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Estudio del psicoanálisis y psicología

Acerca del Nacimiento del Psicoanálisis



Universidad Nacional de Rosario.
Facultad de Psicología.
Cátedra de Psicología.
Prof. Titular: Dr. Antonio Gentile.
JTP: Prof. Nélida Magdalena.
Titulo:   “Acerca del Nacimiento del Psicoanálisis”
 
En la década de 1.880 Jean Martín Charcot un eminente médico y profesor de Neuropatología en Paris,  dedicado al trabajo clínico y en contra de los excesos de la medicina teórica, afirmaba: “la teoría es muy buena pero no impide que las cosas sean como son”.
Dedicado al estudio de la nosografía trabajaba en la “Salpêtriere”, edificio construido en el siglo XVII  -en principio había sido un arsenal,  una salitrería, posteriormente un asilo para mujeres ancianas -ahora albergaba pacientes con enfermedades nerviosas, conservando la edificación el nombre de su origen.
A través de la observación de enfermos ubicó nuevos cuadros clínicos por el enlace constante de ciertos grupos de síntomas.
Se dedicó al estudio de la histeria y consiguió demostrar una regularidad allí donde los observadores menos atentos sólo detectaron simulación  y episodios absurdos.
Demostró que un trauma físico –durante el cual surge  una representación temida como “tienes el brazo paralizado” de la que  el afectado nada sabe  ni tiene manifestaciones- luego de un tiempo, puede provocar en esa parte del cuerpo que fue afectada por el golpe, una parálisis en medio de  mucha agitación y conmoción anímica, lo que permite vislumbrar que internamente se le repite la escena del accidente.
La causa verdaderamente eficiente no es la leve afección corporal, sino la impresión de horror, es decir que además del golpe o trauma físico se suscita un trauma psíquico. “En calidad de tal obrará toda vivencia que suscite los afectos penosos del horror, la angustia, la vergüenza, el dolor psíquico; y, desde luego, de la sensibilidad de la persona afectada (…) dependerá que la vivencia se haga valer como trauma”. (1) 
Tiempo después, al repetir bajo estado hipnótico la misma representación, se alcanzaba idéntico efecto. Es decir pudo verificar que es posible sustituir el trauma por la sugestión verbal en estado hipnótico, que se pensó equiparable al estado mental particular en el que se encontraba durante el trauma. Así que, cierto recuerdo puede mostrar su afecto mediante fenómenos corporales sin que el sujeto sepa la razón ni pueda hacer nada para evitarlo.
Consideró preponderantemente los factores hereditarios como causa de esta patología y consiguió devolverle la dignidad que había perdido en el medioevo al considerarse obra del demonio y en la época actual, fruto de la simulación.
Después de distinguir las parálisis orgánicas de las parálisis histéricas, consiguió reproducir a éstas artificialmente a través de la hipnosis, demostrando que se producían por efecto de ciertas representaciones que habían gobernado al paciente: el demonio había sido sustituido por la representación psicológica. No se circunscribió a las parálisis sino que también trató las contracturas y dolores que surgen en la histeria traumática, aunque no investigó otros síntomas ni tampoco aquellos que aparecen en histerias no traumáticas. Charcot tuvo una fuerte gravitación en las ideas de Freud, porque a través de una beca que éste obtuvo en 1885 viajó a Paris para ponerse en contacto con este maestro, y su interés pasó de neuropatología a la psicopatología a raíz de las comprobaciones que hizo durante esa experiencia. Si bien es cierto que en esos momentos reconocía como causa de la histeria adquirida sólo factores traumáticos, (en otro apartado se ubicaba a la histeria heredada cuya causa era el factor genético) pues el papel reconocido a las mociones pulsionales es aún algo del futuro.
El factor traumático estaba presente y originaba determinada representación, por lo que la génesis de los síntomas histéricos era  hallada en la vida anímica.
Lo más llamativo que recoge de Charcot recorre tres ejes.
1- La demostración del carácter genuino de los fenómenos histéricos – Existencia de histerias funcionales, sin sustrato anatómico.
2- La constatación de la histeria en varones- Existencia de histeria masculina.
3- La provocación de parálisis histéricas por sugestión hipnótica, es decir que no sólo se podían cancelar las parálisis sino también crear el fenómeno por sugestión hipnótica.  Es decir, la posibilidad de provocación y cancelación de fenómenos histéricos por hipnosis y que estos productos artificiales exhiben las mismas características que los espontáneos y accidentales provocados por un trauma.
