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Estudio del psicoanálisis y psicología

Obras de S. Freud: Histeria (1888) Trayectoria de la histeria



Trayectoria de la histeria

La histeria es más una anomalía constitucional que una afección deslindada. Es probable que sus primeros indicios aparezcan las más de las veces en la niñez temprana. De hecho, no es raro que se presenten afecciones histéricas perturbadoras en niños de seis a diez años. El período que antecede y sigue a la pubertad suele traer consigo, en niños y niñas de intensa disposición histérica, un primer estallido de la neurosis. En la histeria infantil se comprueban los mismos síntomas que en la neurosis de adultos, sólo que los estigmas son por lo general más mezquinos, mientras que pasan al primer plano la alteración psíquica, los espasmos, ataques y contracturas. Los niños histéricos suelen ser muy precoces y dotados; cierto es que en una serie de casos la histeria es meramente un síntoma de una profunda degeneración del sistema nervioso, que se exterioriza en una perversión moral permanente. Como se sabe, el período de la juventud, desde los quince años en adelante, es aquel en que de preferencia se manifiesta vivamente la neurosis histérica en las mujeres. Esto puede acontecer sucediéndose sin solución de continuidad unas perturbaciones más leves (histeria crónica) o sobreviniendo uno o varios estallidos graves (histeria aguda), separados entre sí por años de períodos exentos de trastornos. Los primeros años de un matrimonio dichoso suelen interrumpir la enfermedad; la neurosis torna a salir a la luz cuando se enfrían los vínculos conyugales y en virtud del agotamiento provocado por repetidos partos. Pasados los cuarenta años, no suele producir ya nuevos fenómenos en las mujeres; no obstante, pueden persistir viejos síntomas, y ocasiones eficaces reforzar el estado patológico aun a avanzada edad. Los hombres parecen particularmente proclives a la histeria a edad inmadura, por trauma e intoxicación. La histeria de los hombres se presenta como una enfermedad grave; los síntomas que produce son, por lo común, tenaces, y la enfermedad adquiere mayor importancia práctica por la significación que tiene en el caso del hombre una perturbación en su trabajo profesional. El decurso de diversos síntomas histéricos como contracturas y parálisis, etc.) muestra algo muy característico. Hay casos en que los síntomas desaparecen muy pronto de manera espontánea, para dejar sitio a otros igualmente efímeros, y casos en que predomina una gran rigidez de todas las manifestaciones. Contracturas y parálisis suelen durar años, hasta ceder de repente un buen día, cuando nada lo presagiaba; en general, no hay límite alguno para la posibilidad de curar las perturbaciones histéricas, y es característico que luego de una interrupción de años la función perturbada se restituya de súbito en todo su alcance. El desarrollo de perturbaciones histéricas a menudo requiere, sin embargo, una especie de período de incubación o, mejor, de latencia, durante el cual la ocasión sigue produciendo efectos en lo inconciente. Así, una parálisis histérica casi nunca se genera enseguida de un trauma; por ejemplo, todos los afectados por un accidente ferroviario son capaces de moverse luego del trauma, se encaminan a su casa, en apariencia indemnes, y sólo trascurridos varios días o semanas desarrollan los fenómenos que llevan a suponer una «concusión de la médula espinal». También la curación repentina suele requerir varios días para plasmarse. Corresponde apuntar que en ningún caso, ni siquiera en sus más temibles manifestaciones, la histeria conlleva un serio riesgo de muerte. Aun en la más prolongada histeria se conservan la plena claridad mental y la aptitud para los más extraordinarios logros. (1)

La histeria puede combinarse con muchas otras afecciones nerviosas, sean neuróticas u orgánicas, casos que luego deparan grandes dificultades al análisis (2). Frecuentísima es la combinación de histeria con neurastenia, sea que se vuelvan neurasténicas unas personas cuya predisposición histérica está casi agotada, sea que ambas neurosis despiertan simultáneamente a consecuencia de unos influjos enervantes. Por desdicha, la mayoría de los médicos no aprendieron todavía a separar entre sí estas dos neurosis. La combinación mencionada se presenta con la mayor frecuencia en hombres histéricos. El sistema nervioso masculino tiene una predisposición a la neurastenia, tanto como el femenino a la histeria. Por otra parte, la frecuencia de la histeria femenina se sobrestima; la mayoría de las mujeres que suscitan en los médicos el recelo de ser histéricas son, en rigor, solamente neurasténicas.

Además, una «histeria local» puede asociarse con afecciones locales de determinados órganos; una articulación efectivamente fungosa puede pasar a ser sede de una artralgia histérica, un estómago afectado de catarro puede dar ocasión a vómito histérico, globus hystericus y anestesia o hiperestesia de la piel del epigastrio. En estos casos, la afección orgánica pasa a ser causa ocasional de la neurosis. Afecciones febriles suelen perturbar la plasmación de la neurosis histérica; una hemianestesia histérica cede en caso de fiebre.

Notas:
1- [Freud sostuvo esto con frecuencia frente a la posición contraria de Janet. Véase, verbigracia, el caso de Ernray von N. en Estudios sobre la histeria (1895d), AE, 2, págs. 121-2]
2- [No en el sentido de «psicoanálisis», por supuesto.]