajeno a todas las ciencias y en la que A. Compte ya percibía el papel privilegiado que podía jugar la sociología con el recurso de este método. Porque el método histórico del pensamiento y la investigación entrará en la psicología más tarde que en todas las demás ciencias.
A partir de los tiempos de Compte, la situación varía radicalmente. No sólo la biología, sino la astronomía, la geología y toda la ciencia natural en general habían asimilado el método histórico de pensar, a excepción únicamente de la psicología. En su tiempo, Hegel consideraba la historia como privilegio del espíritu y negaba este privilegio a la naturaleza. Sólo el espíritu tiene historia, mientras que en la naturaleza todas las formas son simultáneas. Pero hoy la situación es inversa. Hace tiempo que la ciencia de la naturaleza ha asimilado la verdad de que todas las formas no son simultáneas en la naturaleza y sólo pueden ser comprendidas desde la perspectiva de su desarrollo histórico. Sólo los psicólogos marcan en su ciencia una excepción suponiendo que la psicología se ocupa de fenómenos eternos e invariables, independientemente de que esas propiedades eternas e invariables procedan de la materia o del espíritu. El enfoque metafísico de los fenómenos psicológicos se mantiene en uno u otro caso con igual fuerza.
Esta idea antihistórica encontró su máxima expresión en la conocida tesis de la psicología transcultural asociacionista, que sostiene que las leyes del espíritu humano son las mismas siempre y en cualquier lugar. Por extraño que parezca, la psicología no ha asimilado aún la idea de la evolución, pese a que dedica áreas enteras a estudiar justamente el problema de la evolución. Esta contradicción interna se refleja en que son precisamente los psicólogos que estudian la evolución los que la plantean como problema metafísico.
Son conocidas las enormes dificultades que plantea para la psicología de la memoria el problema de su desarrollo en la edad infantil. Ha habido psicólogos que, basándose en hechos irrefutables, afirmaban que en la infancia la memoria se desarrolla igual que todas las demás funciones. Otros, apoyándose en hechos igual de irrefutables, afirmaban que a medida que el 114 niño avanza en su desarrollo su memoria se debilita y disminuye. Otros aún trataban de conciliar ambas tesis, y sostenían que en la primera mitad de la infancia la memoria se desarrolla y en la segunda disminuye.
Esta situación no es característica sólo de la psicología infantil. También lo es de la psicopatología, que tampoco ha podido comprender las pautas propias del proceso de desintegración de la memoria y también cabe decir lo mismo de la psicología animal. Para todas estas ciencias la evolución de la memoria no significaba otra cosa que un incremento puramente cuantitativo de la función, invariable siempre en sí misma.
Podríamos generalizar todas estas insuficiencias diciendo que lo que ha representado una enorme dificultad para la psicología de la memoria ha sido el estudio de la memoria en su movimiento, la tarea de captar las distintas formas de este movimiento. La investigación psicológica se encuentra así con dificultades insuperables.
Es costumbre hoy quejarse de las deficiencias de la psicología y de su desastrosa situación. Muchos piensan que la psicología como ciencia aún no ha comenzado y que comenzará tan sólo en un futuro más o menos lejano. Los prólogos a las investigaciones psicológicas se escriben en tono menor: Príamo, en las ruinas de Troya, por recordar la imagen de N. N. Langue, que no encontró mejor comparación para la psicología actual, imagen que deambula por las páginas de los libros de psicología.
Los pensadores serios, como, por ejemplo, el académico Pávlov, están dispuestos a admitir como dificultades inevitables inherentes a la propia ciencia, las que aparecen en tal o cual profesor alemán al confeccionar el programa de un curso universitario de psicología. Antes de la guerra, en 1913, dice, se planteó en Alemania la cuestión de separar en las universidades la psicología de la filosofía, es decir, de organizar dos cátedras, en lugar de una sola, como había hasta entonces. W. Wundt se manifestó enemigo de semejante separación, basándose, por cierto, en que en psicología no se puede confeccionar un programa obligatorio común, ya que cada profesor tiene su propia psicología especial. ¿No está claro, concluye el académico Pávlov, que la psicología no ha alcanzado aún el grado de ciencia exacta?
Pero tales argumentos resuelven en sencillas operaciones y sobre un programa de dos líneas el problema de una ciencia, el problema de siglos pasados y venideros.
Para disgusto de los llorones, sin embargo, la psicología no piensa morir. Por el contrario, trata de tomar conciencia de su propio plan de investigaciones, de crear su propia metodología, y mientras pesimistas como Möbius, declaran «la desesperanza de cualquier psicología» como argumento fundamental en favor de la metafísica, otros intentan superar esta última con ayuda de la psicología científica.
