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Estudio del psicoanálisis y psicología

Obras de Lev Semiónovich Vygotsky: La psicología y la teoría de la localización de las funciones psíquicas



Obras de Lev Semiónovich Vygotsky

La psicología y la teoría de la localización de las funciones psíquicas (1)

A favor de la legitimidad y fecundidad de un enfoque psicológico del problema de la localización de las funciones psíquicas habla el hecho de que las concepciones psicológicas que han prevalecido en cada época han hecho llegar siempre su influencia al problema de la localización: (.a la psicología asociacionista corresponde la doctrina atomista de la localización; a la psicología estructural, la tendencia de los científicos actuales a la interpretación integradora de la localización. El problema de la localización es en esencia el de la relación entre las unidades estructurales y las funcionales en la actividad cerebral. Por eso, mantener una u otra concepción sobre la localización no es ni mucho menos irrelevante para establecer cuál es el auténtico carácter de la localización.
Las teorías actuales más avanzadas sobre la localización han logrado superar los principales defectos de la doctrina clásica, pero, con todo, no han logrado resolver satisfactoriamente el problema de la localización de las funciones psíquicas, fundamentalmente a causa de las insuficiencias del análisis psicológico-estructural de las funciones a localizar que han aplicado. No podemos explotar todas las posibilidades que encierra el gran avance que se ha producido dentro de la doctrina de la localización, y que se debe a los logros de la histología, la citoarquitectura del cerebro y la medicina práctica, porque carecemos de un sistema de análisis psicológico suficientemente complejo y poderoso. Donde más se deja notar esta carencia es en el problema de la localización de las zonas del cerebro específicamente humanas. Aunque la mayoría de los investigadores actuales concuerdan en la imperfección del punto de vista contrario a las localizaciones específicas y la insuficiencia de la fórmula «el cerebro como un conjunto», el análisis funcional de que se sirven, basado en los principios de la psicología estructural, ha resultado tan impotente para llevar a la doctrina de la localización más allá de las limitaciones de esa posición, como valioso y fecundo fue en su momento para resolver la primera etapa crítica del trabajo que se planteaban las nuevas teorías (superar la doctrina atomista). 133
La psicología estructural en que se basan las teorías actuales, no permite, por su propia esencia, ir más allá de reconocer a cada centro cerebral dos funciones: una específica, relacionada con una clase determinada de actividad de la conciencia y otra no específica, relacionada con cualquier otra actividad de la misma (la doctrina de K. Goldstein sobre la figura y el fondo y la de K. Lashley sobre las funciones específica y no específica de la corteza óptica). Esta doctrina reagrupa, de hecho, la vieja doctrina clásica sobre la estricta correspondencia entre las unidades estructurales y funcionales, sobre la especialización de sectores aislados para determinadas funciones limitadas (doctrina sobre la función específica de los centros) y la nueva concepción, de tendencia deslocalizadora, que niega esa correspondencia y esa especialización funcional de sectores aislados y que parte de la fórmula «el cerebro como conjunto» (doctrina sobre la función no específica de los centros, función en la que todos estos centros desempeñan un papel equivalente).
Estas doctrinas, por consiguiente, no se elevan por encima de las dos posiciones extremas existentes en la teoría de la localización, sino que las unen mecánicamente, incorporando así todos los defectos de la vieja y nueva doctrina: la localización estricta y la antilocalización. Y esto se refleja con especial fuerza en el problema de la localización de las funciones psíquicas superiores, ligadas a sectores específicamente humanos del cerebro (lóbulos frontales y parietales). En esta cuestión, el peso de los hechos obliga a los investigadores a salirse de los límites de la concepción de la psicología estructural e introducir nuevos conceptos fisiológicos (doctrina del pensamiento categorial de Goldstein, doctrina de la función simbólica de H. Head, doctrina de la categorización de la percepción de O. Petzel y otras).
Sin embargo, esos mismos investigadores reducen de nuevo estos conceptos psicológicos a las funciones principales y elementales («función principal del cerebro» en Goldstein, estructuración en Petzel) o los transforman en entes metafísicos existentes desde los tiempos más remotos (Head). Por tanto, girando dentro del círculo vicioso de la psicología estructural, la doctrina de la localización de las funciones específicamente humanas oscila entre los polos del naturalismo y espiritualismo extremos.