Freud había llegado a Paris con un marcado interés en la anatomía del sistema nervioso y regresa a Viena compenetrado con los problemas de la histeria y el hipnotismo, por lo que renuncia a las enfermedades nerviosas orgánicas. Esto lo lleva a intentar especializarse en el método hipnótico a través de las demostraciones de Bernheim en Nancy en 1.889. La hipnosis le permite descubrir que existen potentes procesos anímicos que están ocultos a la conciencia. Aunque esto no era totalmente novedoso para él sino sólo una importante y convincente confirmación de algo que había vislumbrado por una comunicación que recibió de Joseph Breüer, antes de su viaje a Paris  y sobre la cual no había mostrado gran interés. Breüer- a quien había conocido en el laboratorio de Brücke, quien era director del Instituto de Fisiología de Viena, donde Freud asistió desde 1.876 a 1.882- le informó sobre un caso de histeria de etiología no traumática, que él trató durante 1.880-82. Se trataba de una joven que presentó graves síntomas mientras cuidaba a su padre enfermo. Mostraba un cuadro de parálisis con contracturas, perturbaciones del lenguaje y de la visión, estados de confusión psíquica e inhibiciones y otros padecimientos.
El procedimiento que empleaba Breüer consistía en llevar a la paciente a un estado de hipnosis profunda para pedirle que expresara en esos momentos los pensamientos y fantasías que la desazonaban y disgustaban.
Cuando Freud vuelve a ponerse en contacto con Breüer comienza a hacer observaciones sobre una serie de pacientes, en base a los antecedentes que recibiera de su colega, en relación a esta primera experiencia que se orientaba a la búsqueda del ocasionamiento de la enfermedad. En estado hipnótico se lograba despertar el recuerdo de ese momento en que el síntoma apareció por primera vez, por lo que hay un nexo entre el proceso ocasionador y el síntoma, que con frecuencia es bien nítido y otras, está desfigurado y se reduce a un vínculo simbólico como un puente verbal.
Cada uno de los síntomas así tratados, desaparecían sin regresar cuando se lograba la evocación del suceso ocasionador y el afecto que le acompañaba, todo lo cual debía ser expresado en palabras- “talking cure”- según la propia expresión de la
paciente de Breüer, que él llamó Ana O. En su momento el síntoma histérico se había originado porque el afecto perteneciente a un proceso psíquico, fue desviado de su elaboración normal que es la descarga y fue por un camino indebido resolviéndose en inervaciones somáticas. El afecto
no descargado se deposita en el órgano doliente.
Lo que surge es la pregunta sobre el motivo por el cual ese recuerdo no termina desgastado y en cambio produce efectos tan vivos. Es que frente a ese suceso que tanto perturbó al sujeto, éste no reaccionó, no hubo un  drenaje del afecto perturbador. Es decir que se sofocó y el afecto quedó adherido a la representación.
Aclara que podría haber descarga a través de una acción, por ejemplo al dar una cachetada, porque el aumento de excitación se produce por vías sensoriales y la disminución por vías motoras. También hay un sustituto de una acción de tal índole, que es la palabra que puede abreaccionar el afecto por ejemplo a través de un insulto. Otras veces se procede a descargar tanto como fue cargado, a través de alteraciones corporales como el llanto.
Cuanto más intenso es el afecto que tiñe la vivencia, mayor es la envergadura de la necesidad de drenaje motor. Aunque también puede ser que el recuerdo de una vivencia penosa quede asociado a otra que la compensa, como es el caso de un accidente que queda enlazado a la idea del rescate con el alivio que conlleva. Otras representaciones contrastantes que disminuyen la excitación provocada por el suceso, podría ser la consideración sobre la propia dignidad del afectado y la nula valoración del ofensor.
Si se tramita de algún modo, el afecto pierde intensidad y el recuerdo sucumbe al olvido, pero cuando nada de esto sucede,  o la reacción fue insuficiente, el recuerdo queda adherido al afecto. Por lo que se hace necesario que el afectado vuelva a vivenciar por segunda vez esa experiencia por medio de la hipnosis para completar la reacción. “Entonces él se aligera del afecto de la representación, que antes estaba por así decir estrangulado, y con ello se cancela el efecto de esa representación. Vale decir que consumando la reacción no tramitada no curamos la histeria, sino síntomas singulares de ella” (2)
De tal forma que con este método llamado catártico por Breüer – que del griego es purga, purificación- se podía indagar sobre la historia y el origen del síntoma a cancelar porque en estado despierto el sujeto no lo recordaba o sólo lo hacía en forma muy incompleta.
