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Estudio del psicoanálisis y psicología

DICCIONARIO DE PSICOLOGÍA, LETRA P, PROYECCIÓN



Proyección
Al.: Projektion.
Fr.: projection.
Ing.: projection.
It.: proiezione.
Por.: projeção.
A) Término utilizado, en un sentido muy general, en neurofisiología y en psicología para designar la operación mediante la cual un hecho neurológico o psicológico se desplaza y se localiza en el exterior, ya sea pasando del centro a la periferia, ya sea del sujeto al objeto. Este sentido Implica acepciones bastante diferentes
B) En sentido propiamente psicoanalítico, operación por medio de la cual el sujeto expulsa de sí y
localiza en el otro (persona o cosa) cualidades, sentimientos, deseos, incluso «objetos», que no
reconoce o que rechaza en sí mismo. Se trata de una defensa de origen muy arcaico que se ve
actuar particularmente en la paranoia, pero también en algunas formas de pensamiento
«normales», como la superstición.
I. La palabra proyección tiene en la actualidad un empleo muy extenso, tanto en psicología como en psicoanálisis; comporta diversas acepciones que se distinguen mal unas de otras, como hemos señalado a menudo. Conviene enumerar, manteniéndonos primeramente en un plano semántico, lo que se quiere significar por «proyección»:
a) En neurología se habla de proyección en un sentido que deriva del de la geometría, donde
esta palabra designa una correspondencia punto por punto entre, por ejemplo, una figura en el
espacio y una figura plana. Así, se dice que una determinada zona cerebral constituye la
proyección de cierto aparato somático, receptor o efector: con ello se designa una
correspondencia que puede establecerse según leyes definidas, ya sea punto por punto, ya sea
de estructura a estructura, y tanto en una dirección centrípeta como centrífuga.
b) Una segunda acepción deriva de la anterior, si bien implica un movimiento del centro a la
periferia. Así, en lenguaje psicofisiológico, se dice que las sensaciones olfativas, por ejemplo, se localizan por proyección a nivel del aparato receptor. En este mismo sentido Freud habla de una «sensación de comezón o de excitación de origen central proyectada en la zona erógena periférica». Dentro de esta perspectiva, puede definirse la proyección «excéntrica» como lo hacen H. B. English y A. C. English, como «la localización de un dato sensorial en la posición que ocupa el objeto-estímulo en el espacio, y no en el punto de estimulación sobre el cuerpo».
En psicología se habla de proyección para indicar los siguientes procesos:
c) El sujeto percibe el medio ambiente y responde al mismo en función de sus propios intereses,
aptitudes, hábitos, estados afectivos duraderos o momentáneos, esperanzas, deseos, etc. Una
tal correlación entre el Innenwelt y el Umwelt constituye una de las adquisiciones de la biología y
de la psicología modernas, especialmente bajo el impulso de la «psicología de la forma». Se
verifica a todos los niveles del comportamiento: un animal destaca en su campo perceptivo
ciertos estímulos privilegiados que orientan todo su comportamiento; un hombre de negocios
considerará todos sus objetos desde el punto de vista de lo que puede comprarse o venderse
(«deformación profesional»); el hombre de buen humor tiende a ver la vida «de color de rosa»,
etc. De un modo más profundo, las estructuras o rasgos esenciales de la personalidad pueden
aparecer en el comportamiento manifiesto. Tal es el hecho que se encuentra en la base de las
técnicas llamadas proyectivas: el dibujo del niño revela su personalidad; en las pruebas
normalizadas que son los tests proyectivos propiamente dichos (por ejemplo Rorschach, T. A.