Creemos que el sistema de análisis psicológico adecuado para desarrollar una teoría debe partir de la teoría histórica de las funciones psíquicas superiores, que a su vez se apoya en una teoría que responde a la organización sistémica y al significado de la conciencia en el hombre. Esta doctrina atribuye un significado primordial a: a) la variabilidad de las conexiones y relaciones interfuncionales; b) la formación de sistemas dinámicos complejos, integrantes de toda una serie de funciones elementales, y c) la reflexión generalizada de la realidad en la conciencia. Estos tres aspectos constituyen, en la perspectiva teórica que defendemos, el conjunto de características esenciales y fundamentales de la conciencia humana y son la expresión de la ley según la cual los saltos dialécticos no son únicamente la transición de la materia inanimada a la sensación, sino también la de ésta al pensamiento. Utilizada por nosotros durante varios años como hipótesis de 134 trabajo, esta teoría nos ha conducido en la investigación de una serie de problemas de psicología clínica a tres tesis fundamentales, relativas al problema de la localización y que podemos tomar como hipótesis de trabajo, que parecen explicar bien los hechos clínicos conocidos sobre este problema y permiten además plantear una adecuada investigación experimental.
La primera de nuestras conclusiones se refiere a la función del conjunto y de cada una de las partes en la actividad del cerebro. El análisis de los trastornos afásicos, agnósticos y apráxicos nos obliga a reconocer que en las doctrinas de Goldstein y Lashley no se logra realmente resolver el problema de las funciones del conjunto y de las partes. El supuesto de una función doble (específica y no específica) para cada centro es incapaz de explicar adecuadamente la complejidad de los hechos obtenidos en los experimentos sobre los trastornos que citábamos arriba. La investigación nos obliga pues a llegar a una solución en cierto sentido contraria. En primer lugar, nos muestra que una función específica no está ligada nunca a la actividad de un centro determinado y que es siempre producto de la actividad integrada de diversos centros, rigurosamente diferenciados y relacionados jerárquicamente entre sí. En segundo lugar, nuestra investigación pone de manifiesto que tampoco la función global del cerebro, que sirve para crear el fondo, se sigue de la actividad conjunta, indivisible y funcionalmente homogénea de cada uno de los centros, sino que es producto de la actividad integrada de las funciones correspondientes a áreas específicas del cerebro separadas, diferenciadas y unidas de nuevo entre sí jerárquicamente, que no participan directamente en la formación de figuras. En la actividad cerebral, por consiguiente, ni la función global es una función simple, homogénea, indivisa, ejecutada de manera global, en uno de los casos por el cerebro funcionalmente homogéneo, ni la función parcial implica un centro especializado, asimismo homogéneo. Tanto en la función global como en la parcial se dan la división y la unidad, la actividad integradora de los centros y su diferenciación funcional. Diferenciación e integración no sólo no se excluyen una a otra, sino que presuponen, por el contrario, su acción mutua y caminan en cierto modo en paralelo. Y lo más importante de todo es que para diferentes funciones hay que presuponer también una estructura igualmente distinta de las relaciones intercentrales. Podemos en cualquier caso, considerar establecido que las relaciones entre el conjunto y las partes se representan en dos modalidades esencialmente distintas: cuando en la actividad cerebral la figura la representan las funciones psíquicas superiores y el fondo, las inferiores; y cuando, por el contrario, la figura la representan las funciones inferiores y el fondo, las superiores. Desde esta perspectiva que hemos expuesto de las relaciones intercentrales en las diferentes formas de actividad de la conciencia, podemos llegar a explicaciones muy hipotéticas ante fenómenos tales como el desarrollo automatizado y desautomatizado de un proceso determinado o la realización de una misma función a distinto nivel, etcétera. A partir de las investigaciones experimentales que nos han 135 suministrado la base empírica para las generalizaciones que hemos expuesto, hemos llegado a las dos tesis siguientes:
1. En una lesión focal (afasia, agnosia, apraxia) todas las restantes funciones no relacionadas directamente con el sector lesionado se sienten afectadas de forma específica y no manifiestan nunca una disminución uniforme, como cabría esperar según la teoría de la equivalencia de los sectores frontales del cerebro respecto a su función no específica.
2. 2. Una misma función que no guarde relación con el sector lesionado, se ve afectada también de forma totalmente específica cuando varía la localización de la lesión y no muestra igual disminución o trastorno cuando varía .a localización del foco, como cabría esperar, de acuerdo con la teoría de la equivalencia de los diferentes áreas del cerebro que participan en la formación del fondo.
Ambas tesis nos obligan a concluir que la función del conjunto está organizada y estructurada como una actividad integrada, que tiene por base relaciones intercentrales dinámicas diferenciadas de forma compleja y conectadas jerárquicamente.
Otra serie de investigaciones experimentales nos ha permitido a su vez establecer las tesis siguientes:
1. 1. Una función compleja determinada (el lenguaje) se verá afectada en el caso de lesión de un área determinada, y estará relacionada siempre globalmente en todas sus partes, aunque no uniformemente, con un aspecto parcial de esa función (sensorial, motora, mnémica). Esto indica que el normal funcionamiento de este complicado sistema psicológico no está garantizado únicamente por el conjunto de todas las funciones de las áreas especializadas, sino por un único sistema de centros, que participa en la formación de cualquiera de los aspectos parciales de la función en cuestión.