Tales síntomas habían aparecido como sustitutos de pensamientos, impulsos o afectos sofocados y al recordarlos alucinatoriamente – fenómeno por el cual se cree vivenciar el suceso- se hace llevar a cabo el acto sofocado antaño, logrando la remisión de tales síntomas.
Durante mucho tiempo Freud aplicó este método con buenos resultados y recogió gran cantidad de material de observaciones que derivó en publicaciones conjuntas con Breüer.
Sin embargo Freud reflexionaba, en relación a su experiencia en la clínica, que en la producción de los síntomas no ejercían eficacia las excitaciones afectivas de cualquier naturaleza, sino aquellas que son de naturaleza sexual.
Más allá de la histeria examinó casos de neurastenia donde halló que había perturbaciones en la vida sexual. En un tipo de neurastenia comprobó que el fenómeno más relevante era el ataque de angustia y por tal motivo la denominó neurosis de angustia, conservando el nombre de neurastenia para el otro tipo.
Así reúne bajo la designación  de Neurosis Actuales a la neurastenia y a la neurosis de angustia. Verifica que en estos casos una vez restablecida la función sexual normal, se obtenía una llamativa mejoría en los afectados. Luego discierne que en las Psiconeurosis en general – clasificación que establece en 1.894- que comprende las neurosis- histeria y neurosis
obsesiva- y la paranoia, se observa esta constante en cuanto a la función sexual perturbada.
Neurosis actuales: Neurastenia Y Neurosis de Angustia.
Psiconeurosis: neurosis (histeria y neurosis obsesiva) y paranoia                    
La etiología sexual disgustaba y dificultaba a  las concepciones de Breüer y también a la Sociedad de Medicina. Breüer sostenía una etiología fisiológica  para la histeria, afirmando que se produce una escisión de la conciencia con la consiguiente inclinación a disociar. Esto hace surgir estados anormales de conciencia llamados estados hipnoides que tienen en común con la hipnosis que las representaciones que en éstos surgen son intensas y el afecto pleno pero tienen cerrado el intercambio asociativo con el resto del contenido de la conciencia. A su vez si los estados hipnoides preexisten a la contracción de la enfermedad con sus manifestaciones, se trata de una histeria de predisposición. En cambio si ese fenómeno no preexiste  y un trauma o una sofocación de afectos producen una escisión de un grupo de representaciones, se trata de una histeria adquirida.
Breüer establece que lo sexual tiene una importancia pareja con las demás excitaciones afectivas, están en un mismo nivel. Los estados hipnoides impiden la descarga de las excitaciones, es decir la elaboración normal de los procesos psíquicos.
Freud  sostenía una etiología sexual de las neurosis, afirmando que no se produce la descarga del afecto acumulado porque se origina un juego de fuerzas opuestas parejamente intensas. En el caso de una histeria de conversión la energía que no tuvo drenaje se asienta en un órgano, lo erogeiniza.
A Freud se le hicieron evidentes grandes diferencias teóricas con su amigo y  colega de tantos años y esto determinó una bifurcación en sus caminos. Sobretodo cuando a Ana O. le sobrevino un amor de transferencia- actualización de vínculos infantiles en el analista- que estaba vinculado a la neurosis y que Breüer rechazó con estupor no aceptando la fundamentación teórica que le ofreció su colega.
Pronto a Freud se le presentó como inadecuado el método hipnótico al servicio de la catarsis y aún el método que implementó durante un tiempo, de presionar la frente del paciente al servicio de la catarsis. De su experiencia se desprendía que los pacientes sabían aquello que la hipnosis o la presión sobre la frente, les tornaba accesible a la conciencia y que había sido olvidado.
El motivo de tal olvido era que aquello había sido displacentero por lo que fue desalojado de la conciencia, es decir  que se imponía una resistencia al recuerdo.  Esas representaciones displacenteras eran expulsadas o se les impedían el acceso y esa fuerza de desalojo se oponía a la insistencia desde lo inconciente que pujaban por acceder a la conciencia.
Si la resistencia tiene éxito esas representaciones quedan reprimidas, pero si parcialmente fracasan y no todo ese contenido queda reprimido, llegan a la conciencia en forma de síntomas, sueños, actos fallidos, lapsus, chistes, procurando una satisfacción sustitutiva, como resultado del compromiso entre dos fuerzas contrarias: moción pulsional inconsciente y resistencia desde la conciencia.