T.), se sitúa al sujeto en presencia de situaciones poco estructuradas o de estímulos ambiguos,
lo que permite «[...] leer, según las normas de desciframiento propias del tipo de material y de
actividad creativa propuestos, ciertos rasgos de su carácter y ciertos sistemas de organización
de su conducta y de sus emociones».
d) El sujeto muestra, por su actitud, que asimila una determinada persona a otra: en tal caso se
dice, por ejemplo, que «proyecta» la imagen de su padre sobre su jefe. De este modo se
designa, en forma poco apropiada, un fenómeno que el psicoanálisis ha descubierto con el
nombre de transferencia.
e) El sujeto se asimila a personas extrañas o, por el contrario, asimila a sí mismo otras personas
o seres animados o inanimados. Así, se dice con frecuencia que el lector de novelas se
proyecta en tal o cual protagonista y, en el otro sentido, que La Fontaine, por ejemplo, proyectó
en los animales de sus Fábulas sentimientos y razonamientos antropomórficos. Este proceso
debería incluirse más bien dentro de lo que los psicoanalistas llaman identificación.
f) El sujeto atribuye a otros las tendencias, deseos, etc., que él no reconoce en sí mismo; así, por
ejemplo, el racista proyecta sobre el grupo odiado sus propios defectos y sus tendencias
inconfesadas. Este sentido, que English y English designan como disowning projection, parece
ser el más semejante a lo que Freud describió con el nombre de proyección.
II. Freud recurrió al concepto de proyección para explicar diversas manifestaciones de la
psicología normal y patológica:
1) Inicialmente la proyección fue descubierta en la paranoia. Freud consagra a esta afección, a partir de 1895-1896, dos breves trabajos y el capítulo III de sus Nuevas observaciones sobre las psiconeurosis de defensa (Weitere Bemerkungen über die Abwehr-Neuropsychosen,
1896). En ellos la proyección se describe como una defensa primaria que constituye un abuso de un mecanismo normal consistente en buscar en el exterior el origen de un displacer. El paranoico proyecta sus representaciones intolerables, que vuelven a él desde fuera en forma de reproches: « [...] el contenido efectivo permanece intacto, pero hay un cambio en el
emplazamiento del conjunto».
Siempre que Freud vuelve a ocuparse de la paranoia, recurre a la proyección, especialmente en el Caso Schreber. Pero no debe perderse de vista la forma como Freud limita en ella el papel de la proyección: ésta es sólo una parte del mecanismo de la defensa paranoica y no se halla igualmente presente en todas las formas de la enfermedad.
2) Freud describe en 1915 el conjunto de la construcción fóbica como una auténtica
«proyección» en lo real del peligro pulsional: «El yo se comporta como si el peligro de desarrollo de la angustia no viniera de una moción pulsional, sino de una percepción, y en consecuencia puede reaccionar frente a este peligro exterior mediante las tentativas de huida que representan las precauciones fóbicas».
3 )Freud ve intervenir la proyección en lo que designa como «celos proyectivos», que distingue tanto de los celos «normales» como del delirio celotípico paranoico: el sujeto se defiende de sus propios deseos de ser infiel atribuyendo la infidelidad a su cónyuge; al hacerlo así, desvía su atención de su propio inconsciente, la desplaza sobre el inconsciente del otro, y lo que gana en
clarividencia sobre lo que concierne al otro es equiparable a su ignorancia respecto de sí mismo.
En consecuencia, resulta a veces imposible y siempre ineficaz denunciar la proyección como
una percepción errónea.
4) En varias ocasiones Freud insistió en el carácter normal del mecanismo de la proyección. Así, ve en la superstición, en la mitología, en el «animismo», una proyección. «El oscuro conocimiento (por así decirlo, la percepción endopsíquica) de los factores psíquicos y de las relaciones existentes en el inconsciente se refleja [...] en la construcción de una realidad suprasensible que debe ser retransformada por la ciencia en psicología del inconsciente».
5) Finalmente, sólo en raras ocasiones Freud menciona la proyección en relación con la
situación analítica. Nunca designa la transferencia en general como una proyección y sólo
emplea este último término para indicar un fenómeno particular en relación con aquélla: el sujeto
atribuye a su analista palabras o pensamientos que son en realidad los suyos propios (por
ejemplo: «pensará usted que..., pero no es verdad»).
