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Estudio del psicoanálisis y psicología

Trastorno obsesivo compulsivo



Trastornos mentales, síndromes psíquicos y conductuales, opuestos a los propios de los individuos que gozan de buena salud mental. En general, son causa de angustia y deterioro en importantes áreas del funcionamiento psíquico, afectando al equilibrio emocional, al rendimiento intelectual y a la adaptación social. A través de la historia y en todas las culturas se han descrito diferentes tipos de trastornos, pese a la vaguedad y a las dificultades que implica su definición.
 Anorexia nerviosa, enfermedad que se caracteriza por el miedo intenso a ganar peso y por una imagen distorsionada del propio cuerpo. Conduce a un grave adelgazamiento debido a una dieta exagerada y a un exceso de ejercicio. Se presenta habitualmente en adolescentes, especialmente en las mujeres. La enfermedad produce alteraciones en los ciclos hormonales, una inmunodepresión con aumento del riesgo de infecciones, y aproximadamente entre el 5 y el 18% de los anoréxicos muere por desnutrición. Los pacientes también padecen a menudo bulimia, que consiste en ingerir enormes cantidades de alimentos y después provocar el vómito para permanecer delgados. No existe un tratamiento universalmente aceptado para la anorexia nerviosa. Frecuentemente se asocia con depresión y baja autoestima, y los pacientes suelen mejorar con antidepresivos. La psicoterapia y la terapia familiar a menudo son importantes. La mitad de los pacientes se curan definitivamente, aunque a veces, la enfermedad acaba produciendo alteraciones metabólicas y hormonales que agravan el proceso puramente psíquico.
 Esquizofrenia, es un trastorno poco frecuente que afecta a algo menos de 1% de la población total. No obstante, es una forma de anormalidad muy llamativa y, a no ser que se trate adecuadamente, hace que la vida normal resulte imposible. Ésta se caracteriza por 3 tipos de problemas:
• delirios y alusiones.
• pensamiento, emociones y conductas desorganizadas.
• Disminución del placer y la motivación.
Las personas con esquizofrenia muestran el desinterés y la incapacidad para disfrutar suelen ser crónicos y no hay cambios más al respecto, aunque los delirios, las alucinaciones y la organización general pueden reducirse de manera temporal, entre episodios de agravamiento de los síntomas.
 Piromanía, trastorno mental caracterizado porque el paciente provoca incendios repetida y deliberadamente sin obtener beneficio económico alguno, movido sólo por un impulso irrefrenable. El paciente experimenta una fuerte tensión ansiosa antes de comenzar el fuego, y después siente placer, descanso e incluso gratificaciones eróticas. A menudo se trata con psicoterapia. Desde el punto de vista legal, el pirómano es considerado un delincuente.
 Cleptomanía, fracaso recurrente en resistirse al impulso de robar objetos que quien sustrae no necesita ni le sirven para su uso personal, ni suelen tener un valor monetario considerable. El paciente experimenta una creciente sensación de tensión que precede al hurto, y que sólo desaparece perpetrándolo, lo que acostumbra a hacer sin concurso de otros, ni guiado por la ira o los deseos de venganza. Debido a que los cleptómanos obtienen gratificación del acto mismo de robar y no de la posesión de lo sustraído, se apoderan a menudo de objetos de poco valor que podrían comprar fácilmente. Aunque la psiquiatría considera la cleptomanía un trastorno en el control de impulsos, no se reconoce como atenuante legal en ciertos países.
 Sonambulismo, estado mental disociativo en el que el individuo se levanta durante el sueño, sin ser prácticamente consciente de su entorno, para realizar lo que parecen actividades motoras conscientes. Los sonámbulos ejecutan actos, como la búsqueda de objetos perdidos, que reflejan situaciones de tensión experimentadas durante las horas de vigilia. El sonámbulo suele también hablar durante el sueño y es raro que este trastorno origine lesiones. Si aparece de cuando en cuando no se considera un signo de trastorno mental grave.