De tal modo que el descubrimiento de las represiones, permitió junto a todo el andamiaje teórico que fue forjando Freud, el pasaje del procedimiento catártico al psicoanálisis, al sustituir el método hipnótico o la presión sobre la frente por la asociación libre, con la observancia de la regla fundamental: “Diga lo que se le ocurra sin desestimar nada que le parezca inapropiado o que no venga al caso”.
Se manifestarán  las resistencias en el hecho de no acatar la regla y le corresponde al analista detectar estas resistencias definidas como todo aquello que obstaculiza la prosecución de la labor analítica. El analista deberá operar a través de la interpretación, es decir que todo el material ofrecido tiene un sentido pesquisable por este instrumento, que desanda el camino en el cual los contenidos inconscientes se tornaron irreconocibles. Con la asociación libre y la interpretación Freud demostró que estas formaciones del inconciente tienen un sentido, que es un sentido prohibido de naturaleza sexual y por esa razón fue reprimido.
Las formaciones del inconciente que enumeramos, como fracaso parcial de la represión, son el retorno de lo reprimido.
Lacan toma esta expresión “formaciones del inconciente” del libro “El chiste y su relación con el inconciente”, de Freud.
Éstas demuestran la existencia del inconsciente, que no se muestra en forma directa, sino a través de estos efectos sobre la conciencia. En tanto las formaciones del inconsciente son interpretadas, arrojan un sentido que entra en el campo discursivo.
Todo el anterior recorrido nos permitió transitar por el llamado “período germinal del psicoanálisis” y presentamos los principales componentes de la doctrina del psicoanálisis en su formación.
Conceptualización del síntoma freudiano:
Nos corresponde situar ahora el recorrido del concepto de síntoma que fue el que provocó tantas inquietudes y desvelos al creador del psicoanálisis y desde donde se erigió luego como ya vimos, todo el edificio psicoanalítico.
Para este propósito vamos a ubicar dos momentos en la obra de Freud, que marcarán diferencias substanciales respecto de este concepto.
Situamos la primera concepción, el síntoma como formación del inconsciente que tiene un sentido que responde a la formulación del uso descriptivo y dinámico del inconsciente de la primera tópica freudiana. Esto remite al inconsciente “divertido” el que despierta curiosidad en el paciente que quiere saber de qué se trata, qué sentido tiene eso que le pasa y que le provoca sufrimiento. Aquí hablamos de los síntomas en plural.
En la segunda concepción del síntoma a partir de la segunda tópica, remite a un antecedente de 1.912, cuando en “Nota sobre lo inconsciente” hace referencia al uso sistemático o tópico del término inconsciente, apenas esbozado en un pie de página y que se desarrolla en 1.923 en “El yo y el ello”. A partir de esta tópica ubica las formaciones del inconciente y la repetición que arrojan algo nuevo por un lado y por otra parte  este núcleo del yo que se configura como aquello que no se liga a ninguna representación, que se conecta con la compulsión de repetición con el eterno retorno a lo igual.
En referencia al síntoma en “Análisis terminable e interminable” ubica este resto pulsional que no haya representación y que el autor va a denominar “lo incurable” vinculado por ende, al beneficio primario de la enfermedad y a la reacción terapéutica negativa.
En “Inhibición, síntoma y angustia” de 1.926 describe tres tipos de resistencias: una parte del ello, otra del superyó y otras se sitúan en el yo. La que presenta el ello  responde a la compulsión de repetición y se vincularía a los fantasmas fundamentales: castración, coito y seducción, producto de la fijación al objeto del fantasma. Dicha fijación  de la pulsión puede ser respecto a la representación, tratada en 1.915 en los textos “Lo inconsciente”, “La represión” y “Pulsiones y destinos de pulsión”.
La fijación al objeto de la pulsión siempre es errático porque no hay un objeto predeterminado como en el instinto. De esa falta de predeterminación, de ese no saber sobre el sexo, surgen las fantasías conscientes como condiciones de la vida amorosa. Pero los fantasmas fundamentales son inconscientes y no tapan la castración como las mencionadas fantasías conscientes sino que la delatan, revelando la falta de movilidad pulsional.
La que opone el superyó  se vincula a la conciencia de culpa y se traduce como reacción terapéutica negativa, en un análisis. Si se trata de un superyó muy severo goza por satisfacer su necesidad de castigo y si localizamos al superyó de la época actual aparentemente más permisivo el resultado es el mismo aunque goce por otro motivo: pide más goce porque se siente culpable de no gozar más o sea por gozar poco inmerso en nuestra sociedad de consumo. Con otras vestiduras es la misma resistencia del superyó que da lugar a la proliferación de los llamados nuevos síntomas de la época.