De esta enumeración se deduce que, si bien Freud encuentra la proyección en diversos
campos, le atribuye un sentido bastante estricto. La proyección aparece siempre como una
defensa, como la atribución a otro (persona o cosa) de cualidades, sentimientos, deseos, que el sujeto rechaza o no reconoce en sí mismo. El ejemplo del animismo es el que mejor demuestra que Freud no usa la palabra proyección en el sentido de una simple asimilación del otro a sí mismo. En efecto, muy a menudo se ha intentado explicar las creencias animistas por la supuesta incapacidad de los primitivos de concebir la naturaleza de forma distinta según un modelo humano; asimismo, refiriéndose a la mitología, se dice con frecuencia que los antiguos «proyectaban» sobre las fuerzas de la naturaleza las cualidades y pasiones humanas. Freud (y ésta es su principal aportación) sostiene que una tal asimilación tiene su origen y su fin en un desconocimiento: los «demonios», los «aparecidos» encarnarían los malos deseos
inconscientes.
III. En la mayoría de las ocasiones en que Freud habla de proyección, evita tratar el problema en
su conjunto. Da una explicación de ello en el Caso Schreber: «[...] dado que la comprensión de la
proyección implica un problema psicológico más general, nos decidimos a dejar de lado, para
estudiarlo en otro lugar, el problema de la proyección y, junto con éste, el mecanismo de la
formación del síntoma paranoico en general». Tal estudio es posible que fuera escrito, pero
jamás fue publicado. Con todo, en varios trabajos Freud dio indicaciones sobre la metapsicología de la proyección. Los elementos de su teoría y los problemas que ésta plantea podrían agruparse del siguiente modo:,
1) La proyección encuentra su principio más general en la concepción freudiana de la pulsión.
Ya es sabido que, según Freud, el organismo se halla sometido a dos tipos de excitaciones
generadoras de tensión: unas de las que puede huir y protegerse, y otras de las que no puede
escapar y frente a las que no existe, en principio, un aparato protector o «protección contra las
excitaciones». Tal es el primer criterio de lo interior y de lo exterior. La proyección aparece
entonces como el medio de defensa originaria frente a las excitaciones internas que por su
intensidad se convierten en excesivamente displacenteras: el sujeto las proyecta al exterior, lo
que le permite huir (precaución fóbica, por ejemplo) y protegerse de ellas. Existe «[...] una
tendencia a tratarlas como si no actuasen desde el interior, sino desde el exterior, para poder
utilizar contra ellas el medio de defensa representado por el protector contra las excitaciones.
Tal es el origen de la proyección». Tal beneficio tiene como contrapartida el hecho de que, como
hizo observar Freud, el sujeto se ve obligado a conceder pleno crédito a lo que, en lo sucesivo,
queda sometido a las categorías de lo real.
2) Freud atribuye un papel esencial a la proyección, asociada a la introyección, en la génesis de la oposición sujeto (yo)-objeto (mundo exterior). El sujeto «[...] incorpora a su yo los objetos que se le presentan en tanto que son fuente de placer, los introyecta (según expresión de Ferenczi) y, por otra parte, expulsa de él lo que en su propio interior es motivo de displacer (mecanismo de la proyección)». Este proceso de introyección y de proyección se expresa «en el lenguaje de la pulsión oral», por la oposición ingerir-rechazar. Es ésta la etapa de lo que Freud denominó el «yo-placer purificado» (véase: Yo placer, Yo realidad). Los autores que consideran esta concepción freudiana en una perspectiva cronológica se preguntan si el movimiento proyección-introyección presupone la diferenciación entre dentro y fuera, o si aquél constituye a ésta. Así, escribe Anna Freud: «Creemos que la introyección y la proyección aparecen en la época siguiente a la diferenciación del yo con respecto al mundo exterior». Se opone, por lo tanto, a la escuela de Melanie Klein, que sitúa en primer plano la dialéctica de la
introyección-proyección del objeto «bueno» y «malo» y ve en ésta el verdadero fundamento de la diferenciación entre interior y exterior.