 Fobia, miedo intenso y persistente hacia un objeto, situación o actividad, debido al cual el individuo lleva una vida limitada. La ansiedad que se sufre suele ser desproporcionada con las situaciones reales, y las víctimas son conscientes de que su miedo es irracional. La ansiedad fóbica se distingue de otras formas de ansiedad porque ocurre sólo en presencia de un objeto o situación específica, caracterizándose por síntomas fisiológicos como el latido cardiaco acelerado, molestias gástricas, náuseas, diarreas, micción muy frecuente, sensación de ahogo, enrojecimiento del rostro, transpiración abundante, temblores y desmayos. Algunos fóbicos son capaces de afrontar sus miedos, pero por lo general evitan el objeto que les causa el temor, lo que a menudo impide la libertad del sujeto. Los psiquiatras reconocen tres tipos principales de fobias: las fobias simples hacia objetos y situaciones específicas, como a ciertos animales (por ejemplo, las arañas o las serpientes), a espacios cerrados o a las alturas; la agorafobia, miedo a espacios públicos abiertos (como el metro o centros comerciales) de los que resulta difícil escapar, o en los que se experimenta agobio, miedo que aumenta hasta que el sujeto es incapaz de salir a la calle, y fobias sociales, como el miedo de sentirse ridículo o sentir vergüenza en público.
 Depresión Mayor, ésta se conoce por un trastorno afectivo caracteriza por episodios de profunda infelicidad pérdida de interés por la vida, y otros síntomas. El individuo que experimenta una depresión que experimenta una depresión mayor es completamente infeliz. La persona que sufre esta enfermedad piensa de forma negativa. Este estado suele ir acompañado por algunos síntomas como puede ser: aumento y disminución del sueño, del apetito, pérdida de interés en sexo, falta de energía,.... La ½ de los individuos que padecen esta enfermedad se recuperan. La depresión se experimenta solo una vez si se trata adecuadamente. La probabilidad de que un individuo sufra por una 1º vez una depresión mayor es muy baja, antes de la pubertad, aumenta hasta un máx. entre los 45 y 55 años y destaca en la 3º edad. Llega a ser más usual en mujeres en hombres.
 Trastorno afectivo bipolar, estado en el que el individuo experimenta períodos de manía que se alterna irregularmente con períodos de depresión aguda. La manía es una alteración en el estado de ánimo que puede proporcionar ciertos placeres de bienestar del individuo, a corto plazo. Pero es generalmente dañino a largo plazo tanto para la persona que la padece como para los demás. Durante el episodio maniaco, al individuo experimenta un sentimiento de elevación muy notable. Esto es frecuente en este estado se hagan compras disparatadas o placeres grandiosos y sumamente costosos.
 Enuresis es la emisión no voluntaria de orina por el día o por la noche, a una edad en la que se espera que haya control al respecto, es decir, más allá de los 3-4 años. La Enuresis puede ser:
- primaria: si el niño nunca ha conseguido controlar su pipí.
- secundaria: si, después de un período de control, no consigue volver a él.
- diurna
- nocturna
- mixta: en ambos momentos del día
Hay una serie de factores que pueden predisponer al niño a padecer este trastorno:
- algún problema físico: una vejiga pequeña o de musculatura débil. es lo primero que habría que averiguar.
- iniciar demasiado tarde el hábito del control del pipí; una vez pasada la edad óptima, alrededor de los 2 años, es más difícil.
- circunstancias críticas emocionalmente (factor psicológico): nacimiento de un nuevo hermanito,...
- factor hereditario: es frecuente que alguien de la familia haya tenido el mismo problema; si es así, es conveniente explicárselo al niño para darle seguridad.
- un ciclo del sueño muy profundo que le impide recibir el aviso de "vejiga llena".
- padecer algún otro trastorno al que la enuresis va asociado. Aunque suele mejorar espontáneamente con el paso del tiempo, es un tema que no debe ignorarse. El primer paso será determinar la causa del problema o el factor que lo ha podido desencadenar. Nunca se debe ridiculizar ni castigar a un niño por este hecho, ya que ello muy al contrario de hacerle reaccionar, le puede provocar importantes problemas emocionales. En algunos casos, se utiliza tratamiento farmacológico, pero suelen tener bastantes efectos secundarios, por lo cual no es muy aconsejable. Se aplican, asimismo, técnicas de aprendizaje al control, aparatos de alarma (pipi-stop),... según el caso.
 Retraso mental, antes llamado mongolismo, malformación congénita causada por una alteración del cromosoma 21. Los enfermos con retraso mental presentan estatura baja, cabeza redondeada, frente alta y aplanada, y lengua y labios secos y fisurados. Presentan epicanto, pliegue de piel en la esquina interna de los ojos. Las palmas de las manos muestran un único pliegue transversal, y las plantas de los pies presentan un pliegue desde el talón hasta el primer espacio interdigital (entre los dos primeros dedos). En muchos casos padecen cardiopatías congénitas y tienden a desarrollar leucemia. El cociente de inteligencia (CI) varía desde 20 hasta 60 (una inteligencia media alcanza el valor 100), pero con procedimientos educativos específicos y precoces, algunos enfermos consiguen valores más altos. La incidencia global del retraso mental se aproxima a uno de cada 700 nacimientos, pero el riesgo varía con la edad de la madre. La incidencia en madres de 25 años es de 1 por 2000 nacidos vivos, mientras que en madres de 35 años es de 1 por cada 200 nacimientos y de 1 por cada 40 en las mujeres mayores de 40 años. Para detectar la anormalidad cromosómica durante el periodo prenatal se pueden emplear la amniocentesis y la biopsia de vellosidades criónicas.
 Bulimia, desorden alimenticio causado por la ansiedad y por una preocupación excesiva por el peso corporal y el aspecto físico. Se caracteriza por episodios repetidos de ingesta excesiva seguidos de provocación del vómito, uso de laxantes, dietas exageradas y/o abuso del ejercicio para controlar el peso. A veces el comportamiento bulímico se observa en los enfermos de anorexia nerviosa o en personas que llevan a cabo dietas exageradas, pero la bulimia por sí misma no produce pérdidas importantes de peso. Lo que sí produce a veces, debido a los vómitos provocados, son problemas gastrointestinales e hipopotasemias (concentraciones bajas de potasio en sangre) graves, así como lesiones en los dientes debido a la acidez de los vómitos. La bulimia aparece sobre todo en adolescentes, en especial en las mujeres, debido a diferentes mecanismos psicológicos; el más obvio es la respuesta a la presión social que valora la delgadez como atractivo físico, pero también por las dificultades para asumir un cuerpo sexuado. Para tratar la enfermedad se utilizan diversas terapias de grupo y terapias de condicionamiento. Los antidepresivos pueden también ser efectivos, pues muchos de los bulímicos sufren también depresión.
 Trastornos de la personalidad, el DSM-IV clasifica los trastornos de la personalidad en torno a tres grandes grupos e incluyen 11 categorías:
1- Sujetos extraños o extravagantes:
esquizoide
esquizotípicos
paranoides