Finalmente las resistencias que parten del yo son: la represión, la ganancia secundaria de la enfermedad  en la cual el yo integra al síntoma y la resistencia de la transferencia. Todas estas formas de resistencia dan cuenta de que el enfermo se aferra a su padecer porque no se siente capaz de colocar su libido de algún otro modo, se refugia en su enfermedad y experimenta como un peligro su curación.
Tales paradojas son el fundamento por el cual Freud presenta la segunda tópica, que no anula ni desestima a la primera sino que la completa y halla la forma de teorizar sobre la causa de tan enigmática tendencia neurótica de obtener la satisfacción por la larga travesía del síntoma.

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Notas
(1)Freud, S., Obras Completas Estudios sobre la histeria, T. II editorial Amorrortu, Bs. As 1.992. p. 31/2.
(2)Freud, S. Obras C, Primeras publicaciones psicoanalíticas, TIII, editorial Amorrortu, Bs. As, 1.991, p.40.

Bibliografía
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Brodsky, G. Fundamentos,  Cuadernos del ICBA Nº 2, Bs. As. 2.001.
Freud, S., Obras Completas, Charcot, Sobre el mecanismo psíquico de fenómenos histéricos, Las neuropsicosis de defensa, Sobre la justificación de separar de la neurastenia un determinado síndrome en calidad de “neurosis de angustia”, Nuevas puntualizaciones sobre las psiconeurosis de defensa, La etiología de la histeria, La sexualidad en la etiología de las neurosis, TIII, editorial Amorrortu, Bs. As 1.992.
Idem anterior, Histeria, T I, Bs. As,1.988.
Idem anterior, Estudios sobre la histeria, T. II, editorial Amorrortu, Bs. As, 1.992.
Idem anterior, Introducción al narcisismo, Pulsiones y destinos de pulsión, La represión, Lo inconsciente, Complemento metapsicológico a la doctrina de los sueños,  T. XIV, editorial Amorrortu, Bs. As. 1.990.
Idem anterior, La Interpretación de los sueños, cap. 7, T. V, Bs. As., 1.989.
Idem anterior, Inhibición, Síntoma y angustia, T. XX, Bs. As., 1.992.
Idem anterior, El uso de la Interpretación de los sueños en el psicoanálisis, Sobre la iniciación del tratamiento, Recordar, repetir y reelaborar, Nota sobre el concepto de lo inconsciente en psicoanálisis, T. XII, Bs. As. 1.990.
Idem anterior, Conferencias de Introducción al psicoanálisis, T. XVI, Bs. As, 1.989.
Idem anterior, Moisés y la religión monoteísta, Análisis terminable e interminable, T. XXIII, Bs. As, 1.991.
Idem anterior, El malestar en la cultura, T. XXI, Bs. As, 1.990.
Idem anterior, Nuevos caminos de la terapia psicoanalítica, T. XVII, Bs. As. 1.990.
Idem anterior, El yo y el ello, T. XIX, Bs. As, 1.989.
Idem anterior, Nuevas conferencias de introducción al psicoanálisis, T. XXII, Bs. As, 1.989.
Idem anterior, Tres ensayos de teoría sexual, T. VII, Bs. As, 1.990.
Idem anterior, Más allá del principio de placer, T. XVIII, Bs. As. 1.990.
Lacan, J., El Seminario, Libro Nº 7, Paidós, Bs. As., 1.997.
Idem anterior, Libro Nº 11, Paidós, Bs. As. 1.991.
Najles, A. Una política del Psicoanálisis, Plural editores, Bolivia, 1.997.
Palomera, V., Posición del analista, editorial Tres Haches, Bs. As. 2.004.
Quinet, A., Las cuatro condiciones del análisis, editorial Atuel- Anáfora, Bs. As., 1.996.
Torres, Mónica, De los síntomas al síntoma, publicación del Instituto clínico de Buenos Aires,  Bs. As., junio de 2.000.
Varios autores, El síntoma charlatán, editorial Paidós Ibérica S. A., Barcelona 1.998.
Idem anterior, Satisfacciones del síntoma, editorial Eol-Paidós, Bs. As., 1.997.
Idem anterior, Lazos Nº 3, Editorial Fundación Ross, Rosario, 2.000.
Idem anterior, Diversidad del síntoma, editorial Eol, Bs. As., 1.996.
Idem, Actualidad de la práctica psicoanalítica, ediciones Labrado, Bs. As., 1.998.