2. Cualquier función compleja, no relacionada directamente con el sector lesionado, se ve afectada de forma completamente específica no sólo en cuanto a la reducción del fondo, sino como figura, cuando la lesión afecta funcionalmente al área a la que esté estrechamente conectada tal función. Eso vuelve a indicar que el funcionamiento normal de cualquier sistema complejo depende de la actividad integral de un determinado sistema de centros, sistema compuesto no sólo por centros directamente conectados a uno u otro aspecto del sistema psicológico en cuestión.
Estas dos tesis nos fuerzan a concluir que tanto la función de una parte concreta como la del conjunto están estructuradas como una actividad integrada, basada en complicadas relaciones intercentrales.
No cabe duda de que cabe apuntar al análisis localizacionista-estructural el haber desvelado y sometido a investigación estas complejas relaciones jerárquicas intercentrales. Sin embargo, los mejores investigadores que trabajan se han limitado hasta ahora a aplicar estos conceptos funcionales, tanto a la actividad de los centros superiores como a la de los inferiores y sin distinguir en ellos ninguna organización jerárquica. De hecho interpretan las alteraciones funcionales de los centros superiores (por ejemplo, el área óptica ancha de O. 136 Petzel) desde la óptica de la psicología de las funciones de los centros inferiores (área óptica estrecha). Pero los principios básicos de la psicología estructural de la que parten estos investigadores, no permiten reflejar adecuadamente la complejidad y jerarquización de estas relaciones interespaciales, y no pueden por tanto superar los límites de un análisis en términos puramente descriptivos (más primitivo/más complejo, más corto/más largo). Por eso se ven obligados a reducir las funciones específicas de los centros superiores a las de los inferiores (la inhibición y la liberación) e ignorar las novedades que en la actividad del cerebro introducen cada una de las funciones de estos centros superiores, a los que atribuyen la capacidad de inhibir y sensibilizar la actividad de los centros inferiores, pero no la de crear e incorporar a la actividad del cerebro nada esencialmente nuevo. Nuestras investigaciones nos llevan a suponer lo contrario: es decir que la función específica de cada sistema intercentral concreto consiste en primer lugar en proporcionar una forma totalmente nueva y productiva de actividad consciente, que no se limita a inhibir y estimular los centros inferiores. El principal aspecto en la función específica de cada centro superior es el nuevo modus operandi de la conciencia.
La segunda conclusión general a la que hemos llegado a partir de nuestras investigaciones experimentales se refiere a la cuestión de la correlación entre las unidades funcionales y estructurales que se dan en los trastornos del desarrollo infantil provocados por alguna deficiencia cerebral o por la desintegración de determinados sistemas psicológicos como resultado de determinada lesión en un cerebro adulto y que nos permite suponer una localización análoga a la que se daría en el niño. El estudio de la sintomatología que acompaña al desarrollo psíquico deficiente en las diferentes patologías cerebrales, comparado con el de las alteraciones y trastornos patológicos que se siguen a la lesión en una localización análoga de un cerebro adulto, nos lleva a la conclusión de que es posible observar un cuadro sintomático análogo en el niño y el adulto cuando la localización de las lesiones es distinta y, por el contrario, lesiones con la misma localización en el niño y en el adulto pueden dar lugar a cuadros sintomáticos completamente diferentes.
Como conclusión relevante podemos afirmar que las profundas diferencias que observamos en cuanto a las consecuencias de las mismas lesiones según éstas se produzcan como proceso de desarrollo de deterioro podrían explicarse mediante esta ley general: en los trastornos de desarrollo provocados por una patología cerebral, siendo iguales las restantes circunstancias, resulta funcionalmente más afectado el centro superior más próximo al sector lesionado y relativamente menos al centro inferior más próximo a él, del que sin embargo depende funcionalmente. Mientras que en la involución se observa la relación contraria: en las lesiones de cualquier centro, siendo iguales las restantes circunstancias, resulta más afectado el centro inferior dependiente del más próximo al sector lesionado y relativamente menos, el superior más próximo a él, del que depende funcionalmente. 137
Encontramos la confirmación real de esta ley en todos los casos de afasias y agnosias infantiles congénitas o tempranas y en los de trastornos que se observan en niños y adultos como secuelas de encefalitis epidémicas, así como en los casos de oligofrenias con diferentes localizaciones de la patología.