2- Sujetos inmaduros:
histriónicos
narcisistas
antisociales
límite

3- Sujetos temerosos:
evitadotes
dependientes
compulsivos
pasivo-agresivos

GRUPO I: PERSONAS QUE PARECEN EXTRAÑAS O EXCÉNTRICAS
- Notable aislamiento interpersonal y social.

- Alteración en los mecanismos de procesamiento de la realidad exterior.

- Llamativa dificultad para aprender las habilidades sociales más elementales.

- Percepciones distorsionadas y actitudes de desconfianza.

- Raros, impenetrables, viven socialmente aislados en distintas formas de marginalidad.

- Carecen del sentido del humor y de intereses ailiativos.

- Fríos, inexpresivos.

- Fácil adhesión a sectas, altamente vulnerables a la patología psiquiátrica: esquizofrenia, trastornos afectivos y abuso de sustancias

GRUPO II: PERSONAS QUE PARECEN TEATRALES, EMOTIVAS Y VOLUBLES
La labilidad afectiva y dificultad para controlar los impulsos, con los consiguientes problemas para la adaptación social. A menudo son catalogados de inmaduros.
- TRASTORNO ANTISOCIAL
- TRASTORNO LÍMITE
- TRASTORNOHISTRIÓNICO

GRUPO III: PERSONAS QUE PARECEN ANSIOSAS O TEMEROSAS

> Miedo e inseguridad generalizados.

> Elevados grados de ansiedad.

> Sensibles a las señales de castigo.

> Reacciones emocionales que interfieren en el aprendizaje y desorganizan la conducta.

> Incapacidad de adquirir estrategias de afrontamiento.