IV. Así, pues, Freud indicó ya cuál era, en su opinión, el ámbito metapsicológico de la proyección.
Pero su concepción deja sin resolver una serie de problemas fundamentales, que no encuentran
en sus obras una respuesta unívoca.
1) La primera dificultad se refiere a lo que se proyecta. Con frecuencia Freud describe la
proyección como la deformación de un proceso normal que nos induce a buscar en el mundo exterior la causa de nuestros afectos: así es como parece concebir la proyección cuando se ocupa de ella en el caso de la fobia. Por el contrario, en el análisis del mecanismo paranoico, como se encuentra en el estudio del Caso Schreber, la apelación a la causalidad aparece como una racionalización a posterior¡ de la proyección: «[...] la afirmación "yo lo odio" se transforma por proyección en esta otra: "él me odia" (él me persigue), lo cual entonces me dará derecho a odiarlo». En este caso es el afecto de odio (podríamos decir, la pulsión misma) lo que se
proyecta. Finalmente, en algunos textos metapsicológicos, como Las pulsiones y sus destinos
(Triebe und Triebschicksale, 1915) y La negación (Die Verneinung, 1925), es lo «odiado», lo
«malo» lo que se proyecta. Nos acercamos aquí a una concepción «realista» de la proyección,
que adquirirá su pleno desarrollo en M. Klein: para ésta, lo que se proyecta es el objeto «malo»
(fantaseado), como si la pulsión o el afecto, para poder ser verdaderamente expulsados,
debieran encarnarse necesariamente en un objeto.
2) Otra gran dificultad se pone de manifiesto en la concepción freudiana de la paranoia. En
efecto, Freud no siempre sitúa en el mismo lugar la proyección en el conjunto del proceso defensivo de esta enfermedad. En los primeros trabajos en que trata de la proyección paranoica, la concibe como un mecanismo de defensa primario, cuya naturaleza se esclarece por oposición a la represión, que actúa en la neurosis obsesiva: en esta neurosis, la defensa primaria consiste en una represión en el inconsciente del conjunto del recuerdo patógeno y en la sustitución de éste por un «síntoma primario de defensa», la desconfianza de sí mismo. En la paranoia, la defensa primaria debe comprenderse en forma simétrica a la anterior: también hay represión, pero hacia el mundo exterior, y el síntoma primario de defensa lo constituye la desconfianza de los demás. El delirio se concibe como el fracaso de esta defensa y como el «retorno de lo reprimido», que vendría del exterior.
En el Caso Schreber, el lugar que ocupa la proyección es muy distinto; ésta se describe en el tiempo de la «formación del síntoma». Tal concepción llevaría a relacionar el mecanismo de la paranoia con el de las neurosis: en un primer tiempo, el sentimiento intolerable (amor homosexual) sería reprimido hacia el interior, en el inconsciente, y transformado en su opuesto; en un segundo tiempo, sería proyectado hacia el mundo exterior: la proyección es aquí la forma en que retorna lo que ha sido reprimido en el inconsciente.
Esta diferencia en la concepción del mecanismo de la paranoia permite distinguir dos acepciones de la proyección:
a) un sentido comparable al cinematográfico: el sujeto envía fuera la imagen de lo que existe en
él de forma inconsciente. Aquí la proyección se define como una forma de desconocimiento, que
tiene por contrapartida el reconocimiento, en otra persona, de lo que precisamente se
desconoce dentro del sujeto;
b) como un proceso de expulsión casi real: el sujeto arroja fuera de sí aquello que rechaza,
volviéndolo a encontrar inmediatamente en el mundo exterior. Esquemáticamente podría decirse
que aquí la proyección no se define como un «no querer saber», sino como un «no querer ser».
La primera perspectiva relaciona la proyección con una ilusión; la segunda, con una bipartición
originaria del sujeto y del mundo exterior (véase: Repudio).