Lo que explica esta regularidad de los efectos es que las relaciones complejas entre los diferentes sistemas cerebrales son producto del desarrollo, de modo que tanto en la evolución del cerebro como en el funcionamiento del cerebro adulto debe observarse una diferente dependencia mutua de los centros. Los centros inferiores, que en la historia del cerebro son condición previa para el desarrollo de las funciones de los centros superiores (que dependen por tanto evolutivamente de los inferiores) debido a la ley de la transmisión de las funciones hacia arriba, dejan de ser independientes en el cerebro desarrollado y adulto y quedan subordinadas a instancias que dependen sin embargo para ejercer su actividad de los centros superiores. El desarrollo va de abajo arriba, la decadencia de arriba abajo.
Tenemos una confirmación empírica complementaria de esta tesis en las observaciones acumuladas sobre los mecanismos compensatorios o sustitutivos e indirectos que se producen en el desarrollo. Estas observaciones muestran que en un cerebro adulto con un defecto determinado son los centros superiores los que con frecuencia se hacen cargo de la función compensatoria mientras que en un cerebro en proceso de desarrollo los que se hacen cargo son los centros inferiores respecto al sector afectado. Gracias a esta ley, el estudio comparativo del desarrollo y del deterioro se convierte en una de las vías más fructíferas para la investigación del problema de la localización en general y, en particular, el problema de la localización cronogenética.
La última de nuestras tres tesis teóricas generales a que dan pie nuestra investigación experimental se refiere a las características específicas de la localización de las funciones en las áreas cerebrales específicamente humanas. La investigación de afasias, agnosias y apraxias nos lleva a la conclusión de que en la localización de estos trastornos desempeñan un importante papel las alteraciones de las conexiones extracerebrales en la actividad del sistema de centros que asegura el funcionamiento correcto de las formas superiores del lenguaje, el conocimiento y la actuación. Esta conclusión se soporta empíricamente en las observaciones sobre la historia del desarrollo de las formas superiores de actividad de la conciencia, que nos muestran que inicialmente todas estas funciones actúan en estrecha conexión con la actividad externa y sólo posteriormente parecen interiorizarse, transformándose en actividad interna. La investigación de las funciones compensatorias que aparecen en estos trastornos muestra también que la objetivación de la función alterada, su desplazamiento hacia fuera y su transformación en una actividad externa es uno de los principales mecanismos de compensación de las alteraciones.
El sistema de análisis psicológico que aquí proponemos y que hemos utilizado en las investigaciones sobre el problema de la localización a que 138 hacemos referencia, supone a nuestro parecer un cambio radical en el método experimental psicológico. Un cambio que podemos sintetizar en dos aspectos principales:
1. Sustituir el análisis que descompone el complejo conjunto psicológico en sus elementos integrantes (y que en ese proceso de descomposición del conjunto en sus elementos pierde aquellas propiedades globales propias del conjunto que trataba de explicar), por otra forma de análisis en que se descomponga el conjunto completo en unidades que no puedan ser ya objeto de ulterior descomposición, pero que sigan conservando en su forma más simple las propiedades inherentes al conjunto.
2. Sustituir el análisis estructural y funcional, incapaz de abarcar la actividad en su conjunto, por el análisis interfuncional o por sistemas, basado en el análisis de las conexiones y relaciones interfuncionales, determinantes de cada una de las formas de actividad dadas.
El empleo de este método en la investigación psicológica clínica permite: a) explicar, partiendo de un solo principio, los síntomas positivos y negativos; b) unificar en una estructura regular todos los síntomas, incluso aquellos que mantienen relaciones más lejanas; y, c) establecer la vía que lleva desde alteraciones focales determinadas al cambio concreto que se produce en el sujeto como entidad global y en su modo de vida.
Todos los fundamentos teóricos nos llevan a suponer que el problema de la localización no puede resolverse de forma idéntica en los animales y en el hombre. Por eso, trasponer directamente los datos desde la experimentación con animales en que se realiza la extirpación de determinadas áreas del cerebro, al campo del análisis clínico y al problema de la localización en el hombre (K. Lashley) no puede sino llevar a graves errores. La teoría de la evolución de las facultades psíquicas en el reino animal según líneas puras y mixtas, que se va imponiendo cada vez más en la psicología comparada actual, nos hace inclinarnos hacia la idea de que las unidades estructurales y funcionales en la actividad cerebral específicas del hombre, difícilmente pueden darse en el reino animal y de que el cerebro humano dispone, en comparación con los animales, de un principio localizador, gracias al cual ha llegado a convertirse en el órgano de la conciencia humana.

Notas:
1 Comunicación presentada en el I Congreso de Psiconeurología de Ucrania (junio, 1934). Publicadas en el libro «Actas del I Congreso de Ucrania de Neuropatólogos y Psiquiatras», Járkov, 1934.

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