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Estudio del psicoanálisis y psicología

Seminario 8: Clase 27, Rêve d' une ombre, l'homme, 1 de Junio de 1961



Trataremos de decir algunas cosas sobre la identificación, en tanto somos llevados allí como al último término de la cuestión de la transferencia.

Les he anunciado la jaculatoria de Píndaro a Aristómenes.

"Vencedor de los juegos; ¡efímeros' ¿Qué de a quél, qué de nadie? Sueño de una sombra, el hombre".

Retomaremos aquí nuestra referencia a esa relación que he intentado basar en un modelo entre dos niveles concretos de la identificación, la distinción entre el Yo ideal y el ideal del Yo.

El trabajo de C. Stein finaliza con el reconocimiento; lo que permanece aún oscuro es la distinción que Freud subraya como siendo las identificaciones del Moi y del ideal del Yo.

Retomo mi esquema del florero invertido. La  ilusión no puede producirse más que por el ojo que se sitúa  en un punto preciso en el interior del cono. Esta imagen metaforiza — i(a) — el soporte de la función de la imagen especular en tanto que cargada de su poder de fascinación del investimiento libidinal narcisístico.

Estas palabras no alcanzan para definir todas las incidencias bajo las cuales aparece la función de i(a). Es asimismo la función del yo ideal, opuesta y distinta del ideal del yo.

Frente a la puesta en función del otro A, en tanto que es el Otro del $ parlante, en tanto que por él, lugar de palabra (parole) viene a jugar la incidencia del significante, en tanto que nosotros, psicoanalistas, tenemos que ver con eso, se puede representar allí el lugar del ideal del yo.

seminario 8, clase 27

Este S virtual está en el principio mismo de la teoría del conocimiento, que dice que no podríamos concebir nada como objeto, sin que un sujeto lo soporte, pero donde ponemos afuera, como psicoanalistas, la función real, ya que el sujeto que habla no podría confundirse con el sujeto del conocimiento porque el sujeto no es el del conocimiento sino el sujeto del inconsciente. Entonces la transparencia del pensamiento es una pura ilusión.

Con respecto a la posición de Descartes, ya he tenido discusiones bastante enérgicas con los representantes de esta tendencia, como para saber que hay medios para ponerse de acuerdo.

Este sujeto, en nuestro esquema, está en posición de utilizar un artificio —no puede acceder allí más que por un artificio— en cuanto a la captación de la imagen real que se produce en i (a); esto se debe a que no está allí.

Es sólo por la intermediación del espejo del Otro, que él viene a ubicarse allí. Como él no es nada, no puede verse allí. Del mismo modo, no es a él en tanto que sujeto, que busca en su espejo.

En el discurso sobre la Causalidad Psíquica, he hablado de la superficie en la que no se refleja nada, y este discurso hubiera podido prestarse a confusión con un ejercicio de ascesis más o menos místico.

Comiencen a presentir el punto sobre el cual puede centrarse la imagen del analista como espejo; no se trata del espejo especular, aún si debe fijarse allí la imagen especular i(a). Es en efecto lo que el sujeto ve en el otro, pero no lo ve más que en un lugar que no se confunde con el lugar de lo que es reflejado; no lo liga ninguna condición para estar en el lugar de i(a); por el contrario, lo ligan las líneas que delimitan el campo de un cierto volumen cónico.

¿Por qué he puesto S en este punto? Nada indica, en principio, que esté aquí más que en otro lado.

Está allí porque, en relación a la orientación de la figura, ustedes lo ven aparecer detrás de i(a) y esta posición "detrás" no deja de tener un respaldo fenomenológico, como se dice "una idea detrás de la cabeza".

Porque las ideas que justamente nos sostienen están detrás de la cabeza. No es por nada que el analista se coloca detrás. Esta temática de lo que está detrás y delante, la volveremos a encontrar enseguida.

Sea como sea, fíjense en qué medida el hecho que la posición de S, en tanto que no es fijada y fijable más que en algún lugar del campo virtual que desarrolla el Otro por su presencia, como campo de proyección del sujeto, en tanto que S se encuentra en imagen en un punto distinto de la proyección de i(a), en tanto que esta distinción es ordinaria, el sujeto puede aprehender lo que tiene de fundamentalmente ilusoria su identificación en tanto que es narcisística.

La sombra ("dar Schatten des verlorenen Obiekts") en el trabajo del duelo, lo que aporta la opacidad esencial en la relación con el objeto, la estructura narcisística del mundo, si ella es superable, es en tanto que el sujeto, por el Otro, puede identificarse en otro lado.