Este segundo enfoque no falta, por lo demás, en el estudio del Caso Schreber, como lo
atestiguan las siguientes líneas: «No era exacto decir que la sensación suprimida en el interior se
proyectaba al exterior; más bien reconocemos que lo que ha sido abolido [aufgehobene] en el
interior vuelve desde el exterior». Se observará que, en este pasaje, Freud designa con el
nombre de proyección lo que acabamos de describir como una forma de simple
desconocimiento; pero, en la misma medida, estima precisamente que aquélla ya no basta para
explicar la psicosis.
3) Otra dificultad se encuentra en la teoría freudiana de la alucinación y del sueño como
proyección. Si, como insiste Freud, es lo displacentero lo que se proyecta, ¿cómo explicar la
proyección de un cumplimiento de deseo? Este problema no escapó a Freud, el cual le dio una
respuesta que podría formularse así: si bien, en su contenido, el sueño realiza un deseo
agradable, en su función primaria es defensivo: tiene por fin ante todo mantener a distancia lo
que amenaza con perturbar el sueño: « [...] en lugar de la solicitación interna que aspiraba a
ocupar [al durmiente] por completo, se ha instalado una experiencia externa, y él [el durmiente]
se ha desembarazado de la solicitación de ésta. Un sueño es pues, también, entre otras cosas,
una proyección: una exteriorización (le un proceso interno».
V. 1) Como vemos, a pesar de estas dificultades de fondo, la utilización freudiana del término
«proyección» se halla claramente orientada. Se trata siempre de arrojar fuera lo que no se
desea reconocer en sí mismo o ser uno mismo. Al parecer, este sentido de rechazo, de arrojar
fuera, no era el preponderante antes de Freud en el empleo lingüístico, como lo atestiguan, por
ejemplo, las siguientes líneas de Renan: «El niño proyecta sobre todas las cosas lo maravilloso
que lleva en sí mismo». Este empleo ha sobrevivido, como es natural, a la concepción freudiana
y explica algunas ambigüedades actuales de la noción de proyección en psicología e incluso a
veces entre los psicoanalistas(102).
2) Aunque nos esforcemos en conservar para la noción de proyección el sentido preciso que le
da Freud, no es posible negar la existencia de todos los procesos que hemos clasificado y
distinguido más arriba (véase I). Por otra parte, el psicoanalista no deja de señalar que la
proyección, como rechazo, como desconocimiento, interviene en estos diversos procesos.
Ya la proyección, en un órgano corporal, de un estado de tensión, de un sufrimiento difuso, permite fijar éste y desconocer el verdadero origen.
Asimismo es fácil mostrar, a propósito de los tests proyectivos, que no se trata aquí solamente
de una estructuración de los estímulos en concordancia con la estructura de la personalidad: el
sujeto, de modo especial en las láminas del T. A. T., proyecta seguramente lo que él es, pero
también lo que él no quiere ser. Cabría preguntarse si la técnica proyectiva no suscita en forma
electiva el mecanismo de proyección de lo «malo» afuera.
Se observará también que un psicoanalista no asimilará la transferencia en su conjunto a una
proyección; en cambio, reconocerá que la proyección puede intervenir en la transferencia. Así, por ejemplo, dirá que el sujeto proyecta sobre su analista su superyó, logrando, mediante esta
expulsión, una situación más ventajosa, un alivio de su conflicto interno.
Finalmente, las relaciones entre la identificación y la proyección son muy complejas, en parte por la utilización imprecisa de la terminología. En ocasiones se dice indistintamente que el histérico, por ejemplo, se proyecta en o se identifica con un determinado personaje. La confusión es tal que Ferenczi habló incluso de introyección para designar este proceso. Sin que pretendamos en  modo alguno exponer aquí la articulación de los dos mecanismos de la identificación y la proyección, cabe pensar que en el caso citado se efectúa un empleo abusivo del término «proyección». En efecto, sólo encontramos en él lo que se halla siempre implícito en la definición psicoanalítica de la proyección: una bipartición en el seno de la persona y el arrojar sobre otro la parte de sí mismo que ha sido rechazada.