El primer punto de partida de las nuevas investigaciones es la idea del desarrollo: no explicar el desarrollo de la memoria partiendo de sus propiedades, sino deducir éstas partiendo de su desarrollo. Esa es la tarea 115 fundamental de la nueva investigación, en la que también se inscribe el trabajo de A. N. Leontiev.
Su deseo de basarse en el enfoque histórico de la memoria conduce al autor a unir métodos de investigación metafísicamente divididos hasta ahora en la psicología. Le interesan tanto el desarrollo como la desintegración, el análisis genético y el patológico, le interesan también, tanto una memoria extraordinaria como la de un medio idiota. Y esta unión no es casual. Se desprende como necesidad lógica del principal punto de partida de toda la investigación, que no es otra que el intento de estudiar la memoria partiendo de su evolución histórica.
La distinción empírica de las funciones superiores de la memoria no es nueva. Se la debemos a la psicología experimental, que ha logrado diferenciar empíricamente funciones tales como la atención arbitraria y la memoria lógica, aunque dándole una explicación metafísica. En la investigación que aquí presentamos se realiza un intento de establecer como base del estudio de las funciones superiores de la atención y la memoria —en todo lo que se diferencian de las elementales y en su unidad y conexión con ellas— la especificidad de su proceso de desarrollo, al cual deben su aparición. Mostrar experimentalmente el devenir de la denominada memoria lógica y la denominada memoria arbitraria, descubrir su psicogénesis, seguir si destino ulterior y comprender los fenómenos principales de la memoria y la atención en la perspectiva de su desarrollo: esa es la tarea de esta investigación.
En ese sentido, el trabajo metodológico de Leontiev viene determinado por nuestra idea básica y central: la idea del desarrollo histórico del comportamiento del hombre, la teoría histórica de las funciones psicológicas superiores. El origen y la evolución de las funciones psicológicas del hombre, y en particular de las funciones superiores de la memoria, es, desde el punto de vista de esta teoría, la clave para comprender su naturaleza, su composición, su estructura, su forma de actuar y al mismo tiempo la clave de todo el problema de la psicología del hombre, que intenta descubrir de una manera adecuada el contenido verdaderamente humano de esta psicología.
Y junto a la introducción del punto de vista histórico en psicología, salta con ella a primer plano la interpretación especialmente psicológica de los fenómenos estudiados y de las regularidades que los rigen. Esta investigación parte del convencimiento de que existen regularidades psicológicas especiales, conexiones, relaciones y dependencias, que es necesario estudiar como tales, es decir psicológicamente.
Podríamos repetir la tesis planteada por uno de los más destacados representantes de la psicología idealista actual: la psychologica psychologice, introduciendo en ella, no obstante, un contenido esencialmente distinto. Para la psicología idealista, la exigencia de estudiar psicológicamente lo psicológico significa ante todo la de estudiar por separado la psique como reino independiente del espíritu, sin la menor relación con la base material de la existencia humana. Para el autor que defiende la tesis idealista, ésta significa, en esencia: lo psíquico es totalmente independiente. Pero formalmente, 116 este principio, que exige estudiar desde un punto de vista psicológico las regularidades psicológicas, es profundamente acertado. Justamente en el libro de A. N. Leontiev lo que se intenta es, alterando el contenido esencial de esta exigencia, desarrollar de forma consecuente el punto de vista psicológico en el tema a estudiar.
De ahí que el trabajo plantee también una serie de tesis de carácter práctico e inmediato. No en vano, otro aspecto del problema del desarrollo de la memoria ha sido siempre el de la educabilidad de la memoria, y hay que decir claramente que el planteamiento metafísico de la cuestión en loe que respecta a la psicología de la memoria ha dado siempre lugar a que la pedagogía de la memoria careciese de fundamentación psicológica. Sólo un nuevo punto de vista, que trata de descubrir la naturaleza psicológica de la memoria enfocada desde la perspectiva de su evolución, puede llevarnos por primera vez a una pedagogía de la memoria construida de forma verdaderamente científica, a la fundamentación psicológica de su educación.
En todos estos aspectos el trabajo de Leontiev constituye un primer paso en la investigación de la memoria desde un nuevo punto de vista y, como cualquier primer intento, no abarca, naturalmente, todo el problema en su conjunto y no puede pretender resolverlo más o menos en su totalidad. Pero este primer paso ha sido dado en una dirección completamente nueva y extraordinariamente importante, cuyo punto final puede definirse con pocas y sencillas palabras, desgraciadamente extrañas hasta ahora para la mayoría de las investigaciones psicológicas en este campo: la memoria del hombre.

Notas:
1 Escrito y publicado en 1931 (Moscú, Leningrado)

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