En efecto, si es allí que estoy en mi relación con el Otro, en tanto que lo hemos imaginado aquí bajo la forma de un espejo, en el que la filosofía existencialista lo capta con exclusión de cualquier otra cosa—lo que constituye su limitación—, al decir que el Otro es quien nos devuelve nuestra imagen, si el Otro no es otra cosa que aquel que me devuelve mi imagen, soy en efecto, eso y nada más que lo que me veo ser en el Otro. Literalmente, soy ese gran Otro como Otro en tanto que él mismo, si existe, ve allí lo mismo que yo; él también se ve en mi lugar. Cómo saber si eso que yo me veo ser allá no es todo aquéllo de lo que se trata, porque en resumen, el Otro, ese espejo, ese espejo viviente, nos alcanza con suponerlo para concebir que él ve lo mismo y que cuando lo miro, es él en mí quien se mira y se ve en el lagar que ocupo en él. Es él quien funda lo verdadero de esta mirada, si no es ninguna otra cosa más que su propia mirada.

Para disipar este espejismo se hace todos los días alguna cosa que he representado como el gesto de la cabeza del pequeño niño hacia aquél que lo sostiene, una nada, un relámpago (el signo mismo de) Padre de los Dioses) una mosca que vuela alcanza, si pasa por este campo y hace zzzz, para llevarme a otro lado, fuera del campo cónico de visibilidad del i (a).

Si llevo allí a la mosca o la avispa que los sorprende, ustedes saben bien que está allí el objeto electivo, suficiente en su carácter mínimo para instituir el sentimiento de una fobia, justamente porque esta clase de objeto puede tener la función operatoria, instrumental, suficiente, para cuestionar la realidad, la consistencia de la ilusión del moi como tal.

Alcanza con que cualquier cosa en el campo del Otro se convierta en el punto de sostén del sujeto para que, en ocasión de uno de sus desvíos, pueda vacilar, ser cuestionada la consistencia de la Sombra en tanto que campo del investimiento narcisístico.

Este campo es esencial y central, a su alrededor se juega el campo del deseo humano. Pero no hay más que este campo.

La prueba de ello es que, en "Zur Einführung des Narzissmus", Freud lo distingue de la relación con el objeto arcaico, con el objeto nutricio materno.

Introduzco algo nuevo al decirles que este otro campo —que es identificado por Stein como identificación primaria— esta estructurado para nosotros de manera original, radical, por la presencia del significante, al señalar esta función del significante como decisiva, como aquello por lo cual lo que viene de ese campo es lo único que nos abre la posibilidad de salir de la pura y simple captura en el campo narcisístico; es solamente al señalar como esencial la función del elemento significante que podemos introducir posibilidades de distinciones imperiosamente necesitadas por cuestiones clínicas; es por la estructuración de este campo del gran Otro que pueden resolverse cuestiones clínicas que permanecían sin resolver.

"Sueño de una sombra, el hombre"; es por mi sueño, es por desplazarme en este campo de errancia del significante que puedo entrever y disipar los efectos de la sombra, que puedo saber que esto no es más que una sombra.

Seguramente, hay algo que por mucho tiempo aún puedo no saber, es que sueño. Pero, ya en el nivel y en el campo del sueño, no solamente triunfo sobre la sombra, sino que tengo mi primer acceso a la idea de que hay más real que esta sombra, y que en principio y por lo menos existe lo real del deseo, del cual esta sombra me separa.

Justamente, el mundo de lo real, no es el mundo de mis deseos, pero es también la dialéctica freudiana la que nos enseña que no me adelanto en el mundo de los objetos más que por la vía de los obstáculos puestos a mi deseo. El objeto se encuentra a través de las objeciones. Este primer paso hacia la realidad es efectuado a nivel y en el sueño; el despertar en esta realidad no me alcanza con  definirla tautológicamente, diciendo que en mi sueño hay demasiada realidad, que es eso lo que me despierta.

El despertar se produce cuando viene en el sueño la satisfacción de la Demanda; no es lo corriente, pero ocurre. El despertar es la verdad sobre el hombre, aportada por el análisis. Nosotros sabemos adónde va la demanda. El analista articula lo que el hombre Demanda, el hombre con el análisis se despierta. Se da cuenta que, después de millones de años que existe la especie, no ha cesado de ser necrófago.

Es esto lo que Freud articula con la primera identificación primaria. No ha cesado de comer a sus muertos, aún si ha soñado durante un corto lapso de tiempo que repudiaba el canibalismo.

Es por este camino por el que se nos muestra que el deseo es un deseo de sueño, que tiene la misma estructura que el sueño, que por esta vía, está dado el primer paso correcto del encaminamiento hacia la realidad.

En el campo del sueño, en principio nos revelaremos más fuertes que la sombra.

Después de haber señalado las relaciones de i(a) con la I mayúscula (Ideal del yo) todo lo que nos alcanza para guiarnos en las relaciones con i(a), es la relación del juego acoplado con a, el objeto del deseo.

