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Estudio del psicoanálisis y psicología

Psicologia del desarrollo: edad adulta, teorías parciales o específicas



TEORÍAS PARCIALES O ESPECÍFICAS
Las teorías limitadas a un campo específico suelen aparecer mejor formuladas e investigadas. No intentan explicar el envejecimiento psicosocial en toda su extensión, sino que se circunscriben a un campo parcial del desarrollo de la edad adulta.
En la teoría de la Common-Cause (Baltes y Lindenberger, 1997), se investigan las relaciones entre las distintas edades y diversas funciones, porque se basan en una causa común. Lindenberger & Baltes (1994) pudieron demostrar que, tras la introducción de funciones sensoriales como variable mediadora entre la edad y el rendimiento cognitivo, la edad no ejercía efecto directo alguno sobre el rendimiento cognitivo.
Las diferencias individuales en las funciones sensoriales ofrecían una covarianza del 93% con las diferencias de edad, en relación al rendimiento cognitivo.
Esto significa que, teniendo en cuenta las diferencias individuales, en las funciones sensoriales prácticamente no existen diferencias de edad substanciales en la capacidad del rendimiento cognitivo, lo que avalaría la hipótesis de la "Common-Cause". Baltes y Lindenberger (1997) proponen la teoría de la Diferenciación- Dediferenciación, con la que no todos los autores están de acuerdo. Según esta hipótesis, los rendimientos y resultados en las tareas cognitivas y en los tests sensomotóricos tienden a converger con el paso de la edad.
El fundamento de todo ello se busca en la interdependencia de la psicología y la fisiología. Esta interdependencia postula que la diferenciación neuronal de las estructuras cognitivas corre pareja con las funciones psicológicas. Esta interdependencia psico-física se va debilitando en la edad adulta y los influjos de la experiencia y el entorno adquieren un mayor protagonismo; por tanto, ya no sería tan influyente y, en consecuencia, el desarrollo sensomotor aparecería cada vez más independiente del cognitivo (Diferenciación).
Pero esto solo sucede hasta que llega una edad más elevada o la vejez. En estas edades superiores, los procesos psicológicos, sobre todo, los cognitivos, vuelven a estar muy relacionados con los procesos fisiológicos (degenerativos). En consecuencia, tiene lugar una inflexión del desarrollo anterior (Dediferenciación).
Esta hipótesis se ha visto corroborada hasta ahora en el campo cognitivo. Las investigaciones muestran un aumento, en consonancia con las distintas edades, de las correlaciones entre las variables cognitivas y sensoriales (Salthouse, Hancock, Meinz & Hambrick, 1996). Mientras que la mayoría de estos resultados se apoyaban en datos transversales, últimamente aparecen datos basados en exámenes longitudinales con la ayuda del Seattle Longitudinal Study (Maitland, Intrieri, Schaie y Willis, 2000) y del Victoria Longitudinal Study (Hultsch, Hertzog, Dixon y Small).
En el ámbito del desarrollo socio-emocional aparece la teoría socio-emocional de la Selectividad (Carstensen, 1992; Baltes y Carstensen, 1999) sobre el supuesto de que las interacciones sociales están íntimamente relacionadas con la satisfacción subjetiva. Según esta teoría, se deben poner en marcha medidas reguladoras para seguir aplicando con eficacia los recursos vitales de que dispone la persona. La tesis fundamental de la teoría de la selectividad afirma que la persona debe seguir activando su entorno social, modificándolo y adaptándolo con el paso de la edad.
Tres son los motivos por los que deben iniciarse y mantenerse las interacciones sociales: 1) para la regulación directa de las emociones, 2) para el desarrollo del autoconcepto y 3) para la búsqueda de información. El peso de cada uno de ellos no es constante, sino que cambia con el transcurso de la edad. Mientras que, por ejemplo, la búsqueda de información juega un importante papel en la juventud, en la edad adulta pasa a un segundo plano, a favor de las motivaciones emocionales.
La idea central, pues, de la teoría de la selectividad es que las prioridades se van desplazando, a lo largo del ciclo vital. De un entorno social amplio, pero no tan intensivo, se pasa en la vejez a una concentración más selectiva y emocionalmente muy positiva de las relaciones sociales. Los amigos y familiares íntimos están a esas edades en primera línea. Paralelamente, las personas mayores no sólo se apartan de las relaciones superficiales, sino también de las conflictivas. Este no es un proceso brusco. Más bien, se produce poco a poco, a partir de la edad madura. En especial, las relaciones de los ancianos quedan, con frecuencia, limitadas a un par de familiares encargados de su cuidado.
El Contextualismo evolutivo (Lerner, 2002) representa una nueva teoría parcial. Su idea central dice que el proceso fundamental del desarrollo humano queda determinado por los cambios de las relaciones recíprocas entre el individuo y los múltiples contextos que le rodean. Por un lado, está la interacción dinámica de la psicología, la biología, las relaciones sociales y la cultura. Por otro, aparecen las interacciones con los cambios históricos. Existen, pues, numerosos caminos del desarrollo, influenciados por los contextos, pero en ningún caso prefijados. En relación con la vejez, la teoría resalta el alto grado de plasticidad de los procesos evolutivos, aunque estén supeditados a los cambios históricos o sociales propios de la edad. Elder (1998) conceptualiza en su teoría del ciclo vital los contextos, tanto esenciales, como temporales, y su influjo en el desarrollo, cuando escribe: "Human lives are socially embedded in specific historical times and places that shape their content, pattern, and direction. As experiments of nature or design, types of historical change are experienced differentially by people of different ages and roles... The change itself affects the developmental trajectory of individuals by altering their life course" (p. 969).
El desarrollo queda influenciado, pues, por las actividades sociales, los roles, los recursos, pero también por la edad y los cambios y acontecimientos históricos, sean o no normativos. Elder acentúa, ante todo, el efecto simultáneo de los cambios individuales de la edad (biológicos o psicológicos), de los cambios sociales continuados (evolución generacional) y de los cambios históricos (económicos, culturales, etc…)
en todo el desarrollo de la edad adulta y de la vejez.