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Estudio del psicoanálisis y psicología

Diccionario de psicología, letra P, Pase



Pase
s. m. (fr. passe, s. F.; ingl. pass). Procedimiento establecido por Lacan en su escuela para
plantear la cuestión del fin del psicoanálisis, y renovar a partir de allí las cuestiones del análisis didáctico y de la nominación de los analistas.
A partir de 1918, las asociaciones de psicoanalistas convienen en considerar que es
indispensable que todo psicoanalista haya sido él mismo analizado. No se trata solamente, como
en los años anteriores, de una simple experiencia puntual destinada a hacerle reconocer al
clínico la realidad del inconciente. Se considera más bien que, sin un análisis profundizado, aquel
tendería a proyectar demasiado fácilmente sobre sus pacientes sus propias dificultades, y que
por lo tanto hay que limitar al máximo las zonas de sombra, sin desconocer que los puntos
ciegos nunca serán totalmente reductibles, ni en el psicoanalista ni en ninguna otra persona.
Ferenczi fue uno de los que más insistió en la necesidad de llevar lo más lejos posible lo que la
tradición llama «análisis didáctico».
¿Puede ser precisada, sin embargo, esta exigencia? La mayoría de los institutos de psicoanálisis
adheridos a la Asociación Psicoanalítica Internacional (IPA) han arribado a una concepción
formalista del análisis didáctico: número y duración de las sesiones determinados por
adelantado, elección del analista limitada a una breve lista de «didactas», planificación de la
enseñanza teórica que debe acompañar al cabo de algunos años a la cura misma. Al término de
este recorrido, el sujeto postulante [«candidato»] al título de psicoanalista puede ser autorizado a
conducir análisis bajo control [o «supervisión»]. Todo este dispositivo da a estos institutos la
forma de grupos fuertemente jerarquizados que inducen con facilidad a cierto conformismo.
Para Lacan, que deseaba que su escuela funcionase de acuerdo con otros principios totalmente distintos, el sujeto que se compromete en un psicoanálisis de miras didácticas no debe ser distinguido, en un primer momento, del analizante común. ¿Cómo podría revelarse su deseo en un procedimiento estipulado, entre estructuras burocráticas? En contrapartida, esto no nos exime de interrogarnos por lo que puede hacer que un psicoanalizante devenga analista, tanto más cuanto que este pasaje no va de suyo. Devenir analista, en efecto, es aceptar, sobre todo, hacer función de objeto a para el analizante: en la trasferencia, el analista está en ese lugar del objeto que ha causado el deseo del analizante, pero porque la relación del hombre con su objeto está hecha así, por ello mismo es objeto de horror, objeto de angustia, objeto finalmente expulsado al término del proceso.
Lacan imagina entonces un procedimiento particular que permitiría, a aquellos a quienes su psicoanálisis ha llevado a ese punto de pasaje al analista, dar testimonio de ello. Para él, «el analista sólo se autoriza por sí mismo», en el sentido de que nadie puede tomar en su lugar las responsabilidades que son las de él en la efectuación de su acto. Esto no impide que una institución pueda reconocer a un psicoanalista. En el dispositivo previsto por él, los que son concernidos por el pasaje al analista, los «pasantes», se dirigen a «pasadores», analizantes que están en su propio análisis en un momento en que pueden oír algo de este pasaje, y son ellos los que trasmiten a un jury lo que han oído, lo que debería evitar algunos efectos imaginarios ligados ordinariamente a todo funcionamiento de una instancia encargada de una nominación. El jury puede designar como Analista de la Escuela (AE) al pasante, que a partir de entonces es
supuesto capaz de contribuir a los problemas cruciales del psicoanálisis. Paralelamente a este
modo de nominación bastante revolucionario, Lacan mantenía otro más tradicional que, sobre la
base de la calidad profesional de los psicoanalistas, podía designarlos como Analistas Miembros
de la Escuela (AME).
Aunque Lacan haya considerado que el pase fue un fracaso, muchos grupos salidos de su
escuela han retomado el procedimiento. Hoy es uno de los desafíos de la formación del analista
saber si todavía es esencial retomar de modo sistemático el examen de lo que produce el deseo
del analista en tanto elemento operante en una cura (deseo cuyo objeto puede ser por otra parte
muy diferente del objeto del fantasma), o si tal procedimiento plantea más dificultades de las que
resuelve.