> Infradesarrollo de áreas de funcionamiento imprescindibles para la vida autónoma y el equilibrio emocional.

> Introversión y neuroticismo.

> La diferente expresión clínica de cada trastorno parece depender de las estrategias que el sujeto pone en marcha para defenderse de la ansiedad, una vez fracasada la adquisición de los aprendizajes adaptativos.

> La falta de estrategias de afrontamiento adecuadas de lugar a conductas explosivas, desorganizadas y mal dirigidas, que alternan con el retraimiento y la inhibición.

> Estos comportamientos no solo son inútiles como recursos para afrontar el miedo, sino que añaden nuevos conflictos en las relaciones interpersonales e hipersensibilizan al sujeto, que tiende a defenderse con mecanismos psicológicos de negación, de racionalización y de proyección y con estrategias de evitación y de inhibición en lo que respecta a su conducta.

- TRASTORNO POR EVITACIÓN
- TRASTORNO POR DEPENDENCIA
- TRASTORNO OBSESIVO-COMPULSIVO
- TRASTORNO OBSESIVO-COMPULSIVO

Prevalencia del 1 % y se considera que es 2 veces más frecuente en los hombres.

> Falta de decisión y sus dudas constantes.

> Viven pendientes de los detalles, a fin de evitar todo posible error.

> Esclavos de las normas y del orden e incapaces de improvisar.

> Ansiedad cuando algo se escapa de su control, de ahí que se vean obligados a hacer frecuentes comprobaciones.

> Todo debe ser programado.

> Son normativas, perseverantes y parsimoniosas.

> Preocupación por el perfeccionismo y los rendimientos.

> Necesidad de orden, limpieza y meticulosidad.

> Tendencia a la duda sistemáticamente.

> Recurren a continuas repeticiones y comprobaciones.

> No tolerancia a la incertidumbre.

> Nunca experimentan estados placenteros.

> Evitan cualquier tensión interpersonal.

> Especulan en lugar de actuar.

> Utilizan mecanismos psicológicos de defensa en vez de estrategias conductuales de afrontamiento: racionalización, superstición o delegación de decisiones en otros.

> Contacto personal difícil y suelen basar sus relaciones en la dominancia o la sumisión,

> Poco flexibles y nada gratificantes y se obstinan en que las cosas se hagan a su manera.

> Disciplinados, nunca se arriesgan a improvisar.

> Compulsivo: naturaleza displacentera de muchas conductas obsesivas que se imponen como necesidad homeostática, a pesar que el interesado las considera inconvenientes o absurdas.

> Conductas rituales, a pesar de enjuiciarlas como supersticiosas.

> Sólo tras su ejecución se ve libre de su angustia.
Su exigencia y extremado perfeccionismo les impiden tener una visión global de las cosas. Antes de iniciar una tarea, pueden quedarse atascados intentando decidir cuál sería la mejor forma de hacerla. Son personas preocupadas por la eficacia, que no toleran el ocio; esto les lleva a renunciar a actividades placenteras o relaciones personales.
Rendimientos bajos, ya sea por su desorganización y lentitud o por su tendencia a dejar para el último momento las cosas importantes.
Esclavos de la limpieza y les horroriza desprenderse de las cosas.
Aunque se muestran pedantes, rígidos e intransigentes, son inseguros y temerosos y pronto se ponen a la defensiva. Les caracteriza la rectitud y los escrúpulos de conciencia y son muy dados a moralizar. Emociones afectuosas raras en ellos y se sienten molestos si otros las manifiestan.
Los límites entre el trastorno obsesivo-compulsivo de la personalidad y el trastorno obsesivo-compulsivo no siempre son fáciles de establecer. La mayoría de los estudios clínicos encuentran que el primero precede al inicio del segundo. Para evitar confundirlo con este último, la CIE-10 utiliza el término anancástico, que hace referencia a uno de los síntomas más graves de este trastorno y que consiste en que el paciente se ve asaltado por ideas absurdas que se imponen involuntariamente. Complicaciones: trastorno depresivo y ansioso.
 Terrores nocturnos
Es un despertar abruptamente y con mucho miedo de un sueño profundo. Generalmente a la mañana siguiente no recuerdan nada.

