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Estudio del psicoanálisis y psicología

Diccionario de psicologia, letra P, Placer



Placer
Si la actividad psíquica consiste en primer lugar en evitar el displacer y buscar el placer, se trata de que ella apunta por una parte a esquivar el dolor o el terror y descargar la excitación, y por la otra a repetir la experiencia de satisfacción primaria y suprimir de tal modo la tensión pulsional.
Esta concepción de la que parte Freud es influida por el modelo de la acción refleja, y complicada en cuanto hay un rodeo por el recuerdo y la representación. En lo que respecta a la vida sexual, ella da testimonio del hecho de que el placer no se reduce a la satisfacción de la necesidad: en efecto, el erotismo infantil aparece como suplemento del apuntalamiento sobre las funciones vitales; todas las partes del cuerpo, y no sólo el lugar genital, pueden constituir zonas erógenas, y el placer preliminar demuestra que una tensión puede ser a la vez placentera e incitadora, lo que pone en juego una dimensión distinta que la del «placer de órgano». Además, si soñar y fantasear llevan a obtener placer, sucede en estos casos que lo útil en sí es desviado para orientarlo en el sentido de una realización de deseo.
De modo que el placer se produce en la confluencia del goce del cuerpo y la actividad
representativa, lo cual vale por otra parte en el campo de lo erógeno, pero también para el placer
de la agresión. Esto supone que hubo un tiempo de constitución de un «yo-placer» (Lust-Ich)
con aceptación y ligadura psíquica de lo pulsional. En consecuencia, este estado da lugar a
reencuentros, tanto cuando el placer acompaña al reconocimiento de lo conocido como cuando
surge ante lo nuevo. En otras palabras, se trate de una reducción de las tensiones o de la
reactivación de un deseo, el placer parece ser función de la variación de intensidad de las
excitaciones, con la condición de que éstas no superen un cierto umbral, marcado por la señal
de la angustia.
No obstante, cada pulsión parcial sigue su propia vía hacia la satisfacción que lo real está lejos de garantizar. ¿Qué sucede entonces cuando persiste el empuje de las pulsiones sofocadas y retorna lo reprimido? Allí donde se esperaba placer, el yo experimenta displacer. Además, las experiencias primarias de displacer también se repiten, y esta compulsión hace aparecer lo pulsional en obra, como agente de muerte. De ahí los síntomas como compromiso entre el goce imposible y la satisfacción exigida. De ahí las formaciones del inconsciente como modo
sustitutivo de realización del deseo. Y de ahí también el juego de la lengua en tanto que
posibilidad de reencontrar las fuentes del placer interdicto, de remontar la represión y de
acceder al libre empleo de las palabras y los pensamientos. Queda por decir que el placer no
carece de límites, y que el goce que los excede es rechazado en parte en tanto que extraño al
sujeto. Lacan insiste también en el modo en que la regulación del placer refrena el goce corporal;
no obstante, la falta de este último deja lugar a lo que causa el deseo en el inconsciente.