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Estudio del psicoanálisis y psicología

La conducta del adolescente y la familia, la intervención profesional



Si la conducta del adolescente refleja, simplemente, que está desarrollando habilidades para establecer una independencia de los adultos, y es capaz de desarrollar buenos vínculos, los padres se beneficiarán si pueden comprender que una conducta “molesta” puede ser saludable y deseable para esta etapa.
Pero también puede suceder que una situación percibida por la familia como fuera de control sea, en realidad, un conflicto transitorio o complicado por otras crisis.
El profesional puede participar como mediador explicando que hay conflictos esperables en esta etapa y que muchos pueden mejorar con negociaciones oportunas y límites consistentes, con una buena dosis de respeto mutuo.
Pueden anticiparse y conversar con los padres y los adolescentes acerca de lo esperable en esta etapa.
Si tomamos a la familia como modelo social, algo nuevo sucede cuando los hijos llegan a la adolescencia.
Observaciones sobre el ciclo vital familiar señalan que los requisitos actitudinales que deben cumplirse para que esta etapa pueda ser atravesada sin un nivel tensional que convierta en conflictiva la vida cotidiana, se refieren, fundamentalmente, a la disponibilidad de los padres para dejar salir y entrar a los jóvenes del sistema familiar, de modo tal que puedan probar afuera y volver a sentirse a cubierto en casa.
Se requiere flexibilidad para cambiar las reglas familiares mientras los hijos crecen.
La casa será entonces el lugar donde el adolescente juegue a ser adulto.
Al mismo tiempo que se flexibilizan las reglas familiares cuando los chicos crecen, la familia deberá poner en práctica límites consistentes frente a lo que no se negocia, que será diferente para cada familia de acuerdo a su propio sistema de valores.
Se puede negociar a qué hora hay que volver a casa, pero puede ser no negociable para esa familia, que se quede a dormir el novio o la novia.
Las familias que no pueden flexibilizar las reglas corren el riesgo de que los hijos pongan la rebeldía en el afuera y se alejen prematuramente del hogar.
O en el extremo opuesto, si no hay límites consistentes y ellos se sienten con permiso para hacer lo que quieran, tal vez se expongan a conductas de riesgo.
En la casa está el afecto, afuera la ley o el accionar policial con las consecuencias que todos imaginamos.
Un aspecto importante es la tarea preventiva: conversar acerca de disciplina efectiva, puesta de límites, manera de resolver los conflictos y formas de comunicación desde la edad pediátrica. Muchos padres y madres expresan quejas acerca del comportamiento de sus hijos que no son más que manifestaciones de un modelo de crianza o de una etapa evolutiva.