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Estudio del psicoanálisis y psicología

La Psicología de 1850 a 1950, Michel Foucault



La Psicología de 1850 a 1950, Michel Foucault

Foucault
Introducción

La psicología del siglo XIX heredó de la Aufklärung la preocupación por alinearse con las ciencias de la naturaleza y por reencontrar en el hombre la prolongación de las leyes que rigen los fenómenos naturales. La determinación de vínculos cuantitativos, la elaboración de leyes que operen a la manera de las funciones matemáticas, la puesta en marcha de hipótesis explicativas, son los intentos por los cuales la psicología intentaba aplicar, no sin artificio, una metodología que los lógicos creyeron descubrir en la génesis y el desarrollo de las ciencias de la naturaleza. Así es como el destino de esta psicología, que quiso ser un conocimiento positivo, vino a descansar sobre dos postulados filosóficos: que la verdad del hombre se agotaba en su ser natural y que el camino de todo conocimiento científico debía pasar por la determinación de vínculos cuantitativos, la construcción de hipótesis y la verificación experimental.
Toda la historia de la psicología hasta mediados de siglo XX es la historia paradojal de las contradicciones entre ese proyecto y estos postulados; por perseguir el ideal del rigor y la exactitud de las ciencias de la naturaleza fue llevada a renunciar a sus postulados. Por el cuidado de la fidelidad objetiva, fue llevada a reconocer en la realidad humana algo diferente de un sector de la objetividad natural, y a utilizar para conocerla métodos diferentes de los que las ciencias de la naturaleza podían proporcionar como modelo. Pero el proyecto de exactitud rigurosa que la ha llevado poco a poco a abandonar esos postulados perdió su sentido en la medida en que esos mismos postulados han desaparecido: la idea de una precisión objetiva y cuasi matemática en el dominio de las ciencias humanas no es aceptable si el hombre mismo no es más del orden de lo natural. De modo que la psicología se obligó a sí misma en el curso de su historia a una renovación total y al descubrir un nuevo status del hombre se impuso a sí misma, como ciencia, un estilo nuevo.
Debió buscarse nuevos principios y develar para sí misma un nuevo proyecto: doble tarea que los psicólogos no siempre han comprendido con rigor, y que intentaron muy a menudo completar con muy poco. Unos, aún comprendiendo la exigencia de proyectos nuevos, permanecieron atados a los antiguos principios del método: de eso dan cuenta los psicólogos que intentaron analizar la conducta, pero que utilizaron para hacerlo los métodos de las ciencias de la naturaleza. Otros no comprendieron que la renovación de los métodos implicaba la actualización de los nuevos temas de análisis: de allí las psicologías descriptivas que permanecieron ligadas a viejos conceptos. La renovación radical de la psicología como ciencia del hombre no es, por lo tanto, sólo un  hecho histórico cuyo desarrollo pueda situarse en los últimos cien años; es aún una tarea incompleta que queda por cumplir y, en ese sentido, permanece a la orden del día.
Igualmente, en el curso de estos últimos cien años, la psicología instauró relaciones nuevas con la práctica: educación, medicina mental, organización de los grupos; y se presentó como un fundamento científico racional de esas prácticas. La psicología genética se constituyó como el marco de toda pedagogía posible y la psicopatología se propuso como una reflexión sobre la práctica psiquiátrica. En sentido contrario, la psicología se ha interrogado sobre los problemas que promovían estas prácticas: el problema del éxito o del fracaso escolar, el problema de la inserción del enfermo en la sociedad, el problema de la adaptación del hombre a su trabajo. Por esta estrecha y constante ligazón con la práctica, por esta reciprocidad de sus intercambios, la psicología se hace semejante a las ciencias de la naturaleza. Pero éstas no responden más que a los problemas planteados por las dificultades de la práctica, sus fracasos temporarios y las limitaciones provisorias de su experiencia. La psicología, en cambio, nace en ese punto en el que la práctica del hombre encuentra su propia contradicción. La psicología del desarrollo nació como una reflexión sobre la detención del desarrollo; la psicología de la adaptación como un análisis de los fenómenos de inadaptación; las de la memoria, de la conciencia, del sentimiento aparecieron como psicologías del olvido, del inconsciente y de las perturbaciones afectivas. Sin forzar los términos se puede decir que la psicología contemporánea es, en su origen, un análisis de lo anormal, de lo patológico, de lo conflictivo, una reflexión sobre las contradicciones del hombre consigo mismo. Y si se transformó en una psicología de lo normal, de lo adaptativo, de lo ordenado, es de una manera secundaria, como un esfuerzo por dominar esas contradicciones.
El problema de la psicología contemporánea –que es para ella un problema de vida o muerte– es el de saber en qué medida es capaz efectivamente de dominar las contradicciones que la hicieron nacer, a partir de ese abandono de la objetividad naturalista que parece ser su otro rasgo destacado. Esta es la pregunta que la historia de la psicología debe responder por sí misma.

El prejuicio de la naturaleza...

El descubrimiento del sentido...

El estudio de las significaciones objetivas...

El fundamento de las significaciones objetivas...

Fuente: “La psychologie de 1850 à 1950”, en D.Huisman y A.Weber, Histoire de la philosophie européenne, t.II, Paris, Librairie Fischbacher, 1957. Reproducido en M.Foucault, Dits et écrits, Paris, Gallimard, 1994, t.I, pp.120-137.
Traducción: Hernán Scholten