Lo sufren cerca de 1 de cada 4 niños entre los 3 y los 4 años.

Es mayor alarma para los padres que para los niños.

Rara vez es un problema serio, normalmente desaparecen solos.

No son síntomas de problemas emocionales. Puede ser un efecto De sueño muy profundo.

Los terrores nocturnos suelen ocurrir 1 hora después de haberse dormido. Las pesadillas hacia la madrugada y pueden recordarse.

Las pesadillas persistentes que hacen que el niño se vuelve ansioso pueden ser una señal de demasiada tensión para el niño.

Hay que tratar de rebajarla y apoyar al niño, estar cercanos a él.

Los temas repetitivos pueden indicar un problema que el niño está tratando de resolver y al no poder aflora en sueños. Es importante tratar de ayudarle en ello.

No preocuparse si el niño se lleva a la cama un muñeco ya que ello le da seguridad y le sirve de transición de bebé dependiente a niño independiente.

El terror nocturno y las pesadillas son diferentes.
Las pesadillas son la expresión de la angustia que siente el niño. Pueden irse a dormir aparentemente tranquilos, pero despertarse asustados y angustiados.
Se suelen producir en la mitad o hacia el final de la noche, en la fase REM del sueño (fase en la que se sueña). Pueden durar más de diez minutos. Los padres pueden calmar al niño con más o menos facilidad. Al día siguiente recordará el contenido del sueño.
La consecuencia normal de esta situación es que las noches siguientes se resista a irse a dormir.
El contenido de las pesadillas gira entorno a amenazas contra la propia seguridad. Son frecuentes en la infancia, entre los 3 y los 6 años. Son más habituales en las niñas.
Las pesadillas persistentes pueden ser una señal de que el niño sufre demasiada tensión lo que le puede crear un estado de ansiedad.

Los terrores nocturnos son diferentes. Estos son más aparatosos y no están relacionados con los sucesos diurnos ni con el contenido del sueño. Aparecen sobre los 2 años y disminuyen en la pubertad, a diferencia de las pesadillas son más frecuentes en los niños. Aparecen en las primeras horas del sueño.
Se caracterizan por un despertar brusco y con mucho miedo de un sueño profundo. Generalmente no recuerdan nada al día siguiente. Se producen en la fase NREM (sueño profundo).

El niño se incorpora repentinamente en la cama con expresión facial de terror. No reacciona ante los esfuerzos de los padres por espabilarlo y tranquilizarlo. Parece que está despierto, pero en realidad está desorientado. Una vez terminado el episodio, que puede durar desde unos segundos a 10 minutos, se duerme plácidamente como si nada hubiera ocurrido
Los terrores nocturnos son menos frecuentes que las pesadillas. Rara vez es un problema serio, generalmente desaparecen solos. No son síntomas de problemas emocionales.

Trastorno de Ansiedad, la ansiedad normal es una respuesta ligada al instinto de conservación de la especie; esta se pone en marcha frente a hechos vividos como amenazantes. Ante una situación de stress, nuestro cuerpo experimenta alguno, o varios de éstos síntomas: falta de aire, taquicardia, palpitaciones, sudoración en las manos. Esta respuesta puede transformarse como patológica cuando acontece innecesariamente y de modo desproporcionado. En ese caso, a los antes mencionados, se agregan otra serie de alteraciones: contracturas musculares, imposibilidad de relajarse, dolor en el pecho, náuseas, temblor en las piernas, sensación de hormigueo, mareo, sensación de desmayo. Por otra parte, a nivel mental o psicológico se registran una serie de síntomas tales como: estados de tensión, nerviosismo, intranquilidad, desasosiego, temor, inseguridad, dificultades en la conciliación del sueño, dificultad para concentrarse; pudiendo predominar uno u otros estados psíquicos.

• Crisis de Angustia
La crisis de angustia (panic attack) se caracteriza por la aparición súbita de síntomas de aprensión (urgente deseo de huir del lugar donde aparece la crisis, miedo pavoroso o terror, acompañados habitualmente de sensación de muerte inminente (el paciente cree estar a punto de morir). Durante estas crisis también aparecen síntomas como la falta de aliento, palpitaciones, opresión en el pecho, sensación de asfixia y miedo a volverse loco o a perder el control.