Volveré sobre lo que, fuera de esta experiencia masiva del sueño, justifica el acento que he puesto sobre la función del significante en el campo del Otro.

En las identificaciones con el Ideal del yo, cada vez que son invocadas, por ejemplo en la introyección del duelo, en torno a lo cual Freud ha hecho girar un paso esencial de su concepción de la identificación, aquélla de que se trata, no es nunca una identificación narcicística, que ellas vienen a contraatacar, como envolviendo de ser a ser; en el sueño o en los iconos cristianos, la madre en relación al niño que tiene delante de ella sobre las rodillas es una figuración de ninguna manera azarosa; ella lo envuelve y es más grande que él: las dos relaciones de la identificación narcisística y de la identificación anaclítica; si es de estos dos sueños que se trata, ella debería ser como un continente del interior de un mundo ilimitado que reduce al otro por su amplitud. En el "Ensayo sobre el desarrollo de la libido" ("Versuch einer Entwickelungsgeschichte der Libido") de Karl Abraham, 1924, no se trata más que de esto, concerniente al mecanismo del duelo y las identificaciones que representa. Se trata siempre de la introyección, no de la realidad del Otro, sino siempre de un sólo rasgo: "ein einziger Zug"

Las ilustraciones que él da de ello van muy lejos, en este ensayo sobre el desarrollo de la libido, ya que no se trata más que de la función de lo parcial en la identificación. Y, al abrigo de esta investigación, es en este trabajo que Abraham introduce la noción que ha sido la base de una edificación considerable concerniente a la neurosis y perversión, y que erróneamente se denomina la concepción, del "objeto parcial".

No hay allí nada que se oponga a lo que formulo aquí, a saber, que este artículo es una ilustración de ese rasgo de la identificación como identificación del Ideal del yo, que no se hace sino por rasgos aislados, únicos, teniendo cada uno la estructura del significante.

Esto me obliga a mirar un poco más de cerca una relación, a saber, que en el mismo contexto está introducido lo que Abraham designa como función del objeto parcial, ya que es esto de lo que se trata en lo que concierne a las relaciones de i con a.

Abraham no ha escrito nunca que se trate de ninguna manera del objeto parcial. El describe:

"des Objektes Partial-Liebe"
el amor parcial del objeto.

Lo que él acentúa cuando habla de lo que es el objeto más que ejemplar, el único objeto verdadero, aún cuando otros se inscriben en la misma estructura, a saber el falo.

¿Cómo concibe él esta ruptura, esta disyunción que da al falo su valor de objeto privilegiado?

El amor parcial del objeto no quiere decir el amor de ese algo que viene a caer en la operación bajo el nombre de falo, el amor a punto de acceder a este objeto normal de la relación de objeto del otro sexo, en tanto hay allí un estadio capital estructurante: este estadio fálico en el cual hay amor del otro tan completo como sea posible, salvo el eyector, es esto lo que quiere decir:"Amor parcial del objeto".

Pero lo importante (p.89—p.495—Selected Papers—Edición original) está articulado, y todo lo que lo rodea conduce a ello, como por ejemplo: Dos mujeres histéricas tienen una Cierta relación con su padre, fundada en esta relación de que el padre no es tomado más que por su valor fálico, debido a lo cual el padre, en los sueños es censurado a nivel de los genitales, bajo la forma de la abolición de los pelos pubianos.

Todo juega en este sentido del amor del objeto, menos una cosa, en que el falo tiene una función pivote que permite situar lo que es diferente, a saber, la relación de a en tanto que a designa la función general del objeto del deseo, y permite agrupar los diferentes machos posibles en tanto ellos intervienen en el fantasma. El falo es el objeto que nos permite ubicar la serie.

"El amor del objeto con exclusión de los genitales nos parece coincidir en el tiempo con el estadio del desarrollo psicosexual que Freud articula como estadio de desarrollo fálico; aparece ligado a él no solamente por su desarrollo en el tiempo, sino ligado por lazas mucho más estrechos; los síntomas histéricos se dejan comprender como el negativo de esta función, carácterizada como la exclusión de lo genital".

La fórmula del fantasma histérico se manifiesta allí.

a                              

_________  (  A

- falo

El paso siguiente también está en el texto:

"Debemos tomar en consideración lo siguiente: (en el momento en que se pregunta en lo que precede: por qué es así esta reluctancia, esta rabia que surge ya en el nivel imaginario de castrar al otro en el punto vivo, es a esto a lo que responde; "Grauen" (horror) está aquí en la línea precedente para justificar este término de rabia) que en todo hombre, lo que son propiamente los genitales está investido más fuertemente que cualquier otra parte del cuerpo en el campo narcisístico.

