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Estudio del psicoanálisis y psicología

Sexualidad infantil y desarrollo psicosexual: ETAPA ORAL (0 a 2 años)



ETAPA ORAL (0 a 2 años)
Se caracteriza por la obtención del placer por la zona de la boca.
La satisfacción sexual se realiza en forma simultánea con la actividad
autoconservadora, que es la que relaciona al niño con el mundo exterior (doble
función enunciada por Freud). El instinto sexual se separa pronto del nutritivo y
busca independientemente su satisfacción.

La etapa oral ha sido dividida en dos fases: la primera, de succión (0 a 6 meses),
cuya satisfacción está dada por el chupeteo. En la segunda fase, sádico-oral o
canibalística (6 meses a 2 años) la forma del placer cambia con la aparición de los
dientes, sustituyendo el placer del chupeteo por el placer de masticar y devorar. Si
bien en la primera fase oral el niño encuentra bastante satisfacción en su propio
cuerpo, en la fase canibalística la actividad instintiva exige un objeto y de la
relación psíquica con él.
Durante la etapa oral se hace evidente la ambivalencia; así, por ejemplo, en su
segunda fase oral, simultáneo al deseo de devorar un objeto, existe el deseo de ser
comido por éste, evidenciando el deseo de establecer una conexión más íntima con
este objeto y destruirlo como un ente del mundo exterior. Su presencia ha llevado a
Abraham a dividir la evolución libidinosa en: preambivalente (oral primaria);
ambivalente propiamente tal (oral secundaria) y postambivalente (etapa genital).
Si el individuo quedara fijado a la esfera de los deseos orales, mostrará en toda su
conducta una gran resistencia a la adquisición y a la ganancia y un intenso deseo de
ser mantenido por otros. Las tendencias sádico - orales se evidencian en personas
que ruegan y solicitan demasiado, sin desprenderse del objeto. Formaciones
reactivas son las alteraciones del comer y una exagerada escrupulosidad. La
sublimación puede realizarse a través del canto, al afán de saber, estudio de idiomas,
etc.
Relación energética entre el pezón y la boca del lactante
Es tanto o más importante que el estado morfológico o fisiológico del seno, el
estado de la carga bioeléctrica del pezón como elemento perturbador, dentro de la
relación temprana del niño con su madre.
Cuando las madres rechazan conciente o inconcientemente a sus hijos, generarían
cargas bioeléctricas en el pezón, llevando a sus hijos a trastornos alimentarios.
Podría hacerse una clasificación de las causas capaces de provocar esta reacción:
1. Causas reales, o secundarias a un conflicto emocional: lesiones en el pecho,
sangramiento, etc.
2. Angustia no vinculada al bebé: conflictos familiares, económicos, falta de
descarga genital.
3. Angustia vinculada directamente al bebé: culpa por el placer de la succión,
odio conciente o inconciente al niño, reactivación del sadismo oral de la
madre.
No siempre puede argumentarse un rechazo al pezón por carga negativa, también
ese rechazo se puede producir por los mecanismos psíquicos internos del lactante.
El niño vive el pecho bueno como el que lo satisface, pero desde el punto de vista
de la carga energética habría que considerar como bueno el pecho que es
introyectado debido a su carga positiva -vivida como amor- y no sólo aquel que
gratifica nutricionalmente. La vivencia del pecho malo, además de corresponder a
las proyecciones de las fantasías sádicas del niño, derivaría del pezón con carga
negativa.

En los casos en que la avidez y la necesidad fisiológica son tan intensas que inducen
al niño a continuar succionando un pezón con carga negativa, se fortificarían los
puntos de fijación para el grupo esquizofrénico.