"Es justamente en correspondencia con esto que en el nivel del objeto, es otra cosa la que debe ser investida antes que los genitales".

Dense cuenta de lo que una tal motivación implica. Tratemos de representarnos las cosas.

El único motivo para haber traído el narcismo, es mostrar que es de los avatares del narcisismo que dependen los progresos del investimiento objetal.

He aquí el campo del cuerpo propio, el campo narcisístico. En ningún lado el investimiento es tan fuer te como a nivel de los genitales. Se arriba a este gráfico. Lo que la frase de Abraham implica, es que si esto representa el problema del investimiento narcisístico, contrariamente a lo que podemos pensar, no es a partir de arriba que las energías van a ser sustraídas para descargar se sobre el objeto; es por el contrario a nivel de los investimientos más bajos que va a hacerse un cierto investimiento.

Objetal, el objeto existiendo como objeto. Es en la medida en que en el sujeto los genitales permanecen investidos, que en el objeto no lo están.

No hay otra manera de entender esto. Si es en esta relación en espejo que se hace la comunicación esencial de lo que sucede entre el objeto narcisístico y el otro objeto, ¿no debemos dar importancia a lo que resulta de ello?: si la relación al Otro (como sexual o no sexual) está gobernada, organizada por el centro organizador de esta relación, en lo Imaginario, esto se hace en el momento y en el estadío especular: es que esto tiene una relación más íntima que nunca se remarca, es la relación cara a cara.

Esta relación tiene una originalidad.

A la relación a tergo se la llama: "more ferarum". Piensen en las mujeres—gatas, para decirles que hay algo decisivo en la estructuración imaginaria que hace que la relación con el deseo sea una relación por atrás, para la mayoría de las especies: cubrir — ser cubierto.

En escasas especies esto debe suceder por delante: una especie para la cual un momento decisivo de la aprehensión del otro ser (he intentado descubrir allí una vena capital en el estadio del espejo), para el animal erecto algo esencial esta ligado a la aparición de su cara ventral. Consecuencia de esta observación en las posiciones fundamentales del Eros.

Desde hace mucho los autores han notado que casi todas las "escenas  primitivas" se enganchan alrededor de la percepción de un coito a tergo; ¿por qué?

En esta referencia, es notable que los objetos que demuestran tener, en la composición imaginaria del psiquismo humano, un valor aislado como objetos parciales, no solamente se encuentran colocados por delante, sino emergiendo, si tomemos como medida una superficie vertical que regula la profundidad de lo que viene delante de la inmersión libidinal.

No hablo solamente del falo, sino de los senos; en Gyp, el pequeño Bib, descubre con fascinación en una mujer que hace la plancha, los dos pequeños panes de azúcar.

Este planteo infantil seguramente está reproducido con mucha fidelidad.

Del mismo modo veremos mejor en la relación objetal la verdadera función que se debe dar a la imagen de la sombra, la punta del seno, viéndola así en la relación gestáltica de aislamiento sobre un fondo, y no en la relación profunda con la madre en la nutrición.

De lo contrario, no seria tan difícil hacerla atrapar por el lactante, y la anorexia mental tendría otro giro.

La incumbencia lo que hay de con respecto al investimiento narcisístico y al investimiento del objeto, debe ser comprendido en función de aquello que justifica su denominación y su aislamiento; todo objeto, como tal, no debe ser definido en tanto que determinado en principio como parcial, de ninguna manera; pero la relación central de esta relación del cuerpo propio con el falo debe ser considerada esencial en la relación "nachträglich" con los objetos perdidos; si en el centro no estuviera el destino de esta posibilidad perdida, esencial, del objeto fálico como un blanco, como esas jalas de los mapas marinos cuyo interior no está representado, sino solamente el contorno, a saber, que por delante está aquello que concierne no solamente a los objetos de deseo, sino a la voluntad; esta relación es esencial.

Ya que no se dibujará jamás lo que esta en el interior de la isla.

Lo que dije hoy en cuanto a la imagen ventral me hizo pensar en el erizo, ¿cómo hacen ellos el amor?. Le hablare por teléfono a Jean Rostand.

"El zorro sabe mucho de eso, conoce muchas tretas, el erizo no tiene más que una, pero famosa, el Archinops."

Giraudoux, en Bella, relata el estilo relámpago de un señor que tiene un estilo famoso que atribuye al zorro. Tal vez el erizo también conozca esta treta; se trata para él de deshacerse de sus insectos; el zorro entra lentamente al agua, se deja invadir hasta que no queda afuera nada más que la punta de su nariz, sobre la cual las últimas pulgas danzan su ultimo Ballet.

Que esta imagen les ilustre que la relación de todo lo que es narcisístico es concebida como raíz de la castración.